21/07/2020

Más de una treintena de lanzamientos seleccionados entre abril y junio.

Anna Andreu – Els mals costums

Pandemias a parte, el de Anna Andreu es el debut en solitario soñado. La artista de Sant Quirze del Vallès firma uno de los mejores trabajos de pop en catalán en lo que va de año, Els mals costums (Hidden Track), un disco breve y conciso pero cuidado al milímetro. Después de su etapa como motherfolker en el duo Cálido Home, Andreu ha cambiado el folk en inglés por pop en catalán con ocho canciones de carácter costumbrista pero también con carga poética. Las letras están más enfocadas al mundo de las sensaciones que a lo explícito, con canciones que beben de la música tradicional pero llevándola al presente en un formato de pop íntimo y pulido. Abre el disco la adictiva y más animadaTorrent sanguini’, pero justo después viene la balada ‘El part’, donde canta sobre un tema inusual en el pop, pero a la vez tan relevante, como es el parto. Capaz de definir a la perfección un domingo por la tarde en ‘El desfici’ o de dejar frases certeras y perspicaces como “potser al final no val la pena ser una dona de profit, i quin invent és el pecat” en la agradable ‘El crit al cel’Els mals costums es un disco con pocos adornos aparentes pero muy bien trabajado, con Anna a la guitarra y la violinista Marina Arrufat, pareja de Andreu, a la batería. Una lesión le impedía tocar el violín, pero el mono de tocar le hizo ayudar a Anna con la percusión, que se convierte en elemento clave del disco. Además, la producción corre a cargo del gran Jordi Matas, culpable también del éxito de Ferran Palau o El Petit de Cal Eril. Y es que a Anna Andreu ya se la puede meter en ese saco del pop metafísic donde también encontraríamos a Da Souza o Marialluïsa, una nueva ola de pop catalán exquisito que rompe con la monotonía de la escena. (Ignasi Estivill)

Arca – KiCK i

Arca siempre está donde las etiquetas desaparecen, donde las convenciones se difuminan, donde podemos ser nosotrxs mismxs pese a las normas que algunos nos quieren imponer y las violencias que todavía recibimos cuando nos desviamos de estas. “No me importa una mierda lo que piensas / no me conoces”, rapea sobre duras percusiones y latigazos industriales en ‘Nonbinary’, single escogido para dar inicio a una nueva era musical, KiCk, como Alejandra Ghersi. Si bien su música siempre ha estado transicionando, ahora es menos cohesiva, más desencorsetada para reflejar su renacer y su nueva forma de existir tras atravesar etapas de dolor: ‘Time’ es un bálsamo de burbujeante synth-pop que nos recuerda que nunca es tarde para descubrir quiénes somos realmente, mientras que el reggaetón deconstruido de ‘Mequetrefe’ refleja la búsqueda de autoconfianza de las personas trans en el espacio público (“Ella vino caminando de su casa / Ella no coge taxi / Que la vean, que la vean en las calles”). En las baladas ‘Calor’ y ‘No Queda Nada’, las dos canciones dedicadas a su pareja sentimental –el artista visual valenciano Carlos Sáez–, Arca recupera el canto operístico predominante en su anterior álbum mientras acepta por fin ser amada (“Eres el sueño que no me atrevía a tener”), y en la pieza central, ‘Afterwards’, Björk recita a Machado con la ayuda de Rosalía; Alejandra se le une más tarde para cantar sobre sanar heridas del pasado través de la experiencia, algo que conceptualmente también reflejaban los dos álbumes que produjo para la islandesa, Vulnicura y Utopia. La jerga venezolana y el empoderamiento femenino son una constante en un álbum que cuenta con poderosas aliadas: ‘Watch’ es un himno de club experimental junto a Shygirl; ‘KLK’ un extraño hit con su amiga catalana Rosalía fuertemente influenciado por la música tradicional en Venezuela, especialmente un instrumento autóctono llamado furruco que aprendió a tocar en la escuela; y en ‘La Chiqui’, las texturas glitchy corren a cargo de SOPHIE, otra artista trans en primera línea de la vanguardia entre el pop y electrónica. En un momento en que los derechos de las personas trans son cuestionados ya no solo por el heteropatriarcado, sino también por sectores supuestamente feministas –ella misma tuvo un rifirrafe reciente con J. K. Rowling– bajo la excusa de que el género debe ser abolido, Arca vuelve a confirmar que hay pocas cosas más subversivas que cuestionar el género y los géneros desde las experiencias queer que algunos se empeñan en silenciar. Como en este KiCK i en el que los géneros siempre se esquivan, se deshacen, se destruyen, y las vidas se viven por completo. (Max Martí)

Blake Mills – Mutable Set

Los discos que hacen los productores suelen ir llenos de colaboraciones de colegas con los que han trabajado, reciben atención de medios, se comenta como anécdota y luego se diluyen y pasan sin pena ni gloria para dejar en la hemeroteca. Puede que sea un poco lo que pasó con el de Everything Is Recorded, el alias de Richard Russell –el hombre tras la mayoría de discos gigantes de XL Recording–, con su disco de 2018. No es exactamente el caso de este Mutable Set, en el que Mills no ha necesitado tirar de DMs para ganarse unos featurings y sacar brillo; de hecho, solo cuenta con Cass McCombs como coautor del single ‘Vanishing Time’. Todo lo bueno que le pueda pasar a este disco es bien merecido y justificado más allá de su trabajo a los mandos de Fiona Apple, Alabama Shakes o Perfume GeniusDe hecho, este Mutable Set suena como apartado de todos esos grandes nombres, del sonido de cada uno y del que generan a su alrededor. Todo suena de perfil bajo, calmado, alejándose de estridencias. Desde la ‘Never Forever’ y su plan de vida contemplativo a los susurros de ‘Summer All Over’ y su manera de entender la euforia de esta estación. A pesar de caer en la parte media en un punto donde la calma se junta más con falta de dirección que con la paz de uno mismo, y faltaría que se levantara del porche, emana en general una delicadeza y un mood muy necesarios estos días. Es de alabar que un disco cantado a un volumen tan bajito precise de una escucha tan alta para disfrutar de tantos arreglos, a veces muy difíciles de percibir y de identificar, pero tan placenteros de ver juntos. Ojalá sirva de ejemplo para otros productores con las mismas buenas ideas pero que a veces se pierden por querer ejecutarlas como cuando se están haciendo cargo del disco de otros. (Jordi Isern)

Bob Dylan – Rough and Rowdy Ways

Dylan es la zarza ardiente. Dylan es la sibila. Dylan es el oráculo al que se consulta en busca de grandes certezas de la vida y te responde con enigmas. Sus versos son jeroglíficos que esconden revelaciones… o no. Mejor dicho: o no lo podemos saber ahora, con prisas. Porque la música y letras slow food de Rough and Rowdy Ways parecen esconder una terrible verdad (quizá también una hermosa verdad) que un día se activará dentro de quien la escucha. Hoy solo podemos asumir que nos quedamos en la superficie del 39º disco de estudio de Bob Dylan. Y ya solo ahí, descubrimos al Dylan más Scott Walker, el del último tramo, el librecreador que pasaba de todo, el zahorí que encontraba belleza en la discordancia, el artista temerario que se saltaba los límites conocidos (así es la inabarcable ‘Murder Most Foul’). También al Dylan más Tom Waits (todos los blues del disco son de lija). Y, como no, al Dylan más Dylan: tras dos discos de versiones de estándares añejos (en realidad, dos ejercicios de estilo/ensayos sobre la belleza perdida y el paraíso de la juventud) y chorrocientas bootlegs series, Rough & Rowdy Ways es su primer álbum con nuevas canciones propias desde Tempest en 2012. ¿Por qué ahora? Pues porque quizá en estos tiempos ásperos y ruidosos necesitamos de su señalética para saber por dónde hay que echar a andar, aunque no sepamos y ni siquiera se nos diga dónde llegaremos. (Joan Pons)

Charli XCX – how i’m feeling now

Mientras el mundo se paraba, Charli XCX emprendió uno de los experimentos musicales más interesantes de esta pandemia, how i’m feeling now: un álbum de cuarentena –ese concepto que hace unos meses ni siquiera existía– basándose en tres pilares. Por un lado, escribirlo, grabarlo y producirlo en el intervalo de 40 días. Por el otro, retransmitir por sus redes gran parte del proceso creando algo así como un documental transmedia a tiempo real. Y por último: contar con la interacción constante de los fans, no solo como feedback a su trabajo sino también como generadores de contenido propio para el álbum, o lo que vendría a ser un proyecto más grande a posteriori. Se trataba de sacar un disco y a la vez replantear el tratamiento del formato. Al proyecto se sumaron A. G. Cook y BJ Burton como productores ejecutivos, un sello de calidad si lo que quieres escuchar es pop bien hecho. Son tan implacables que en tan solo un día ya habían compartido la base instrumental y la demo de ‘forever’, primer single del álbum y uno de los hits pop del año.

(…) Todo esto se resume en la que podría ser La Canción de este ejercicio colectivo. Con la producción de Dylan Brady de 100 gecs y Danny L Harle –la fórmula era infalible–, ‘anthems’ pone encima de una base de energía agotadora todas esos detalles que han ido dando forma a nuestro día a día. Abre con un I’m so boredy más tarde dice all my friends are invisible / twenty-four seven, miss ‘em all, these days exhausting / go online shopping” o “sometimes, I feel okay, some days, I’m so frightened. No hay pretensión, simplemente es lo que hay. Pero en el estribillo, mientras tanto, te grita esas ganas que tiene de romper con todo y volver a las fiestas para cantar himnos y ver a sus amigxs. En definitiva: es el auténtico himno de la cuarentena.

(…) Pero el auténtico tema que cruza todo el álbum es el retrato de su relación con Huck Kwong. Ella misma contó que llevaban siete años de idas y venidas sin llegar a ser una relación convencional, pero que debido a esta pandemia se habían encontrado pasando el confinamiento juntos. La presión que esto suponía para ella se ve reflejada en prácticamente todos los temas. Desde ‘7 years’, en la que bromea sobre que “without the Holy matrimony, I’m wife”, pasando por mostrar todas sus inseguridades sobre esa relación en ‘detonate’ y ‘enemy’, donde hay un momento de spoken en el que parece que se le rompa la voz, hasta llegar a decir de una manera sincera “you love me even when I hate myself, I’m sure” en ‘i finally understand’. Y sin duda, el anhelo de ese amor que lleva rondando a Charli desde 2017 en ‘party 4 u’ pero que suena a todas las fiestas del mañana. (Crítica completa) (Eva Sebastián)

Confeti de Odio – Tragedia Española

Ya no sé si es que estar triste está de moda o que en el mundo que nos toca es muy difícil no estarlo. La generación entre dos crisis, una nueva generación perdida, “vacía”, sin expectativas… La generación que lo tiene todo y a la vez no tiene nada, una generación juzgada por haber nacido pudiendo protegerse tras todo tipo de pantallas… ¿El eterno retorno de la rabia adolescente? Sea lo que sea, Tragedia Española supera la simple rabieta y afianza el personaje que Lucas de Laiglesia empezó a construir con Llorar de Fiesta, entre divismo a la Morrissey, actitud “melancoglam”, drama, bajona y respeto por las formas clásicas del pop tanto como por unos más afilados que nunca riffs de guitarra. Y lo hace con plena seguridad, abandonando la intimidad del dormitorio por el calor que simula el directo con el brillante respaldo a la producción de su compañero en Axolotes Mexicanos (y batería en Carolina Durante), Juan Pedrayes. Todo un asalto a la primera división del pop underground en español. (Diego Rubio Méndez)

Fiona Apple – Fetch The Bolt Cutters

Nuestra vida amorosa sucede en ciclos. Las mismas situaciones parecen repetirse pero cada vez distintas, cada vez con algo añadido y otro significado, otra lección aprendida. Así nos llegan también los álbumes de Fiona Apple, en ciclos sobre un mismo tema, siempre con nuevas perspectivas, metáforas y lecciones aprendidas de nuevo, pero de otra manera. Fiona es conocida por hablar solo cuando tiene algo que decir, y cada álbum parece tardar más en terminarse que el anterior. Fiona siempre toma su tiempo. Afina las palabras y, como instrumentos, cada vez las hace sonar con más maestría. Afila sus metáforas y las lanza como cuchillos al mismo objetivo de siempre, ya despedazado de tantos aciertos. En su magistral disco de regreso tras ocho años, Fetch The Bolt Cutters, Fiona parece estrenar una nueva diana.

Arranca con I Want You To Love Me’, que marca un tono de libertad para con un sonido y una seguridad en sí misma que mantiene durante todo el álbum. Hace unas décadas, Fiona suplicaba en ‘Criminal’ que la escucháramos y guiáramos por el buen camino («I’m begging you, before it ends, just tell me where to begin»). Ahora ya no basta con que le prestes atención y no necesita guías. Fiona exige que la ames. Su música siempre ha sido personal. Desde los primeros álbumes, en sus letras se percibe un diálogo; tan a menudo hay un “you” que se turna en ser un oyente imaginario (que es quien puede entenderla) o una versión idealizada del objeto de su desamor, el cual suele ser la fuente de su inspiración. Es un círculo estrecho y en Fetch The Bolt Cutters lo rompe para dirigirse, siempre desde su experiencia personal, a todas. Podemos reconocer ese desamor que caracteriza e inspira buena parte de su obra, pero esta vez la perspectiva es más amplia: el diálogo es uno entre mujeres, el mensaje es uno feminista y más empoderador que nunca.

Nos habla de Shameika y de cómo la percepción de los demás nos cambia: «Shameika said I had potential» es un mantra, como tantos versos en FTBC, en donde el sonido tan casero y percusivo, la repetición de palabras, evocan rituales de invocación. Con la canción titular nos pasa las tenazas, herramientas de su liberación y la nuestra. Enlaza la importancia de tener una voz propia y de no dejarla acallar en Under The Table’. En ‘Relay y On I Go’, la palabra es percusión (de manera parecida a ‘Hot Knife’) y la golpea con toda la fuerza de un odio tornado arma creativa. ‘Rack Of His’ también destaca la creatividad y el sentido del humor como antídotos al desamor, y ‘Newspaper’ le da un giro a la vieja historia de odiar a la nueva pareja de tu ex para esta vez enamorarte de ella y querer protegerla de lo que tenéis en común. «Ladies, ladies, ladies, ladies», continúa Fiona, como calmando una muchedumbre alborotada, pretendiendo hacernos ver que no somos enemigas. Todo FTBC encarna este mensaje de feminismo y unidad, de poder creativo y resiliencia. Si antes cantaba “Hunger hurts, but starving works when it costs too much to love” ahora anuncia «I spread like strawberries, I climb like peas and beans». Fetch The Bolt Cutters es imperativo, pero también una invitación. Te hace agarrar las cortacadenas, pero no te pide que se las pases: cuando una escucha este álbum queda claro que ella ya usó las suyas para liberarse. Ahora te toca a ti. Empieza un nuevo ciclo. (Ana Prescott)

HAIM – Women in Music Pt. III

Dos meses más tarde de lo inicialmente previsto y con toda su gira pospuesta hasta nuevo aviso (el motivo ya podemos imaginárnoslo todos), HAIM estrenaban en junio Women in Music Pt. III, su tercera referencia discográfica y, me atrevo a decir, la más completa y a su vez menos HAIM hasta el momento. Escrito durante uno de los momentos más bajos del trío y especialmente de Danielle (vocalista y guitarrista) emocionalmente hablando, WIMPIII es un disco que huye de lo políticamente correcto y en el que las hermanas abandonan algunas de sus grandes inclinaciones más pop para ofrecernos una vertiente menos radiante, pero más emocional y explícitamente personal. La apertura ‘Los Angeles’, canción en la que Danielle habla de dejar su ciudad natal para siempre, ya marca distancias frente a lo exhibido en Days Are Gone (2013) y Something To Tell You (2017) tanto a nivel compositivo como musical. Y es que WIMPIII, en todo su conjunto, no es más que un reflejo de unas HAIM que deciden exponerse más que nunca al mismo tiempo que añaden más texturas y tensión a su sonido, en esta ocasión repleto de matices y referencias a la depresión, el aislamiento y la ansiedad. Danielle, Este y Alana se muestran vulnerables e introspectivas; le cantan al dolor (‘FUBT’), a la depresión  (‘I’ve Been Down’) y al amor (‘Summer Girl’), y lo hacen explorando sonoridades que se acercan al R&B (‘3am’) pero también a los sonidos más funky (‘Gasoline’), sin olvidarse, por supuesto, de su tan celebrado pop-rock de aires setenteros, reflejado en las infalibles ‘Don’t Wanna’ y ‘The Steps’. Destaca, por encima de los demás temas, la cándida pero tajante ‘Man From The Magazine’, canción en la que HAIM hablan con ingenio del sexismo al que han tenido que enfrentarse a lo largo de toda su carrera artística, con estrofas tan lapidantes como tristemente reales (‘Man from the magazine, what did you say? / «Do you make the same faces in bed?» / Hey man, what kind of question is that?’). (Irene Méndez)

Hinds – The Prettiest Curse

Poco queda ya de la etiqueta de garage cervecil con la que en estos últimos años los señores han descrito vagamente la carrera musical de Hinds. Ahora, las madrileñas han dado un volantazo para regresar más pop que nunca. Su tercer álbum, The Prettiest Curse, es de lejos el más colorido, trabajado y rompedor de toda su carrera. Solo hace falta mirar la portada. Ya no son solo esas chicas eufóricas y agotadas, a partes iguales, después de un concierto. Ahora son auténticas estrellas, y merecen ser vistas como tales. Se lo han ganado a pulso. Uno de sus puntos fuertes ha sido perder el miedo a experimentar. Supongo que después de reafirmarte constantemente ante críticas rancias acaba por desaparecer el miedo a fracasar. Sin abandonar sus guitarras agudas y esa característica forma que tienen Perrote y Cossials de solaparse y acabar las frases de la una y la otra, introducen teclados y distorsiones, se aventuran a combinar español e inglés en una misma canción y componen, sin ningún tipo de vergüenza, himnos para grandes escenarios. Desde su primer adelanto, ‘Riding Solo’, se podía palpar la importancia y dedicación que han dado esta vez al trabajo en el estudio y a su producción junto a Jenn Decilveo. El resultado es un conjunto de diez temas para todos los gustos. Desde el potente power-pop de ‘Boy’, pasando por el punket but make it pop de ‘Just Like Kids (Miaw)’, hasta llegar a la nana al más puro estilo Hinds que es ‘This Moment Forever’ o la romántica canción de guitarras españolas ‘Come Back And Love Me <3’. En este álbum encontramos la que es también la culminación de su energía festivalera de guitarras gargareas: ‘Burn’ es la orgullosa hermana mayor de toda su discografía anterior. Mientras tanto, ellas nos siguen hablando de su vida, de sus experiencias en femenino, sin ningún tipo de complejo. El amor desordenado, sintomático de nuestra generación, sigue siendo uno de sus temas centrales. Pero siempre pasándolo todo por el prisma de ser cuatro chicas jóvenes que se pasan media vida en la carretera. Su canción más pop, ‘Good Bad Times’, es el resumen perfecto. Lo que también hace absurdamente genial este álbum es el no tener ningún reparo en responder a todos los señores-que-no-sueltan-el-brazo. Querido, nadie quiere tu opinión. Hinds no tienen pelos en la lengua para dejarlo muy clarito. Eso sí,  de la manera más divertida y entretenida posible. The Prettiest Curse es pura energía: la mejor versión de Hinds de la que hemos podido disfrutar hasta el momento. Más pop, más grande y segura de sí misma. Con la tranquilidad de estar haciendo las cosas mejor que nunca. Sin duda, el principio de una prometedora nueva etapa para Hinds. (Eva Sebastián)

Jason Isbell & The 400 Unit – Reunions

Las carreras de Jason Isbell y Drive-By Truckers mantienen ciertos paralelismos. Después de que el primero abandonara la banda como consecuencia de sus adicciones, la discografía de ambos se ha desarrollado sin fisuras. De la mano de sus 400 Unit a partir de segundo álbum, Isbell ha subrayado la melancolía en muchas de sus composiciones (‘Daisy Mae’, ‘If We Were Vampires’) sin perder la pegada sureña heredada de su banda anterior (‘Never Could Believe’, ‘Soldiers Get Strange’). Reunions es un compendio de esa experiencia que eleva a un autor que venía reivindicándose desde hacía demasiado tiempo. No era esa la intención de Isbell, que admite que todo se inició con la idea habitual, la de hacer un puñado de buenas canciones. Después se percató de que estaba mirando con cierta perspectiva hacia atrás, una nostalgia manifiesta en ‘Dreamsiecle’ o el cálido juego coral o ‘Only Children’. Y por último, seguramente, tendrá que reconocer que se trata de un álbum de plenitud en el que arreglos destinados a un papel secundario, y el inicio de ‘What I’ve Done to Help’ está repleto de ellos, adquieren un protagonismo inesperado. Quedan consuelos a los allegados (‘St. Peter’s Autograph’), algunos de los estribillos más memorables de su repertorio en las piezas más potentes, como ‘Be Afraid’, y excelentes momentos instrumentales de los que se puede extraer la guitarra solista de ‘Overseas’. Es un trabajo en el que se descubren matices en cada escucha, al que las exigencias de la vanguardia le restarán repercusión pero que a la vez es la recompensa sobradamente merecida de un artesano incansable. (Carlos Marlasca)

Jeff Rosenstock – NO DREAM

NO DREAM es un título intencionadamente abierto. También lo era el de su predecesor, POST-. Ambos llegaron sin previo aviso, estrategia asimismo empleada para el lanzamiento de Thanks, Sorry!, el álbum en directo que Jeff Rosenstock publicó en 2019. Una vez más, el discurso político del norteamericano no se circunscribe a lo musical, abarcando de igual manera la ejecución. Esta obra, en cambio, es más acelerada y enérgica que los dos trabajos de estudio anteriores. Aquí el volumen está al 10, se toca rápido y se grita más. Es la primera colección de canciones que Rosenstock presenta desde que se mudara de su Nueva York natal a la soleada California. Este sustancial cambio en la vida del músico de 37 años es patente en la colorida portada y en unas resplandecientes melodías que hacen de NO DREAM un disco de punk indefectiblemente pop. Tal como sucedió con WORRY., de 2016, este nuevo trabajo llega en año de elecciones presidenciales en Estados Unidos. Mientras que entonces las preocupaciones de Rosenstock giraban en torno a la gentrificación y la brutalidad policial, en esta ocasión se centra en cuestiones como los tiroteos masivos, el capitalismo o la política inmigratoria de Trump, intercalando nuevamente comentario sociopolítico e introspección. Precisamente contra el primero que dispara es contra sí mismo en ese arrollador inicio formado por el tándem ‘NO TIME’ y ‘Nikes (Alt)’, cuya transición logra transmitir la sensación de estar montado en el vagón de una montaña rusa que va a toda velocidad. No cuesta imaginar que ‘Scram!’, el primer single, fue elegido por la pegada de su estribillo y lo coreable que resulta. Comprensible, pues dichas características se cuentan entre las principales virtudes de este disco, también presentes en cortes como ‘Leave it in the Sun’, ‘Old Crap’ o ‘Monday at the Beach’, la más Weezer de todo el lote. ‘N O D R E A M’, por su parte, guarda uno de los textos más críticos del álbum (“El único marco en el que el capitalismo puede prosperar es la distopía”). Se trata de una canción con un marcado cambio de ritmo allá por la mitad de la pista, un recurso empleado en más de una ocasión en este álbum. Lo encontramos, por ejemplo, en ‘f a m e’, compuesta por múltiples partes y cuyo tramo final, escorado al hardcore, deja uno de los momentos más remarcables. También entre lo más destacado de NO DREAM se encuentra ‘***BNB’, que efectivamente trata de esa plataforma de cuyo nombre Jeff no quiere acordarse y que no, no es la crítica feroz que cabía esperar. Construida a partir de dos historias reales, esconde momentos que serán, a buen seguro, karaokes masivos en los futuros directos de Rosenstock y los suyos. Uno de esos conciertos, el encapsulado en el álbum Thanks, Sorry!, anticipó la llegada de ‘The Beauty of Breathing’, tema que crece en su versión de estudio arropado por armonías y la sutil aportación de Laura Stevenson, con quien Rosenstock publicó el pasado año un EP de versiones de Neil Young. El tramo final del tracklist es el que más dudas deja, principalmente por ‘Honeymoon Ashtray’, que se alarga en exceso para lo poco que aporta tanto a nivel musical como lírico. ‘Ohio Tpke’, algo más acertada, está un punto por debajo del nivel medio del resto de piezas que completan otro brillante ejercicio de un artista instalado en el notable alto. (Edu Fernández)

Jehnny Beth – TO LOVE IS TO LIVE

La ambición de componer una obra personal ha separado a Jehnny Beth (Camille Berthomier) de sus Savages. Sin todavía una fecha de retorno en el calendario para una de las bandas más interesantes que han surgido en tiempos recientes, su vocalista disecciona temores y afianza credos en un debut a modo de confesión. Beth es todo lo que canta en ‘I Am’, comienzo de un TO LOVE IS TO LIVE que amputa las distorsiones del rabioso post-punk que le precedió y aumenta la sutil presencia de pianos (‘We Will Sin Together’) y saxos. Con unos créditos que incluyen a Anders Trentemøller, Romy Madley (The xx), también coach improvisada, o Flood (productor de Nick Cave, Nine Inch Nails o PJ Harvey), además de su pareja, Anders Trentemøller, Beth ha construido una sólida base sobre la que flota en temas como ‘Innocence’ la crónica del desencanto que supuso el debut de Savages y cierta reminiscencia a su sonido en ‘I’m Your Man’, incluida en la banda sonora de Peaky Blinders.  Por encima de todo, abruma su capacidad para elaborar un discurso propio y coherente, que deja espacio para algunos de sus más destacados coetáneos (Joe Talbot, de IDLES, canta en ‘How Could You’) pero que también genera espacios íntimos de una brutal ternura, que tiene en ‘French Countryside’ su principal evidencia. (Carlos Marlasca)

Jessie Ware – What’s Your Pleasure?

Si existiera algo así como un ballroom celestial, lo más seguro es que  su banda sonora fuera What’s Your Pleasure?. El cuarto disco de Jessie Ware es la culminación, sin fisuras, de su obsesión por los sonidos y la estética disco de los 70 y principios de los 80. El resultado es un viaje a las noches más glamurosas y desinhibidas a las que podremos asistir. Ella misma lo ha descrito como la celebración de una creciente confianza en sí misma, y ciertamente lo es; no solo en sus letras, sino también en su sonido. Revisitar beats con los que ya estamos familiarizados siempre es arriesgado, corres el riesgo de crear una burda copia. Pero el nivel de matices y trabajo que se encuentra en la producción de What’s Your Pleasure? lo hacen absolutamente hipnótico. Solo hay que ver el despliegue de cuerdas y vientos que pasaron por el estudio, y que ella misma muestra en sus vídeos en YouTube. Sin olvidar la faceta más pop, R&B y soul de sus anteriores álbums, Ware se sitúa ahora en la escena club de tintes boogy y electrónicos. Con su primer adelanto ‘Spotlight’, que también se encarga de abrir el disco, nos descubre este universo de veladas aterciopeladas en su propia fiesta privada. De una manera absolutamente elegante, no deja que pares de bailar en toda la noche. Desde el marcado bajo funky de ‘Ooh La La’ a las líneas más pausadas y house de ‘Adore You’ sin olvidar las trompetas y los violines de ‘Step Into My Life’. Es sensual y absorbente, sin ser agotador. La presencia con la que, desde una visión femenina, se expone un deseo que no pide perdón, es absolutamente envolvente. Se confirma una y otra vez en la pista: temas como ‘Save A Kiss’, pop electrónico cercano al que podríamos encontrar en Robyn, son auténticos himnos, sin olvidar el cierre magistral que corre a cargo de ‘Remember Where You Are’, una canción perfecta para ser la banda sonora del final de una película de los 80 o para la escena de despedida de Candy en PoseCon este disco, Ware se convierte en la madre de una casa donde el sexo y el baile sin prejuicios son los pilares fundamentales. Una oda a la música disco, a la comunidad ball y a la fortaleza y sexualidad de esta. Funciona a la perfección como un brillante refugio ante un mundo deslucido y opresor. Te protege y libera en cada canción. What’s Your Pleasure? es, con muchas pruebas y casi ninguna duda, un disco redondo. (Eva Sebastián)

Khruangbin – Mordechai

Tras alcanzar un descomunal éxito con su heterogéneo collage de estilos, el tercer álbum de Khruangbin suponía una encrucijada importante. ¿Hacía dónde dirigirse? Más recursos vocales (anunciados a principios de año con Texas Sun, el EP junto a Leon Bridges), recuerdos de Houston, inmersiones más allá de las referencias asiáticas y africanas de difícil concreción y alguna que otra licencia. Por ejemplo, la de ‘Time (You and I)’, una canción disco-funk que encuentra pocos antecedentes en el catálogo de los estadounidenses. Y hay bastante de eso en Mordechai, nombre de un acompañante inesperado de Laura Lee, que vivió una experiencia mística al lanzarse por una catarata tras ese encuentro. Suyo es el papel predominante en el disco como cantante solista y en las hipnóticas líneas de bajo. El road trip musical se amplía a territorios latinos con ‘Pelota’, y los arabescos guitarreos de Mark Speer están más dispersos pasando a un primer plano en ‘Father Bird, Mother Bird’. EL trío, completado por infalible metrónomo de Donald Johnson, presenta una faceta más contemplativa y menos arriesgada que en ocasiones previas. Pero el exotismo de una banda que nunca estuvo llamada a ocupar un lugar preminente sigue sin perder su mágico halo. (Carlos Marlasca)

Kehlani – It Was Good Until It Wasn’t

Llevamos tanto tiempo hablando de R&B contemporáneo que, al final, ese sonido se ha quedado viejo. Quizá el asunto ya no es tan contemporáneo. Hace años que todo el nuevo R&B parece el mismo, hasta que llegan discos como It Was Good Until It Wasn’t de Kehlani y vuelve a parecer nuevo, revitalizado. No hay grandes revoluciones porque el género tampoco las admite, pero el ejercicio de estilo deja de ser evidente cuando tiene alma: este es el caso. Cuando estaba a punto de convertirse en una secundaria crónica, siempre a la sombra en sus colaboraciones con Justin Bieber, Cardi B o Post Malone, la californiana cuenta su propia historia postruptura en un disco absolutamente íntimo incluso cuando tiene invitados. James Blake, Tory Lanez o Jhene Aikó pasan por el tracklist, pero lo hacen de puntillas. En realidad, esa es la única forma posible de pasar por un disco minimalista y sutil que, a menudo, parece guardarse más cosas de las que enseña: varios de sus mejores temas están por debajo de los tres minutos. Es como si ‘Toxic’, ‘Water’ o ‘Serial Lover’ se evaporaran mágicamente antes de llegar al clímax para conectar con este relato de lo que pudo haber sido y no fue. Lo mismo que decíamos del nuevo R&B puede decirse de la trayectoria de Kehlani, que de golpe parece haberse impulsado: este no es precisamente su debut (atrás quedan otro álbum y tres mixtapes), pero da la sensación de que algo ha hecho click en su carrera con este lanzamiento justo cuando otras cosas han hecho crack. (Víctor Trapero)

Laura Marling – Song for Our Daughter

El séptimo álbum de Laura Marling nos trae diez cortes que reflejan la madurez musical que ha ido adquiriendo durante los últimos años, un retrato íntimo y directo con una instrumentalización simple pero versátil. Song for Our Daughter desprende una energía femenina escondida, un retrato de una mujer fuerte que destapa sus miedos poniéndolos en debate. Laura coquetea con el folk rock en ‘Alexandra’ y ‘Strange Girl’, y a medida que avanza nos dejamos llevar por su faceta más tranquila con la delicada ‘The End Of The Affair’ hasta el cierre de guitarras y armonías dulces de ‘For You’. La calidez de sus vocales contrasta con el dolor y la pérdida de la que nos habla. Pocas texturas necesita para hacer que conectemos con nuestra parte más introspectiva, como en los delicados acordes que esconden una tristeza irreconocible a primera vista en la preciosa ‘Blow By Blow’. Una vez más, Marling se desnuda vocalmente exponiendo sus inseguridades y aprendizajes en el tema que da título al disco, ‘Song for our Daughter’, una balada a la guitarra con toques al piano y violines que reflejan a la perfección esa combinación que da forma a su estilo. Una canción honesta que habla de la toma de decisiones, las influencias y los caminos por recorrer que tendrá que afrontar su hija. Laura es capaz de brindarnos esa sensación de serenidad que tanto ansiamos en estos días. No es un álbum experimental de este género, más bien prevalecen los ritmos tradicionales folk y esa simpleza instrumental que nos brinda una sensación de bienestar. A veces, lo único que se necesita para hacer un buen álbum son emociones, y así es como Laura Marling consigue que queramos volver a Song for Our Daughter una y otra vez. (Fátima Conde)

Lido Pimienta – Miss Colombia

Y, de repente, el Polaris Music Prize puso a Lido Pimienta en el mapa musical norteamericano y europeo. Es decir, en el único mapa musical que realmente parece importar. Esta colombiana asentada en Toronto desde hace más de una década se impuso a Leonard Cohen o Feist en 2017 para que La Papessa se convirtiera en el mejor disco canadiense del año, el primero en lograrlo en una lengua que no fuera inglés o francés. Pimienta podría haber aprovechado el impulso para acercarse a su potencial nuevo público en su siguiente trabajo, pero en este Miss Colombia ha hecho justo lo contrario: se ha acercado todavía más a sus orígenes, a las raíces colombianas que en La Papessa se difuminaba en mitad de una ambición bastante más experimental que divulgativa. El regreso de la de Barranquilla, sin embargo, es un libro abierto. Entrar en él es comprender que  la banda sonora del país cafetero no acaba precisamente en el pop reguetonizado de J Balvin o Karol G; no acaba y, sobre todo, no empieza. Su propia visión de géneros tradicionales como la champeta, la cumbia o el palenque, respetuosa con los patrones pero también rupturista, forma una foto tan real del folklore colombiano que estalla en mil colores frente al oyente. Sin embargo, no es este un álbum celebratorio aunque se levante sobre ritmos y más ritmos superponiéndose. O mejor dicho: no es este un álbum exclusivamente celebratorio, quizá porque la condición de su autora de mujer queer, emigrante, madre soltera y descendiente de un pueblo indígena le impide moralmente no aprovechar su altavoz en momentos como ‘Pelo Cucu’, donde reivindica su pelo rizado como parte de su identidad, o una ‘Quiero Que Me Salves’ que puede funcionar igualmente como carta a una pareja pasada y como llamada a revisar alguna injusticia secular sufrida por sus antepasados («y ya llegó la oportunidad para arreglar nuestro pasado»). «Soy mujer y llevo el dolor adentro», dice Lido Pimienta en ‘Nada’. A lo largo de los once cortes de Miss Colombia lo saca materializado en la mejor canción protesta posible. (Víctor Trapero)

Melenas – Días Raros

Días Raros vino en plena vorágine de lo raro, valga la redundancia. Confinados, encerrados, viviendo en primera persona algo de los tiempos postapocalípticos a los que ha apuntado siempre la ficción durante los últimos 100 años, todos reflexionábamos sobre lo raro que resulta ver las calles de las cosmópolis vacías y los supermercados desabastecidos, no poder ver a nuestros familiares ni cruzar una línea invisible entre barrios o municipios, y tantas rarezas que se nos puedan ocurrir aquí. Pero esos días raros no han sido más que la confirmación de que ya los veníamos viviendo, sumergidos en ellos sin saber muy bien cómo ni por qué. Los Días Raros de las cuatro pamplonicas nada tenían que ver con la pandemia: más bien retratan lo que es vivir en un mundo que ha dinamitado la noción del tiempo, que se precipita desbocado hacia la extinción de las expectativas y que plantea recuperar lo esencial que a veces tenemos como seres humanos a través de canciones que oscilan entre el pop ruidoso y el kraut. Más maduras, más consistentes y quizá en un puente hacia terrenos más experimentales e instrumentales, Melenas ofrecen un estupendo segundo trabajo que además las confirma como una de las joyas de nuestro underground más respetadas y escuchadas más allá de nuestras fronteras. (Diego Rubio Méndez)

Moses Sumney – græ

Como Mike Hadreas, Moses Sumney está construyendo su carrera en torno a la dicotomía de lo pasional y lo cerebral, de lo instintivo y lo racional, de lo animal y lo humano, de lo romántico y lo devastador, de lo bello y lo feo, de los puramente físico y de lo espiritual y mental. Rompiendo cánones establecidos, atacando siempre desde lo conceptual las ideas binarias, al final ideas maniqueístas que suelen acabar en frases como “si no estás conmigo, estás contra mí”. græ representa, quizás, justamente esto: no hay ni blancos ni negros, más bien una infinidad de escalas de grises. Aromanticism, su debut con Jagjaguwar, quizá no insistía tanto en esa idea sino en la hiperestesia y en su consideración personal del mundo y de las relaciones, de las mismas dicotomías. Era un disco minimalista en el que la magnífica voz de Sumney reclamaba tanto protagonismo como el silencio que se construía en torno a él, y que se hacía enorme gracias a la solitud. græ no, græ es expansivo y floral. Es un disco ambicioso que parte de un discurso musicalmente R&B pero que se desborda por los cuatro costados hacia terrenos mucho más experimentales, o funk, o soul, o jazz o pop de cámara. Un compendio estupendo de hasta veinte canciones divididas en dos partes que apelan al Sumney más carnal y al Sumney más trascendental, a las dicotomías y a los enfrentamientos morales. Un disco bello, grande, que demuestra que su autor tiene mucho más que decir de lo que podíamos deducir de Aromanticism y que además sabe manejar perfectamente las dosis de caramelo y experimentación, gracias a la coproducción de Daniel Lopatin y a la participación de excelsos músicos como son Thundercat, Shabaka Hutchins, Adult Jazz o James Blake. Las dos alas de una mariposa que acaba de romper la crisálida y mostrarse espléndida ante el mundo. Pronto levantará el vuelo. (Diego Rubio Méndez)

Mujeres – Siento Muerte

Siento Muerte es el sol después de la tormenta, la relajación que sigue al auténtico colapso y darse el gusto de ver cómo las cosas empiezan a ponerse en orden después de una mala racha. Como continuación del EP Romance Romántico (Sonido Muchacho, 2019), los barceloneses reiteran su garage catártico y en castellano para seguir purgando sus demonios con bandera blanca. Fieles a su sentimestalismo afilado, más festivo que nunca y tan retórico como directo, atraviesan esa noche en ninguna parte de la que hablan en ‘Cae la Noche’ para recoger aciertos y errores, sufrimientos y alegrías, amor, desamor y ese venirse arriba marca de la casa con el que envuelven su derrotismo vital. Siento Muerte ha llegado en tiempos de confinamiento para hacer balance y respirar optimismo por todos lados, aunque sea mirando hacia atrás y aunque duela. Porque la de Mujeres es una historia que duele con gusto. Una historia que, desde la publicación de su primer álbum homónimo en 2009, se ha definido entre la angustia existencialista y la euforia de una noche con los colegas en el bar. Con riffs acelerados y tintados de épica, cada tema deja la sensación de que ahí se ha apostado todo. ‘Tú y Yo’ y ‘Besos’ abren el álbum dejando claro que lo que sigue es un forcejeo entre dos, dejes de amores irreparables y romanticismo moderno con el que pulir el corazón y los dramas. ‘A Veces Golpes’, en una marea de melodías power pop, nos recuerda que de todo se sale aunque sea magullado. “Un pasado que me arrastra / Vuelvo al fin por ti”, cantan en ‘Un Gesto Brillante’. En este tema, Yago Alcover hace malabares con las voces de su cabeza, y en ‘El Momento Exacto’ se abandona a la sensación de que, a pesar de los baches, siempre surge una salida. “Vuelta a la vida tras curarse el corazón”, empieza ‘Todo Bien’. Se habla de curar heridas, de lanzarse y de dejar atrás lo que ya no sirve. ‘Algo Memorable’ pone fin a la metralla para rebajar el tempo y cambiar la eléctrica por la acústica, haciendo honor a esas historias que dejan huella. (Lluc Mulet)

Perfume Genius – Set My Heart On Fire Immediately

Coincidiendo con el décimo aniversario de Learning, punto de partida de una carrera inmaculada como Perfume Genius, Mike Hadreas entrega un quinto álbum que sigue realzando todas sus virtudes, algo que parecía casi imposible tras el brillante No Shape (2017) con cuyo virtuoso productor, Blake Mills, revalida una gloriosa alianza creativa. A diferencia del mencionado debut grabado en casa, en el que la voz del de Seattle solo se apoyaba en austeras y emborronadas notas de piano, Set My Heart On Fire Immediately está fraguado por músicos que a priori parecen destinados a grandes estrellas –Jim Keltner (John Lennon, Bob Dylan, Eric Clapton), Matt Chamberlain (David Bowie, Bruce Springsteen, Fiona Apple), Pino Palladino (The Who, Elton John, D’Angelo), Rob Moose (Bon Iver, Sufjan Stevens, The National) y el saxofonista experimental Sam Gendel–. “La mitad de mi vida se ha esfumado”, canta el artista de 38 años en la cinematográfica apertura ‘Whole Life’, que inspirada en baladistas clásicos de los 60 como Roy Orbison inmediatamente da paso a un tema que aplaudiría cualquier grada de rock en los 90: ‘Describe’, colosal himno de presentación en el que se libera una cruenta batalla entre guitarras distorsionadas y la tierna voz de Hadreas en la que no gana nadie; todo se desvanece en un reflexivo pasaje ambiental. Hay pop barroco sublime –la íntima ‘Jason’ se adorna de cuerdas y clavecín para relatar un encuentro sexual de su juventud con un hombre heterosexual–, pero también el brillo pop característico de los 80 –la bailable ’On The Floor’ se alza como uno de los temazos pop del año propulsada por guitarras funk y segundas voces de Phoebe Bridgers–. Y es que si No Shape fue un disco con el que Hadreas pretendía liberarse del cuerpo, en Set My Heart On Fire Immediately decide abrazarlo por completo –antes de su publicación, de hecho, estuvo inmerso en Sun Still Burns Here, performance de baile codirigida con la coreógrafa Kate Wallic que sin duda ha inspirado estas canciones–. Estos anhelos corporales de quien sufre un trastorno dismórfico y ha convivido con la enfermedad de Chron desde la adolescencia se plasman a lo largo de todo el álbum, desde el country jovial de ‘Without You’ hasta la marcha galopante de percusiones y flautas sintetizadas que es ‘Your Body Changes Everything’ pasando por la más reposada, glacial y minimalista ‘Moonbend’. Pero hoy, aquel chaval magullado que tapaba su rostro en la portada Learning luce corpulento y sujetando un gran martillo en las imágenes promocionales del disco, demostración de fuerza que no está reñida con manifestar tanto su vertiente masculina como su lado femenino, tanto su falsete celestial como su voz más gutural. Porque incluso rodeado de los mejores productores y músicos, Perfume Genius vuelve a dejar una huella personal inconfundible, ganándose a pulso formar parte del canon de una canción americana que no siempre aceptó a los tipos como él. (Max Martí)

Phoebe Bridgers – Punisher

Se hace difícil encontrar una artista indie que haya acumulado el nivel de acierto y productividad de Phoebe Bridgers en los últimos años. Con solo 25 años, la californiana ya cuenta con cuatro discos muy notables, cada uno en su subcategoría, desde que en 2017 irrumpiera con Stranger in the Alps liberada del yugo de Ryan Adams, a quien le dedicó la excepcional ‘Motion Sickness‘. En esos parámetros de canción folk-pop de sinceridad crudísima, mensaje sublevado y ornamento exquisito es donde se ha construido su lugar Bridgers, especialmente en Punisher, su segundo disco en solitario después de las experiencias con Julien Baker y Julie Dacus en 2018 (boygenius) y con Conor Oberst en 2019 (Better Oblivion Community Center). Rotundamente afianzada y en un momento creativo brutal, Bridgers nos entrega con Punisher la sublimación de su imaginario, cada vez más oscuro y profundo con la excepción de los destellos de luz de ‘Kyoto‘ (un hit de indie canónico con ecos de Neutral Milk Hotel como hacía tiempo no se veía) e ‘ICU‘, con su épica de salón y el ya involvidable directo con Bridgers haciendo trompos mientras la canta. Es en el resto de Punisher, sin embargo, donde asoma la esencia de una artista que reconoce su devoción por Elliot Smith en la canción titular, concepto con el que define a los fans mitómanos que cuando conocen a su artista favorito no le dejan en paz. En un giro narrativo de la canción, la propia Phoebe admite que ella misma hubiera sido una ‘punisher‘ si hubiera conocido a Smith en vida. Lo canta medio susurrando entre un colchón de piano, coros en auto-tune al fondo y un violín lejano que se desborda al final. Y la define perfectamente: clásica pero conectada con la actualidad, atormentada por los males del mundo moderno pero con una pluma tan habilidosa para retratar su autoconsciencia y no caer en el drama exagerado, para abordar sentimientos generacionales como la síndrome del impostor y los traumas del pasado que te persiguen incluso en el mejor momento de tu vida. Es precisamente su habilidad como narradora la que nos mantiene pegados al disco en su tramo central, con unas ‘Halloween‘, ‘Chinese Satellite‘, ‘Moon Song‘ y ‘Savior Complex‘ tan íntimas que en manos de cualquier otrx artista supondrían un túnel demasiado profundo del que salir. Bridgers lo logra, y nosotros con ella, para entregarnos en la recta final esa nana dulce para su amiga Julien Baker que es ‘Graceland Too‘ y el final explosivo que se merece un disco tan contenido como este con ‘I Know The End‘ y ese final que narra un apocalipsis sereno («No, I’m not afraid to disappear / The billboard said «The End Is Near«, canta Bridgers en el momento más emocionante de todo el disco) y nos devuelve con sus últimas notas a la melodía de ‘DVD Menu‘, la primera canción del álbum. El círculo se cierra, la vida sigue. (Aleix Ibars

Rina Sawayama – SAWAYAMA

El primer disco de la británico-japonesa Rina Sawayama es de todo menos previsible. Es transgresor, arriesgado y singular. Y lo es siendo también un disco rabiosamente actual. En SAWAYAMA, la joven cantante y modelo mezcla géneros salvajemente y nos regala un fascinante pastiche de sonidos de los 2000 marcados por el nu metal y el electro-pop más comercial. La continuación de Rina, aquel primer EP estrenado en 2017, es algo así como una oda permanente al pop de artistas como Britney Spears y al nu metal de bandas como Evanescence o Korn pero llevado al extremo y afianzándolo como suyo. Es un viaje hacia su identidad a través de temas como la familia, la cultura o las amistades, en el que explora y trata de reconciliarse consigo misma mientras nos mete de pleno en su historia. Nacida en Japón y criada en Londres desde los cinco años, tal y como hace unos meses contaba a Pitchfork, su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por la tensa separación de sus padres y su posterior relación dañina con él, algo que derivó en un disco mayoritariamente anclado en el pasado, como bien refleja en temas como ‘Paradisin’, acerca de la constante lucha que supone ser criada por una madre soltera en una cultura occidental, o ‘Dynasty’, en la que habla del dolor y el trauma que una familia puede llegar a dejar sobre uno mismo. No por ello la cantante deja de hablar también del presente en SAWAYAMA, cantando de forma irónica sobre el lujo y la explotación capitalista en ‘XS’, los privilegios masculinos en ‘Comme des Garçons (Like the Boys)’ o el racismo que ha sufrido durante años en ‘STFU’. Sin duda, estamos ante un disco que una vez digerido crea adicción y posiciona a Rina Sawayama como nueva y necesaria estrella pop. (Irene Méndez)

Run The Jewels – RTJ4

El pasado 3 de junio, un par de días antes de lo previsto, Run The Jewels publicaban su cuarto disco, RTJ4, en mitad de las protestas contra la violencia racista que sucedieron a la muerte de George Floyd en varias ciudades de Estados Unidos. «A la mierda, ¿por qué esperar? El mundo está infectado de mierda, así que aquí va algo crudo para escuchar mientras lidias con todo», añadían El-P y Killer Mike en un comunicado que acompañaba al lanzamiento. En la canción central del álbum, una ‘walking in the snow’ que pone el foco en la brutalidad policial, Killer Mike rapea «ves a los policías ahogar a un hombre como yo, hasta que mi voz pasa de un grito a un susurro: no puedo respirar» («you watch the cops choke out a man like me, until my voice goes from a shriek to whisper, I can’t breathe»). ¿Cómo puede ser que Run The Jewels predijeran las últimas palabras de George Floyd bajo la rodilla de Derek Chauvin? Porque, en realidad, estaban parafraseando a Eric Garner, otro ciudadano afroamericano asesinado por la policía en julio de 2014 en Nueva York. Garner tampoco podía respirar. La historia, por muy vergonzosa que sea, se repite. Sorpresa: las revueltas y manifestaciones que han recorrido Estados Unidos y otras partes del mundo durante las últimas semanas no son solo por George Floyd. Hace tiempo que las gotas que han colmado el vaso han formado una piscina. En su anterior trabajo, que llegaba en 2016, ya resonaba la voz de Killer Mike diciendo «nacer negro, muerte segura; mi trabajo es luchar por sobrevivir». El mismo Killer Mike que en el tema inicial de RTJ4, ‘yankee and the brave’, habla de verse rodeado de policías y pegarse un tiro a sí mismo entre los dos ojos por orgullo («no puedo dejar que los cerdos me maten […] nunca me cogerán vivo») sobre una base que realmente supura peligro. No hay más que ver las portadas de los cuatro discos del combo para ver que ellos no pueden cambiar porque el mundo, de momento, no cambia. Su música hace falta tal y como es, tal y como ha sido desde que en 2013 se juntaran en lo que en ese momento parecía una aventura pasajera: suenan violentos, incómodos, comprometidos; cada día más. En ‘holy calamafuck’, de hecho, se autoproclaman «narradores de la violencia suprema de este tiempo», un título que también podría reclamar para sí misma la legendaria Mavis Staples, uno de los muchos talentos invitados a sumarse a las trincheras de RTJ4. Quizá el álbum más relevante de 2020 para disgusto de sus autores, dos raperos ya entrados en los 40, el eco contemporáneo de Public Enemy o Wu-Tang Clan, que todavía no pueden permitirse apoltronarse. «Lo mejor que le podía pasar al mundo es que Run The Jewels solo soltaran tonterías», ha dicho El-P en alguna entrevista. Mientras ese momento llega, aún les necesitamos a pie de calle. (Víctor Trapero)

Sports Team – Deep Down Happy

Sports Team, que finalmente se quedaron a 600 copias de arrebatar el número 1 a Lady Gaga en las listas británicas, reaccionaban con humor: “Ha sido Oasis contra Blur, y nosotros éramos Oasis”. No será por el sonido, pues la propuesta de este sexteto británico bebe del rock alternativo americano. Aun así, es posible establecer determinadas conexiones entre estos muchachos y el britpop. Por una parte, hace tiempo que vienen hablando de tocar en Knebworth. Así es Alex Rice cuando tiene un micrófono delante: ambicioso, provocador, incisivo y polémico. De haber operado a mitad de los 90, hubieran amasado incontables portadas en los semanarios británicos, y es que Rice, el frontman más desbordante de la escena londinense en la actualidad, es una fábrica de titulares. Aunque si hay algo en el universo de Sports Team que remite a cierta corriente del britpop son unas letras que, lejos de resultar declaraciones pomposas acerca de lo significa ser inglés en los tiempos que corren, romantizan la vida en los suburbios, las poblaciones costeras y las autopistas que atraviesan el país. Por lo demás, la única concesión a la nostalgia la encontramos en ‘Kutcher’. Y es que Deep Down Happy es un disco de su tiempo, de los que explican a una generación entera. En ese sentido, conecta con el debut de Arctic Monkeys, pues ambos trabajos capturan a la perfección lo que es ser joven en el Reino Unido en el momento en el que fueron concebidos. El camino hasta aquí ha sido largo, y buena prueba de ello es que este primer álbum se sustenta en canciones ya publicadas durante este tiempo. Para encontrar la versión primeriza de ‘Camel Crew’, la composición más antigua del lote, hay que remontarse a Winter Nets, EP que data de principios de 2018. ‘Here It Comes Again’, junto a otros dos singles de extraordinaria pegada, vio la luz a lo largo de 2019, y hasta un total de siete cortes pudieron ser escuchados antes de la salida del disco. No obstante, si alguien cree que a estas alturas pocas sorpresas iba a encontrar aquí, ‘Lander’ le da la primera en la frente. Deep Down Happy es de esos álbumes que empiezan en el segundo menos uno, y en este caso, una vez pasado el sobresalto inicial, advertimos que el que canta es Robert Knaggs, guitarrista y compositor del grupo. Le escuchamos también en ‘Long Hot Summer’ y en el fragmento final de ‘Here’s The Thing’. El texto de esta última es una buena muestra de las virtudes de Knaggs como letrista: mordaz, agudo, brillante. Y por si fuera poco, estamos ante un hit. Lo mismo podríamos decir de ‘Fishing’ y ‘The Races’, retratos de una Inglaterra fracturada. Por lo que venían contando en las entrevistas previas al lanzamiento, la banda tenía ganas de mostrar otras facetas que fueran más allá de la inmediatez que requiere un single. Algunas de esas canciones, como puede ser el caso ‘Born Sugar’, ‘Feels Like Fun’ o ‘Going Soft’, ofrecen pistas de por dónde pueden ir los tiros de cara a un segundo disco que ya se encuentran componiendo. ‘Stations Of The Cross’, la encargada de cerrar el álbum, era en un principio la misma canción que ‘Lander’, el corte que lo abre. Eso explica que compartan unos versos en los que solo varían las palabras amor por drogas y que sirven de síntesis tanto para este álbum extremadamente divertido como para la trayectoria de Sports Team: “Ya no hay amor en esta ciudad, pero si quieres encontrar el amor, siempre puedes ir a Londres”. (Edu Fernández)

Sticky M.A. – Konbanwa

Desde que Manu Fernández abrió su mixtape de 2019 con ‘Marcas‘ y la frase «Bienvenido a mi mundo / El mundo de Stickyto«, quedó plasmado que el universo de Sticky M.A. es único en la escena trap española. Es verdad que él lo dice a menudo en sus canciones, pero viene respaldado por hechos: los tres lanzamientos (llámalos mixtapes, álbumes o como quieras) que ha publicado en los últimos tres años están a un nivel al que muy pocos pueden aspirar. El miembro de Agorazein ha seguido un camino distinto al de su compañero C. Tangana y en vez de asaltar el mainstream, ha optado por quedarse en el margen y cultivar un fandom entusiasta y militante. Después de Las Pegajosas Aventuras de Sticky M.A. en 2018 y de 5ta Dimensión junto a Steve Lean en 2019, Sticky cierra esta suerte de trilogía con Konbanwa, disco de inspiración japonesa en título y alguna de sus referencias pero por encima de todo 100% Sticky: voces distorsionadas, ritmos cósmicos y melodías coreables como un himno hooligan. Si acaso esta vez se permite experimentar un poco más, con los ritmos dancehall de ‘Control‘, los versos acelerados de ‘Meliodas‘, el pasaje rock de ‘Extendo‘, el minimalismo de ‘Tus ojos‘ (con producción de Jambo, productor murciano que ha facturado beats para Future, Juice Wrld o Young Thug) o la bomba de emo trap ‘Ya no‘, con la participación estelar de C. Tangana. Lo que sí permanece intacta es su exposición emocional, siempre entre el cielo y el infierno, siempre en un mundo de amor, sexo, traiciones y drogas pero con una lucidez y claridad inéditas que apuntalan la evolución personal de Manu. Aquí, de nuevo, la declaración de intenciones va en la primera canción, ‘Meliodas‘, curiosamente la única que produce Steve Lean esta vez: «De nuevo Stickyto ha salvado a la Tierra / Soy lo mejorcito de la nueva ola / También lo más fresco de la vieja escuela«. Amén. (Aleix Ibars)

The Soft Pink Truth – Shall We Go On Sinning So That Grace May Increase?

La respuesta que todos dimos por evidente tendría EEUU ante la candidatura de Donald Trump ha tardado tanto que estamos a pocos meses de dirimir su reelección como presidente del de momento país más poderoso del mundo. Es ahora, por fin, en plena pandemia mundial, cuando cristalizan las evidencias y la disidencia parece ya una masa bien organizada que tanto apela al espíritu comunitario y a tener esperanza en la gente, que siempre es el último mono pero al final demuestra ser el motor de cambio más importante que existe, aunque muchas veces pensemos que es la tecnología; como a la demostración violenta de la pérdida de una paciencia que en algún momento pudo parecer cándida e inocente. Drew Daniel ha sido de los primeros. De los que prefieren apelar a las cosas que nos unen. Y en esa búsqueda ha terminado ofreciendo un disco extraño, monolítico, íntimo y minimalista que se expande a cámara lenta y hacia dimensiones ocultas entre cuerdas y que representa un nuevo paso adelante en la carrera de su autor. O quizás un paso al lado, porque Shall We Go On Sinning So That Grace May Increase? se aleja de cualquier cosa que Drew haya hecho anteriormente, tanto en solitario como al frente de Matmos, en favor de territorios minimalistas y experimentales que refuerzan los menos elementos en forma de pianos o percusiones exóticas con mantras repetitivos e impulsos deep-house. Una maravillosa experiencia onírica que esconde recuerdos de ácido y progresivo, de jazz, de soul, de ambient. Que se construye creciendo desde la incertidumbre de la primera mitad hasta una gloriosa y catártica segunda mitad que brilla fulgente en ‘Grace‘. Que mira al fin del mundo con paz y serenidad y se regodea de saber que nos tenemos los unos a los otros. (Diego Rubio Méndez)

The Strokes – The New Abnormal

Tampoco era muy difícil que The Strokes publicaran su mejor disco en una década, pero lo cortés no quita lo valiente. “Nos hemos descongelado”, admitía Julian Casablancas durante su concierto de fin de año en Nueva York a las puertas de este surrealista 2020. “Los 2010s, o como sea que se llamen, nos los quitamos de encima, pero hemos vuelto”. Así es: aunque la Wikipedia diga que en la década de los 2010 The Strokes publicaron dos discos y un EP, la realidad era que el grupo de Casablancas estaba en una especie de letargo, entre el piloto automático, la distancia entre los miembros de la banda por sus proyectos personales y las consecuencias legales de un contrato que firmaron cuando tenían poco más de 20 años. Ahora todos los miembros rondan los 40, y eso inevitablemente condiciona todo lo que rodea The New Abnormal, sexto disco del grupo y un intento bastante inspirado de aceptar el paso del tiempo. Gracias a su pasión redescubierta por medios tiempos profundos y experimentales como el memorable anti-single ‘At The Door‘, ‘Ode to the Mets‘ o ‘Selfless‘, The New Abnormal suena por fin como un grupo que está dispuesto a reconocer que ya no son los de antes. Sí, ‘The Adults Are Talking‘, ‘Brooklyn Bridge to Chorus‘ y ‘Bad Decisions‘ reviven con bastante atino el espíritu juvenil de sus primeros discos y seguro que funcionarán de maravilla en sus conciertos a partir de ahora, pero es en la otra cara del disco donde encontramos a los nuevos The Strokes: los que dedican el minutaje amplio a experimentos como la locura disco ‘Eternal Summer‘, la emocionante ‘Why Are Sundays So Depressing‘ o la power balad que define con su título el leit motiv de The New Abnormal: ‘Not The Same Anymore‘. Porque, a veces, es cuando dejas de intentarlo cuando vuelves a tener posibilidades de conseguirlo. (Aleix Ibars)

Thundercat – It Is What It Is

Puede que Thundercat sea una especie en extinción, una extraña combinación de talento y genialidad que piensa a la velocidad de la luz. Verle tocar en directo su bajo de seis cuerdas es sinónimo de locura transitoria; sus dedos se mueven tan rápido que parecen irreales. Su último lanzamiento, It Is What It Is, es un complejo trabajo marcado por diversos estilos que podría suponer la continuación del maravilloso Drunk, álbum que lo catapultó a la fama en 2017. Su pasado en bandas de jazz marca una gran influencia en su sonido: una mezcla explosiva de soul, R&B, funk y jazz moderno que funden un caos de infinitos sonidos perfectamente dispuestos en el universo Thundercat. Bruner (su nombre real) sabe con quién juntarse: Steve Lacy, Childish Gambino y Ty Dollar $ign son algunos de los colaboradores y amigos que aparecen en este disco que bucea entre distintos estados de ánimo en canciones donde perderse entre la confusión y la riqueza instrumental. El artista vuelve a cerciorar su forma de hacer música: sus riffs acelerados marca de la casa y las voces en falsete completan un brillante desorden melódico. En este cuarto disco coexisten varias realidades, desde la más densa tristeza hasta su parte más cómica y absurda. La suave ‘Existential Dread’ combina con el veloz alboroto de ‘I Love Louis Cole’, con la friki ‘Dragonball Durag’ y la misteriosa ‘King of the Hill’ donde escuchamos el toque mágico de Flying Lotus (también productor en esta ocasión) y BADBADNOTGOOD. El californiano habla de la pérdida que aparece en forma de homenaje a su querido amigo Mac Miller, fallecido en 2018, ‘Fair Chance’ es una canción de duelo y despedida: “Sigo reteniéndote, aunque no estés cerca… Adiós, por ahora”. It Is What It Is demuestra de lo que es capaz el artista americano, y deja una puerta bien abierta a frescos sonidos y a ese caos maravilloso al que ya nos hemos acostumbrado. (Fátima Conde)

Yaeji – WHAT WE DREW 우리가 그려왔던

Veníamos de la festivalera que coge el micro y canta eso de “make it rain girl, make it rain” en repeat mientras el público se vuelve loco. Un EP de 2017 la situaba en todos los festivales y era una de las estrellas pujantes de la electrónica clubber que gusta de manera masiva y mantiene el status para los puritos de la pista. Con mensaje reivindicativo, sí, pero disfrutona y bailable. Cambio de rumbo para este primer disco, WHAT WE DREW 우리가 그려왔던, nada menos que a través de XL Recordings, en el que Kathy Yaeji se ha alejado de esa postal suya habitual para centrar el mensaje en los sentimientos y su faceta más oscura, volviendo a cantar en coreano para esconder significados y que la comprensión no sea tan fácil para gran parte del público. De hecho, el disco en sí no es fácil ni cómodo. Comprende hasta 12 tracks, que se hacen un poco largos, sin rastro de grandes estribillos ni estructura facilona. Se acerca más al pop abstracto que al techno o su electrónica. Algo que deja claro en el track inicial ‘MY IMAGINATION 상상’, de ritmo sincopado, a pocos bpms, sin voluntad de enganchar. Un poco más de claridad muestra en la canción homónima, con percusiones más asequibles pero siempre alejadas de los estribillos. Algo similar a eso no llega hasta la áspera ‘MONEY CAN’T BUY’, en la que colabora en clave hip hop la vocalista Nappy Nina, o la más PC Music ‘WAKING UP DOWN’. Por nivel, no es el debut que esperábamos de Yaeji, pero bien merece la atención de este trimestre por bagaje, experimentación y sobre todo potencial. (Jordi Isern)

Viva Belgrado – Bellavista

Cuando escuchas por primera vez uno de los singles de este disco, ‘Más Triste Que Shinji Ikari’, tienes que volver a comprobar que de verdad estás escuchando a Viva Belgrado. ¿Un tema de lo-fi hip hop de una banda post-hardcore? Todo cabe en Bellavista (Aloud Music), el tercer trabajo de los cordobeses, donde sin traicionar sus raíces hardcore han innovado y avanzado más que nunca. Los reyes del screamo españoles siguen chillando, pero entregan a la vez su disco más afable. Entran muy rápido los temas más punk-rock, como el que da nombre al disco, ‘Bellavista’, o ‘Ikebukuro Sunshine’, que cuenta con la colaboración de Joan y Aleix de Cala Vento. Hay momentos más post-rock con riffs progresivos, y sobre todo, momentos en los que Cándido Gálvez se deja las cuerdas vocales. Si sorprende una canción de chill hop en el disco, tampoco deja indiferente ‘Un Collar’, tema en la que Gálvez se deja la garganta durante 50 segundos, frena en seco para incorporar unos segundos musicales de flamenco con guitarra acústica y vuelve otra vez a lo ruidoso. Un trabajo que destaca a nivel lírico, persiguiendo esa idea de la belleza inalcanzable con una óptica pesimista, representando a esta generación que ha vivido engañada y que vivirá peor que sus padres, pero siendo también autocríticos y en definitiva sabiendo perder. El mejor ejemplo de ello lo encontramos en ‘Cerecita Blues’, con frases como “al futuro que le jodan, yo qué coño sé” o “joven poeta o no tan joven, yo tuve ambiciones, se desinflaron todas ya junto a mis convicciones. Generan muchos contrastes entre su sonido y sus letras; son capaces de chillar canciones más costumbristas como Amapolita Blues’ o ‘Lindavista’, con unos versos que podrían firmar los mismos Manel, aullando frases como“celebro la mañana, voy en bata y pijama” o “habrá una birra fría, junto a la venta, para ti”. El disco cierra con la optimista y poderosa ‘¿Qué Hay Detrás de la Ventana?’, cuyos versos vienen como anillo al dedo al momento actual («Que no nos falten los conciertos, que vengan pocos desencuentros»). (Ignasi Estivill)

Yves Tumor – Heaven To A Tortured Mind

La anarquía experimental como principal fuente de creatividad. Es difícil establecer un orden, etiqueta o concepto en lo que emerge de Yves Tumor. Una abstracción flotante, como definía Ayn Rand la ideología que aboga por la eliminación de toda autoridad, aunque poco ingenua en el caso del compositor, que en este Heaven To A Tortured Mind reduce el caos con el reconocible mestizaje de estilos, que ahora incluye la psicodelia, el soul o glam futurista. En su primera referencia para el sello Ware, el estadounidense parecía requerir algo de paciencia (“We need a time next to him”, cantaba en ‘Economy of Freedom’). Actualmente ha alcanzado una concepción semidivina, como anuncia en el adelanto ‘Kerosene!’: “I can be anythying, tell me what you need”. Más que un arrebato de soberbia, la aseveración es un mero trámite descriptivo para un creador multifacético que muestra menos pegada industrial para ganar en ornamentos vocales (‘Strawberry Priviledge’)  y modales de crooner (‘A Greater Love’). Con un título premonitorio, el cuarto álbum de Sean Bowie es su obra más sosegada (entiéndase dentro de la idiosincrasia del artista). Deja piezas de fácil calado como ‘Gospel For A New Century’ o ‘Hasdallen Lights’, algo que probablemente haya sido fruto del proceso creativo iniciado desde un lugar más estable. Las continuas referencias al fervor romántico, también incluidas en la notable ‘Dream Palette’, y la constante presencia femenina, hablan de una estabilidad emocional que resulta contagiosa. (Carlos Marlasca)

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