03/03/2020

En su primera visita a Madrid para presentar House of Sugar, el americano ofreció un espectáculo vibrante, mutante, enérgico, lisérgico y auténtico como pocos.

Hay artistas que gustan más o menos, con los que conectamos o no, que hacen mejor o peor las cosas, que tienen el apoyo de grandes discográficas detrás. Y hay otros a los que se los respeta. Una liga difícil, intrincada, casi una travesía por el desierto de un reconocimiento que siempre parece alejarse de forma natural de lo masivo. Uno de esos artistas es (Sandy) Alex G. Y no solo porque su trayectoria sea un ascenso constante que ha acompañado un igual de constante perfeccionamiento y un igual de insistente ánimo de hacer las cosas a su manera, sino por la expectación casi religiosa que se respiraba en la sala El Sol antes del comienzo del concierto, plana mayor del indie capitalino incluida. Con el cartel de todo vendido colgado con algunas horas de margen, la noche que representaba la primera visita del americano a Madrid no podía tener mejor pinta.Y la confirmación llegaría poco tiempo después, ya desde los primeros momentos de una ‘Gretel‘ que dio por comenzado un espectáculo vibrante, mutante, enérgico pero a la vez lisérgico, auténtico como pocos.

Emergió de una cinta en loop y avisó del sonidazo que acompañaría toda la presentación. Muy centrado en House of Sugar, su último disco, va enfrentándose junto a su banda a ligeras variaciones sobre los temas, a enlaces loquísimos como el que daba paso a la contundente ‘Kute‘ tras la rutilante ‘Bobby‘, y nunca bajan el pie del acelerador. Entregan con fervor, precisión y fiereza muestras de solvencia y temazos incontestables, como esa espectacular ‘Bug‘, y cuando es necesario bajan el registro a las tranquilidades de un folk plácido, como en ‘In My Arms‘. Entienden a la perfección lo cristalino y lo ruidoso, y hacen un homenaje a la unión de las dos realidades en una ‘Brick‘ que brilló entre los mejores momentos del concierto.

Para el final dejaron otro buen manojo de temas de House of Sugar junto a una coqueta interpretación de ‘Mis‘, uno de los viejos clásicos del de Pensilvania, pero lo mejor, aunque ni lo imagináramos, estaba por llegar. Un bis esquizofrénico y vertiginoso introducido por ‘My Heart Will Go On‘ (sí, el tema de Céline Dion para Titanic) en el que, tras ‘Fell‘, Alex G dejó al público la voz cantante para decidir el setlist, que terminó deslizándose por las oquedades eléctricas de ‘Gnaw‘, la sensibilidad ensoñada de ‘Sarah‘, la efervescencia de ‘Icehead‘… Incluso subieron Florrie y Lexie de Pet Shimmers, la banda que abrió la jornada con su dream pop rugoso, para atacar entre todos la caricia entre reconfortante y áspera que es ‘Brite Boy‘.

Mary‘, al despedirse, sonaba a joya, a regalo, a deuda saldada por todos y junto a todos, y rubricaba uno de los conciertos más bonitos, comunionales y completos que se recuerdan en Madrid, al menos en los últimos meses. No sabemos si Alex G regresará pronto a visitarnos, recogiendo los frutos de una trayectoria que tras mucho esfuerzo y camino por fin ha dado un salto importante de repercusión. Si lo hace lo volveremos a disfrutar. Si no, guardaremos el recuerdo como una de las estrellas fugaces más hermosas de nuestras vidas. 

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Foto. Pablo P. Campesino   Conciertos
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