12/04/2020

En pleno colapso mundial, conversamos con Rodrigo Caañamo sobre oɹɹɐzıqɹoɯɐǝpolnƃuɐıɹʇ, nueva cumbre de la banda gallega contra el individualismo que sigue izando la individualidad como bandera.

Como las pandemias, Triángulo de Amor Bizarro regresan cada cierto tiempo. De una forma bien distinta, claro: escapando, siempre desde los extremos, de esa espiral que todo lo engulle y lo tritura. Sus ambiciones de destrucción siempre estuvieron ahí, pero siempre fueron otras, y aunque la corrosión de ‘Ruptura’, primer adelanto de su ya quinto álbum, nos arrolló como una apisonadora, uno puede intentar leer entre líneas esa voz tan distorsionada de Rodrigo Caañamo: «no me arrepiento de nada». Por supuesto que no hay nada de que arrepentirse tras más de una década de trayectoria inmaculada, pero aquí, los gallegos parecen musicar más bien esa sensación de colapso que cualquiera puede sentir en estos días, a las puertas de una nueva era en que, como tantas otras veces ocurrió en el pasado, parece que nos abocamos al abismo. Seguramente ni los proféticos Isa, Rafael, Zippo y el propio Rodrigo, quien sin saltarse el confinamiento me atiende amablemente por teléfono, sepan cómo va acabar todo esto. Sin embargo, nunca es tarde para discutir sobre el abrumador y fascinante oɹɹɐzıqɹoɯɐǝpolnƃuɐıɹʇ, que como el resto de su discografía, puede leerse de muchas formas, también al revés. Un disco en el que, cuentan, se reflejan más que nunca, incluso aunque no acabe de encajar en una época en la que todo se consume con celeridad. Quizá por eso, y porque Rodrigo suele ser generoso con sus respuestas, la charla fue larga, sin prisas. A continuación la reproducimos con el sosiego que se merece.

Bueno, Rodrigo, primero de todo, ¿cómo estáis todos los miembros de la banda? ¿Cómo estáis viviendo esta situación de confinamiento?
RODRIGO CAAÑAMO:
Pues estamos cada uno en nuestra casa. Solo una semana antes del confinamiento fue nuestro último ensayo y todo esto nos pilló con el lanzamiento. Rafael vive en Lugo, Zippo en A Coruña e Isa y yo estamos aquí, como siempre, en el pueblo. Y nada, intentamos llevarlo con calma y con paciencia, sin pensar mucho. Al final pues tenemos mucho trabajo con la salida del disco y los cambios en los conciertos y todo eso, así que tampoco tenemos mucho tiempo para aburrirnos.

Supongo que se os habrán caído todos los conciertos de los próximos meses. ¿Cómo afronta esto una banda como la vuestra, que saca discos cada tres o cuatro años pero luego realiza giras muy extensas?
Antes de cancelar, intentamos reubicar todos los conciertos, pero claro, es complicado, no hay nada seguro… Para una banda, que ocurra algo así en el momento del lanzamiento es complicado; nos lo jugamos todo en los dos meses posteriores al lanzamiento. Nos jugamos el sueldo de dos o tres años, así que bueno, ahora estamos más con la ilusión de que la gente escuche el disco y cuando pase todo esto ya se verá. No queremos ni pensar en eso, la verdad. En cuanto podamos empezaremos a tocar, y todo lo que podamos salvar se reubicará, aunque está claro que por lo menos todos los conciertos de uno o dos trimestres los vamos a perder, y esto no solo nos afecta a los músicos sino también a los productores, a toda la gente del equipo, a la gente que trabaja en todo aquello relacionado con los escenarios… Pero bueno, estamos intentando aguantar y a ver qué pasa, porque como esto es una cosa más bien global… Pero sí, en un sector como el nuestro es más complicado porque siempre te lo juegas un poco a cara o cruz durante la época de los lanzamientos. No es que puedas estar un mes o dos sin cobrar y luego ya, quizá te juegas uno o dos años de sueldo.

Además de estas graves pérdidas económicas, también debe ser raro sacar nuevas canciones y tener que esperar tanto para poder tocarlas. Parece como el proceso natural.
Sí, claro, porque además vienes de grabar un disco tras unos meses de encierro. Nuestro último concierto fue en octubre y claro, ya no estamos acostumbrados a parar tanto tiempo. Cuando ya llevamos unos meses de gira sí que es necesario ese impás. Pero como te digo preferimos no pensar mucho en ello. Ojalá la máxima gente posible escuche el disco y, cuando se reactive todo, ya veremos.

Para presentar vuestro anterior EP, El Gatopardo, augurabais un “colapso de la civilización” y hablabais de “una fiesta del fin del mundo”. Y bueno, para presentar este disco habéis mencionado directamente “el miedo a las epidemias”. Como si de algún modo vierais venir todo esto…
Es que claro, son cosas que cada cierto tiempo están ahí, hay como un runrún… Hemos tenido la suerte de vivir en una época en la que estas cosas no pasaban muy a menudo; llevábamos como más de cien años sin que ocurriera algo así a nivel global. Pero quizá hace cien años estas cosas pasaban cada cinco, aunque gracias a la medicina, la ciencia y tal todo eso se ralentizó, pero es algo que sigue ahí, esa amenaza está siempre ahí. Al final, el sistema es una cosa frágil: si la crisis económica de la que justo estábamos saliendo fue causada por la quiebra de un banco, imagínate un fenómeno como este, que afecta a todo el mundo de una forma tan real. Pero bueno, intentamos ser optimistas porque al final son cosas de estos tiempos. Son unos tiempos extraños, está claro: a principios del milenio estamos en una nueva época. Del mismo modo que hubo cambios entre el Renacimiento y la Edad Moderna o la Contemporánea, ahora entramos en otra época extraña: un cambio de era. En El Gatopardo ya reflexionábamos sobre esto, pero como llevábamos ya un tiempo girando y estábamos un poco cansados de nosotros mismos, El Gatopardo fue planteado como un EP de canciones como superpolíticas, hablando un poco de esos movimientos sociales sin, digamos, nuestra presencia. Realmente lo planteamos como algo superfrío, casi metódico. Con este es justamente todo lo contrario: es un disco que sí cabe en el presente, o esa fue nuestra intención, y está presentado a través de nosotros. Nuestras emociones rebotan a través de los medios, de la pantalla, de la cruda realidad… y nos mueve a nosotros. Y eso es un poco lo que queríamos reflejar: queríamos ser nosotros mismos el prisma principal, es decir, que las emociones que intentamos traspasar a las canciones sean filtradas a través de nuestros cuerpos.

Está todo mucho más conceptualizado en base a este contexto, ¿no? El aquí y el ahora.
Sí, sí… Fue un poco lo que vimos que nos salía cuando empezamos a hacer las primeras canciones. Salieron así de forma completamente natural. Están más enfocadas en eso, pero creo que también es normal. Nosotros como personas pasamos por muchas etapas, el mundo pasa por muchas etapas, hay cambios brutales cada cinco o seis meses, y al final esto nos afecta a todos, a veces para bien y a veces para mal. De lo que nos resultaba más interesante hablar en este disco era justamente de lo que nosotros, como humanos, estábamos percibiendo: los cambios del mundo.

La portada es muy oscura, sin texto además… ¿Cómo nace y qué concepto representa?
La verdad es que empezamos a hablar con Javi, el director artístico de Mushroom Pillow, y él comenzó a hacer unos diseños que vimos que podían encajar muy bien. Nuestro punto de partida era hacer algo muy minimalista, muy oscuro, muy central, para representar todo aquello de lo que nosotros estamos intentando escapar: esa realidad del conjunto vacío. Estamos en una era de contenidos vacíos, de horas y horas de contenidos audiovisuales o en redes sociales que en general son muy vacuos. Vivimos unos tiempos muy vacíos: es una época con muchos cambios de formato y tecnológicos, pero estamos como en un impás en el que realmente nos falta el contenido, en el que se están reiniciando todos los mensajes otra vez. Estamos volviendo a la simplicidad, al blanco y negro, y este simplismo se ve en los comportamientos, en el auge de la nueva derecha mientras la izquierda vuelve a caer en las trampas más basicas… Queríamos reflejar un poco este vacío que nos rodea y que todos sentimos. Esta época en la que nos bombardean con información, pero una información que se anula mutuamente y que al final se queda en nada. Todo esto empezó a salir en la portada y vimos un círculo negro, así que fuimos asociándolo. Después, enseñándosela a la gente, también empezó a coger otras características; muchos ven en ella la funda de un vinilo, pero realmente eso surge después, de hecho el diseñador es muy joven y nunca tuvo eso presente. Así pues surgen referencias a la falta de individualidad, y realmente las canciones tratan todo lo contrario, en ellas estamos intentando escapar justamente de todo eso. Digamos que la portada representa el punto cero, el punto central donde nosotros nunca estuvimos y no queremos estar. Hasta ahora siempre habíamos hecho portadas como muy barrocas excepto en el primer disco, y esta vez quisimos volver un poco a eso, a reiniciarlo un poco todo. La portada del primer disco son las letras del nombre del grupo con un fondo blanco y al principio empezamos a asociar las canciones del nuevo álbum con la idea de esa portada, probando variaciones con letras, pero al final fue en plan no, no: vamos a ir al minimal extremo, y el minimal extremo era justamente esto.

Para escapar de esa idea centrista os situáis siempre en los extremos, donde algunos también suelen ubicar, por ejemplo, a la extrema derecha…
Esta idea centrista que normalmente provenía de la política se está expandiendo por todo. Esos mensajes políticos potenciados a través del marketing apuntaban a que es en el centro donde están los votos, pero esta idea se está expandiendo a todos los espacios, a la cultura, a la sociedad… Como consumidores, al mercado le interesa que estemos cerca de ese punto de equilibrio, y al final creo que nuestro deber como artistas y músicos es seguir orbitando y escapando de ese centro, que es la nada. Nuestra máxima ambición es hacer algo que tenga un significado más allá, que no sea música de adorno, que no sea música de fondo, que no sea música de anuncio, que no sea música de cadena de ropa… Hay una fuerza cada vez más poderosa que lo está llevando todo a ese centro porque es donde funcionan las cosas, donde las multinacionales captan a más gente, donde los productos se venden, donde van los votos… Y no: a mí la música que siempre me motivó, el arte que siempre me motivó, las cosas que siempre me motivaron, incluso la gente que me resulta más interesante, siempre fueron extremos en algo. La individualidad es extrema en sí misma: es lo que tienes tú y te diferencia un poco de los demás, aunque tengamos un tanto por ciento en común. Eso es un poco lo que siempre hemos buscado como grupo, lo que pasa es que en este disco lo hicimos un poco más en serio, mirando atrás y preguntándonos “¿nosotros qué somos?”. Porque al final, a veces ni te lo planteas. ¿Por qué estamos aquí?, ¿qué hacemos? Porque quizá vas a hacer otro disco y de repente tienes la tentación de llegar a más gente y al final te planteas… ¡uf, yo quiero ser lo que quiero ser y estamos en esto para lo que estamos! Y al final queremos un poco esto: que nuestra personalidad esté por encima de cualquier cosa del mercado, de los plays, de los likes, de lo que sea… Creemos que es importante para todos, y más para un grupo como nosotros, que llevamos ya unos cuantos años en esto, estar más o menos en paz con lo que realmente somos. ¿Forzarnos a hacer otra cosa porque quizá vamos a llegar a más gente? No, nosotros no somos así. Y es así, digamos, como nos reforzamos: si hemos llegado hasta aquí es precisamente por esto.

¿Consideráis que este es vuestro disco más relevante? ¿Como un reinicio para la banda que se entiende de forma diferente a vuestros anteriores discos, o como una continuación natural de aquellos?
Consideramos que este es un disco ultrarrelevante por algo que tal vez es ajeno a nosotros: este es el primer disco en el que nuestro estilo de música –a un nivel muy amplio, ya que nosotros tampoco hicimos nunca nada que estuviese muy a la moda– no es el más relevante para, digamos, el mercado. Cuando publicamos Salve Discordia, el mercado y el público eran totalmente diferentes a los de ahora. Los grupos de guitarras, las bandas de música a tiempo real, eran otra cosa. La música que estaba de moda era otra. Todo el fenómeno urban, la mezcla de influencers, youtubers o músicos que son más bien celebridades, no existía como ahora. Ha cambiado el rollo completamente, y este es nuestro primer disco en este nuevo mundo. Por este motivo es hiperrelevante: porque bandas como la nuestra, quieras o no, y más con lo rápido que va todo ahora, corremos siempre el riesgo de caer en la irrelevancia. Porque es así, porque el mercado está enfocado en otra cosa y el público joven está enfocado en otra cosa. Saca J Balvin un disco y toda la atención se gira hacia él. Nosotros hacemos otra música, y este es el primer disco que sacamos ya completamente inmersos en una escena paralela.

Te iba a preguntar por Balvin y te me has adelantado. Preparando la entrevista he visto que rajabais de él en un tuit. En todo caso, es cierto que este disco aterriza en un momento en que se prima mucho el streaming, las playlists, los views… ¿Cómo encaja Triángulo de Amor Bizarro en esta nueva era que comentas?
Sinceramente, creo que de aquí a que saquemos el siguiente disco la escena ya habrá cambiado por completo. Ahora se da mucho el rollo solista, el show con música programada, con bailarines… Nosotros ofrecemos algo completamente distinto: la nuestra es una banda que toca música a tiempo real, con un tipo de espectáculo muy diferente. Ni peor ni mejor: el planteamiento es otro. No entiendo ese masoquismo de “las guitarras van a desaparecer”. ¿Qué quieren decir? ¿Que desaparecerá la música tocada a tiempo real y la música interpretada? O sea, me da que no. La gente lleva yendo al teatro… ¿miles de años? Son géneros muy diferentes; otra cosa es que a veces compitamos por los mismos medios, que ya no creo que ni por el mismo público, pero son dos concepciones diferenciadas de lo que es un concierto, y creo que pueden convivir perfectamente. Pero así como hace un año sí que veíamos a todos los adolescentes a saco con eso, ahora ya cambió un poco, incluso en España están saliendo muchas grupos de gente joven otra vez de guitarras: en los últimos dos años han salido los Carolina Durante, las Cariño… y ves que hay público. Son cosas muy distintas, la verdad. Nada que ver.

¿Pero crees que son dos mundos totalmente irreconciliables? En los últimos años hemos visto cosas tan sorprendentes como la unión entre Los Planetas y Yung Beef…
Creo que lo que sí es irreconciliable es todo este rollo de las ultra celebrities y los ultramillonarios, de gente completamente ajena al mundo… ¿Me explicas eso de J Bavin poniéndose a vender sus propias mascarillas a 11 dólares en plena pandemia? ¿En qué cabeza humana cabe eso? Eso es vivir al margen del mundo. Eso es lo que detesto: ese tipo de celebrity total que representan Kanye West, las Kardashians y demás. Eso no solo es irreconciliable con bandas como la nuestra sino con el mundo real. El 1% de esa élite es irreconciliable con el 99% de la población mundial. No son tanto los estilos… también veo irreconciliable a la Madonna millonaria con su figura de antes y con lo que somos el resto del mundo.

A veces se suele decir que las corrientes urbanas o latinas nacen de la calle.
Sí, y se ablandan. Perdona, te corté la pregunta.

Nada, iba un poco por ahí. Que ciertos sectores suelen defender que igual esto ayuda a democratizar quién puede y quién no puede tener éxito. Que por ejemplo una rapera racializada del Bronx, de repente, pueda llegar ahí arriba.
Bueno, cojamos el reggaeton, pero no el de ahora. El reggaeton tiene más años: anda que no ponían ‘Gasolina’ en la discoteca de aquí en el pueblo… Cuando estos estilos son ahí puros, ¿sabes?, más duros, me parecen la hostia. Pueden ser más o menos mi rollo, pero tienen un valor muy puro de la calle. Pero cuando el precio para que eso llegue a todo el mundo es ablandarlo y convertirlo en música pop, mezclarlo con el pop de toda la vida, ¿merece la pena? Sinceramente, yo creo que no. Fíjate en el jazz, que probablemente fue la expresión musical más tocha, no sé, desde el Barroco. ¿Y qué le pasó al jazz? Que se unió con otros géneros, mutó y se murió, básicamente. Si eso pasó con el jazz, imagínate con estilos mucho más concretos… A tope con el reggaeton de la época, esa macarrada con ese rollo superpuro y ultraduro, pero cuando eso se ablanda para llegar a todo el mundo… ¿a cambio de qué? ¿De que esa música se convierta en lo de siempre? Ese es el problema que yo le veo: no vale coger un ritmo de reggaeton y hacer con él una canción pop para intentar ser el single número cien mil del año. Es algo que pasa con todos los estilos, ¿pero merece la pena que esa música llegue a todo el mundo? Compensa a quien la hace, no a quien la escucha.

Perdona, que nos hemos desviado del disco. Es homónimo, como el primero (o creo que aquel directamente no tenía título), pero aquí habéis como invertido las letras. ¿Buscabais subvertir… la propia banda?
Es curioso porque esto surgió a partir de empezar a anunciar el disco en Twitter, no fue una cosa muy premeditada… Dijimos “vamos a darle la vuelta a las letras”, y la verdad es que eso quedó muy marcado. El título tenía que ser simplemente nuestro nombre pero Javi, en paralelo, empezó a jugar un poco con el rollo del espejo y la pantalla, toda esa reflexión y esa refracción de nosotros mismos… Todo esto fue saliendo a medida que íbamos comunicado el disco, pero al final todo el rollo de vernos del revés es algo muy simple y que al mismo tiempo encaja muy bien con el disco.

Lo que también habéis invertido, tengo entendido, es el proceso de creación de las canciones. Las habéis abordado con unos métodos completamente nuevos, o bueno, al menos bastante distintos que en los anteriores álbumes.
Sí, a ver… A lo largo de todos estos años hemos probado todo tipo de cosas a la hora de hacer las canciones. Un factor para que de algún modo una banda pierda la chispa es acostumbrarse a sí misma. Cuando te acostumbras a ti mismo te aburres a ti mismo. Al hacer una canción nos gusta que el proceso sea algo mágico, que tenga cierto simbolismo más allá del rollo mecánico –es decir, el simplemente tocar una melodía con la guitarra o decidir que este arreglo va aquí y este otro va allá–, hacer como una búsqueda y que de repente te aparezca una canción, y que esa canción te lleve adonde ella quiera… Este tipo de procesos nos interesan mucho más, y en este disco los hemos forzado a saco. A saquísimo. De hecho, la mayoría de canciones están compuestas antes de tan siquiera llegar a tocarlas. Cuando empiezas a tocar una canción estás plasmando físicamente unas ideas y, a la vez, estás perdiendo otras que a lo mejor te gustan más en tu cabeza. A mí me pasa siempre: de repente piensas una melodía y quizá en tu cabeza puede ser una cosa mucho más etérea, mucho más retorcida, como que puedes agarrarla… pero en cuanto la coges con la guitarra ya la estás fijando, la estás metiendo en una cuadricula, estás haciendo como una especie de croquis… En este proceso fuimos a por ideas, a por cosas más mágicas que no puedes controlar de una canción, y dejamos que se fuesen formando durante más tiempo. Dejamos que se apareciesen y desapareciesen, y cuando ya llevábamos mucho tiempo, algunas semanas ahí con una canción dando vueltas en nuestra cabeza, decíamos “ahora es el momento”. De algún modo, buscas un poco el momento idóneo para sacarla, y ahí es cuando pueden pasar cosas que no habías previsto, que ya no son algo tan mecánico. Nosotros hemos probado un sinfín de cosas. Por ejemplo decíamos “vale, vamos a hacer un disco de pop contemporáneo”, e íbamos probando cachivaches de consumo, aplicaciones de música de consumo… A partir de ahí vamos haciendo cosas que nos van llevando a otras cosas para que el proceso sea así, más caótico. Para molar, las canciones tienen que nacer en el caos y en la confusión.  Eso lo más importante. Si no, en la música es muy fácil caer en la mecánica y en la matemática, y eso no es música, la música es otra cosa. La mecánica y la matemática te pueden valer para agarrar la idea y traerla al mundo físico, pero para poco más. En las canciones de este disco, muchos procesos y muchos caminos desembocaron en un planteamiento cerrado.

Nunca os ha importado explicar en qué sonidos o en qué bandas os inspiráis para hacer vuestras canciones. La pregunta que me hago es si alguna vez para este disco habéis ido primero a la inspiración concreta antes de pensar qué concepto o qué emociones querías expresar… No sé si me explico.
Primero siempre es la canción: la idea y la emoción. Y después las influencias, que como en todo, pero más en este disco, usamos como meras herramientas. Como los colores de un cuadro, pero sabiendo lo que esa canción ya no tiene que llevar, porque si no caes en eso que te decía: en la mecánica. En la música corres el peligro de que mecánicamente una canción sea sencilla y simplemente funcione. La propia palabra ‘funcionar’, en la música, es en cierta medida el principal enemigo artístico de la emoción. Que una canción funcione es fácil cuando tienes las capacidades técnicas para ello, pero puedes caer en la trampa de que de repente esté funcionando como un motor, y de que ese motor no transmita nada. Y es muy difícil para las bandas lograr no caer en eso, eh. Es muy complicado porque hay cosas que en el pasado te funcionaron y a veces las desarrollas y claro… Pero nosotros, y más en este disco, siempre intentamos buscar primero la idea, ver la emoción que esta nos quiere transmitir… Es un proceso más complejo, también para nosotros. Requiere recrear primero esa emoción mentalmente, ¿sabes? Luego nos la transmitimos los unos a los otros y, a partir de ahí, la abordamos físicamente. Aunque bueno, al final en el pop tampoco hay que tener miedo a referirte a algún grupo si crees que lo que quieres contar es más poderoso que la influencia, intentando que no te coma la influencia, claro. No es fácil: si estuvimos dos años hasta terminar el disco es porque es algo complicado.

¿Y a Carlos Hernández, como productor y colega vuestro desde los inicios, también le habéis exigido una vuelta de tuerca en el estudio? ¿Que renunciase, por ejemplo, a algunos de sus métodos de siempre?
Sí, probamos muchas cosas en el estudio por cómo estaban planteadas las canciones. Las propias sesiones requerían un nivel técnico mucho más elaborado y más complicado de llevar a cabo que, por ejemplo, Salve Discordia, que tampoco fue un disco fácil. El planteamiento fue muy distinto y Carlos hizo muchas cosas en este disco que no había hecho antes: la forma de llevar las sesiones, de grabar cosas encima de otras ya hechas, el procesamiento y los efectos de las voces y muchos otros ajustes técnicos fueron complicadísimos, aunque por suerte Carlos tiene mucha técnica. Y yo creo que sí, que este disco fue para todos como muy de aventura, muy de probar cosas que no sabíamos cómo iban a funcionar… Más allá de la composición, que sigue siendo lo más importante y complicado, necesitábamos tener las canciones previstas a un nivel técnico muy elevado meses antes de llevarlas al estudio. Al final, el estudio siempre lo cierras con tres o cuatro meses de antelación, tienes cosas sin acabar, canciones aún a medias… y claro, tienes que planear mucho antes cómo vas a grabar ese disco. Es como un proceso muy complejo de ingeniería sonora.

Se suele decir que vuestros singles de adelanto acostumbran a mostrar dos caras diferenciadas de le banda: la más cruda y experimental, que aquí sería ‘Ruptura’, y la más pop y melódica, que es claramente ‘Vigilantes del Espejo’. ¿Vosotros, desde dentro, veis tan claras esas diferencias? ¿Las potenciáis?
Sí, está claro que ‘Vigilantes del Espejo’ es una canción ultrapop y las otras son como ultraduras y tal… Pero bueno, yo creo que nosotros también nos podemos permitir el lujo de, con el apoyo de Mushroom Pillow, claro (la elección de los singles siempre es una cosa un poco consensuada), sacar de golpe un single ultrarraro. Una canción que si de repente la meten en una playlist de novedades de Spotify es la más rara de todas con mucha diferencia. Sentimos que ese es un poco nuestro deber al final. El 1% de los estilos musicales se proyecta a una gente a la que el otro 99% de música no les llega, y eso está más acentuado que nunca ahora mismo. Entonces, si podemos sacar primero una canción como ‘Ruptura’, ¿por qué no? Nos gusta mostrar todas nuestras facetas. Mostrar únicamente el rollo ultrapop es un poco cansino, la verdad… Si hacemos cosas muy diferentes a todos los demás, ¿por qué no vamos a mostrarlo?

De hecho, ’Ruptura’ es un tema completamente distinto a cualquier otra cosa que hayáis hecho antes, ¿no? ¿El cuerpo os pedía este golpe sobre la mesa para empezar? Luego tampoco es una constante a lo largo del álbum.
Es un tipo de canción que siempre intentamos hacer. Siempre hay una canción en todos los discos que intentamos llevar a los extremos. Con ‘Ruptura’ llegamos por fin a ese extremo. Siempre intentamos cruzar esta frontera pero nunca fuimos capaces, y con ‘Ruptura’ sí que la cruzamos. Todo el rollo industrial siempre fue una influencia, pero a veces hay influencias que tienes muy claras y la gente no las ve… Recuerdo que para el primer disco estábamos en una nave en A Coruña, en unas instalaciones con chapas de metal gigantes, y éramos incapaces de hacerlas sonar como queríamos. En ese disco no podíamos y ahora sí. Hay que aprovechar que con los años vas mejorando la técnica para hacer eso que querías hacer al principio, aunque a veces hay quien utiliza la técnica para hacerlo todo más fino… No, joder: la técnica musical está para poder llevar al extremo tus capacidades. Para hacer canciones que jamás habrías podido hacer en un primer disco. Siempre estuvo en nuestras cabezas intentar hacer una canción como ‘Ruptura’, y está bien poder hacerla ahora. De algún modo, es como una reafirmación.

El tema trata sobre la ansiedad mundial generalizada. ¿Vosotros sentís ansiedad a menudo, o durante el proceso creativo? Lo digo porque en mi generación pocas personas escapan de ella… Es la norma, vamos.
Es imposible escapar de esa ansiedad, de la propia velocidad del mundo contemporáneo. Creo que ese es uno de los grandes problemas de la humanidad. Nosotros siempre intentamos parar un poquito pero es muy complicado. Las giras generan ansiedad de por sí, todo produce ansiedad, y además la ansiedad puede manifestarse en cosas pequeñas que producen emociones muy chungas y graves. Le pasa un poco a todo el mundo: ninguno escapamos de esa ansiedad, hagas lo que hagas, te dediques a lo que te dediques, seas rico o seas pobre… esa sensación nunca duerme, siempre está ahí. Nuestro método para escapar de ella siempre fue vivir en la aldea, llevar el grupo a nuestra manera y evitar sacar discos apresurados por el hecho de que nos iría mejor así. Eso lo tenemos muy claro. Si en vez de cada tres o cuatro años los sacásemos cada dos quizá nos iría mejor; el mercado recompensa forzar ese motor, pero no, ni de coña… Si estamos aquí tantos años después y con tantas vueltas que dimos es precisamente por eso. Por haber puesto el freno por lo menos un poco, aunque no sea del todo. Lo ideal para nosotros –y creo que para todo el mundo– sería disfrutar de la vida con lo mínimo posible y, cuando nos apeteciese, hacer un disco, pero eso es imposible.

No todas las bandas de guitarras que aparecieron a la par que vosotros bajaron el ritmo. De hecho, hemos presenciado el auge y la caída de algunas que optaron por el modelo más consumista, el de sacar un disco al año… ¿Quizá se quemaron más rápido por eso que comentas?
Sí. A las bandas nos puede dar un chungo en la cabeza por querer estar ahí siempre a toda costa y como sea. Nosotros esto lo aprendimos con el primer disco. Hace muchos años ya, pero fue una locura de promo, de medios, de conciertos… y cuando de repente terminó la gira fue como “uf, ¿y ahora qué hacemos?”. Ya no teníamos todo eso, y te revienta la cabeza. Esto se está viendo mucho hora: estamos en un momento en que la fijación es hacer videoconciertos acústicos, podcasts… ya sabes, ese rollo de generar contenido constantemente. Y te paras a pensar y dices “no pasa nada por a veces no estar presente y que se olviden de ti un poco”. Nosotros sobrevivimos así: cada cierto tiempo desaparecemos, la gente se olvida un poco de nosotros y luego volvemos a aparecer y a subir. A lo mejor no podemos coger la gran ola pero vamos subiendo escalón a escalón, aunque eso implique renunciar a estar en una primera línea más comercial… El rollo este de tener que estar siempre haciendo algo, haciendo cosas, haciendo canciones, y colaborar, colaborar y colaborar… es un estrés. Pero bueno, es complejo: aunque nuestro método siempre funcionó, ahora que se viene una crisis mundial provocada por una pandemia a frenarnos, no sé… pero bueno, es lo que hay, intentaremos salir también de esta a nuestro ritmo. Al final cuando miramos atrás, a nuestros cinco discos, vemos que podemos tocar sus canciones sintiéndonos orgullosos, y eso es lo más importante. Es que se sucedieron tantos estilos musicales en tan poco tiempo… echas la vista atrás y es una locura, en solo 10-15 años cambió tanto la música, salieron tantos géneros nuevos, volvieron tantos viejos… Como una apisonadora, más que en los anteriores 30 años, aunque en cambio la producción de discos buenos no es tanta. ¿Este cambio de estilo continuo de qué sirve si de repente tampoco hay discos en los que uno pueda profundizar? La música no es para que gane solo el artista, ni es un objeto de consumo: es para conectar y para que diga algo a quien la escuche.

Precisamente sobre este tema te quería preguntar. Estos días vemos cómo proliferan conciertos y festivales en streaming con motivo del confinamiento, incluso algunos organizados por marcas, y eso también nos lleva a preguntarnos cómo se están pagando esos conciertos, cómo se está remunerando a unos músicos que no deberían ofrecer su trabajo gratis… Pero al mismo tiempo, como apuntas, la música va más allá del capital. Sin ir más lejos, estos días estamos viendo a gente tocando y cantando en los balcones… ¿Es compatible entender la música como algo por lo que hay que pagar y al mismo tiempo como un desahogo o esa necesidad de conectar que comentabas antes?
La música es de todos y cada uno puede hacer música como quiera, pero si después quieres que haya gente que pueda hacer música a tiempo completo es todo un detalle pagar por ella. Si nosotros no hubiésemos podido hacer música a tiempo completo no habríamos podido hacer estos cinco discos así. Simplemente no habríamos podido dedicarle el tiempo necesario. Porque claro, hay una trampa: la gente demanda ultraproducciones y claro, puedes pagar una producción así si eres un multimillonario, o una ultraestrella. La trampa es precisamente esta: que la música genera siempre dinero aunque no se pague al artista, la cuestión es que ese dinero se distribuya de forma equitativa, que todos los implicados estén cobrando en ese proceso… Si de repente solo está cobrando YouTube es una mierda: tiene que cobrar todo el mundo. De todos modos distinguiría mucho con esto de los videoconciertos, porque hay una escena ultra underground que lo está haciendo todo desde casa, con un montón de cariño y un rollo superespontáneo, y dices “vale, a tope con ellos porque es su estilo, yo esto también lo hacía antes”. Pero de repente ves a uno con 15 músicos de sesión haciendo un supuesto concierto acústico para no sé qué marca y dices… “¿pero qué es esto? ¿Los podéis dejar sin presencia total en los medios, por favor? Es que es muy diferente, el mismo gesto según quiénes lo hagan o según lo que quieran hacer realmente con eso cambia completamente. Es muy relativo: algunos están superbién, son como una cosa superpura, y otros están hechos simplemente para pillar cacho… Ahora mismo, si me preguntas a mí, estamos mucho más preocupados en poder reubicar la gira o en la situación de nuestros técnicos que en este tipo de cosas. Nosotros no nos planteamos hacer nada así como banda: cada uno de nosotros está en su casa, acaba de ser el lanzamiento y nuestra mejor versión está precisamente en el disco. Por eso hemos estado tanto tiempo haciéndolo.

Lo siento, nos hemos vuelto a desviar del disco y te quería preguntar por el otro single, ‘Vigilantes del Espejo’, que quizá es lo más pop que habéis hecho nunca. Es un tema en el que tiráis mucho de los recuerdos, de la nostalgia… De hecho, parece una canción sobre hacerse mayor. ¿Es una apología de volver a la mala vida o una alerta de todo lo contrario? Escuchándolo, a mí me dan ganas entre de llorar y de pegarme una buena fiesta ahora mismo…
(Risas). A ver, la intención de la canción era un poco esta pero con un punto de maldad. Un poquito también para relativizar la crisis de la edad, las resacas, esos momentos en que nos queremos cortar las venas al día siguiente (vuelve a reír). Creo que, sobre todo en mi generación, tendemos un poco a equiparar nuestras resacas con el fin del mundo… y bueno, el tema va un poco de eso. Es la canción más ligera de todo el disco, la más pop, pero claro, a la vez también tiene esta cuchillada. Es una canción de maldad pura, que decimos nosotros, y obviamente hay que vestirla de una forma que entre y provoque sensaciones encontradas. Es un poco eso: una canción de celebración, pero que también captura ese momento en el que se encienden las luces de la discoteca y te quieres matar (risas).

¿Es cierto que es la primera canción en la que usáis guitarras acústicas?
No, hemos usado guitarras acústicas en otros discos. De hecho, creo que todos tienen guitarras acústicas, pero suenan como muy de fondo, como texturas que casi ni se escuchan… Este tema es el primero en el que la guitarra acústica es el instrumento principal. De hecho, en la mitad de canciones de Salve Discordia hay acústicas, pero son como para dar aire, para crear texturas rítmicas que apenas se perciben. Aquí pasan a ser un componente central, pero las pusimos un poco con esa mentalidad que impregna el resto del disco. “¿Y si en esta metemos algo tan básico como guitarras acústicas?”. Hemos hecho cosas tan raras que de repente nos podemos permitir hacer esto. Si hay una canción como ‘Ruptura’ también puede haber un tema ultrapop sin que el disco corra el riesgo de sonar previsible.

Pero igual sí que hay una búsqueda de cierta accesibilidad, ¿no? Tiene esa aura de himno atemporal, se da un aire al sonido de algunas canciones de The Cure o The Smiths…
Sí, pero es un poco por lo que te contaba. En otros discos decíamos “vamos a hacer canciones de pop”, pero siempre con un punto experimental, un poco de vanguardia, cierto ruidismo… Aquí fue en plan no: si algunas canciones nos piden ser pop, vamos a hacerlas ultrapop. No hace falta que en esta canción haya una turbina de guitarra cuando realmente podemos coger esa turbina y hacerla mucho más bestia en otra canción. En cambio, vamos a hacer que esta tenga un punto más de luz; vamos a diferenciarla más con un arreglo instrumental clásico de pop.

¿Veis un cambio sustancial en vuestras letras? Creo que se entienden un poco más. Solo un poco.
Tiene un poco que ver con la música. Se acentúa más lo que se quiere contar con cada letra. En este disco fue un poco como… “si vamos a hacer una canción sobre la soledad, que sea solo sobre la soledad”. En otros discos lo mezclábamos todo un poco más. Creo que es por eso y también por el propio estilo; hemos intentado diferenciarlo todo más. Con Salve Discordia dijimos “vamos a hacer un disco de rock and roll”, y el rock and roll te pide un rollo más manierista, más de retorcer una y otra vez el propio estilo. Salve Discordia fue planteado así, de una forma puramente manierista, con ideas retorcidas que se envuelven sobre otras ideas retorcidas, mientras que para este disco decidimos partir de ideas más primarias, más como sucede en el rock clásico, así que quizá es un poco por esto. De todos modos no hay tantas diferencias: seguimos hablando de lo mismo. Sí que este disco está más centrado en el ahora, ya que fue algo que nos marcamos y más cuando veníamos de El Gatopardo, que fue concebido casi más como un tratado histórico de personajes en el que nosotros ni aparecíamos. En cambio, abordamos este disco como una cosa más del ahora: “en vez de hacer rock and roll, vamos a ver cómo sería un disco de pop si lo hiciésemos nosotros”.

También pasa un poco con las voces. Tanto Isa como tú encontráis una voz muy distinta para cada tema: a veces más agresiva o cínica, otras más romanticona… ¿Teníais muy claro qué voz necesitaba cada canción en función de su concepto o eso fue evolucionando durante el proceso?
En la gira de Salve Discordia nuestras voces empezaron a cambiar y empezamos a pillar otro rollo. Y después de aquello fue en plan “vamos a alejarnos vocalmente aún más”. Aunque creo que en todos los discos las voces son siempre distintas. Depende también de la edad que tenemos en cada disco, pero el cómo están pensadas las voces e incluso la forma de cantar es ligeramente diferente en cada uno de ellos. En el primer disco son mucho más adolescentes, claro, no teníamos ningún tipo de noción vocal y cantaba yo en casi todas; en Año Santo recuerdo que quisimos que las voces sonaran como muertas, no sé por qué, queríamos que transmitieran cero energía; en Victoria Mística tenían un rollo más reverberado; en Salve Discordia las hicimos más rock and roll; y ahora, con estas canciones, como que hemos encontrado nuestra voz, digamos (risas). Hemos explorado un poco más cuáles son nuestras capacidades vocales. Es un proceso que viene de nuestros discos anteriores, pero sí: de repente, por ejemplo, Isa veía que podía llegar a unas notas más agudas, que a veces ni estaban escritas en la propia melodía, y fue un poco ir forzando eso, ir viendo hasta dónde podíamos llegar… Es algo que se suele decir, pero realmente en este disco la voz es un instrumento más: está más desarrollada, es más musical, se trata buscando más el timbre… No es simplemente lo que sale por nuestras bocas y ya: ahora podemos dedicarle más tiempo y hacer algunas cosas con la voz que antes no podíamos.

En ‘Canción de la Fama’, y en general en todo el disco, abordáis el individualismo ultracapitalista y toda la neurosis tecnológica que comporta. Además de todo este rechazo al famoseo, los influencers y estas movidas de las que ya hemos hablado…
Sí, nos parece la vacuidad absoluta. El vacío absoluto. Rechazamos la cultura de la fama, la cultura del deporte y la de las estrellas… es un poco lo de siempre pero con más tonterías. En otra época teníamos a Prince y claro, prefiero a Prince, que al menos era un genio de la música y tenía obras maestras absolutas. Es que ahora es todo una cosa tan vacía… y sí, la canción va de eso, de todos los influencers que se van a Andorra para no pagar impuestos, del cretinismo que hay en todo eso que al final te da reproducciones pero poco más. Un poco el rollo este de los artistas sin obras y los famosos de la nada. Que lo son sin hacer nada.

En cambio, he visto que le dedicasteis un tuit muy entrañable a Carmen de Mairena, que falleció hace unos días. ¿Cómo es eso de que la teloneasteis?
Sí, hace unos años. Fue en un club en el que coincidimos por un cambio de sala, creo. Tocamos nosotros y justo después salió al escenario Carmen de Mairena. No sé si era un mitin de un partido político que tuvo, pero estaba ella con Manuel Barragán. Es un personaje que siempre me pareció fascinante: me hacía muchísima gracia y me parecía un alma muy pura, siempre me cayó muy bien. Y ese día fue la hostia, fue un momento de esos en los que dices “vale pa’ algo la música, joder, por momentos como este” (risas). Y la verdad es que sí, que es una pena: fue un personaje legendario, una pionera de su tiempo que además abrió muchas puertas en una época en la que era jodidísimo hacer algo como lo que hacía ella. Desde luego que lo suyo tiene mucho más valor que lo de los famosillos que hay ahora, vamos. Además, esos personajes que están ahí, casi al borde… ese es el rollo extremo que defendemos. Eso es lo bueno de la vida de verdad.

Fue un personaje muy maltratado también, tanto a nivel social como por la televisión de masas. Fue encarcelada, desahuciada, e incluso tuvo que volver al armario en sus últimos años. Me ha venido a la cabeza uno de los sentimientos que impregna vuestro disco, esa sensación apisonadora que deja atrás a todo aquel que no se amolda al centrismo que tanto criticáis…
Claro, es que la gente es muy diferente. La gente es fea, tiene caras raras, habla de forma rara y tiene sus movidas, y todo eso se está dejando atrás por los filtros de Instagram, por lo que te venden unos famosos de medio pelo, joder. ¿Un modelo a seguir? Pues claro que es Carmen de Mairena, joder, no aquellos que te venden el rollo ultracapitalista, que te venden un estilo de vida al que nunca vas a llegar… A mí ese rollo que hay en redes de vivir la vida de otros hasta meterte en ella me parece terrible. La gente tiene que vivir su vida como sea, como pueda, como la vea, no como esta movida de ahora en la que los famosos dicen lo que hay que hacer y la gente los defiende como si los famosos fuesen ellos mismos. Es un poco como el fútbol, aunque bueno, al menos el fútbol empieza y acaba con el fin de semana, o bueno, ahora ya no sé, pero el rollo este de la ultrafama está invadiendo todos los ámbitos de la vida. A esos adolescentes que no están pensando en destruir y darle la vuelta a este mundo les diría que tienen 20 años, que están en el punto álgido de su vida, que la vivan por completo porque jamás la podrán recuperar… Y si vives siguiendo a Rosalía y te piensas que tú estás allí, pues claro que no: no estás en esa fiesta con Rosalía, joder. ¡Estás en tu propia fiesta! No sé, vete a un garaje y monta tu propia red con tus amigos. No estás allí, tú eres espectador pero no estás allí. Esto es lo que me parece más traumático de las redes: vivir tu vida a través de otras personas que están siendo observadas. Eso es chungo, joder.

 “En la periferia no hay nada que hacer. En la periferia no hay nada que perder”, canta Isa en ‘Fukushima’. Estos días estamos viendo como, pese al confinamiento, la gente no para de hacer cosas: unos porque no pueden, porque no les dejan parar, y otros porque viven en ese marco mental consumista en que todo el rato tienes que producir y generar atención para no quedar atrás. ¿Vosotros podéis estar sin hacer nada?
Bueno, es que lanzamos el disco hace pocos días (risas). Pero si no tuviésemos el disco estaríamos viendo pelis, rascándonos y durmiendo, por supuesto (vuelve a reír). De hecho, es lo que hacemos buena parte del tiempo, eh… Los períodos de no hacer nada para nosotros son esenciales. A mí, para que me salga una canción, quizá tengo que estar un mes sin hacer nada de música. En cuanto acaban las giras solemos desaparecer de las redes sociales porque te consumen. Es mucha dedicación y, al final, cuando no tienes nada que contar, ¿qué vas a contar? Nada, mi vida no es tan interesante. Lo que hago normalmente cuando tengo tiempo libre es descansar, no mucho más. Cada tres o cuatro años llega este momento en el que estamos más a tope al sacar el disco, preparar las giras y tal, aunque claro, esta situación que se da ahora es muy atípica para todos.

‘Acosadores’ irrumpe en mitad del disco como un himno feminista y, además, con otra voz femenina: Ariadna de Los Punsetes. Ya que no puedo hablar ni con ella ni con Isa y solo te tengo a ti, Rodrigo, te quería preguntar… ¿cuál crees que debe ser el papel del hombre en este nuevo mundo feminista?
Pues abrazar el movimiento feminista. Tenemos que abrazarlo sin miedo, y ya vamos tarde. Seguramente muchos hombres tienen miedo al cambio; no es que de repente todos sean supermachistas, aunque hay muchos, pero posiblemente algunos tienen miedo, reciben informaciones chungas y contaminadas… y no sé, ¿si me preguntas a mí qué hay que hacer? Pues dejar que cambie el puto mundo, joder. Por supuesto que tiene que cambiar el mundo: el mundo será feminista e igualitario o no será. Eso es un pilar básico. Si el mundo tiene que cambiar a mejor, que lo tiene jodido, tiene que pasar por ahí. Es una oportunidad para todos. Es el movimiento que puede tener más fuerza, el que ahora tiene esa dinámica… Quizá otros movimientos perdieron, y ahora esta es la forma en que puede cambiar el mundo.

‘Asmr para Ti’ parece una canción de amor, pero también es muy triste…
Es una canción de pérdida y de adiós. Para nosotros es una canción muy triste. Se está interpretando de otras maneras, pero el tema nos salió en un momento muy grave, y no hay ningún atisbo o licencia poética en él, es decir, no damos ninguna vuelta para suavizar nada… Es una canción única en nuestra discografía, ya que es la primera canción melancólica que hacemos compuesta en un momento así.

‘Calígula 2025’ se inspira en teoría en el emperador romano, en la figura del tirano o el villano, pero las referencias al líder de cierto partido parecen evidentes. En El Gatopardo le dedicasteis una canción a Ciudadanos y no veas con el batacazo. ¿Habéis pensado que quizá os vuelve a funcionar?
Ojalá (risas). Esta canción fue bastante caótica y tuvo varias estrofas, hay cinco o diez páginas de letras… y entonces había cosas que no funcionaban, la música fue cambiando y bueno, sí que hubo un momento en el que hablaba de Abascal, pero en ese momento se estaba convirtiendo en una canción gris, como él, que es un tío que es como la nada, joder. Entonces nos dijimos “vamos a intentar que al menos estéticamente tenga algo más de poder”. No se merecía aquello la canción, así que al final intentamos figurar una especie de dictador de los años 70 pero actualizado al siglo XXI, porque al final hay varios de estos también. Es como un personaje así un poco histriónico pero muy apedreado, y entonces nació un poco así. Lo que sí que es verdad que es una canción muy caótica, no sabemos muy bien adónde llega, ni adónde empieza ni adónde va, pero bueno, eso también nos gustó porque tiene ese punto diferenciador, y no tiene esa concreción que tienen otros temas. Es como violenta, paramilitar, y quisimos que los teclados fueran un poco a lo The Stooges cuando bajaban en picado. Tiene un rollo como de motel, marino también, militar rollo futurista del mañana… ¿sabes?

Explicadme un poco esto de Isa convertida en su propio fantasma en ‘Folía de las Apariciones’. ¿Es realmente ella? Me explota un poco la cabeza…
Sí, es ella. A esta canción quisimos darle como un rollo romántico a lo Rosalía de Castro, o tipo Emily Brönte, la autora de Cumbres borrascosas. Como ese libro tiene alegorías fantasmales y surge un poco de ahí, y además fue un poco para cerrar lo de El Gatopardo, que iba más de personajes: Isa, tanto en la canción de ‘O Isa’ como en ‘Les Llevaré Mi Cruz’, era Isabel la Católica. Y para cerrar aquellos elementos históricos y aquellas metáforas a través de los tiempos aquí dijimos “no, no, Isa, aquí eres tú, la que habla ahora es la Isa de verdad”. Antes era la Isabel de mentira, y ahora es la Isa de verdad como plasmando el futuro, continuando un poco también con los temas que tratábamos en ‘Barca Quemada’. De hecho es una canción un poco heredera de aquella, pero más llevada al rollo tormentoso, más de mar… tiene un poco ese componente en los ritmos que también tenía ‘Barca Quemada’: un ritmo de ida y vuelta, como cuando vas en barco, como cuando te llevan un poco las olas… Y eso es por el rollo rítmico: nos juntamos con unos acordes medievales españoles, fuimos a ver por dónde nos llevaba ese camino y ese camino nos llevó a esta canción, que a mí es una de las que más me gustan del disco. Aunque si bien a nivel de sonido sí puede estar un poco más relacionada con los discos anteriores, en cuanto a la melodía y el tema que trata sí que fue algo completamente desconocido para nosotros.

¿Os gustaría que se os preguntase más a nivel musical y no tanto ideológico en las entrevistas? La verdad es que sois como un caramelo porque la mayoría de bandas no suelen mojarse en ciertos temas.
Nosotros somos muy de hablar de todo. Depende del contexto también, pero a veces así también llegamos a reflexiones y vamos soltando ideas. Solemos hablar con pocos filtros, nos lo tomamos más como una charla y claro, al final tú me preguntarás por política porque seguro que siempre decimos alguna burrada (risas). Pero bueno, ¿hablar solo de música? Al final puede ser desesperante, hay tantas y tantas canciones… Digamos que el análisis musical siempre es una cosa a posteriori, a toro pasado. Normalmente las canciones surgen, se hacen y puede que después intentes explicar cómo surgieron, ¿pero cómo surgieron realmente? No lo sé, ojalá lo supiese, si supiese cómo surgen haría un disco al año. Al final es intentar racionalizar un proceso que en realidad es completamente irracional. Es decir, a veces intentas hacer canciones y te salen cien que al final se quedan en solo diez. ¿Por qué unas eran buenas y las otras eran malas? Al final, puedes hacer análisis musicales y que estos no te digan nunca nada sobre esas canciones, sobre si un tema está bien o mal. Si una canción usa unos acordes u otros es un proceso que a posteriori no indica nada sobre si es buena o mala. Ese es un proceso que escapa completamente al raciocinio. ¿Por qué una canción gusta? Y yo que sé, no lo sabe nadie. A mí me gusta hablar de lo musical, pero quizá es una cosa como muy gremial y puede que otra gente no vaya a entender nada. Un poco como lo de los motores de los que hablábamos al principio, ¿sabes?

Bueno, siento si he tirado mucho de otros temas. Para ir cerrando, quería preguntaros si os queda como un vacío al terminar un disco, ya que os atrae tanto ese factor desconocido en el proceso, o si una vez cerrado este sabéis pasar página.
El vacío suele llegar al terminar las giras, porque llevas dos años así y acaba todo de golpe. Ahí sí que empiezas a pensar un poco “uf, ¿y cuando volveré a tocar?”. Hay mucha gente, muchos amigos, muchos conocidos a quienes solo vemos cuando estamos de gira. Al terminar, ahí sí que hay una gran sensación de vacío. ¿Al acabar un disco?, ¡qué va! De repente es en plan “por fin, ya está hecho”. Una vez termina el proceso de dudas llega el momento de la afirmación, el de “buah, genial, nos encanta”. Cuando cerramos un disco es más bien un momento de jolgorio en el que sobre todo disfrutas. Durante unos 15 días estás enamorado de ti mismo y de lo que acabas de hacer. Después te pasas de escucharlo y no vuelves a hacerlo en los próximos diez años (risas).

Y ya por último, de vuelta al momento actual, ¿creéis que os habría salido un disco muy distinto si lo hubieseis trabajado ahora, durante esta cuarentena?
Uf, es que cada disco es del momento en que quieres hacerlo. De hecho, las primeras canciones de El Gatopardo eran para un disco nuevo. Si en vez de haber salido como un EP hubiésemos continuado habría salido un disco completamente diferente. Creo que hicimos bien, porque en aquella época estábamos muy agotados. De hecho El Gatopardo es un EP muy seco justo por eso. ¿Si empezáramos ahora? Habríamos hecho un disco completamente diferente, sí.

Pues nos ha quedado larga. Muchas gracias, Rodrigo, espero que os vaya muy bien con este disco y que podáis reactivar los conciertos pronto.
Igualmente. Que vaya todo bien, que sobre todo haya salud y a ver si salimos de esta cuanto antes y volvemos a los conciertos, a la fiesta y a pasarlo bien.

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