26/07/2013

Crítica del tercer asalto del dúo de electrónica experimental y ruidista.

El ruido como forma de expresión. Sonidos huérfanos que se entremezclan para componer un inextricable armazón. Una fórmula compleja, que puede resultar agotadora, pero que en el caso de Fuck Buttons puede alcanzar cotas eminentes. La historia de dos jóvenes de obsesionados con Mogwai y Aphex Twin que consiguen un pase VIP para ser protagonistas de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres. Todo parece permeable al bombardeo abstracto y meticuloso de unos estudiantes de arte de Bristol.

Andrew Hung y Benjamin John Power llevan un lustro dedicándose a destrozar con su sonido cualquier ápice de duda sobre sus capacidades. Habitaciones que se transforman en lugares agónicos, enigmáticos o que mutan en superficies volátiles que son parte de cualquier otro universo. Una idiosincrasia que en su primer Street Horrrsing estuvo dirigida por John Cummings y Bob Weston, albañiles del sonido de Mogwai y Shellac respectivamente, y en su segundo Tarot Sport por el reputado Andy Weatherall. En su tercer asalto Slow Focus, sin embargo, los británicos han vetado cualquier intromisión y son ellos mismos los que le dan forma y fondo a su último trabajo.

La cuestión es, por tanto, saber cuál es la tercera vía entre el ruido atmosférico y la preminencia rítmica. O vislumbrar si Fuck Buttons son capaces de mantener  sus particulares señas de identidad añadiendo una nueva orientación. La carta de presentación persevera en la característica contundencia pero en este caso está acompañada de tintes futuristas mucho más nítidos que en su primer trabajo. ‘Brainfreeze’ comienza con percusiones analógicas a las que se van sumando sintetizadores para generar una atmósfera pesada que sustituye los picos asfixiantes de ‘Sweet Love For Planet Earth’ por una mayor sobriedad.

slow-focus

La limpieza sonora que ha llevado a cabo el dúo es manifiesta en ‘Year Of The Dog’, una pieza breve, teniendo en cuenta la duración habitual de sus canciones, con tintes de suspense y con sonoridad cristalina. ‘The Red Wing’ es el primer single del disco. Un tema en el que Fuck Buttons desarrolla todo su reconocible potencial para colorear elementos que parecen inmutables y que adquieren relevancia a medida que forman parte de un todo, con un comienzo con guiños pop que podría haber diseñado Dan Deacon dándole una desembocadura mucho más risueña.

Al igual que ocurriera con grupos de su Bristol natal entre finales de los años 80 y principios de los 90, tales como Portishead o Massive Attack, Fuck Buttons ha encontrado también una cueva en la que explorar en el hip hop. Las percusiones de este Slow Focus son mucho más pesadas y acompasadas que en su anterior trabajo. ‘Prince’s Prize’ y  ‘Sentinents’ quizá sean el mejor ejemplo de esta tendencia. La primera, en la vertiente más psicodélica, y la segunda recuperando los tonos más abstractos de su primer trabajo.

Andrew y Benjamin han querido distanciarse de su audiencia en el primer trabajo que producen. Es palpable que la experimentación va más por el lado de los sonidos que por la incisión en el subconsciente, es más contemplativo que emotivo. Mantienen la intensidad pero no elevan los sentimientos al paroxismo como ocurría en ‘Surf Solar’ o ‘Flight of the Feathered Serpent’. Las últimas ‘Stalker’ –probablemente un acertado homenaje a la obra apocalíptica de Andréi Tarkovsky– y ‘Hidden XS’ corroboran esa perspectiva más perfeccionista pero también más fría. Aseguran los componentes de Fuck Buttons que en su música sobran las palabras. Probablemente no hagan falta demasiadas para enfrentarse a un universo que siempre tiende a magnificar lo imperceptible.

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