30/07/2020

En vísperas de la publicación de A Hero's Death, compleja pero fascinante continuación a su aclamado debut, charlamos con el guitarrista de la formación dublinesa, Carlos O’Connell.

Fontaines D.C. responden solo ante su propio arte. Los que esperaban un Dogrel parte II pueden ir afilando los cuchillos: la única concesión que encontrarán en A Hero’s Death es un título que ironiza con las expectativas de esa facción del público. Más allá de los halagos de la crítica y las salas abarrotadas, el camino hasta aquí no ha sido el paseo triunfal que uno podría suponer. La extenuante gira de presentación se cobró un alto precio, llegando a poner en jaque los dos bienes más preciados de Fontaines D.C.: su creatividad y la amistad entre los cinco componentes de un conjunto que tuvo que replegarse forzosamente en su cuartel de invierno. Una vez allí, de vuelta en el estudio, moldearon unas canciones que ensanchan el sonido del grupo aportando complejidad y oscuridad a su propuesta. Dogrel era una crónica descarnada de esa Dublín que los vio nacer como formación; A Hero’s Death es un viaje introspectivo narrado desde el refugio que tuvieron que construirse. Resueltos a desterrar la pesadumbre que embargaba su estado de ánimo, estas once composiciones son el testimonio de una banda en busca de redención. Con motivo de la publicación de su ansiado segundo álbum, charlamos con su guitarrista Carlos O’Connell sobre la gestación de esta obra, la fragilidad del éxito o la cultura underground en nuestro país.

A Hero’s Death es un disco contenido e introspectivo. ¿Hasta qué punto es una reacción a lo que os estaba sucediendo como banda?
CARLOS O’CONNELL: Una reacción totalmente directa. La forma en que escribimos el primer disco fue estar presentes en Dublín, observarlo desde nuestro punto de vista y hablar sobre ello entre nosotros. Esa fue la base de nuestra amistad durante mucho tiempo, el tiempo que pasamos en Dublín. Lo que pasó cuando sacamos el primer disco y empezamos a girar fue que nos separamos de Dublín, nos separamos de nosotros mismos y fue muy difícil estar encima de cómo nos sentíamos a nivel personal, mantener esa relación entre nosotros y hablar. Al final, lo que encontramos fue que la única manera que teníamos de mantener esa amistad era abrirnos el uno con el otro totalmente. Supongo que girar tanto tuvo su coste, y aunque fue un año increíble y un éxito como no habíamos esperado, fue bastante difícil mantener un sentido de felicidad constante. Todos encontramos agujeros bastante oscuros y la manera de salir de ellos fue hablar entre nosotros y escribir sobre ello. Así es como se escribió el disco.

Dogrel fue un éxito rotundo, efectivamente. Aun así, A Hero’s Death no es un disco continuista ni complaciente. Más bien se percibe una voluntad de explorar y no limitar vuestra propuesta a algo que ya habíais hecho, por exitoso que fuera.
Musicalmente exploramos muchísimo más e intentamos buscar de una manera abstracta algo que representase las emociones por las que estábamos pasando, ese sentido de oscuridad y de alguna forma ver la luz al final de ese túnel en el que nos encontrábamos. Lo que hicimos con el primer disco no fue buscar éxito, fue describir de la manera más honesta cómo nos sentíamos. La idea de repetir lo que hicimos con el primero para lograr ese éxito otra vez no era algo con lo que nos sintiéramos para nada cómodos. No le veíamos sentido a hacer eso porque no es la razón por la que hacemos nada como grupo.

En la furgoneta habéis trabajado a cappellas, armonías, arreglos… Creo que es algo que se puede ver, por ejemplo, en ‘Sunny’. ¿Qué nos puedes contar de lo que se forjó en esos ratitos en la furgoneta y de qué manera ha penetrado en el disco?
Escuchamos mucho a los Beach Boys, que es un grupo que nos ha encantado siempre, y nos fascinó la profundidad de los arreglos. Cuando escribimos el primer disco, aunque escuchábamos todo ese tipo de música, no era lo que nos movía. Lo que nos movía realmente era un sentido de ser totalmente directos con la música. Lo que pasó cuando teníamos que meternos en la furgoneta es que hubo un tiempo en que escuchábamos bastante punk y rock ’n’ roll y luego nos cansamos un poco de ello porque también era lo que tocábamos todas las noches. Volvimos a escuchar a los Beach Boys mucho más y empezamos a preguntarnos si podíamos hacer esto nosotros. Hubo una canción, ‘Surfer Girl’, que diseccionamos y de la que nos aprendimos todas las armonías. Nos volvimos adictos a hacer eso, a diseccionar armonías de los Beach Boys y cantarlas en la furgoneta. Supongo que realmente llevábamos años haciendo eso, aunque no lo habíamos hecho de manera tan directa con nuestra música. 

Me acuerdo cuando fuimos todos a España hace años e hicimos un viaje por ahí. Tocamos en un montón de salas enanas con nadie de público. Lo hicimos casi como unas vacaciones, una excusa para pasar unos días fuera. Me acuerdo que estuvimos por el sur de España. Por Cádiz, el Puerto de Santa María y Jerez, con el sol y la playa. Estuvimos escuchando a los Beach Boys todo el rato y me acuerdo perfectamente de estar cantando esas canciones. Me acuerdo, además, de volver a Madrid después de eso y estar con las chicas de Hinds en una de las plazas cerca de Tribunal y estar los cinco cantando ‘Good Vibrations’. Llevamos años en realidad haciendo eso, simplemente este disco ha sido en el que hemos intentado introducirlo. 

Otro momento que destacaría es ‘Living in America’, uno de los cortes que llevan un paso más allá la vertiente exploratoria del álbum. ¿Qué nos puedes contar de esta canción?
‘Living in America’ es una canción que escribimos hacia el final de las sesiones de composición. Empezó con la parte de batería, que yo había escrito para una canción meses antes. Cuando la escribí entonces había estado escuchando muchísimo a Cabaret Voltaire, que tienen una canción que se llama ‘Nag Nag Nag’ y me encanta. Durante unos meses estuve fascinado con todo ese tipo de producciones. Escribí bastantes ritmos así durante un tiempo. Luego, al final de las sesiones, Deegan había estado trabajando en un montón de sonidos y ruidos al bajo. Entonces le canté el ritmo que había escrito hace tiempo a Tom y él escribió su propio ritmo basándose en eso. Esa canción tiene bastante influencia de Cabaret Voltaire, Suicide y todo ese tipo de bandas que eran electrónicas pero muy ruidosas. Empezó así, sónicamente se construyó con esas influencias. Líricamente es una canción que pasa por un par de ciudades. Habla de Londres y de cómo nos habíamos aburrido de esa escena. Luego habíamos estado de gira en América justamente antes de este verano, así que le metimos algo de lo habíamos visto allí en América y de lo oscura que puede ser la vida en Estados Unidos. 

Te quería preguntar por las canciones más deudoras del sonido de Dogrel, que son precisamente las composiciones más antiguas. ¿Era importante para vosotros equilibrar el tracklist con canciones más agitadas?
Sí, creo que sí lo era para conseguir el impacto que queríamos con el disco. Al final, nos gusta la música cañera y nos gusta movernos. Habíamos estado escribiendo esas canciones un poco antes de grabar Dogrel, seguían ahí y entendíamos que eran buenos temas. Aunque igual no fuesen influenciados por la misma emoción que teníamos al final de las giras de Dogrel, queríamos tenerlas en el disco. Creo que la mejor manera de presentar algo nuevo es mantener algo de lo que es antiguo para ti. Eso es algo que normalmente pasa en general con todo buen arte, hay una buena apreciación por la tradición y por el pasado. Incluso un pasado que no sea tradición, que es un pasado del que hemos evolucionado. Pero creo que es importante mantener esa apreciación y recordarlo. Todo buen arte es una reconciliación entre el recuerdo y la apreciación del pasado, entre la tradición y el intentar presentar un punto de vista nuevo. 

En vuestra propuesta siempre ha tenido mucho peso la tradición. Por ejemplo, siempre habéis cuidado mucho las portadas de vuestros trabajos. En su momento, recurríais a ilustraciones de cuentos tradicionales irlandeses. En el caso de A Hero’s Death, la portada muestra una escultura de Cúchulainn (NdR: héroe de la mitología irlandesa. La escultura conmemora el Alzamiento de Pascua de 1916). ¿Para vosotros es importante que vuestro imaginario siga ligado a la tradición irlandesa?
Sí, era bastante importante mantenerlo. Obviamente, el primer disco está muy arraigado en Dublín y es muy directamente irlandés. Eso es algo de lo que estamos bastante orgullosos. Cuando empezamos como grupo no teníamos esa apreciación por la tradición irlandesa, y en el momento en el que encontramos eso fue cuando vimos que teníamos algo especial entre manos, algo que nos emocionaba bastante, algo que era nuevo. Parece que en la música moderna se olvida esa tradición, y se olvida porque supongo que da miedo que te vean como alguien que está atascado en el pasado. Ese miedo es algo que nosotros superamos. Decidimos tomar esa tradición como algo nuestro. Cuando acabamos el segundo disco, nos dimos cuenta de que no estaba tan atado a esa tradición ni era tan directamente irlandés. Era importante mantener esos nudos incluso aunque fuese a través de la portada.

Pese a todo el ruido que rodeaba a la banda en el momento en el que fue compuesto, A Hero’s Death transmite una sensación de serenidad. En ese sentido, ‘No’ es un cierre contundente. ¿Tuvisteis siempre claro que esta canción debía ser la última del tracklist?
La verdad es que no. Esa era una canción en la que trabajamos bastante y no se llegó a acabar hasta que estuvimos en el estudio en enero y grabamos el disco entero. La teníamos en mente todo el rato y, cuando había ratos libres entre temas o mezclas, nos metíamos en un cuarto en la parte de atrás del estudio en el que había un montón de guitarras y trabajábamos en este tema. Llegamos a una estructura y unos arreglos con los que estábamos bastante contentos y decidimos grabarlo para ver si funcionaba. La grabación que hay en el disco es la primera toma que hicimos, la primera vez que tocamos esa canción todos juntos. Fue un momento bastante especial, y al haberlo hecho al final de la grabación nos dio la sensación de que era un epílogo perfecto para el disco. Fue el haberla acabado justo al final de la grabación; en cuanto esa canción formó parte del álbum, nos dio por primera vez la sensación de que el disco estaba completo. Entonces no fue un pensamiento que tuviéramos antes de grabarlo, fue algo que funcionó así. Nos daba la sensación de que era un punto final perfecto para el disco.

¿Hay alguna canción de las incluidas en este álbum que sea tu debilidad personal? Alguna por la que sientas un apego especial.
Con la que más conexión tengo es con la primera del disco, ‘I Don’t Belong’. En Dublín tenemos un estudio muy limitado y siempre que escribimos allí grabamos una demo de cada canción que acabamos. La grabamos, nos la mandamos al email y lo que pasa siempre es que la escuchas de camino a casa. Recuerdo escuchar esta canción: fue la primera que realmente me emocionó mucho. Recuperé la sensación que tenía un par de años atrás cuando escribimos el primer disco. Esa sensación de cuando acabas una canción, te vas a tu casa y piensas que eso es algo especial. ‘I Don’t Belong’ fue la primera con la que lo sentí y sigue siendo a la que más cariño tengo.

Ahora que haces referencia al estudio, quería preguntarte por la grabación. La del primer álbum fue en cinta, con la consecuente limitación de 15 minutos condicionando el proceso. Tengo entendido que tocabais las canciones de tres en tres para tratar de conservar la intensidad del directo. ¿Cómo se llevó a cabo la grabación del segundo?
Fue un poquito distinta, pero con muchas similitudes. Decidimos no grabarlo de tres en tres básicamente porque no estábamos tan preparados en cuanto a haber ensayado tan bien el disco. El primero lo ensayamos mucho y, desde el principio, decidimos que ese iba a ser el proceso de grabación. Tuvimos tres meses para ensayarlo de manera que pudiésemos tocar todas las canciones seguidas sin parar con total confianza de que no iba a salir nada mal. Este segundo disco no tuvimos tanto tiempo de ensayarlo, pasamos más tiempo escribiéndolo que ensayándolo. Para mantener ese sentido de inspiración que alcanzas cuando tocas de una manera en la que no estás pensando que no quieres joder ninguna parte, sino que quieres simplemente tocar y sentir la música, decidimos grabarlo también en cinta, pero tocábamos una canción y, antes de pasar la cinta al ordenador para escucharla, decidíamos si esa toma era buena o no. Incluso si grabábamos dos tomas de una misma canción, solo escuchábamos la toma que habíamos decidido que era buena antes de escucharla, simplemente por lo que sentíamos al tocarla. De esa manera mantienes ese sentimiento abstracto que sale cuando tocas, acabas una canción y dices «joder, eso ha sonado increíble”. Y en ese momento ya sabes que ha sido una buena toma. Nunca escuchábamos dos tomas de la misma canción, la única toma que escuchábamos es la que está en el disco porque estábamos totalmente seguros de que esa era la buena. 

Grabamos así y montamos el estudio de manera que pudiésemos escuchar prácticamente el álbum mezclado. Estábamos los tres (Deego, Curley y yo) mirando a Tom y Tom mirándonos a nosotros. Enfrente del bombo de Tom estaba el amplificador de bajo hacia nosotros, a un lado estaba un ampli de guitarra y al otro lado el otro ampli de guitarra. Los tres que estábamos con guitarra y bajo, al tocar, escuchábamos una mezcla casi perfecta de cómo iba a sonar todo, porque incluso la dirección de donde venía el sonido en el estudio estaba físicamente bien dispuesta. Eso fue una buena forma de poder tocar, de sentir cómo iba a sonar el disco y saber si una toma había sido buena o no. Supongo que Tom, el pobre, no pudo escuchar cómo sonaba todo, pero nosotros sí. 

Dan Carey tiene una forma muy particular de trabajar en el estudio. Recuerdo que cuando me enteré de cómo se llevaban a cabo las grabaciones de Speedy Wunderground me quedé totalmente fascinado. Tras haber grabado dos discos con él, ¿qué destacarías de lo que has aprendido trabajando con Dan Carey?
Lo que he aprendido trabajando con Dan Carey es que grabar un disco no es grabar la mejor toma técnicamente posible. Se trata de grabar la mejor toma posible, pero no tiene nada que ver con la técnica. La música es una manera de expresarte y comunicarte. Cuando te comunicas con una persona, cada vez que te comunicas, hay algo distinto dependiendo de cómo te sientes. Lo que Dan consigue es pausar el tiempo y grabar algo que es emocionalmente especial. Dan es alguien que tiene la capacidad de apreciar tus puntos más débiles. Cuando entras en un estudio siempre tienes dudas: “igual mi ritmo no es tan bueno”, “quizá alguien podría tocar esto mejor que yo”… Pero la manera en la que tú lo haces es la más especial, y eso es lo que consigue él. Podrías traer a cinco músicos de sesión, darles la música y que la toquen. Va a sonar bien, pero no va a tener ninguna clase de emoción. Él consigue encontrar esa emoción en la música, que es muy abstracta, y grabarla. Creo que eso es lo que él hace mejor. No se preocupa por la calidad del sonido de una manera supermeticulosa en la que no se pueda oír la batería a través del micrófono de la guitarra. Eso no importa. Al final, cuando tú estás escuchando música, si las partes están muy separadas falta algo. Ese pegamento emocional que hay entre todos los músicos se pierde. Eso hace él: crea ese pegamento entre los músicos y lo graba para que pueda estar en un disco para siempre. Este segundo álbum lo grabamos en Los Ángeles primero. Fuimos a LA a grabarlo y aquellas grabaciones las descartamos. Fue exactamente por eso, porque no había esa carga emocional en la música. Estaba grabado de una forma mucho más tradicional en el estudio. 

¿Disfrutas más componiendo y en el estudio o en el escenario?
Creo que me llevo mucha más satisfacción y me siento mucho más orgulloso y más lleno al componer y grabar en el estudio. Crear música de esa manera es mi razón de ser. Es algo que necesito hacer todo el rato para sentirme bien y sentir que tengo un motivo para estar aquí, sentir que estoy haciendo algo con mi vida que es lo que quiero hacer. Disfruto más con eso, pero el escenario es algo totalmente distinto. El escenario es diversión. Hay una carga emocional distinta y hay una conexión con un público que ciertamente es muy especial. Con el público haciéndose más grande; realmente ese peso emocional es enorme y es algo que me mueve mucho. Es adictivo estar en el escenario. Pero si tuviera que elegir uno, elegiría poder estar escribiendo, grabando y trabajando en crear música nueva que exista para siempre.

A Hero’s Death es un título que juega con las expectativas del público. ¿La seguridad que os da lo que habéis conseguido genera también inseguridad?
Sí, totalmente. De alguna manera, probablemente el éxito de Dogrel nos dio la confianza para explorar composiciones muy distintas. Es algo bastante distinto, es arriesgado pero, al fin y al cabo, hicimos lo que pensamos que era bueno con el primer disco y salió bien. Eso te da alguna alguna clase de confianza, pero darte cuenta de la fragilidad del éxito también es algo difícil de llevar. Si basas toda tu confianza en el éxito que tienes con el público, es muy difícil mantener un estado mental seguro porque ese éxito es muy frágil. No deberías basar tu confianza en el público, sino en lo que a ti te mueve directamente. Viene con las dos cosas: obviamente te da confianza, pero si esa es la única confianza que llevas contigo es muy difícil vivir así. 

Como banda, Fontaines D.C. habéis tenido que aprender a encajar críticas, pero sobre todo aprender a convivir con el halago. ¿Cómo os ha afectado eso en un pasado y qué tal lo lleváis ahora, ya con más callo?
Si estás totalmente rodeado por ello, es fácil que te consuma y dejar que ejerza muchísima presión. Me doy cuenta de todo este tipo de cosas ahora, al haber estado lejos de los frutos de ese éxito del disco del año pasado. Al haber estado en cuarentena, de alguna manera, no hemos tenido contacto con el público que nos lo dio todo. Yo lo que tuve que hacer fue ponerme a escribir sin parar y encontrar esa confianza en mí mismo otra vez de poder decir “pues mira, ni siquiera tengo al grupo aquí, estoy yo solo y estoy escribiendo y me está llenando de vida hacer esto”. Me he dado cuenta del impacto que pueden tener todo ese tipo de cosas ahora, cuando me he alejado de ello. Cuando estaba en el medio de todo eso dejé que me consumiese bastante. Tuvo un coste que fue no saber cómo me sentía, me sentía feliz pero realmente no estaba lleno de felicidad. No sabía de dónde venía esa felicidad. No venía de mí mismo, venía de fuera. Me he dado cuenta de eso ahora, al estar lejos del éxito. Cuando el disco está fuera y la gente lo escucha, eso es lo que lleva al éxito; pero directamente como personas nosotros mismos no lo vemos ahora. Es algo que he apreciado bastante. 

La gira de presentación de Dogrel fue extenuante. El calendario era tan exigente que llegó un punto en que tuvisteis que decir basta. ¿Qué lección extraéis?
Lo que pasa con las giras es que es el estilo de vida menos creativo que me puedo imaginar. No hay espacio para la creatividad. Estás físicamente y emocionalmente cansado, con lo cual es muy difícil estar encima de tus emociones, intentar entenderlas y saber cómo aplicarlas de manera creativa. Estás repitiendo, repitiendo y repitiendo las creaciones que has hecho antes, no hay espacio para nada nuevo. Si haces eso durante demasiado tiempo y estás alejado de un estilo de vida más creativo… no se pierde, pero la creatividad es como un músculo. La tienes que ejercitar constantemente. Uno de los motivos por los que tuvimos que parar fue que nos dimos cuenta de ello y tuvimos miedo a que ese músculo se debilitase demasiado al girar. Pero vamos, que cuando cancelamos conciertos y todo ese tipo de cosas que pasaron, todo ese tiempo no lo pasamos en casa, en el sofá o con nuestras novias. Lo pasamos en nuestro estudio tocando música, buscando esa felicidad en tocar y crear algo nuevo. Es algo importante que todas las bandas deberían tener en cuenta. Girar es algo que está genial, es algo divertido y es donde ganas más dinero como grupo. Hay mucho que ganar con ello, pero si la prioridad son las giras, la longevidad del artista se pierde. 

¿Cómo encaráis la nueva gira ahora que tenéis repertorio para extenderos más de una hora? ¿Os motiva el hecho de poder hacer sets más extensos y variados?
Muchísimo. Tengo muchísimas ganas de poder llevar el set a muchos sitios distintos, de que no todo sean momentos de energía total. Tengo ganas de emocionar al público. La música puede hacerte vulnerable si la dejas pasar. La vulnerabilidad es algo que es muy difícil de mantener. Es algo importante. Depende del concierto al que vayas, te vuelves vulnerable y dejas que la música te atraviese como un cuchillo de esa manera y te abra. O puedes ir a un concierto en el que te lo pasas bien. Tengo ganas de poder hacer las dos cosas. Te lo puedes pasar bien de esa manera, con energía total y adrenalina al mismo tiempo que estás emocionalmente abierto y vulnerable. Creo que hay algo especial en eso. Tengo muchas ganas de hacerlo. Al final de la gira los conciertos se me empezaron a hacer bastante cortos y tengo ganas de salir a un escenario mucho más tiempo, que no sea un flash que pasa.

Si tuvieras que elegir un momento decisivo en vuestra carrera, ¿cuál sería?
El momento que más seguridad me ha dado, en el que me pude olvidar de ese miedo a la fragilidad del éxito, fue cuando tocamos en Brixton Academy. Justo al final, fue uno de los últimos conciertos. Fue antes de anunciar el segundo disco en una sala para 5.000 personas, y estaba totalmente vendido. En ese concierto tocamos bastantes canciones del disco nuevo porque lo acabábamos de grabar, y entonces teníamos muchas ganas de tocarlas. En ese momento sentí bastante seguridad. Habíamos luchado por llegar a ese momento y por mantener nuestra creatividad y nuestra felicidad. A mí en ese momento me pareció una cima. Estamos en esta cima, el suelo está bastante sólido y desde aquí podemos seguir haciendo lo que hemos luchado por mantener. Ese momento fue bastante especial.

En un momento en el que la radio parece jugar un papel menor, a vosotros os vino muy bien sonar en BBC 6 Music. Fue un empujón importante. ¿Cómo valoras el papel que juega allí la radio en la promoción de nuevas bandas, especialmente 6 Music?
La verdad es que era algo totalmente nuevo para mí, porque, como dices, normalmente la radio no juega un papel esencial en presentar a nuevas bandas. Yo nunca había pensado que la radio pudiese tener tanta influencia, pero supongo que 6 Music tiene muchísima en gran parte de la gente que aprecia la música en el Reino Unido. Y más allá del Reino Unido, porque mucha gente lo escucha fuera. Cuando Lamacq empezó a poner nuestras canciones nos emocionó, era algo nuevo y estar en la radio mola, pero nunca habíamos pensado que fuese a jugar un papel tan esencial. La verdad es que no sé dónde estaríamos si no fuera por eso. Era un plan de nuestro mánager, desde el principio quería meternos en 6 Music. Al final conseguimos conocer a Lamacq y darle una de las canciones. Le encantó, la empezó a poner y supongo que cambió todo. Todo empezó a partir de ahí. 

Tú que has crecido en España y después lo has vivido más de cerca allí en Irlanda y en el Reino Unido, ¿qué diferencias observas y cuál crees que es la clave para que allí haya muchas más bandas nuevas empujando?
Creo que es algo que tiene que ver con la cultura underground. El Reino Unido, Irlanda y algunos países europeos le dan mucha importancia a ir a ver a bandas pequeñas. Yo cuando me mudé a Irlanda me pasaba todas las semanas yendo a ver a bandas pequeñas. En España obviamente hay conciertos pequeños y bandas pequeñas, pero eso no se hace tanto. Creo que también tiene que ver con el hecho de que esas bandas casi nunca llegan a nada. Son bandas que tocan en el circuito de salas pequeñas y luego desaparecen. Es tan raro ver a una que pase a una sala un poco más grande. Si empiezas en una sala de 100 personas y pasas a una sala de 500, eso ya es un buen concierto. Ese paso a una sala mediana es más raro en España. Esa es la mentalidad que tenía al principio cuando me mudé a Irlanda, decía que eso no existía en España. La cultura underground no existía en España. Se escuchan los artistas que han estado ahí siempre, los artistas que salen de la nada con un montón de dinero detrás de ellos o gente que sale de un programa de televisión. Eso siempre me había parecido rarísimo en España. 

Los primeros años que pasé en Irlanda pasé mucho tiempo siguiendo a artistas de trap, que es un tipo de música que a mí no me gusta nada, pero me pareció muy muy interesante. Me pareció la primera escena underground que había visto en España que realmente estaba consiguiendo muchísimos seguidores y fans. Esto era 2013 o 2014, cuando C. Tangana estaba teniendo un poquito más de visitas en YouTube y tenías a toda la peña en Barcelona, como Yung Beef, que tenían su millón de visitas en sus canciones. Eso es grande, eso no es un chaval que cuelga un vídeo en YouTube, eso es que hay fans y gente escuchando. En ese sentido, C. Tangana es ahora un artista enorme y salió de una cultura underground. Aunque fuese una cultura con la que yo no me identificase tanto, me pareció fascinante que una cultura underground estuviese pasando al mainstream. Fue la primera vez que lo he visto en España. En mi generación, es la primera vez que ha pasado. Supongo que la última vez que hubo algo así en España fue la Movida, que tenía algo de underground. De ahí salieron bandas que se recuerdan. El estilo de música es totalmente distinto, pero me parece bastante fascinante. C. Tangana, por ejemplo, es alguien cuya música no es mi estilo, pero lo respeto mucho como artista; me parece un tío superinteligente que ha sabido transformar cómo se consume música en España. Eso es algo que tiene mucho mérito. 

Leímos un mensaje de la banda en el que pedíais a vuestros seguidores que, si se disponían a comprar merch, lo hicieran desde la web oficial. Tal vez la gente no es consciente de hasta qué punto es frágil la economía de una banda o lo vital que resulta una fuente de ingresos como el merchandising. En un contexto como el de los últimos meses, ¿afectan más estas cosas?
Muchísimo más, porque realmente la música, la gente consumiendo las grabaciones del disco, no genera ninguna clase de dinero para un grupo. Generan dinero, pero esos discos cuesta mucho dinero grabarlos. El papel de la discográfica es pagar ese disco por adelantado y hacer posible para un grupo sacar nueva música, pero durante bastante tiempo ese dinero generado por la gente consumiéndola va directamente al sello para poder pagar lo que ha costado grabarlo. A nosotros, habiendo grabado un disco hace un año o dos, habiendo sacado el primer disco hace un año y ahora el segundo solo uno después, no nos ha dado tiempo a pagar los costes del primer disco. Hemos añadido más costes, que no pasa nada porque sabemos que no vamos a ganar muchísimo dinero por la consumición de nuestras grabaciones. Donde más dinero ganas normalmente es girando, por eso las bandas ahora mismo tienen que girar tanto, porque es la única manera de realmente ganar dinero. En las giras, casi la mitad del dinero que ganas es vendiendo camisetas y la otra mitad es vendiendo entradas. Ahora esa mitad de vender entradas no existe, porque no hay conciertos. La única manera que tenemos de ganar dinero es esa otra mitad, las camisetas. En cuanto se meten piratas de internet a vender camisetas con tu nombre te están robando la única mitad que te queda para ganar dinero. De alguna manera es extraño, te metes en el mundo de la música y al final lo que eres es una marca de ropa, pero es la única manera en que se puede sobrevivir en este momento.

Ya para terminar, ¿cómo encaráis este lanzamiento atípico? Digo atípico porque no vais a poder defenderlo en directo inmediatamente. Le he leído a alguna banda que al no tener ese feedback que dan los conciertos no perciben una respuesta clara de la acogida que han tenido. ¿Cómo lo sientes tú?
Es extraño, la verdad. Es extraño pensar que todo el grupo vamos a estar en sitios distintos, que no vamos a estar siquiera en la misma habitación cuando salga el disco. Todo el trabajo que estamos haciendo ahora, la promo, se hace antes de que salga. Una vez salga, ahí está. Supongo que sí que será difícil comprender si la gente lo está escuchando o no. Se vuelve todo números. Al final se vuelve todo streams en Spotify y seguidores en Instagram. Me parece triste porque hay una falta de realidad ahí. Ver el mundo a través de internet es algo muy triste, y con este disco, la única manera en la que vamos a poder percibir cómo se conoce con el mundo va a ser a través de internet. Supongo que así es como hemos visto el mundo durante los últimos meses. La única manera en la que he podido hablar con mi familia y mantener relaciones y amistades ha sido a través de la pantalla del móvil. Después de estos meses estamos un poco más acostumbrados a ello, pero sí, es un poco triste. Por lo menos lo estamos sacando. Había esa opción de posponerlo hasta el año que viene, pero no queríamos estar ahí sentados con un disco que no puede escuchar nadie durante un año. Lo sacaremos y luego lo que haremos con nuestro tiempo libre es escribir. Si en cuanto volvemos a girar tenemos otro disco, probablemente lo grabemos también, pero a ver cómo salen las cosas.

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