08/05/2020

Hablamos con el dúo portorriqueño, que lanza su primer álbum después de volver a casa tras una década en Nueva York.

A veces, el sueño americano no es para siempre. A veces, sencillamente, el sueño americano no es. Raquel Berrios y Luis Alfredo Del Valle, emigrantes portorriqueños, se conocieron y empezaron a publicar su música como Buscabulla en Nueva York. Primero llegó un EP en 2014, producto de un concurso promovido por Converse cuyo premio daba la posibilidad de grabar en un estudio bajo la supervisión a la producción de Dev Hynes aka Blood Orange. Después, en 2017, llegaría un segundo EP, lanzado poco antes de que el dúo volviera a su Puerto Rico natal tras los huracanes Irma y María. Mientras muchos compatriotas abandonaban la isla, ellos regresaban. Allí, en la ciudad costera de Aguadilla, han dado forma a su primer álbum, Regresa, que confirma que encerrar musicalmente a Puerto Rico dentro de los límites del reggaetón seguramente sea perdernos gran parte de su banda sonora. Aprovechando la publicación de Regresa, un disco entre la celebración y la nostalgia, hablamos con sus autores sobre estereotipos que oprimen, debutar cerca de los 40 y volver a casa y que no todo esté como lo dejaste cuando te fuiste.

¿Qué tal estáis? ¿Cómo es la situación en Puerto Rico?
RAQUEL BERRIOS:
Gracias a dios, aquí en Puerto Rico no ha habido tantas muertes. Lo bueno es que aquí se vive bastante distanciado, no tenemos centros urbanos densos como ustedes y mucha gente vive en urbanizaciones. Eso y el calor ha ayudado, pero el gobierno casi no ha hecho pruebas. Puerto Rico siempre es la última prioridad para ese tipo de apoyo federal. El distanciamiento ha funcionado porque los hospitales no están llenos, pero estamos como a ciegas. Estamos encerrados sin saber bien qué está pasando ahí fuera. No tenemos información, no sabemos si la curva está bajando o está subiendo. Aquí tenemos un sistema de salud un poco roto desde el huracán María porque muchos doctores se fueron de la isla y, en realidad, Puerto Rico lleva en crisis económica desde hace más de diez años.

¿Pensasteis en retrasar el lanzamiento del disco igual que han hecho otras bandas?
RB:
El disco iba a salir originalmente en abril, pero aquí hubo un terremoto en enero que nos retrasó todo. Así que lo movimos a mayo. Cuando estalló la pandemia, decidimos sacarlo igualmente porque la gente sigue consumiendo música. Luis y yo ya estábamos preparados para pasar esta página y enseñárselo al mundo. El disco lleva un año hecho y estamos preparados para soltarlo y que el mundo lo reciba. No sabemos si la gente está escuchando más música que antes, pero lo queremos sacar ya porque ha sido muy shocking todo. Llevamos tres años trabajando en este disco: nos mudamos a Puerto Rico, pasaron los huracanes y las protestas del verano, después llegó el terremoto… Y ahora nos toca sacar el disco durante una pandemia. Será interesante ver cómo se transforma todo y cómo somos capaces de llegar a la gente sin presentaciones en directo. Es un reto creativo. Veremos qué pasa.

¿Creéis que Regresa sería un disco muy diferente al que ha terminado siendo si no os hubierais marchado de Nueva York?
RB:
Sí, sería muy diferente porque hay muchas emociones que nacieron del hecho de estar aquí de vuelta. Hay frustraciones y problemas que nosotros no habríamos podido palpar de no estar aquí. En Nueva York nuestra música estaba teñida de una mirada lejana y casi hasta medio idílica de Puerto Rico, no era la realidad. Habernos mudado nos ha hecho encontrarnos de frente con la realidad. Definitivamente habría cambiado la vibra, la instrumentación, la temática… Todo el disco.

Desde el título ya hacéis referencia a esa vuelta a casa, que creo que también se nota en vuestro vestuario en la portada, en el sonido, en los videoclips…
RB:
 El disco trata sobre la aceptación de estar de regreso en Puerto Rico con todos sus defectos. Nos apetecía arrojar todas las emociones de esta transición. Luis y yo queríamos hacer un disco sentimental, personal. Creo que querer irnos de una metrópolis como Nueva York, irnos de Estados Unidos, fue una decisión que tiene connotaciones políticas. Nueva York promete ser el sueño americano, pero a nosotros ya no nos estaba llenando vivir en esa ciudad. Es verdad que en Puerto Rico las cosas llevan malas mucho tiempo y por eso es un sacrificio volver, pero somos millennials sin nada que perder. Simplemente hacemos lo que nos llena el corazón.

Imagino que mucha gente se iría de la isla justo cuando vosotros volvisteis.
RB:
Sí, el papá de Luisfre, por ejemplo. Que es un boricua de pura cepa.
LUIS ALFREDO DEL VALLE: Sí, es una persona a la que nunca hubiera visualizado fuera de Puerto Rico, pero lo decidió ya con una edad.
RB: Lo que le hizo irse fueron las necesidades médicas: querer vivir en un país más cómodo, no tener que preocuparse tanto por su salud… Eso es súper triste.
LADV: Él es veterano de guerra de los Estados Unidos y allí lo respetan, lo tratan súper bien. Es súper triste que en su país no pueda tener eso.
RB: El papá de Luis es más mayor, pero también conocemos a gente joven que se fue. Dijeron «no puedo más» y se fueron. Se entiende totalmente.

Pese a la distancia, no os habéis desconectado del todo de la escena de Nueva York, especialmente de la de Brooklyn. Helado Negro, Nick Hakim y Patrick Wimberly (50% de los desaparecidos Chairlift), que han colaborado en el disco, viven allí.
RB:
Sí, todos los colaboradores viven en Nueva York. Lo interesante es que el disco es un ciclo, refleja una transición. Se mezcló con Patrick en Nueva York un año y medio después de habernos ido. Fue como la conclusión al ciclo. Mezclamos y terminamos el disco justo donde lo empezamos. Esa conexión con la ciudad siempre va a estar ahí. Nos mudamos, pero no nos hemos olvidado. Vivimos diez años en Nueva York, ¡imagínate! Las amistades, las conexiones y la inspiración siempre van a estar presentes.

Veo algún paralelismo entre el último álbum de Helado Negro (This is How You Smile) y Regresa. Él no ha vuelto a su tierra (Ecuador) como vosotros, pero los dos discos parecen estar cerca de vuestras respectivas raíces.
RB:
 Mmm no lo había pensado, pero puede ser. Definitivamente, su último disco suena más honesto, tiene menos ornamentación, es más sencillo. Llegó a su esencia y vimos otro lado de él que no habíamos visto hasta entonces.

En el disco se nota un equilibrio entre una producción contemporánea y un cariño por vuestras raíces y vuestro folklore, pero no sé si es algo consciente.
LADV:
Sí, creo que es una decisión consciente porque a nosotros nos gusta tener un pie en un lado y un pie en el otro. Esa dualidad y tensión entre algo progresivo y futurista y algo más cercano al folklore y al pasado nos gusta, nos gusta estar entre dos mundos. Culturalmente somos así.

Tenéis vuestro propio estudio en casa, ¿no? Me lo imagino lleno de teclados y sintetizadores por cómo suena el álbum.
RB:
 ¡Ojalá! Cuando hicimos el disco teníamos uno y ahora tenemos dos. Mucha de la producción está hecha en la computadora, in the box, y eso habla mucho del momento en el que vivimos. La tecnología te da unas herramientas y tú haces lo que quieres con ellas. Ahora, por ejemplo, estamos haciendo un vídeo musical en casa y nos hemos dado cuenta de que con un iPhone puedes editar todo, controlar la luz, meter efectos especiales. La tecnología es tan maleable y te da tantas herramientas que, hasta cierto punto, puedes conseguir el mundo idealizado que tú quieras. El concepto y la idea tienen que estar ahí, pero la computadora te da la forma de llegar hasta ello. Es bien loco. Tú puedes investigar en YouTube qué instrumento específico usó tal banda y seguro que hay un plugin para ponerlo en tu computadora e imitar ese sonido. En este disco hay tantas texturas que, si tuviéramos todos los instrumentos físicamente, estaríamos arruinados. Llegamos hasta donde la computadora nos permite.

Aunque es vuestro primer disco, no sois como esas bandas que lanzan su debut siendo casi unos niños. Ya habéis publicado dos EPs en el pasado, habéis ido a vuestro propio ritmo… ¿Tener más experiencia os ha ayudado a saber mejor qué queríais reflejar en Regresa?
LADV:
Es posible. Es verdad que no veníamos de cero, no partíamos de la nada, pero hacer un disco fue una experiencia nueva. Adaptarnos al formato largo, desarrollar una narrativa más amplia y sacar más material sí fue una experiencia nueva.
RB: Nosotros nunca hemos ido deprisa. Tenemos una hija, tenemos otros trabajos… Tomamos lo de estar en el mundo de la música muy en serio, pero en su día tomamos la decisión de que no queríamos estar agobiados por todo esto. Hemos querido hacer las cosas tranquilas. Nuestra vida en Nueva York ya era muy ajetreada y quisimos hacer un disco siguiendo nuestro propio tiempo. Yo no quería hacer un disco por obligación, quería hacerlo de la forma más natural para que terminara siendo lo más honesto posible.

Imagino que tener otros trabajos os permite tener más libertad para publicar solo la música que os apetece publicar.
RB:
Yo tengo 38 años y ya no quiero hacer nada que no sea honesto. Todo debería estar lleno de honestidad. Y si en un momento no te sale, pues no te sale. La gente que consume música está malacostumbrada a que los grandes artistas de pop saquen una canción cada tres meses con un vídeo increíble y creen que ese es el paso al que tienen que funcionar las cosas, pero yo no quiero existir en ese mundo ajetreado. No quiero tener una vida así.

Antes decíais que volver a Puerto Rico fue una decisión con connotaciones políticas. ¿El disco también es político de alguna forma?
RB:
 El mundo se está poniendo más y más difícil para todos y cada uno tiene que utilizar su plataforma para hablar sobre ello. Ese es el deber de los artistas, no es solo crear escapismo. Yo siento que este es un disco claramente político, pero no de una manera obvia. Quizá no hablamos literalmente de los problemas, pero sí reflejamos las emociones que salen de esos problemas. Hablamos de frustraciones, de un sentimiento de pertenencia, de volver a casa y encontrar las cosas bien diferentes a lo que recordabas… No queríamos hacer algo trillado, ni un disco de denuncia. La situación política es muy compleja en Puerto Rico. La gente aquí tiene una relación de amor-odio con la isla. Hay tela para cortar a la hora de interpretar todo eso.

La explosión del reggaetón ha hecho que mucha gente mire hacia Puerto Rico a nivel musical, pero imagino que la isla suena a muchas cosas más.
RB:
Puerto Rico suena a muchas cosas. La música tropical todavía tiene una presencia muy grande, pero está más presente en la gente mayor. El reggaetón no ha reemplazado por completo a todos nuestros ritmos tropicales: la salsa, el chachachá, el bolero… Esa es la base.
LADV: Ese es el ADN.
RB: Nosotros cogemos todas esas influencias y tratamos de situarlas en un lugar peculiar para explorar cosas nuevas. No queremos jugar dentro de un género, queremos hacerlo a nuestra forma para evolucionar, pero mi forma de cantar y las palabras que uso son bien portorriqueñas. Me como la erre, me como la ese. Utilizo mucho lenguaje que se usa en la calle. No es reggaetón, pero nuestra música es muy boricua.

Diría que desde Europa hemos dibujado un sonido latino en el que os metemos a todos los artistas latinoamericanos, desde Chile hasta Puerto Rico. ¿Os da rabia?
RB:
Eso son los estándares. La música latina es muy variada, pero parece que solo es lo que sonó en el descanso de la Super Bowl. Es muy triste porque los estereotipos te dicen que, si tú eres latino, tienes que hacer música que suene de una forma y fuera de ahí la gente no te va a entender. Estamos un poco atrapados dentro de nuestra identidad. Le pasa también a los artistas plásticos. Si tú eres un artista brasileño o dominicano, tu pintura tiene que tener algo que haga que parezca colorida y tropical. No puedes hacer algo minimalista, por ejemplo. También pasa en lo físico: si eres latina, tienes que tener el pelo oscuro y las caderas anchas. Y aquí en Puerto Rico hay de todo; hay pelirrojos, hay blancos. Si te tocó ser blanco y de ojos azules, la gente a veces no entiende que eres portorriqueño. Puede ser muy frustrante porque quiere decir que estás limitado y encasillado y tienes que hacer la música que se espera de ti.

Aunque vivíais en Nueva York, vosotros habéis cantado siempre en español, desde el primer EP. ¿Cómo vivís que desde hace unos años sea una lengua escuchada y utilizada musicalmente en todo el mundo?
RB:
Nosotros cantamos en español desde el principio por una cuestión de honestidad. Es nuestro idioma. Queríamos hacer una música que hasta ese momento no la habíamos escuchado cantada en español, queríamos llenar ese vacío que teníamos. En ese momento se empezaba a ver esa progresión del español y ahora es verdad que los latinos están arrasando en Estados Unidos.
LADV: Eventualmente, Estados Unidos va a ser un país que hable español también.
RB: Exacto, todo está relacionado. La población latina está creciendo en Estados Unidos y en la música todo el mundo mira hacia Estados Unidos. Ahora es un momento oportuno para ello y por eso las compañías están metiendo mucho dinero a artistas que cantan en español. No es algo casual, claramente hay mucho dinero detrás.
LADV: En parte, al reggaetón hay que agradecerle que ha abierto puertas. Algo tiene que ha abierto puertas

He leído que hace unos años fundasteis una asociación sin ánimo de lucro, PRIMA, para ayudar a músicos de Puerto Rico. ¿Sigue funcionando?
LADV:
La fundamos en Nueva York cuando pasó el huracán María, antes de volvernos. La idea original era ayudar a artistas independientes de Puerto Rico tras la crisis del huracán. Fue una idea de Raquel y Ani (NdR: Ani Cordero, cantautora y activista portorriqueña asentada en Brooklyn).
RB: Ahora lo importante es apoyar a los enfermeros, a la gente mayor, a la gente que no tiene comida. Pero a la larga habrá mucha necesidad para los músicos también, ya nos los podemos imaginar. Nos gustaría facilitar subvenciones artísticas para que las personas puedan terminar sus proyectos. Como organización, queremos seguir apoyando y creando comunidad para que la música no pare.

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