20/03/2020

Charlamos con el vallisoletano aprovechando la salida de Neovalladolor, un disco inquietantemente premonitorio.

De repente, el futuro distópico que Erik Urano venía narrando durante toda su carrera ya está aquí: el contexto pega una voltereta y su no-rap pasa de futurista a costumbrista. Pese a todo, o quizá precisamente por todo, el vallisoletano publica hoy Neovalladolor, un disco inquietantemente premonitorio al que la actualidad le está haciendo la mejor promoción posible. El telediario se entiende mejor si se silencia la tele y empieza a sonar la nueva entrega de Flat Erik.

Que lo edite Sonido Muchacho, sello tradicionalmente guitarrero, viene a confirmar lo que ya sospechábamos: Erik Urano es varias cosas a la vez y ninguna al mismo tiempo. Él es su propia escena, aunque en ella siempre admite a los que también hablan su lenguaje, que no se descodifica únicamente a través del grime. En Neovalladolor le acompañan $kyhook, Merca Bae, Lost Twin, BSN Posse o su inseparable Zar1 a la producción y Niño de Elche, invitado en una ‘Drones‘ que habla de «una amenaza que no es digital», tráfico cortado y paquetes que llegan a casa. Erik Urano, «profeta de mil caras», lo vio venir antes que nadie. Una vez más.

¿Qué tal? ¿Cómo llevas estos días?
ERIK URANO: Bueno, bien. Ahora currando un poco porque es lo que me tocaba. Pero voy de casa al curro y del curro a casa.

¿Cuándo empezaste a ver que el disco iba a salir en un momento bastante extraño?
Pues no sabría decirte exactamente. Todo esto me ha pegado un poco de hostia en la cara como a todos, me ha pillado un poco por sorpresa. Lo veías venir pero no pensabas que iba a colapsar tanto todo. Pero hace un par de semanas empecé a tomar un poco de conciencia. Después llegó el estado de alarma y dije «uff, vaya liada, igual es el peor momento para sacar un disco». Pero igual es el mejor momento precisamente para sacar este disco. Es una sensación rara.

Es verdad que la situación encaja perfectamente con el disco. La intro es casi premonitoria porque hablas de una nueva época post-civilizada que provocará una nueva confraternidad universal.
A nivel infraestructura y a nivel ventas, es un momento horroroso para sacar un disco. Pero encaja perfectamente con el hilo conceptual del disco. Es el mood perfecto para escucharlo. Yo soy el primer sorprendido que no sabe ni cómo asimilarlo, pero ya estaba toda la maquinaria activa. Intentaremos surfear la ola. Ahora la peña tiene tiempo y este es un disco para escucharlo completo, así que quizá no es tan mal momento.

¿Sonido Muchacho o tú llegasteis a pensar en cambiar los planes o ya era mejor continuar?
Sí, ya era mejor echar hacia delante. El proceso ya había arrancado, la distribución ya había empezado, los discos y los vinilos ya estaban fabricados… La fecha se había venido muy encima como para andar cambiándola. Además, Luis de Sonido Muchacho (Luis Fernández) me dijo «joder, al final es muy buen momento para que la gente escuche este disco».

Siempre se había dicho de ti que tu música explicaba el futuro y ahora de repente parece que explica el presente.
La importancia del contexto se nota aquí más que nunca. Tengo la coña con los colegas de que yo había hecho un disco distópico o futurista y al final se me ha quedado en una crónica de actualidad. Ha sido una vuelta de tuerca brutal. Hay muchísimos contextos colisionando ahora mismo, es una situación muy peculiar.

Al final eres costumbrista.
¿Quién me lo iba a decir? Yo que huía de eso…

Tu contexto es Valladolid, queda claro desde el título. ¿Sigue teniendo tanta importancia el contexto a la hora de condicionar el sonido de alguien o internet ha conectado todo?
Sí, afortunadamente. El título tiene que ver más con una movida conceptual que geográfica. Al final, el disco pasa por Londres, Chicago, Jamaica… Millones de sitios. Internet ha derribado tantas barreras que un chaval de un pueblo de Soria de diez habitantes puede hacer la música más vanguardista del planeta ahora mismo. Eso es algo que me flipa de nuestra situación actual. Cómo el contexto físico ha dejado de tener sentido en los contextos digitales me parece súper bonito. Es ese tipo de globalización positiva.

¿El concepto Valladolor que has venido utilizando tiene tantas connotaciones negativas como puede parecer?
Siempre se habla de lo peyorativo que puede tener el término Valladolor. Al final, no es más que ese amor-odio que todo el mundo siente hacia sus lugares de origen o de residencia. Pero tiene una lectura positiva y esperanzadora, yo me lo planteé como la banda sonora que podría tener esa cara oculta de mi ciudad que yo destapo e intento mostrar.

¿Nunca has planeado mudarte a una ciudad más grande para favorecer a tu música? ¿No te has frustrado alguna vez?
Como nunca he tenido ese empuje o esas ganas de volcarme al 100% con esto, nunca he sentido tampoco esa frustración. A veces he sacado cosas y no han tenido el impacto o el reconocimiento que yo esperaba que podían tener, pero yo creo que el tiempo ha puesto cada cosa en su lugar. A pesar de no ser una movida mayoritaria porque a veces suena hostil y rara, creo que sí ha tenido calado y se ha creado una especie de red de gente que lo escucha y lo siente bastante. Así que estoy cómodo en esta situación.

Yo noto bastante respeto hacia lo que haces incluso entre gente que no es fan, ¿no?
Eso es algo que me hace sentir muy orgulloso. Es un respeto muy transversal e incluso multidisciplinar. Hay peña de fuera del rap e incluso de fuera de la música que desde otros contextos completamente distintos al mío lo ven con respeto. Quizá no queman los discos, pero aprecian el trabajo, valoran la artesanía. Ese respeto me hace sentir mucho orgullo, no me quejo en absoluto en ese aspecto. Prefiero este posicionamiento en la industria a cualquier otro.

Hasta ahora venías trabajando la producción a solas con Zar1, pero aquí hay muchos productores diferentes involucrados. A pesar de eso, el disco tiene un sonido muy coherente. Es una unidad.
Yo siempre he sido muy meticuloso en cuanto a la movida conceptual de los discos. Siempre me ha importado mucho la cohesión tanto en lo conceptual como musical desde los lanzamientos que hacía al completo con Zar. Buscábamos esa cohesión. Ahora es más complicado porque cada productor es de su padre y de su madre. Todo empieza a partir ideas abstractas que tengo en mi cabeza: me pasan un beat y solo yo soy capaz de ver si va a pegar en el producto final. Con algunas cosas he arriesgado más y con otras menos porque lo veía muy claro, pero el conjunto tiene mucha cohesión a pesar de que hay mazo de productores. Es muy rocoso. Ahora estoy muy contento en ese aspecto, pero hace un par de meses, cuando estaba en la etapa final de masterización y mezcla, llegué a pensar que me había salido el tiro por la culata. Pensaba que había intentado hacer algo que no había funcionado. Una vez acabado, lo visualicé y vi que había llegado al punto al que quería llegar.

Has estado un año y medio trabajando en Neovalladolor. ¿La idea madre se mantiene o ha cambiado mucho?
Ha ido mutando mucho, pero la idea estructural previa sí que la identifico. Se ha ido enriqueciendo y se han ido agregando matices. Tenía un paisaje en la cabeza y creo que sí me he acercado mucho a esa idea primigenia que tenía. Yo quería hacer un disco corto, pero sobre todo quería una cosa: que el disco funcionara como hilo narrativo y conceptual y que al mismo tiempo los temas funcionaran por separado sin necesidad de todo el conjunto.

¿Viene bien tener varias opiniones externas de productores para no perder la perspectiva?
Con la faceta del productor siempre he sido mazo de respetuoso. En este disco, además, quería darles voz. No literalmente porque no se les escucha, pero todos los temas tienen un rato para que los productores se peguen el gustazo. Hay muchos pasajes instrumentales, en todos los temas dejo mucho espacio para que se note la labor del productor.

A principios de 2019 ya avanzaste ‘Molecular’. ¿Tuviste muy claro que tenía que ser el primer single?
Ahí estaba ya trabajando en el disco. En un principio, dudé entre plantearlo como single suelto o meterlo en el disco, pero al final vi clarísimo que iba para dentro. Me gustó que fuera el primer single porque descolocaba bastante y a la vez era muy Erik Urano.

Se te colgó la etiqueta del grime hace tiempo, pero no sé si te gusta. Ya eres algo así como «Erik Urano, el que hace grime en España».
La etiqueta me gusta hasta cierto punto porque es un estilo que me gusta mucho, pero sí que es verdad que se me queda corta. Igual que se me quedaba corto que nos dijeran que hacíamos rap. Balaclava sí que tenía una línea más grime, pero este disco es una especie de mixtape de muchos estilos. El grime me mola, pero no me gusta que se abuse de la etiqueta porque es un género al que yo respeto mucho. Yo no quiero hacer géneros, yo quiero destrozarlos.

¿Por qué crees que la influencia británica no se nota mucho en la música de aquí si geográficamente no estamos tan lejos?
Yo siempre he creído que el rap que se hace en el Reino Unido tiene una personalidad y unos matices muy bonitos. Igual que el francés, aunque al francés sí le hemos hecho un poco más de caso. En cuanto a música urbana, siempre hemos tirado más de lo yanqui, no sé porqué. También es verdad que la escena inglesa es muy cerrada, no se da a conocer. En Estados Unidos sí ves a artistas con ganas de ampliar su público fuera, pero en el Reino Unido están muy encerrados en su propio circuito. Se junta un poco todo.

¿Te sorprendió que un sello tradicionalmente guitarrero como Sonido Muchacho se interesara por tu música?
Sí. Para empezar, me sorprendió porque nunca nadie se había interesado por mi música de ese modo. Es verdad que había sacado cosas con Gamberros Pro., pero eso era algo más natural. Esto es otra cosa. Me ayudaba a tomar lejanía de la escena rap. Me parecía bonito plasmar definitivamente ese distanciamiento que yo ya tenía a través de Sonido Muchacho. La gente quizá se podía esperar que saliera con un sello rap o incluso con un sello de electrónica, pero no con un sello indie. Parece que no pinto nada, pero yo creo que pinto todo.

¿No pertenecer a una escena en concreto ha sido más una ventaja o una desventaja para ti?
Más una ventaja. Desligarme de las diferentes escenas me ha traído más cosas buenas que malas. A veces hay demasiada necesidad por parte de los medios y por parte de la gente de crear escenas, que no dejan de ser un conjunto de cánones impuestos. Y eso ha hecho mucho daño a los chavales porque el deseo de encajar en una escena les ha acabado acotando creativamente. Han perdido toda su libertad creativa por someterse a los cánones de un género.

¿Con la etiqueta «música urbana» cómo te llevas?
Si con las etiquetas en general no me llevo bien, imagínate con esta. Sí que es verdad que en un momento dado hizo falta catalogar toda esa ola de alguna manera, sobre todo a raíz del salto a lo mainstream de C. Tangana. Entiendo que los medios generalistas necesitaban una etiqueta, pero fuera de esos medios yo no le veía ningún sentido. Con mis colegas yo nunca he hablado de música urbana porque es un término muy simplista. Pero entiendo que estamos donde estamos.

Al menos sirvió para que se dejara de llamar trap a cualquier cosa que llevara Auto-Tune, ¿no?
Eso es todavía peor. Se metían movidas dancehall en el trap, era de risa. Lo de la música urbana al menos incluye más cosas.

¿Todo esto de la música urbana dejará consecuencias positivas o al final se han repetido los mismos errores que en otras olas musicales anteriores?
Ha tenido cosas buenas y malas. Es un movimiento que ha hecho sentirse especiales a muchos chavales. A muchos les ha hecho creer que podían conseguirlo desde su cuarto con un ordenador. Ha democratizado mucho todo el rollo de hacer música, ha quitado barreras… Hay gente que ha hecho pasta desde su cuarto con su puto micro y su ordenador en su cuarto. Pero también tiene factores negativos. Aquí nos hemos quejado mucho de que en el rap siempre estaban los mismos en los carteles. Toda la vida hemos denunciado que los que acaparaban no dejaban crecer a los chavales. Y ahora está pasando algo parecido con otros artistas. Ha sido un «quítate tú pa’ ponerme yo», aunque sí que es verdad que hay gente como Yung Beef que se ha puesto a dar visibilidad a otros chavales. Ha aprovechado su posición para posicionar a otros.

De todo esto también han quedado momentos bastante simbólicos como el disco de $kyhook, Moonchies, que os reúne a muchos artistas diferentes. En unos años será bonito veros juntos en un álbum a ti, Sticky, Pedro Ladroga, Aleesha, Dano…
Mola porque es algo intergeneracional. Se ha dilatado lo suficiente en el tiempo como para unir dos generaciones: los que veníamos de un contexto más rap y los que han llegado después y a lo mejor se la suda el rap.

¿Qué estás escuchando estos días?
Pues poquita hostia. El disco de Somos La Herencia es de lo último que más he quemado antes de que se acabara el mundo. Yo soy mucho de escuchar música en la calle o yendo en transporte público porque no tengo coche, pero en este contexto posapocalíptico he estado más leyendo o viendo la tele en casa que otra cosa.

No sé si tienes opinión sobre el debate que estos días hay alrededor de los conciertos en streaming desde casa. Se habla de que devalúa el trabajo de un artista, pero la situación es muy particular.
Por un lado, estoy de acuerdo con ese mantra de no producir gratis porque luego no se valora. Es verdad que las cosas hay que pagarlas, pero también es normal que la gente esté hasta la polla en casa y quiera dar un concierto. No hace falta sacarle un discurso capitalista o anticapitalista a todo. A cada paso que damos surgen dos corrientes de opinión contrarias y parece que tenemos que sumarnos a un lado o a otro. Puedes ver el puto concierto o no verlo, puedes ir a pagar por un disco a Bandcamp o bajártelo pirata… Podemos tirar por muchos caminos. No se puede romantizar la precariedad en la cultura, pero tampoco nos podemos poner a repartir carnets de lo cultural.

¿El futuro del sector cultural cómo lo ves?
Lo veo bastante oscuro. No hace falta ser muy iluminado para ver que se viene una etapa de crisis económica y ya sabemos por todas las crisis de la historia que la cultura es lo que menos importa en estos casos. Tocará lucharlo, pero también quiero sacar una lectura positiva de todo lo que está pasando: cambiarán cosas, se caerán caretas, todo se recolocará… Si hemos sido capaces de cambiar todas nuestras prioridades en una semana, podremos sacar lecturas positivas de todo esto. Lo que estoy viendo a mi alrededor me hace tener más esperanza que desánimo.

¿Algún colega tuyo ya está notando las consecuencias a nivel laboral? Supongo que Valladolid es una ciudad muy industrial.
Los que tienen pymes o son autónomos están muy acojonados por estos meses de incertidumbre. Los que están en fábricas ya están metidos en ERTEs y movidas así. A los que curran en el sector musical se les han caído varios meses de trabajo. Lo estoy notando bastante a mi alrededor y solo acaba de empezar.

Tú trabajas con chicos y chicas que tienen dificultades de aprendizaje, ¿no?
Yo trabajo en un cole de educación especial con chavales con discapacidad que tiene servicio residencial y de pisos tutelados. Han reestructurado los turnos para atender las necesidades de la gente que vive en la residencia aunque el cole esté parado. Así es como tengo que arrimar el hombro en este momento.

Aunque no dedicarte exclusivamente a la música te haya podido limitar en algún momento, ¿a largo plazo has sido un artista más libre por no depender solo de tu música para vivir? ¿Te ha dado tranquilidad a la hora de hacer la música que has querido y cuando has querido?
Yo nunca he querido dejar mi trabajo porque me gusta y además he tenido la suerte de irlo compaginando con la música. Me ha limitado muy poco. Al contrario. No depender de sacar un tema a la semana me ha dado esa libertad de poder hacer música poco a poco. O a lo mejor he podido pagarme un estudio para grabar aunque sea a plazos. Al tener ya un trabajo asalariado, nunca me ha apetecido enfocar la música como otro trabajo. Eso le quitaría todo el romanticismo. No quiero sacar un disco por obligación para pagar las facturas. Respeto mucho a los que lo hacen, pero yo siempre he tenido claro que no es lo que quiero. No vivo la música como un trabajador de la cultura, eso se lo dejo a otros.

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