07/05/2020

Analizamos el oscuro panorama que depara la "nueva normalidad" para la música en directo en nuestro país.

Son tiempos convulsos para la música en directo. El duro golpe económico asestado por la crisis sanitaria se hace notar especialmente en el sector cultural, y los conciertos y festivales de música se encuentran entre los actores más vulnerables por razones lógicas: es donde los músicos interactúan con un público que puede llegar a alcanzar las miles de personas, incluso decenas de miles por día en el caso de los grandes festivales, algo que, obviamente, los convierte en espacios propensos al contagio ante la dificultad de establecer restricciones y distancias de seguridad adecuadas. Pese a que el plan de desescalada presentado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dibuja los primeros indicios de desconfinamiento de las actividades culturales y musicales, no acaba de despejar la mayoría de dudas alrededor de su viabilidad, sobre todo en el caso de los festivales. El ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, pedía este martes paciencia al sector sin descartar su celebración «en función de la evolución de la pandemia», aunque esto no ha hecho sino acrecentar las tensiones. «Tendremos que esperar», se limitó a decir al respecto el ministro. Mientras esperamos, intentamos descifrar algunas de las incógnitas acerca del retorno de las actuaciones musicales en nuestro país. Spoiler: hay más preguntas que respuestas.

¿Cuándo volverán los conciertos en salas?

Depende. ¿De qué? De variables tales como la fase de la desescalada en la que se encuentre cada zona concreta y del aforo de los conciertos en cuestión, obviamente, pero también de la capacidad de las promotoras y salas para cumplir las restricciones de seguridad y, no menos importante, de la viabilidad económica de los espectáculos al tener que celebrarse con dichas restricciones. Ateniéndonos al plan de desescalada presentado por el Gobierno, en la primera fase de la desescalada (que de forma óptima será del 11 al 24 de mayo, pero no todos los territorios entrarán tan pronto) solo podrán celebrarse espectáculos para 30 personas en espacios cerrados siempre que el aforo ocupado no supere un tercio del total y se cumpla la separación de dos metros. En la fase 2 (del 25 de mayo al 8 de junio en el mejor de los casos) se ampliará ese aforo a 50 personas con las mismas restricciones, y no será hasta la fase 3 (previsiblemente del 8 al 22 de junio) cuando las salas que habitualmente programan conciertos podrán ampliar su asistencia a 80 personas, todavía manteniendo la distancia de seguridad y sin superar la mitad de su aforo. Aunque siendo realistas… ¿qué conciertos serán viables en estas condiciones?

¿Es viable un concierto a un tercio o la mitad de su aforo?

Hospedar conciertos a un tercio o la mitad de los locales no parece la opción más rentable sin reinventar de algún modo la propuesta. Completamente descartados parecen por ahora los macroconciertos en pabellones como el Palau Sant Jordi o el WiZink Center, desde luego. Pero del mismo modo, ¿será viable que salas como el Apolo de Barcelona o la Joy Eslava de Madrid, cuyos conciertos tienen capacidad para más de mil personas y cuentan con un amplio personal de trabajadores, tanto técnicos como en barras, celebren conciertos? ¿Y qué hay de las pequeñas salas? A priori, podrían parecer el espacio óptimo para esta «nueva normalidad», ¿pero puede realmente un Heliogàbal o un Costello Club asumir el coste económico y las restricciones técnicas que requiere la desescalada? ¿Cuántas salas, de hecho, no podrán abrir sus puertas una vez haya finalizado el estado de alarma? ¿Cuántas víctimas dentro del sector musical habrá dejado, a finales de año, esta pandemia?

El futuro de los festivales, sobre todo los previstos para este verano, parece aún más desolador. Las restricciones establecidas en el plan desescalada son las mismas que en los conciertos en caso de celebrarse en espacios cubiertos, aunque algo más permisivos cuando se trata de espectáculos al aire libre. En la fase 1, estos espectáculos podrán reunir hasta 200 personas, siempre con el público sentado y manteniendo la distancia de seguridad de dos metros entre las personas del público; en la fase 2 se ampliará dicha capacidad a las 400 personas, de nuevo con las mismas limitaciones; y su máximo grado de asistencia se producirá en la fase 3, cuando podrán albergar hasta 800 personas sentadas y manteniendo los dos metros de separación. Son pocos los festivales que habitualmente habilitan asientos, y no parece que la mayoría de ellos puedan celebrarse para un público tan reducido a excepción de pequeños ciclos de conciertos. No parece, pues, que los grandes festivales vayan a celebrarse en ninguna fase de la desescalada este verano, y tampoco lo tendrán fácil en en la “nueva normalidad”, aunque falta despejar la mayoría de incógnitas que esta supondrá.

¿Por qué muchos festivales que no podrán celebrarse todavía no han sido cancelados o aplazados?

“Tendremos que esperar con las posibilidades de su realización. Siempre, desde el minuto uno siguiendo los criterios de sanidad, científicos y el principio de prudencia», expresó esta semana el ministro Uribes en relación a los festivales, algo que ha llevado a la APM (Asociación de Promotores Musicales) a publicar un comunicado en el que denuncia que «el Gobierno de España abandona a la música en directo al no declarar el estado de fuerza mayor». Aunque parece imposible que muchos festivales se celebren, sobre todo los previstos para este mismo verano, una cláusula de fuerza mayor como la que ya se ha aplicado en otros países europeos permitiría la suspensión o aplazamiento de los eventos programados antes del estado de alarma. Esto es así porque un festival implica toda una serie de contratos, no solo con los artistas y organizadores sino también con un abultado número de trabajadores externos, proveedores, técnicos de escenarios, sonido, luces, obreros, seguridad, food trucks y patrocinadores, que no puede romperse de forma unilateral. Así lo explicaba con total sinceridad, de hecho, un comunicado reciente del Resurrection Fest 2020. Al no haber en España ningún tipo de seguro que cubra crisis sanitarias globales como la actual pandemia, difícilmente ninguna empresa puede asumir las pérdidas que comporta la no realización de sus eventos, de modo que muchas promotoras están aguardando a que sea el Gobierno el que cancele los festivales para así poder acceder a beneficios fiscales y poder gestionar dichos contratos o, en algunos casos, la devolución de los abonos y entradas, sin abocarse a la quiebra generalizada.

¿Nos devolverán el dinero de las entradas ya adquiridas para conciertos o festivales cancelados o aplazados?

Uno de los asuntos que genera más preocupación entre el público, sobre todo el que ya ha adquirido entradas y abonos para conciertos y festivales este año, es la devolución del dinero en el caso de las cancelaciones y aplazamientos. En el caso de los conciertos cancelados, la devolución parece menos compleja y no debería generar situaciones de desamparo para el consumidor, ya que la regla general establece que el consumidor tiene derecho a la devolución del importe que haya pagado. ¿Pero qué sucede con los aplazamientos? En este caso, parece más problemático un festival sujeto a cambios en su cartel, ya que las condiciones de compra-venta del abono cambian sustancialmente, que un concierto que sigue contando con el mismo protagonista en otra fecha distinta. En los últimos meses, promotoras como Live Nation y canales de venta de entradas como Ticketmaster han aplazado a 2021 conciertos como los de Bon Iver, Dua Lipa o Nick Cave & The Bad Seeds, originalmente previstos para este año, dando la posibilidad de utilizar las entradas para las nuevas fechas y anunciando, en algunos casos, el plazo para solicitar la devolución ante la imposibilidad de asistir. Sin embargo, el aplazamiento en el caso de los festivales puede comportar no contar con el mismo cartel, lo cual supone una modificación sustancial respecto a las condiciones adquiridas por estos con el cliente al venderle el abono, algo que podría comportar reclamaciones legales por parte de los consumidores.

Según explica Patricia Gabeiras, directora general de la FMA (Asociación de Festivales de Música), en conversación con El País, «las medidas que se reclaman al Ministerio de Cultura implican una revisión del contrato de adquisición, pero se estiman necesarias para mantener los derechos del consumidor y las opciones de supervivencia del sector. Las opciones disponibles se ampliarían de tal forma que el público podría decidir, o bien mantener su entrada para la nueva fecha de celebración del evento, o bien disfrutar en algún momento posterior canjeándolo por otro espectáculo o festival cuando sea posible mediante la creación de un vale canjeable. Cuando ninguna de las dos opciones sea posible, el consumidor siempre podrá reclamar la devolución del importe pagado y que esta sea ejecutable en un periodo de hasta 18 meses a partir del anuncio de la cancelación». Según explica Gabeiras, estas medidas ya han sido adoptadas en países como Alemania, Bélgica, Holanda, Italia o Portugal, y permiten flexibilizar la devolución de forma que el dinero sea reembolsado en un periodo de hasta 18 meses a partir del anuncio de la cancelación, algo que posibilita que los festivales puedan recuperarse económicamente. En cambio, desde Es Música (Federación de la Música en España) apuntan a que «se harían las devoluciones como muy tarde en diciembre de 2020». En cualquier caso, parece evidente que sí habrá devolución en el caso de los festivales para todas las personas que así lo soliciten.

¿Qué grandes festivales previstos para este año todavía no han anunciado su cancelación?

La mayoría, seguramente porque siguen esperando a que el Gobierno anuncie la cláusula de fuerza mayor anteriormente mencionada y a que la administración ampare una flexibilicen en los plazos de la devolución del dinero de los abonos. Cuando Taylor Swift canceló su gira europea incluyendo su actuación en el Mad Cool 2020, el festival de Madrid ya adelantó que «las posibilidades de encontrarnos para disfrutar de la música en en el recinto de Valdebebas se van reduciendo». Por su parte, la cita también madrileña Paraíso 2020 era todavía más clara en su comunicado: «Dadas las circunstancias actuales, también somos conscientes de que celebrar el festival en junio parece que va a ser imposible, por lo que no hemos parado de trabajar, valorando todas las alternativas para la edición de 2020 y avanzando en la operativa de devolución de entradas para aquellas personas que quieran solicitarla». En Barcelona, el Primavera Sound 2020 aplazaba su celebración al mes de agosto a las pocas semanas de estallar la pandemia, pero no parece que las circunstancias actuales les sean demasiado favorables. El Cruïlla 2020, hace escasos días, ya anticipaba que «difícilmente será posible este año» apelando a la necesidad de decretar la fuerza mayor, y el Sónar 2020, con un último comunicado en marzo en el que aseguraba que seguía adelante, no ha vuelto a pronunciarse. Lo mismo sucede también con el FIB 2020 y el Bilbao BBK Live 2020, aunque este último notificó a principios de este mes que, con motivo de la situación actual, no va proceder con los cambios de precio previstos. Otras citas como el Tomavistas 2020, el WARM UP Estrella de Levante 2020, el Mallorca Live 2020, el SanSan Festival 2020 o el Emassa’t 2020 han sido aplazadas a este otoño, aunque todavía está por ver si correrán mejor suerte…

¿Y 2021?

A todas luces, 2020 parece un año perdido para un montón de actores musicales y grandes eventos escénicos cada vez más inviables. A mediados de abril, poco después de conocer la cancelación del Glastonbury 2020 (y con el Coachella 2020, actualmente pospuesto a octubre, todavía en el aire), expertos en la pandemia americanos lanzaron preocupantes vaticinios: el oncólogo y bioético Zeke Emanual, entrevistado en The New York Times Magazine, alertaba de que los conciertos podrían no volver hasta otoño de 2021. En nuestro país falta por ver en qué consistirá la “nueva normalidad” y qué salidas gubernamentales (por ahora no presentes en el último paquete de medidas urgentes aprobado por el Consejo de Ministros el pasado martes 5 de mayo) se dará a las empresas del sector a la hora de cancelar o aplazar las citas ya anunciadas. De momento, algunos festivales ya empiezan a mover ficha: el Festival Castell de Peralada, por ejemplo, anunciaba ayer su cancelación para empezar a trabajar en la edición del próximo año, mientras hoy ha sido el Jardins de Pedralbes el que ha anunciado que se pospone definitivamente a 2021. La pregunta es… ¿cómo serán los conciertos y festivales del futuro? Cualquier respuesta que se formule resulta desalentadora a corto plazo, y las alternativas provisionales que estamos viendo en otros países no parecen demasiado ilusionantes a nivel medioambiental, pero como hemos dicho al principio, ahora mismo hay más preguntas que respuesta, así que hasta nuevo aviso, solo nos queda imaginar.

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