24/02/2020

Crónica del concierto en Madrid de la mejor banda de 2019.

Llevo un rato pensando cómo arrancar esta crónica y no me sale. Perdonen, estoy oxidado. Creo que tengo algo en la cabeza para explicar Big Thief por fin. Para entender esa cosa que hacen, esa energía que transmiten. Pero no me sale. A ver si por el camino encuentro las palabras.

Tenía muchas ganas de verles. Llevo dando la coña desde que los descubrí en 2017 con Capacity. Recuerdo comprar ese vinilo y escucharlo hasta gastarlo. Cuando pude salir del bucle descubrí Masterpiece, el predecesor, el debut, y creo que me gustó incluso más. De hecho ‘Masterpiece’, la canción, me obsesionó. Esa segunda voz, esas guitarras chatarrosas, esa batería como un bisonte. Diré que Big Thief son exactamente mi zona de confort musical y que en estos años de he explorado mis propios límites menos de lo que solía, así que estoy encantado.

En 2019 dejaron por fin de ser una banda para amantes del género para llegar mucho más lejos. U.F.O.F y Two Hands acabaron, los dos, en la mayoría de las listas de lo mejor del año (también las nuestras). Aquí, sin ir más lejos, Not’ se coronó como mejor canción de 2019. Yo, que últimamente veo los toros desde la barrera, no daba crédito. ¿Víctor Trapero votando ’Not’ como canción del año? Is this real life? Pues sí. Y motivos sobran.

Los americanos llegaron a Madrid con un sold out de los de gente en la puerta pidiendo una ayudita. De los de no tendrás un amigo que conozca a alquien que sea primo del dentista del promotor. Y la gente llegó con tiempo: no habían terminado Pays P., sus meritorios teloneros, y la cosa estaba ya impracticable: el foso lleno, los laterales sin fisuras. Adrianne, Buck, Max y James salieron puntualísimos a las nueve y media de la noche y tuvieron los arrestos de arrancar flojito y con dos canciones nuevas. Presentando dos discos nuevos.

La cosa fue un poco fría hasta (es lo que tiene arrancar con dos temas nuevos y cambiar de setlist cada noche) que de las manos de Adrianne salieron las notas de ‘From’ y creo que no fue hasta ‘Shark Smile’, la primera con músculo, que conecté. De pronto Lenker se fue cargando como una pila. Aquí está una de las claves: canciones que van acumulando electricidad estática. Compases de batería duros que son como frotar un jersey fuerte. El aire se densa mientras Adrianne repite «guardrail, ohhh, the guardrail«. Y no explota, pero la energía es distinta y la complicidad es otra. Y entonces llega ‘Shoulders’. Recuerdo mirar a Adrianne mientras la cantaba y ser consciente por primera vez de lo que estaba diciendo. Juraría que la primera vez que levantó la vista durante un tema y miró con rabia al fondo de la sala fue al romperse la voz en el final de esta estrofa brutal: «You showed me how to keep myself from burning out. They found you in the morning, the blood was on your shoulders. They found you at the corner, your head was doubled over and the blood of the man who killed my mother with his hands is in me, it’s in me, in my veins«.

Y es que Adrianne ha vivido mucho a sus 27 años. Nació cuando sus padres acababan de entrar en la veintena, vivió sus primeros años de vida educada en una secta ultrarreligiosa, a los cinco años casi muere en un accidente tonto, antes de cumplir los 9 años ya había vivido en 14 casas distintas, entre ellas un diminuto apartamento que compartió con sus padres y una familia rusa con cinco hijos, a los 12 sus padres se separaron… En fin, que cuando uno lee que ‘son de Brooklyn’ se imagina otra cosa, no una furgoneta azul aparcada somewhere in Minessota.

Cuento esto porque en cierto momento del bolo es inevitable notarle a Adrianne estas cicatrices. Habla con una timidez extraña y tiene de pronto una inseguridad que parecería impropia de alguien con esas dotes musicales, con ese talento enorme para componer, cantar, tocar y emocionar. Para ella, como para tantos grandes, la música fue una forma de sacarse todo eso. Lo explicó en esta entrevista con The Guardian: «La primera canción que escribí, cuando tenía ocho años, fue sobre sentirme realmente enfadada; como con el peso de todo en mis espaldas. Fue como: «Estoy enfadada con el mundo. Solo quiero que este sentimiento se vaya. No sé si puedo soportarlo más«.

Esa rabia contenida que maceró durante años hasta convertirse en su primer tema sigue latiendo en algunas de sus mejores canciones. ‘Not’ es un ejemplo perfecto. Para mí esa canción es eso: una tubería a presión. Cuando baja en la mitad y se quedan solo la batería y su voz para volver a reventar en pocos segundos, no puedo evitar apretar el puño, subrayar la entrada de la banda con una coz en el suelo. En directo ’Not’ te arrolla y ves perfectamente cómo es ella quien manda. Como cada vez que se mete en uno de esos cortocircuitos de guitarras retorcidas, paseándose por el escenario, con ese cuerpo largo y fuerte como un junco, es ella la que decide dónde acaba la locura. No es hasta que ella levanta la mirada y el mástil que la banda entiende que va a salir del expresionismo eléctrico para volver a la tierra. Es como si esa rabia contenida, esa cosa interna suya, no pudiese salir solo en forma de canciones. Por eso esos aquelarres raros de electricidad enmarañada.

La cosa es que reventado el escenario, habiéndote ya movido las tripas con ese grito de ‘Contact’ como sacado de una pesadilla, Adrianne se descuelga la eléctrica, se coloca la acústica y, sin dejar de habitar el mismo espacio, vivir en el mismo mundo, y seguir sonando a Big Thief, te coloca una nana y te rompe el corazón.

Creo que pasan los discos y pasan las canciones y yo sigo enamorado de ‘Mary’, de su cadencia mágica y su letra fotográfica. Creo que es la canción de Big Thief que hoy está a la altura de absolutamente nadie más y que creo que tiene esa clave que quizás andaba buscando desde el principio. El cerebro de Adrianne es como una orquesta tocando con locura. Cerraron con ella y se fueron para no volver. La ausencia de bis, ese cliché un poco absurdo si lo piensas, me sentó un poco mal. Sobre todo porque la banda había entrado a mitad de concierto en una especie de bucle de preguntas filosóficas que al principio fue gracioso pero acabó haciéndose pelín pesado. Quizás el único pero a un concierto sobresaliente en el que, además, presentaron varias canciones nuevas. Una de ellas la arrancaron hasta dos veces y las dos veces fue Adrienne quien detuvo a la banda. “No está lista aun”, dijo avergonzada tras pararla por segunda vez. “Habrá que ver si algún día termina viviendo en este mundo”.

No hacía falta escuchar más de minuto y medio para desearlo muy fuerte.

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Foto. Pablo Luna Chao (Barcelona)   Conciertos. Opinión
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