26/03/2020

El segundo álbum de la banda de Brighton liderada por Dana Margolin es un conglomerado de emociones contrapuestas de amor y de angustia alrededor de la inseguridad y el sentido de hogar.

La confusión sobre sí misma es la carta que Dana Margolin, líder de la banda británica Porridge Radio, juega astutamente en Every Bad. A lo largo de once temas articula el relato de alguien que se siente constantemente empujada hacia dos extremos opuestos y, en lugar de marearse o romperse, se refuerza y reafirma dentro de sus propias contradicciones. Como resultado, el álbum condensa la energía de una lucha interna en que la competitividad es un mero artificio, y lo genuino de la personalidad de Dana se eleva por encima de los contratiempos que pueda causar una mente convulsa.

“Estás al borde de todo cuando estás en la playa”, comenta Margolin en una entrevista para el medio estadounidense Stereogum. «El océano es aterrador, vasto y abrumador, y también realmente relajante, hermoso y divertido», dice como si describiera su propia música, íntimamente ligada al escenario de la ciudad costera de Brighton donde se formó la banda en 2015. Aunque Dana empezó componiendo en solitario, el proyecto arrancó al unirse a Sam Yardley (batería), Georgie Stott (teclados) y Maddie Ryall (bajo) para formar Porridge Radio. Un año más tarde publicaban su primer largo Rice, Pasta And Other Fillers, muestra de una primera etapa lo-fi y garagera que, en Every Bad, ha evolucionado hacia una producción más ambiciosa y sofisticada sin renunciar al carácter DIY de la banda.

“Estoy aburrida hasta la muerte, discutamos”, empieza ‘Born Confused’ dando la pista de lo que sigue. “Tal vez cuando nací sabía algo y lo olvidé” es otro verso del tema que resume la dirección a la que apunta Dana en sus letras: una ambigüedad pretenciosa, directa y juguetona que esconde un núcleo vulnerable y abre puertas a espacios oscuros sin llegar a perderse en ellos. En el himno post-punk ‘Sweet’, el registro musical alcanza su dimensión más exuberante. Dana parece estar orquestando a sus demonios mientras su banda la acompaña con riffs que se contraen y se expanden a lo largo del tema, anotando pizzicatos y liberando densas nubes de fuzz.

“Hay muchas repeticiones en las letras, y resulta fascinante repetir lo mismo una y otra vez hasta que se vuelve algo más grande”, explica Margolin. La canción ‘Long’ es una clara expresión de la angustia por “estar perdiendo el tiempo”, creada con bucles líricos y riffs in crescendo que se van retroalimentando hasta alcanzar el hastío necesario para iniciar un movimiento hacia otra parte. Al final del tema, uno siente la satisfacción de Margolin por haber atravesado algo incómodo, dando muestra de la naturaleza del álbum: cada canción es un “mal” que debe ser atravesado y depurado.

El correlato que transita todo el disco es un ritual de inmersiones en el océano con el que encararse con las propias vulnerabilidades: “¿Dónde estaba tu hogar? / ¿dónde te sentiste segura?”, se pregunta Dana a sí misma en ‘Pop Song’. Cada vez que su voz se quiebra en Evey Bad se libera un llanto rabioso, como si hubiera algo de irreparable en la expresión de su dolor. Sin embargo, esa misma rabia revierte siempre en algo positivo: “Cojo lo que necesito […] siempre cojo lo que es bueno para mí”.

En el corte ‘Give/Take’, la guitarra y los sintetizadores se allanan para crear atmósferas dream pop con las que explorar dimensiones menos opacas de su personalidad: “Nos gustamos, pero tengo otras cosas que me hacen feliz”. Es esa ligereza que irrumpe entre el caos el contrapunto que da lugar a la magia de Every Bad. “Quiero que mejoremos / quiero que seamos más amables”, se repite en ‘Lilac’ hasta que algo parece romperse y rendirse. Y entonces uno se pregunta si la angustia que sondea el álbum no es más que el resultado de una mirada lúcida escrutando un mundo cada vez más afligido e inconsciente.

Aunque Every Bad no pretende ser revolucionario en la escena indie rock, la inclusión de elementos que distraen su pertenencia al género como el uso de Auto-Tune en ‘(Something)’ o secciones de cuerda en la mencionada ‘Lilac‘ le confieren una identidad única. No menos importante es su efecto catártico, que recae en la capacidad de la banda de Brighton por conjugar sentimientos de amor y de angustia. Llega, además, en tiempos en los que esta dicotomía emocional está más latente que nunca en el mundo.

«Soy un barco hundiéndose / no hay nada dentro / vuelvo a casa”, concluye Dana en el cierre ‘Homecoming Song’ después de haber explorado, en los diez temas anteriores, la sensación de desarraigo y la falta de pertenencia. Y nos recuerda que, tal vez, volver a casa era otra cosa.

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