19/04/2020

Charlamos con la colombiana asentada en Canadá sobre apropiación cultural, orgullo racial, industria musical y su fascinante nuevo disco, Miss Colombia.

Definitivamente, transcribir a texto una conversación con Lido Pimienta no tiene mucho sentido. En el proceso se pierde un montón de información que puede ayudar a entender a esta colombiana asentada en Toronto desde hace más de una década: onomatopeyas, vocecillas impostadas, imitaciones, cambios de tono, canturreos. Utiliza todos los recursos que tiene a mano para contar lo que quiere contar, aunque su discurso como mujer, madre soltera y descendiente de indígenas tiene fuerza por sí mismo. Gran parte se filtra en Miss Colombia, su segundo álbum, el primero que lanza desde que en 2017 se llevara el prestigioso Polaris Music Prize al mejor disco canadiense por La Papessa, su debut largo. Se impuso a Leonard Cohen o Feist y, de paso, se convirtió en la primera artista en ganar el premio cantando en una lengua que no fuera inglés o francés. Eso le puso en el mapa musical norteamericano y europeo, pero ella lo aprovecha ahora para redoblar su apuesta: Miss Colombia, un trabajo que convierte el dolor en color, suena todavía más cercano a sus raíces que La Papessa.

¿Qué tal llevas la cuarentena? ¿Cómo te estás adaptando a todo esto?
LIDO PIMIENTA:
Yo soy una gran ermitaña. Soy miembro cinco estrellas del club de gente a la que no le gusta salir de su casa. Así que esta situación tiene la parte positiva de que a mí me viene muy bien. Como tengo mi estudio de grabación y mi estudio de arte en casa, estoy trabajando constantemente. Me estoy adaptando a no poder salir de gira y estoy buscando otras maneras de promover mi disco. Estoy pintando una serie limitada de chaquetas, estoy haciendo textiles, cerámicas… Estoy viendo cómo puedo hacer una conexión interesante con mi público y la gente que me apoya.

¿Qué opinas de toda la ola de directos en redes sociales que están haciendo los músicos?
Yo no soy una artista a la que siguen millones de personas, así que tampoco tengo esa presión. Mañana me toca hacer dos lives por el lanzamiento del álbum, pero voy a tratar de hacerlos bonitos, cortos, concisos… Y al día siguiente sigo con mi vida. No tengo esa necesidad un poco desesperada que tiene la gente de estar constantemente haciendo estos lives. No quiero ver tu cocina, no me interesa ver tu ropa sucia, tu toalla, tu cepillo de dientes… Estoy viendo cómo puedo entrar en esa narrativa sin que sea algo horrible y una pérdida de tiempo. Ahora está siendo evidente que los artistas más grandes de la música, en realidad, no son artistas. No voy a dar nombres porque es algo evidente. Ellos son entertainers. Hay una gran diferencia entre ser artista y ser entertainer. Ellos tienen sus shows con 50 bailarines, visuales con muñequitos y hologramas, pero en su casa no son capaces de hacer nada porque no son artistas. Por eso están desesperados mostrando su ropa de miles de dólares y hablando mierda.

¿Qué tal está tu familia en Colombia? ¿Hablas mucho con ellos?
Pues justo ahora tendría que estar allí grabando unos vídeos. Hablo con mi familia muy de seguido, pero estos días siento que hablo menos con ellos porque he estado usando el tiempo en el lanzamiento del disco. Suelo esperar a que acabe la semana para llamarlos y ver cómo les está yendo, qué está pasando allí… Mi familia vive en el desierto, es indígena. Como están aislados, la vida no ha cambiado mucho para ellos. Mis preocupaciones ahora respecto a ellos son mis preocupaciones de toda la vida: cómo hacer que les llegue agua, cómo hacer para que les llegue comida…

Miss Colombia es el primer disco que lanzas después de que con el anterior, La Papessa, consiguieras el Polaris Music Prize al mejor álbum canadiense del año. ¿Es diferente hacer música sabiendo que quizá te va a escuchar más gente?
Cuando pasó lo del Polaris, mi vida no cambió mucho. Mi vida es estar tranquila en casa con mis hijos. Tengo el mismo grupo de amigos desde hace diez o doce años, desde que me mudé a Canadá. Gané el premio, metí la plata en el banco, me vine a mi casa y me puse a trabajar en mi próximo disco: fue así. No me puse a pensar en quién lo iba a oír, sino en que ahora tenía presupuesto para hacer vídeos más bonitos. A mí me interesa más mi arte que quien lo escucha. Que lo escuche el que lo quiera escuchar. Para mí, un premio es no tener que humillarme en un live desde mi casa con el que no aporto nada.

¿Y qué tal encaja esa mentalidad en la industria de la música?
La industria de la música es brutal. El 99,9% de la gente se te acerca porque cree que tienes fama y creen que ellos tendrán más fama por acercarse a ti. Lo aprendí cuando era más joven y pensaba que iba a tener un montón de amigos en la música. La gente que crees que va a ser tu amiga no te habla más ni te aconseja si no tienes no sé cuántos seguidores. A mí lo único que me interesa es dejar un legado con el que pueda seguir inspirando a gente después de morirme. Quiero dejar un legado real a mis hijos y que ellos se lo pasen a la siguiente generación. Eso es lo que a mí me interesa. Yo no tengo esa enfermedad gremial de dirigirle la palabra solo a los que tienen más de cinco millones de seguidores.

En comparación con La Papessa, creo que en Miss Colombia tu voz tiene mucho más protagonismo. Allí la usabas como un instrumento más y aquí la veo en el centro de todo. Es como si ahora confiaras más en ti como cantante.
Totalmente. El proceso de La Papessa fue una educación en producción y comportamiento en un estudio. Fue como una escuela de música. Que le dieran el Polaris fue una total sorpresa para mí porque no considero que sea un álbum que rompiera ninguna barrera de nada, al menos a nivel de sonido. La calidad del sonido no llegó al nivel que tenía que llegar. Lo último que grabé para ese disco fueron las voces. Lo hice en un día, fue muy rápido, solo quería juntarlo todo en las canciones. No me importaban tanto las voces porque no me importaba mi figura como personaje, creadora, diosa de mi universo, guía de una historia… Y ese es justo el punto de vista de Miss Colombia. Tiene un personaje que encapsula todos los clichés del comportamiento que se espera de la mujer colombiana de bien. Desde su bautizo hasta su casamiento, que tiene que ser el día más especial de su vida. Ustedes en España ya saben lo que es crecer en el catolicismo: la penitencia, Dios, date latigazos en la espalda porque eres una puta pecadora… Todas esas cosas a mí me han marcado mucho. De ahí viene el personaje que se puede ver en la portada. ¿Es una reina de la belleza o la Virgen María? ¿Una chica celebrando su Quinceañera o una mujer que se va a casar? Quiero contar todas esas historias y por eso la voz es tan importante. (NdR: empieza a cantar ‘Nada‘) «Soy mujer de sangre en luna; de tierra, sal y duna».

¿Crees que musicalmente estarías tan cerca de tus raíces si siguieras viviendo en Colombia? A veces se valora más algo cuando estás lejos.
Mira, precisamente el año que yo me mudé a Canadá fue cuando yo descubrí el poder de la música tradicional colombiana. Soy de la costa norte de Colombia y allí esa música suena en la radio, en carnavales… Estaba ahí, pero no le prestaba atención. Yo estaba en mi adolescencia y era fanática de la música electrónica, ese era el centro de mi universo. También escuchaba el pop de Portishead o Radiohead, todas esas cosas más depresivas y frías. Yo me mudé a Canadá con mi primo, que fue la persona que me dijo «oye, tú tienes una gran voz y la estás desperdiciando en esta música depresiva de gente blanca que es millonaria y, sin embargo, sigue cantando sobre cosas tristes, ¿qué es lo que te está pasando?». Él me ayudó a ver la música desde otra perspectiva. Nunca había prestado atención a la poesía que tiene la música tradicional colombiana. Vi que no había mayor dolor que el de un esclavo, que el de una mujer atormentada, que el de la gente que trabaja la tierra y no tiene para comer. En ese momento yo dije «guau». Yo no sé qué ha pasado con Radiohead a partir de Kid A, dejé de escuchar esa vaina. Empecé a escuchar música de Laos, Tailandia, Marruecos… Música de otros pueblos con los que conecto, eso es lo que escucho. Y pienso: «guau, he desperdiciado quince años de mi vida escuchando a todos esos blancos, concha de su madre».

Hay un contraste en tu relación con Colombia, ¿no? Parece una relación amor-odio.
El disco es una carta de amor cínica a mi país porque tengo una relación amor-odio con él, sí. Odio a mi país, pero nuestra cultura y nuestras tradiciones me hacen tener esperanza en que pueda avanzar algún día. La belleza de Colombia está en sus voces afrocolombianas y en su música y por eso he querido reivindicarlas teniéndolas presentes en el álbum. El resto es un drama que tengo con mi país. En mi próximo disco sé que voy a volver a Colombia. No sé de dónde va a salir la plata, pero yo me voy a ir para allá y voy a tener un coro de treinta mujeres. Sé que lo voy a hacer.

¿Qué recomiendas escuchar de música tradicional colombiana a alguien europeo que esté disfrutando Miss Colombia?
Tienen que escuchar a Sexteto Tabalá y a Martina Camargo. Entren por ahí porque esa es la mejor puerta.

El disco suena muy orgánico, muy vivo. ¿Hay tantos instrumentos reales como parece o hay más trabajo de ordenador del que se ve?
Es 50-50. Los beats y los bajos están hechos con ordenador, pero los arreglos, los vientos, las percusiones y los coros están hechos y grabados en el estudio. Hay tambores, voces y claves cubanas… Hay muchos músicos de verdad en el disco, pero yo soy un músico de mentira que solo sabe hacer cosas en la computadora.

¿Alguien como tú, que eres mujer, madre soltera, descendiente de indígenas y emigrante, siempre va a ser portavoz de algo haga lo que haga? ¿No es una presión a veces?
La canción ‘Resisto Y Ya‘ habla sobre eso, sobre esa presión que hay sobre mí. Si yo escribo una canción sobre flores, esas flores son revolucionarias. Si hago una canción sobre los zapatos que me gustan, esos zapatos se convierten en unos zapatos de la revolución. Soy consciente de ello, pero yo hago lo que me da la gana. Yo soy la original Bad Bunny. A mí me sale lo que me sale porque la inspiración no es consciente. Yo no decido conscientemente hacer una canción sobre el sentimiento de parir. No, no, no. Esa canción salió después de haber parido, sintiendo el dolor en mi barriga por tener a mi hija en brazos. Yo te hablo de mi vida y de lo que yo experimento.

¿Y si alguna vez tienes ganas de hacer canciones de temática más ligera, con menos discurso?
Nunca he encontrado la necesidad de hablar de cosas como un amor romántico, por ejemplo. Sería un chiste que le cantara a un hombre. ¿Tú te imaginas una canción de Lido Pimienta que dijera «voy a llorar porque el hombre no me llamó, sufro por ti porque no me miraste a los ojos»? ¡Jamás! No, no, no, ¿darle más poder a los hombres? Jamás. Yo soy una persona que tiene un lado muy oscuro, depresivo y ansioso, sufro y siento mucho. Últimamente no puedo ver las noticias porque después no puedo dormir. Necesito hacer estas canciones para sacar ese sentimiento de sufrimiento e impotencia por no ser una persona millonaria que puede ayudar a otras. Ahora veo la respuesta al virus de los ricos donando dinero y donando mascarillas, pero también veo que el hambre mata más, la violencia mata más mujeres… ¿Dónde está esa ayuda para esas mujeres? ¿Dónde está esa ayuda para los niños y niñas que mueren en orfanatos? Esas son las cosas que me hacen sacar canciones para sanarme un poquito, aunque muchas veces pienso «¿para qué hago música en vez de coger la plata que me queda en el banco e irme a Colombia y construir una escuela o un comedor?». Pienso en eso todo el tiempo. Pienso en dejar toda esta mierda y ayudar de una manera verdadera, pero yo no lo puedo hacer porque no soy activista, médico o trabajadora social. Soy artista y tengo que aprender a estar cómoda en mi situación y ayudar de la mejor manera posible.

Si alguien lee esto antes de escuchar Miss Colombia, quizá se imagine un disco difícil, áspero, oscuro. Pero en realidad es bastante pop, tiene mucha luz y mucho color.
Eso es una decisión consciente porque yo no tengo la pretensión de hacer el álbum más complejo. ¡No! La música experimental es para un nicho de gente muy pequeño y eso es elitista, eso es clasista. Mi música es como es Colombia: es chiquita pero tiene mucho sabor y mucho color. Es verdad que hay una violencia extrema, pero también una belleza extrema. Tú decides por qué camino te vas. Yo decidí irme por lo bonito, pero entre líneas se siente el dolor, la tortura, las balas.

Imagino que tu música te ha ayudado a seguir conectada con Colombia.
Yo vivo en Canadá desde hace más de una década, pero siento que cada día soy más colombiana. Conozco gente que se viene de Colombia o Centroamérica y al mes siguiente ya se les ha olvidado hablar español. (NdR: imita un acento estadounidense) «Llevo viviendo aquí like diez años, you know?». De repente hablan con un acento raro y yo puedo entender porqué lo hacen, pero hay que dejar de ser así. Eso se tiene que acabar. La gente quiere ser blanca, tenemos muchos traumas en Sudamérica porque el rechazo a ser indígena y ser negro es muy fuerte. No se dan cuenta de que es muy bonito tener cultura propia. En Europa cada país tiene sus características propias y eso es precioso, pero la gente blanca de Canadá, los europeodescendientes, es la gente más perdida que conozco. No tienen cultura, no tienen raíz, no saben a dónde van, todo se lo quieren apropiar.

¿Te preocupa la apropiación cultural? A los europeos blancos, por ejemplo, creo que nos cuesta ver ese problema.
El problema aparece cuando no hay respeto, solo moda. Y todos esos raperos y todas esas estrellas del pop empiezan a hacer versiones en spanglish de las canciones que no tienen sentido ninguno. Eso vuelve a la gente más idiota. Mira, te voy a contar una historia: aquí en Canadá casi todos mis amigos son gente emigrante y a casi todos les gusta mucho Rosalía. Un día, haciendo una barbacoa, una amiga pidió que sonara una canción de ella y luego me dijo «Lido, ¿tú qué opinas de Rosalía? Qué chévere que haya una representante latina tan grande, ¿no?». Yo pregunté que de dónde pensaban que era Rosalía y me dijeron «ella es de Puerto Rico» o «no, no, no, ella es mexicana». Todos son activistas, miembros de Black Lives Matter y toda esa vaina y, cuando les dije que era española, se les cayó el mundo encima (risas). ¿Por qué pensaban que era latina? Por los peinados que se hace, por los dientes que se mete, por las uñas que se pone. Eso es apropiación cultural.

Tú siempre has cantado en español y ahora el mundo parece querer escuchar música en español. ¿Qué sientes al ver esa tendencia?
Tengo un sentimiento encontrado con todo esto porque creo que se está desperdiciando una oportunidad muy grande. Se están oyendo otras voces, pero las voces que se alcanzan a oír siguen tratando temas que no valen nada. Sé que al criticarlo parezco una hater que tiene envidia, pero no. A mí me encanta el reggaetón, el trap latino y toda esa vaina, pero me encantaba cuando era algo negro. Por ejemplo, Rosalía me parecía espectacular cuando empezó. Dije «guau, por fin una mujer que canta precioso y tiene un punto de vista que no es tan idiota», pero su necesidad de ser famosa la ha metido en ese mundo de pop que no dice nada. Lo mismo pienso de J Balvin. Él es un negociante que se metió en la música igual que podía haberse metido a hacer zapatos o vender casas. Y todas las canciones en las que se mete las arruina. No soporto cuando entra su parte en las canciones que tiene con Bad Bunny. No es bueno, no es músico, no es artista. Es un negociante. Él y todos esos reggaetoneros han adoptado una estética negra, pero ninguno elige una modelo negra para un vídeo. Todas las modelos que eligen son flacas, monas, blancas… Qué gran oportunidad tienen todos esos artistas y no la aprovechan. Balvin es de Medellín, que tiene una música tradicional espectacular. Él podría hacer un álbum de salsa exclusivamente con músicos salseros y mezclarlo con su reggaetón, pero lo único que se le ocurre es (NdR: empieza a hablar con voz infantil) «voy a hacer un álbum dedicado al círculo cromático. Hago una canción que sea negra, otra canción que sea azul, ahora el amarillo, ahora el rojo…». Por favor, me da vergüenza ajena cuando veo eso. La respuesta corta sería que tengo sentimientos encontrados porque la gente que tiene el poder ahora mismo en la música está perdiendo una oportunidad.

Antes has hablado de Canadá y su gente. Desde la distancia lo veo como un paraíso en el que todo funciona perfecto, pero me parece que igual me desmontas el mito, ¿no?
Créeme que el departamento de relaciones públicas de Canadá es espectacular. La primera canción que yo escribí en mi vida, que fue ‘Humano, la hice cuando un hombre aquí me dijo que me volviera para mi país. O sea, ¿cómo se puede escuchar eso en el que supuestamente es el país más perfecto y armónico del mundo? Ahí fue cuando yo entendí dónde estaba viviendo. Yo también pensaba lo mismo que tú cuando me mudé para acá. Llegué y cualquier día caminando podía ver los centros para indígenas. Pensaba «¿qué es esto? Guau, Canadá es tan espectacular que tiene centros específicos en los que la gente indígena puede vivir». ¡No, no, no! La colonización también pasó aquí. Los ingleses y los franceses vinieron aquí a matar y violar a la gente y Canadá le continúa haciendo terrorismo a la población indígena de aquí. La manera en la que se trata a la gente negra aquí es horrible. No se ve, pero se sabe. Se supone que hay acuerdos con las comunidades indígenas para no meterse en sus zonas, pero hacen fracking, meten tuberías de gas… Es un desastre total. Yo vivo con una culpa muy grande porque siento que mi comodidad es a costa de la comunidad indígena de aquí. Ahora lo que pasa es que los descendientes de esos indígenas están creciendo con internet y tecnología y las nuevas generaciones indígenas van a tomar el poder. Eso se va a venir y la gente blanca no va a saber qué hacer.

Quizá Canadá juega con ventaja porque siempre sale ganando en la comparación con Estados Unidos. Entre Trudeau y Trump, yo lo tengo claro…
Claro, Trudeau es joven y tiene ese pelo espectacular, al lado de Trump es como un príncipe. Pero es un idiota, aquí nadie le respeta. Su padre también fue primer ministro de aquí y él está en esa posición por nepotismo. Es un desastre, pero Canadá al lado de Colombia es un paraíso. Es un paraíso al lado de España. Sabemos que lleváis jodidos mucho tiempo (risas). La última vez que yo estuve en España fue cuando el rey estuvo de safari y mató a un elefante. Nunca se me va a olvidar eso. Lo de la realeza española es espectacular. Cuando la gente empieza a hablar de la realeza inglesa, yo siempre digo «no, no, no, estás viendo la novela que no es, tienes que ver lo que pasa en España». ¿Cómo se llama ella? La que era presentadora de telediario.

Letizia Ortiz.
¡Eso! Odia a la suegra. Es una cosa espectacular. ¿Viste cuando la reina madre quería hacerse una foto con las nietas y ella aparta a las niñas? Tremendo. Cosas como esa me dan mucha satisfacción porque pienso «bueno, se robaron el oro de Colombia, pero al menos hay problemas en el palacio». Lo que más me ha dolido de no poder viajar a Europa es no poder ir a España a hacer chistes sobre vuestra realeza. Es mi guilty pleasure. El rey de ahora es un huevón, no tiene personalidad. La verdadera reina es Letizia y ustedes están jodidos porque solo va a mirar por ella y por sus hijas (risas).

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Foto. Daniella Murillo   Entrevistas
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