25/09/2011

Wilco es una banda de rock de las de toda la vida: piano, guitarras, bajo, batería. Sus discos, anclados a esa etiqueta gigantesca, se asoman […]

Wilco es una banda de rock de las de toda la vida: piano, guitarras, bajo, batería. Sus discos, anclados a esa etiqueta gigantesca, se asoman a veces al blues, o al jazz, o al country, o al folk. Su gran baza es Jeff Tweedy, un cantante magnético y un letrista brillante. Pero claro, los que le rodean no le van a la zaga: Nels Cline es un guitarrista superdotado y con personalidad; Glenn Kotche, un baterista preciso como un reloj atómico y creativo como pocos en su instrumento… En fin, músicos sobresalientes para una banda que, por resumir, hacen canciones con solos de guitarra. ¿Hay algo menos indie que un solo de guitarra? Probablemente no. Y sus álbumes están llenos de ellos. Por eso, cuando Wilco anuncia nuevo álbum, sabes más o menos qué vas a encontrar: muy buenas canciones, magníficamente ejecutadas, pero dentro de unos parámetros bastante concretos. Cuando el asunto tiene alma, te salen obras de arte como Yankee Hotel Foxtrot; cuando la inspiración no da para tanto, aun aparecen discazos como Sky Blue Sky. Si te apetece, bien; si no, se siente. La evolución nunca ha sido lo suyo. Han hecho digresiones, sí. Ahí está para atestiguarlo esa cosa marciana de A Ghost is Born. Pero aquello tenía más vocación de experimento que de canción. (Por descontado, esto es una apreciación muy subjetiva). Wilco han cambiado relativamente poco desde sus inicios. Lo suyo es la reforma del matiz, la coloración diferente del espíritu del álbum en cuestión, pero no la evolución a lo Radiohead, por entendernos. Por eso, cuando hace unos días le dimos al play en aquel streaming del que será su nuevo álbum, The Whole Love, nos agarramos a la silla. La canción que lo abre, ‘Art of Almost’, es una canción de Wilco, sí. Con sus guitarras, su bajo, su batería y sus teclados, no cabe duda. Pero tiene algo más.

Ese crepitar de interferencias al inicio, como truenos de una tormenta negra; el ritmo cortado; la pulsión electrónica detrás, la distorsión creciente, la invasión orquestal… Son apenas unos segundos, pero ese ejercicio de textura pura anunciaba una auténtica maravilla. Ya con la letra, el tema mantiene la atmósfera y cuando por fin entra la línea de bajo, magistral, con ese sonido seco, la fusión se completa. Wilco da un paso sin renunciar a lo que ha sido toda la vida. ‘Art of Almost‘ es un ejercicio de orfebrería musical sorprendente. Pónganse unos buenos cascos, cierren los ojos al mundo y abran los oídos a su construcción catedralícia. Miren lo lejos que queda el techo. Y sí, tiene su solo de guitarra, claro, marca de la casa, pero no es «otro» solo. En fin, uno empieza a salivar. Es más, les diré lo que pensé al terminar esa canción: «como sigan por aquí, este es el disco del año».

Pero no. El resto del disco es otro disco de Wilco. Ni más ni menos que otro díico de Wilco, ojo. Buenísimo, sí. Con canciones descomunales, también. La perfecta ‘I Might’, la pegadiza ‘Dawned on Me’, la tremendamente pop ‘Born Alone’ (en video abajo), o la que cierra, ‘One Sunday Morning’, composición al alcance de pocos, son grandes canciones. Muy buenas. Sería una tontería ponerle a este disco menos de un 7,5, en caso de que pusiésemos notas, pero The Whole Love es como el examen de ese empollón que calcaba los párrafos de los libros de texto y siempre rozaba el sobresaliente pero nunca llegaba al 10 por falta de genio. Solo que aquí demuestran que si quieren, pueden, y por eso, escuchada la primera, probado el caviar, uno sólo quiere más y el resto resulta poco menos que un rutilante ejercicio de conformismo musical. Been there, done that. Sólo cabe ese pero: la continuidad excesiva.

La próxima vez será. Aquí pueden escuchar el disco en streaming y un poco más abajo tienen un directo de más de una hora grabado para el show de Letterman y el videoclip de ‘Born Alone‘. Conciertazos nos esperan, el 1 de noviembre en Madrid (Circo Price, sold out), el 2 en Barcelona (Palau de la Música), el 3 en San Sebastián (Kursaal) y el 4 en Vigo (Pabellón das Travesas).

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