04/06/2020

Hablamos con Carlotta Cosials y Ana Perrote sobre el tercer disco de la banda, abrazar abiertamente el pop, giras infinitas o los ritmos de la industria.

En el plano estrictamente musical, la crisis del Coronavirus ha frenado incluso las carreras más supersónicas. En condiciones normales, el tercer álbum de Hinds, The Prettiest Curse, tendría que llevar ya dos meses en la calle. El mismo tiempo que Carlotta Cosials, Ana García Perrote, Ade Martín y Amber Grimbergen llevarían en la carretera: la gira de presentación prevista inicialmente ya hubiera pasado a estas alturas por una docena de ciudades europeas y otras tantas en Norteamérica. Pero no ha podido ser. Después de cinco años a toda velocidad, ya convertidas en un fenómeno de proyección internacional, han tenido que parar y quedarse en Madrid. Desde allí, cada una desde su casa, Carlotta y Ana se conectan a una videollamada. Como en sus canciones, se dan la réplica, se pisan, se turnan y se completan las frases la una a la otra en esta charla que se produce tres semanas antes de la salida definitiva de The Prettiest Curse, un disco que retrata una personalidad musical en expansión.

¿Qué tal lo lleváis? Supongo que nunca habíais pasado tanto tiempo separadas desde que existe Hinds como ahora, ¿no?
CARLOTTA COSIALS: De hecho, este es el período de tiempo más largo en el que Ana y yo hemos estado sin vernos desde que nos conocemos, sin duda. Es loquísimo, es un cambio radical.

Justo cuando vas a publicar un disco no parece el mejor momento para tener que parar, pero imagino que muchas veces durante estos años habéis querido hacerlo por cansancio, saturación o lo que sea y no habéis podido.
CC:
Si de pronto nos hubiera pillado al final de una gira mundial, cuando ya estás deseando volver a casa, quizá habríamos dicho «pues mira, no hay mal que por bien no venga». Pero como llevamos un año entero preparando el álbum, con un hambre feroz de tocar y volver a los escenarios, no ha sido lo que se dice una buena noticia para nosotras.

¿Cómo fue la decisión de retrasar el lanzamiento del álbum? No sé si pudisteis opinar o si ya estáis en un nivel discográfico en el que tenéis que aceptar decisiones del sello sí o sí.
ANA GARCÍA PERROTE:
Al revés, tuvimos que convencerlos nosotras. Para ellos era mucho más fácil seguir porque ya tenían listas todas las entrevistas, toda la distribución… Todo el lío ya estaba preparado para abril. Fue una decisión personal nuestra porque anímicamente no nos sentíamos preparadas para estar celebrando un álbum. Algo muy fuerte estaba pasando, algunos familiares nuestros estaban enfermos, y solo quedaban dos semanas para sacar el disco. Teníamos que estar a tope anunciándolo y pidiendo que la gente lo comprara y no nos apetecía nada. Por primera vez en la historia de Hinds, era más valiente parar que seguir hacia delante. Fue un poco de un día para otro. Al principio pensábamos «no, venga, seguimos, seguimos» y, de repente, un día dijimos «¿y si no seguimos…?».
CC: Para colmo, se decidió en un par de horas que yo estuve sin mirar el móvil. No me acuerdo de qué estaba haciendo en ese momento, pero volví a mirarlo y, de pronto, 200 mensajes en el grupo de WhatsApp con el management. Fue como «¡dios mío, mierda!, ¿estamos retrasando el álbum? Un momento» (risas). Tenía mucho sentido hacerlo, pero fue literalmente así: todo se decidió en un par de horitas. En el fondo creo que ha sido un buen movimiento.

Estas semanas ha habido ejemplos de todo tipo. Muchos discos se han atrasado y otros incluso se han adelantado.
CC:
 Es como que ha habido dos posiciones en todo esto, sí. Hay gente que está retrasando los álbumes y hay gente que se está dando prisa en sacarlos para ayudar con su generosidad a que la población esté entretenida. Yo reconozco que me ha dado mucha rabia la crítica que se ha hecho a los artistas que han decidido retrasar sus discos, ya fuera por razones técnicas o por razones emocionales. Se ha achacado todo a una cuestión de marketing y de querer ganar dinero y eso me dolió que flipas. Me hirvió la sangre con eso. Joder, no tenéis ni idea del trabajo que hay detrás de un puto álbum. Lo último que quieres es sacarlo de mala manera. No te voy a decir los miles de euros que nos ha costado este álbum, pero este es mi trabajo y llevo más de un año con esto. ¡Como para decir «ah, bueno, nos basaremos en las escuchas de Spotify y ya está»! Hemos cuidado cada detalle, cómo es el arte, dentro hay un panfleto que te explica cada objeto de la portada hecho por Ouka Leele, que es una ídola de mi madre de toda la vida… Quiero tratar bien a mi propio trabajo, quiero sacarlo en condiciones y quiero que a la gente le llegue el álbum en físico, que no era ni factible en la anterior fecha. Aún así nos hemos mantenido súper activas, Ana y yo hemos hablado todos los días. Hemos mantenido Hinds a flote. En el fondo está bien haber parado las revoluciones porque así la rearrancada será mejor. Creo que ha sido una decisión sabia.

¿Os da miedo despegaros de estas canciones por tener que esperar para presentarlas en directo?
AGP:
Yo tiendo a angustiarme siempre en general, pero lo que me da más miedo de todo esto es que no se le preste suficiente cariño o atención al álbum por no poder hacer tanto ruido alrededor como quisiéramos. Es verdad que nosotras siempre hemos girado nada más salir los discos o incluso estábamos de gira ya cuando han salido, pero hay muchas bandas que tienen que esperar más y las canciones siguen gustando.

¿Os habéis vuelto a poner el disco durante estas semanas extra de espera hasta la nueva fecha? ¿O preferís no escucharlo por si veis algún detalle que no os convence y ya no hay marcha atrás?
AGP:
Ese momento en el que prefieres no escucharlo porque sigues con el oído crítico y puedes rallarte lo pasé ya; fue en enero o así, cuando se masterizó. Hacía mucho que no me lo ponía y el otro día me emocioné al ver el vídeo de ‘Just Like Kids (Miau)‘ porque se me había olvidado lo mucho que me gusta y lo orgullosa que estoy de este disco.
CC: A mí me ocurre que, cuando van saliendo las canciones, soy absolutamente incapaz de escucharlas. Mientras no hayan salido y estén en nuestro Soundcloud privado, las sigo escuchando. Así que ahora me quedan solo seis para escuchar. Hubo unos cuantos días en Madrid que estuvo lloviendo sin parar y una noche, que estaba diluviando, me bajé a mi portal a escuchar esas seis canciones que me quedaban cerca de la lluvia. Tuve como un momento de revelación total y le escribí a Ana totalmente emocionada porque me sentí orgullosa de lo que hemos hecho en este álbum; de todos los detalles que tiene, del avance que es… Nos veo muy completas como artistas.

En la portada volvéis a aparecer las cuatro, como en los dos anteriores. Eso ya habla de que sois un grupo «muy grupo», un núcleo muy unido, que ya parece algo de otra época. Es algo casi más de los 90s, ahora hay muchos más proyectos individuales.
AGP:
De hecho, recuerdo que cuando estábamos pensando en la disposición para la portada, alguien dijo «¿y por qué no os ponéis cada una en una viñeta formando un cuadrado, tipo Beatles?». Y Carlotta dijo «¡No! Eso significaría una ruptura entre nosotras» (risas). Las fotos para las portadas de los dos primeros discos eran justo después de tocar y esa es exactamente la cara que tenemos al salir del escenario. Esa es la mirada, ese es el sudor, ese es el maquillaje corrido. Claramente representaban lo que éramos en ese momento y esta portada, en cambio, representa un paso más. Tiene más colores, es más imaginativa, es más completa, es una metáfora del propio disco.
CC: La profundidad que estábamos ofreciendo hasta ahora era menor. Hemos hecho un esfuerzo por mantener nuestras virtudes, pero este tercer disco tiene muchísimas más aristas. No quiero ofender a los dos anteriores porque a mí me siguen encantando, pero son más sencillos, desde luego.

En esta portada precisamente se os ve como más cómodas en vuestra posición, como si ya fuerais conscientes de verdad de que este es vuestro trabajo. Parece que habéis dicho «ok, venga, vamos a hacer una portada». ¿Habéis sentido mucho el síndrome del impostor durante estos años?
CC:
 Nos hemos tenido que reafirmar tantísimas veces y se nos ha puesto en duda tantísimas veces que te juro que el síndrome del impostor ya ni lo olemos. Nuestra carrera ha sido recibir constantemente el síndrome del impostor. ¡»Si en realidad no sois músicos!».
AGP: «¡No valéis para nada!».
CC: «No sabéis hacer nada, ¿qué cojones estáis haciendo?». Nuestro síndrome ha sido más bien el contrario, el de reafirmarnos diciendo «pues claro que somos músicos».

De hecho, en este disco habéis hecho una canción como respuesta a esos comentarios, «Just Like Kids (Miau)», que mezcla mala leche y humor. ¿Habéis podido hacerla porque ya estáis por encima de esa situación?
AGP:
La mayoría de veces que nos pasan situaciones como esas nos las contamos y nos reímos. De hecho, decimos «me ha pasado un miau», que significa que nos ha venido un tío y nos ha empezado a decir algo así. Toda la canción está basada en historias que no nos han pasado una vez, sino repetidamente. Individualmente, grupalmente, por internet, en persona…

Imagino que es una decisión principalmente musical que la productora del disco sea Jennifer Decilveo, que ha currado durante muchos años con gente muy potente, pero…
CC:
Quiero aclarar que, más que por su carrera o por su currículum, fue por la energía que tuvimos con ella, por el match que tuvimos. Congeniamos súper bien cuando nos conocimos y claramente le gustaban muchísimo nuestras ideas, nuestra visión y nuestra manera de hacer canciones. Nos empezamos a escuchar muy bien y lo tuvimos súper claro desde el principio. Primero la conocimos Ana y yo y tuvimos que convencer a las chicas. Luego tuvimos que convencer a nuestro management, al sello… La conocimos en Los Angeles en la primera sesión y fue todo genial, pero todo el mundo decía «bueno, es que es la primera sesión, tampoco os emocionéis».
AGP: ¡Miau! (risas)

Al mismo tiempo, aunque sea una consecuencia de estos motivos, escogerla a ella también es una decisión bastante simbólica. Vosotras habéis trabajado y tocado por todo el mundo y supongo que siempre habéis estado rodeadas de muchos más hombres que mujeres: el productor, el ingeniero de sonido, el técnico, el de la sala, el otro…
CC: Poderle dar la oportunidad fue la caña, sobre todo porque ella se lo ganó. Era la mejor, objetivamente. Era nuestra elección y la queríamos sí o sí. No quiero llamarlo casting, pero de todos los productores que conocimos porque estaban interesados e incluso llegamos a tener alguna sesión, ella los aplastó a todos. Es la hostia poder colaborar con mujeres dentro de la música. También nos hizo mucha ilusión que la portada la hiciera Ouka, fue como «joder, qué bien, una chica más».
AGP: Y también está la masterizadora, Emily Lazar.

¿Hay algo que aprendierais con los otros dos discos que ahora hayáis aplicado en el proceso de The Prettiest Curse?
AGP:
Siempre lo hemos intentado, pero diría que hemos aprendido a entrar en el estudio con el máximo trabajo avanzado porque el tiempo es oro. En esas situaciones, de pronto, una canción se te atraviesa porque no te sale la voz, la batería o lo que sea y te tiras con una canción de mierda el tiempo que hubieras empleado en acabar el disco. Intentamos llegar con los deberes hechos, pero imagino que la mayoría de grupos lo hacen. Luego hay cosas más concretas y personales que hemos intentado. Carlotta y yo, por ejemplo, intentamos cantar por la tarde en vez de por la noche. Mejor si nos hemos tomado una cerveza antes y estamos más tranquilas, mejor si nos avisan un par de horas antes…
CC: Yo creo que también hemos corregido cosas en el tema de la composición. Por ejemplo, en este álbum gritamos bastante menos y eso es una cosa de agradecer.
AGP: ¡De nada, vecinas y vecinos! (risas)
CC: O sea, nos flipan los gritos, pero el tono que hemos elegido para este álbum es ligeramente más bajo que en las canciones que solíamos componer antes. Eso creo que tiene que ver con la energía, con haber estado en más estudios con micrófono… Nuestra manera de componer es con dos guitarras acústicas, que tiene una energía parecida a estar en directo. Al final, terminas medio gritando en el local de ensayo y sacando una melodía para la que necesitas mucho aire, pero si compones una canción en un estudio y tienes aquí cerca un micro, se te va a oír la voz aunque estés susurrando muy poco. Eso nos ha dado versatilidad a la hora de hacer melodías. Creo que nos ha quedado un timbre muy chulo.
AGP: Antes todas las canciones las acabábamos en el local, así que el tempo siempre era más rápido y siempre gritábamos más. Por primera vez hemos hecho demos antes.
CC: Es increíble lo que influye el lugar, las condiciones y los instrumentos que tengas en el momento en el que nace la canción. Luego ya puedes modificarla, subirla o bajarla de tono, hacerla más rápido… Pero al final son modificaciones del germen. Ha sido muy influyente cómo eran los gérmenes de estas diez canciones.

Siempre habéis tenido estribillos pegadizos y a vuestra manera siempre habéis sido bastante pop, pero en este disco parece que lo sois de una manera más abierta.
AGP:
 Recuerdo ver una entrevista a Mac DeMarco cuando estábamos empezando, creo que justo después de nuestro primer disco, en la que le preguntaban que cómo se etiquetaría musicalmente y él decía «pop». Nosotros siempre nos rallábamos mogollón por si éramos garage lo-fi o qué éramos, aunque a día de hoy nos siguen diciendo lo de garage lo-fi (risas). Es verdad que el tema de la etiqueta abruma mogollón cuando estás empezando porque lo que haces es lo que te sale y no exactamente lo que quieres hacer. Fuera, por ejemplo, siempre se nos ha llamado punk por nuestra manera de tocar y grabar y por nuestra actitud, pero aquí nos llamaban unas cosas rarísimas. Estoy segura de que con este disco hemos hecho más cosas que nos apetecían sin pensar si eran demasiado cursis o demasiado tal. Ya hemos demostrado lo que teníamos que demostrar y nos sentíamos con la libertad de experimentar. Fue como «a ver qué nos sale en este»; y nos ha salido algo más pop aunque haya mucho hater de la palabra pop.
CC: La visión peyorativa de la palabra pop creo que tiene que ver con que en las grandes radios y los grandes charts lo que se escucha principalmente es pop y, sin querer, en tu cabeza lo asocias a algo que no tiene demasiada alma porque hay un equipo gigantesco detrás de una canción. Está como muy calculado y matematizado para que te guste.
AGP: Aunque luego en el pop hay gente rarísima y con mucha personalidad. Lady Gaga, por ejemplo, es una tía súper punk. No sé si es algo generacional, pero mucha gente tiene una imagen muy antigua del pop. A nosotras se nos ha quitado el miedo a que se nos catalogue así, desde luego.
CC: ¡Aunque sigamos sin sonar en los charts! (risas). Si hubiéramos empezado directamente tratando de hacer este álbum, hubiera sido un fracaso total. No hubiera tenido ningún sentido, hubiera sido increíblemente falso. Este es el momento en el que hemos podido investigar un poco y probar cosas. Ana se ha puesto las pilas en tres meses y ahora toca el piano como una crack. En otro momento nos hubiera abrumado y ahora podemos hacer un disco pop y que sea auténtico.Antes decíais que habéis gritado menos en este disco, pero creo que seguís manteniendo esa energía del directo aunque ahora esté combinada con un trabajo más de estudio.
CC:
Tienes razón, ¡estaba mintiendo! (risas) Me he acordado luego.

Yo veo bastante equilibrio, ¿no? La producción está más presente y, al mismo tiempo, seguís cantando como os sale aunque quizá un jurado de OT diría que eso no está bien cantado. Pero en eso hay verdad, sentimiento…
CC:
Ahora que hablas de OT, en la anterior edición participó una amiga (NdR: María Villar) y la seguimos bastante. Me acuerdo de que una de las cosas que repetían a todo el mundo era «lo haces genial, tienes una voz perfecta, pero me falta que me transmitas cosas, me falta sentimiento». Y recuerdo que yo pensaba en Hinds y decía «es que ganaríamos todas las galas» (risas).
AGP: Si se basan en eso, desde luego.
CC: Eso que comentas ha sido gracias a Jen (NdR: Jennifer Decilveo, la productora). De hecho, fue una de las razones que nos hizo elegirla a ella. Siempre tenía todo absolutamente dispuesto en el estudio por si de repente se nos ocurría alguna idea: un ampli de guitarra encendido sí o sí, el Juno activado… Había mucha espontaneidad. A pesar de estar todo más producido, hay mucha vida y eso me gusta. Te mete dentro del local o del estudio y de esta historia que estamos contando.

¿Hay algún detalle del disco que os apetece destacar? ¿Algo de lo que estéis especialmente orgullosas y quizá no vaya a llamar mucho la atención?
AGP:
Siempre decimos que nadie se lee nuestras letras. Porque a veces decimos bestialidades muy fuertes que claramente son de gente de nuestro alrededor y nadie nos dice nunca nada (risas).
CC: Yo, particularmente, estoy contentísima con las guitarras. En la última canción, de hecho, ese solo me gusta mucho. Realmente es un doble solo en el que las guitarras hacen un dibujo y se van cruzando. Me gusta mucho, estoy muy contenta. Me he sentido más guitarrista que nunca en este álbum. Me he sentido muy bien con la guitarra, muy natural. No como ahora, que llevo sin cogerla como tres semanas o así, y el otro día me hice un par de canciones y pensé «¿cómo se puede ser tan patética? Si me duele» (risas).
AGP: No te lo he contado, mira, ¿veis esto? Me ha salido un ganglión. No me duele, pero es loquísimo. Me ha salido de tocar con esta mano que no está acostumbrada a hacer tanto.

En este disco combináis inglés y castellano en varias canciones («Good Bad Times», «Boy», «Come Back and Love Me <3»), que es algo que casi no habíais hecho. ¿Hasta ahora no os habíais atrevido o no os había salido?
AGP:
La razón por la que empezamos cantando en inglés no estuvo ni calculada ni premeditada. Simplemente, la música que escuchábamos por aquel entonces era en inglés y, cuando empiezas a componer, quieres parecerte a tus ídolos y quieres sonar parecido a ellos. En el segundo disco ya metimos algo de español, en la última canción, pero creo que todavía nos daba un poco de vergüenza. Nos daba un poco de impresión porque nuestro personaje como escritoras era en inglés. Ahora nos hemos puesto a estudiar literalmente canciones en español y nos ha llevado un tiempo que hasta este momento no teníamos. Carlotta hizo una playlist infinita de canciones en español que nos gustaban y las íbamos comentando: «¿te das cuenta de que en español se suele hablar más de esto?, ¿has visto que las metáforas son más así?».

Habéis ido a nuevo disco cada dos años desde vuestro debut, que parece el plazo oficial con el que se da por hecho que funcionan las bandas que se organizan alrededor de discos. ¿De qué depende en vuestro caso ese ritmo?
AGP:
 Este disco lo queríamos sacar en septiembre, ¡en septiembre de 2019! Realmente quien lo retrasa siempre todo son los sellos. Quisimos ser muy rápidas y el karma nos lo ha devuelto teniendo que retrasarlo (risas). El sello necesita tiempo para sus cosas y es normal, así que volver a sacar un disco menos de dos años después del anterior es imposible. Y estar más de dos años sin sacar disco es imposible también porque no te puedes mantener a flote, sinceramente. Ya sentimos que ha sido un lujo estar paradas para componer. Antes era componer y girar a la vez, pero hemos llegado al nivel en el que más o menos podemos sobrevivir un año sin estar de gira a full.
CC: También depende un poco del género. Hay gente muchísimo más productiva. En el urbano, por ejemplo, sacan canciones cada mes, que me parece loquísimo. Pero coordinar a cuatro personas con la forma que tenemos nosotras de componer no es tan fácil como «he tenido una idea mientras viajaba en tren y entonces yo misma voy haciendo una demo». Hay mucha gente que trabaja así y puede ir más rápido, pero nosotras todavía somos bastante analógicas y necesitamos la energía de la otra persona al lado, la guitarra, la vida de verdad.
AGP: Ahora me estoy preguntando cómo funcionan los artistas urbanos para pagar los gastos de un estudio, un productor y todo eso cada dos por tres aunque sea solo para grabar una canción.
CC: Yo empiezo a pensar que todos tienen una especie de estudio en casa con un micro muy muy bueno y le mandan las voces al productor. Todo será más cruce de mails.
AGP: Nosotras, lógicamente, nos hemos gastado todo en el álbum. No podemos grabar aunque compongamos algo este verano. ¡Ya quisiéramos grabar todo lo que nos va saliendo!
CC: «Te mando las voces, vete haciéndolo».
AGP: «Sale el mes que viene» (risas).

Antes de la llamada me he acordado de que la primera vez que os vi en directo fue en un concierto dentro de un concurso de bandas emergentes de Converse, en la Wurlitzer de Madrid. He mirado la fecha y fue en abril de 2014, todavía erais Deers y no Hinds. Sería uno de vuestros primeros conciertos, ¿no?
CC:
Es que ese fue el primer concierto de la historia de las cuatro. Habíamos hecho pequeños intentos Ana y yo, pero éramos las mujeres-orquesta. Hicimos una especie de invento con un charles de batería y también llevábamos un bombo, tocamos así en el restaurante de mi tía, en La Vía Láctea… Eran buenos tiempos (risas), era bastante ridículo todo. Aún así ese primer concierto que dices lo recuerdo con bastante cariño.
AGP: ¿Tú te acuerdas de qué pensaste al vernos?

Pues bueno, creo que pensé un poco en lo que decíamos de OT. Me transmitió porque estaban pasando cosas encima y debajo del escenario. Supongo que había bastantes colegas vuestros en las primeras filas y entonces se generó una energía guay.
AGP: Sí, sí, yo solo recuerdo ver a todos nuestros amigos volando.

En cambio, vuestros últimos conciertos justo antes de que el mundo se parara fueron acompañando a The Strokes en París, Londres y Belfast, ¿no? Ha cambiado bastante la película.
AGP: Lo mejor del 2020, highlight total. Tiene gracia que va a salir el disco y no hemos ni ensayado los temas. Lo único que hemos hecho ha sido tocarlos para el público de los Strokes.

¿Y cómo fue? ¿Qué tal el estreno de temas nuevos?
AGP: Fue muy emocionante. Giramos tanto con las mismas canciones que, cuando de pronto hay canciones nuevas, es un regalo de los dioses. Justo nos estábamos planteando cambiar un poco las canciones antiguas para no tocarlas igual que hace cinco años y estaba siendo divertido, pero…
CC: Por aclarar lo de que giramos mucho, quiero dar un apunte: en una gira solemos hacer 150 conciertos al año. No es que nos hartemos fácilmente y tengamos una insatisfacción crónica (risas). Somos un grupo que toca mucho, gira mucho y vamos a todos los sitios si se nos permite.
AGP: Realmente pasamos mucho tiempo en el escenario y una canción nueva es todo un ritual. Son otros bailes, otras miradas, otros juegos, otros tempos… Es muy divertido cambiar la dinámica.

Llegadas al tercer disco, ¿notáis que en Estados Unidos ya no necesitáis tanta presentación?
AGP:
Cuando nos cambiamos de management, que fue entre el segundo y el tercer disco, hablamos con mucha gente y siempre nos decían «joder, en la industria se os quiere mogollón, se os ve como the hardest working band». De pronto nos dimos cuenta de que, después de tocar cincuenta veces en el South by Southwest, en la industria se sabe quiénes somos y se nos conoce por nuestro directo. La verdad es que mola, da tranquilidad. Ahora mismo, en plena pandemia, mucha gente nos dice «bueno, al menos sois una banda establecida, menos mal».

150 conciertos en un año solo se pueden dar si coinciden dos cosas: que la gente os llame y que vosotras hagáis todo lo posible por viajar a sitios en los que incluso no está garantizada la rentabilidad económica.
CC: Es que no te creas que con las giras te forras. Nosotras, al menos, no estamos en ese nivel.
AGP: Termina siendo lo comido por lo servido.
CC: Otra cosa son los festivales, pero tú piensa que el visado para ir a Estados Unidos ya son 3000 pavos por cabeza. Es todo muy caro.
AGP: Justo hicimos la media hace poco. Hemos tardado cinco años en darnos cuenta de cuánto nos costaba salir de Madrid y de que este negocio no es rentable (risas).
CC: No hicimos el grupo para hacernos ricas, esto lo decimos mucho. No ha sido una desilusión del tipo «mierda, yo quería ser millonaria y no lo consigo». Contamos cada céntimo, estamos todavía en esa fase.

Después de todo este tiempo, de tantos conciertos y tres discos, ¿habéis pasado alguna crisis fuerte? Hay muchas bandas que empiezan jóvenes y la formación termina cambiando respecto al principio por los motivos que sean. Arctic Monkeys, The xx, Vampire Weekend…
CC:
Crisis personales ha habido un porrón, pero no en el sentido de que Hinds se fuera a acabar. Sí que hubo una muy gorda relacionada con nuestro equipo porque cambiamos de management y fue un palo bastante duro para nosotras por cómo fue toda la movida. Te entra mucho miedo, te acojonas por cambiar de equipo. Piensas «¿y si no funciona?».
AGP: Bueno, también es que nos intentaron acojonar. No fue solo que venía algo nuevo, sino que se nos amenazó con acabar mal. Fue duro real.
CC: Y crisis personales ha habido bastantes, sí. Yo, personalmente, la pasé con la salida del segundo disco. Estaba absolutamente perdida respecto a qué era Hinds, qué era yo en Hinds, hacía dónde iba esto, qué estábamos contando… No tenía muy claro cuál era el mensaje que estábamos tratando de comunicar como artistas y estaba un poco perdida, la verdad. Pero creo que al final estas cosas tienen que ver con estar perdido en tu vida y terminar contagiando al proyecto. Es un proyecto tan personal que no es fácil apagar tus problemas a la hora de subir al escenario, componer o grabar un videoclip. Ha habido dudas, sí, pero nunca al nivel de dejarlo.

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Foto. Andrea Savall   Entrevistas
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