06/02/2020

Charlamos con la cordobesa a propósito del lanzamiento de Sanación, su primera colección de canciones.

Aunque lleva un par de días encadenando entrevistas, María José Llergo parece lejos de cansarse de hablar sobre Sanación, su primera colección de canciones publicada el viernes pasado. «Pregúntame sobre las letras, sobre la portada, sobre el título; sobre lo que quieras». Y, efectivamente, se le puede lanzar cualquier pregunta, pero ella no está dispuesta a devolver cualquier respuesta: reflexiona, se explica, pone ejemplos y se asegura de que se le entiende exactamente como quiere que se le entienda. Los compromisos promocionales le devuelven por unas horas a Barcelona, a donde en su día llegó desde Pozoblanco (Córdoba) con 19 años y una beca para estudiar canto moderno y jazz. Ahora, ya con 25, el lanzamiento de Sanación le pilla asentada en Madrid, bastante más cerca de sus abuelos y su pueblo, los dos centros gravitatorios hacia los que siempre vuelve la conversación. Se alarga durante tres cuartos de hora, aunque unos cuantos asuntos se quedan sin tratar. «Anda, al final no te he contado que el disco tiene siete canciones porque hay una por cada chakra», recuerda después de una charla sobre hacer (o no) flamenco, conocer la industria por dentro o etiquetas que no valen.

En alguna entrevista te he escuchado decir que cantar es como respirar para ti. Entonces, ¿no es un poco raro intentar explicar en una entrevista algo tan natural e irracional?
MARÍA JOSÉ LLERGO: La sensación que tengo en las entrevistas es como si todo lo que siento, pienso, sé y recuerdo intentara salir por mi boca como si fuera un embudo y el resultado se cribara mucho. Da rabia. Es imposible definir la música o que nos acerquemos a su complejidad a través de una respuesta corta a una pregunta concreta en una entrevista. Pero bueno, se intenta.

¿Estabas impaciente por lanzar Sanación?
El disco lleva acabado desde octubre, tanto la música como el arte. Pero no estaba impaciente. Todo lo contrario. Tenía la necesidad de hacerlo tranquila, despacio, de prepararme para un proceso que es como salir de tu cueva de repente y estar expuesta a que todo el mundo opine. Necesitaba estar segura de lo que estaba haciendo. Necesitaba enseñárselo a mi familia y que me dijeran qué sentían. Quería que ellos lo escucharan antes que nadie. La decisión que yo tomé en abril al fichar por Sony se está empezando a materializar y tengo que saber disfrutarla. Con mis principios y mi libertad por delante. Con mi raíz intacta.

Justo iba a preguntarte por Sony y cómo es ver desde dentro la industria, que siempre suena como a sitio lleno de gente malvada que solo piensa en sacarte el dinero.
La mafia de la industria, ¿no? (Se parte de risa).

¿Cómo han encajado tus ritmos y tus plazos con los suyos?
Ha sido muy fácil para todos porque desde el primer momento fuimos muy sinceros los unos con los otros. Les dije esto es lo que soy, soy María José y mi arte es una prolongación de mi persona. Si María José vive, María José escribe y María José canta. Este es mi camino y, si queréis acompañarme, vamos a hacer un buen trabajo juntos. Vamos a caminar juntos hacia donde el arte nos lleve. Pero si lo que queréis es cambiarme o véis en mí una especie de proyección que queréis manufacturar, estáis cometiendo un error. Yo para eso no sirvo, seguro que encontráis a alguien mejor”. Me corrompería, me quedaría como yerma. Ellos me escucharon y me entendieron desde el primer segundo. Cedieron y yo también cedí. Tenía muchos estereotipos respecto a la industria y este tipo de preguntas me las hice muchas veces a mí misma. Hice un trabajo muy grande. Me decía “vamos a ver, María José, tú estás en una empresa, pero las empresas las componen personas. Escúchalas”. Y hablando se entiende la gente. Me quité los estereotipos para con ellos porque yo no quería que los tuvieran para conmigo. Logramos a entendernos después de un período muy largo, de mucha tranquilidad. Laura (NdR: Laura Llamas, su mánager) y yo hablamos mucho y llegamos a este camino en el que nos encontramos con ellos y decidimos asociarnos. Seguramente, sin ella yo nunca hubiera llegado a hablar con multinacionales. Porque yo pensaba que era un mundo que a mí no me pertenecía, pensaba que yo iba a ser una intrusa ahí. Ella me ha enseñado que mi lugar está donde yo elija. He sido totalmente libre para decidir qué me pongo, qué publico en mi Instagram, qué escribo, con quién trabajo, cómo es mi proceso creativo, qué sonoridad quiero emplear…

¿El título es tan literal como parece?
A mí me ha tocado vivir esta oportunidad en un momento en el que realmente necesitaba sanarme. Tenía una mochila tan grande de experiencias dolorosas que no me permitía tirar pa’lante. Necesitaba soltar lastre y aprender de las cosas que no me habían hecho bien para seguir construyendo. Necesitaba tener un terreno firme sobre el que construir. Este disco es un reflejo del momento en el que yo me encontraba cuando, de repente, me llega la oportunidad de realizarme como siempre he querido, pero en cierto modo pensaba «no me la merezco», «no estoy preparada», «esto no es para mí»… ¡Cuando es algo que llevo haciendo desde siempre! En realidad, no es que no estuviera capacitada, sino que psicológicamente estaba tan cansada que no podía. Así que utilicé esta oportunidad para sanarme. Todo lo malo se ha quedado ahí puesto con la máxima belleza que he sido capaz de aportar.

¿Es complicado sanarse de cara al público?
El mayor favor que me puedo hacer a mí y al que decida escucharme es ser sincera y honesta. Yo no me estoy exponiendo al mundo con el nombre de otra persona; me estoy exponiendo con mi nombre completo. Y si María José está rota y se está reconstruyendo, qué menos que decirlo. Más que nada para que se entiendan las letras.

¿Y ahora qué tal estás?
Pues me he quedado muy a gusto, la verdad (risas).

¿Todo el disco está hecho desde momentos negativos?
Hay mezcla. ‘El Péndulo‘, por ejemplo, simboliza el vaivén de las emociones. Si el péndulo se para, nos hemos muerto. Todo lo que está vivo en la naturaleza se mueve. Si tú sientes, a veces te duele  y a veces no porque el péndulo se mueve. Eso es que estás vivo. Si dejas de sentir, ha muerto una parte de ti.

Tú has podido actuar y girar mucho antes de la salida de Sanación. ¿Ayuda a testear tu trabajo?
Yo soy una muchacha que ha cantado mucho más en directo que en estudio. De hecho, he cantado mucho más sin micro que con micro en mi vida. Para mí, la forma de comprobar que las cosas funcionan a nivel emocional en una canción es probándola en directo. Cuando doy algún concierto, aprovecho para comprobar si un tema nuevo me deja expresarme como yo quiero. Es lo que he estado haciendo siempre.

¿Cuál es la prueba definitiva para saber que un tema funciona?
Cuando la gente que te rodea te ve reflejada en él. Y te dice “te reconozco, hija”, “te reconozca, prima”. Eso es lo más bonito que hay. Esa es la mejor garantía de éxito. Bueno, es que eso es el éxito en sí mismo.

¿Y tú te reconoces a ti misma cuando te escuchas?
Me reconozco a mí misma, sí. Por eso intento ser sincera y honesta. Para que cuando pase el tiempo, pueda mirar hacia atrás y reconocerme. Eso solo puede pasar poniéndole el máximo corazón.

‘Niña de las Dunas’, por ejemplo, ya tiene algunos años. ¿Cómo la escuchas ahora?
Hace un tiempo que la grabé y sigo reconociéndome en ella. En un tiempo podré decir «mira cómo era la María José». Si la hubiera sacado por tendencia o por moda, lógicamente sería caduca. Si te comportas teniendo en cuenta las estaciones, llega la siguiente temporada y tu ropa ha pasado de moda. Por eso en mis letras no abordo términos mercantiles o etiquetas. Hablo del tiempo, de cantes antiguos, de cosas que he aprendido a lo largo de mi vida, de las cosas que me enseñaba mi abuelo… Él tiene 90 años, pero su discurso nos da mil vueltas a los de ahora. No se queda obsoleto en absoluto. Los valores más esenciales permanecen a través del tiempo.

¿Hay temas que no se pueden abordar a través del flamenco?
El flamenco siempre sabe reflejar la sociedad de su tiempo, década tras década.

Has pasado varios años en Barcelona y ahora vives en Madrid. ¿No te da miedo que vivir en una gran ciudad te haga despegarte de tu tierra y te sea más difícil escribir?
En mis primeros años en Barcelona apenas podía ir a casa. No tenía tiempo y no tenía dinero: el AVE con carnet joven me costaba 80 € de ida y 80 € de vuelta. Tenía que estar aquí estudiando. Los primeros años casi no veía a mi familia. Los llamaba por Skype cada dos por tres y nada más. Estar lejos de ellos fue el precio que yo tuve que pagar para aprovechar la pequeña oportunidad que tuve, pero jamás sentí lejos mi tierra. Cuanto más lejos estaba de mi tierra, más me tiraba ella. Cuanto más lejos estaba de mi familia, más sentía su cariño y su amor. Yo siempre le he escrito a mi tierra, siempre le he escrito cuando estaba lejos, siempre pensaba y pienso en volver a ella. No me da miedo alejarme porque sé que siempre me espera. Siempre tengo un sitio al que volver.

¿Has ido hace poco?
Pues fui el domingo pasado. Llegué a las 8 de la mañana y a las 10 de la noche me volví. Llegué, le di una sorpresa a mis abuelos y me los llevé al campo para pasar un día bonito. Y luego, a volver a currar.

¿Pasas mucho tiempo en el estudio?
Me encanta estar en el estudio. Intento crear, dar rienda suelta a mi creatividad y a lo que yo tengo dentro. Para este disco he tenido contacto con sintes, con tecnología musical, con otro tipo de herramientas a las que no tenía alcance antes de estar en Madrid. El estudio es Disneyland para mí. Nunca me quiero ir. Se me pasan las horas volando.

¿Te preocupa no dejar de sonar a flamenco si alguna vez quieres que sea así?
Mi voz es un vínculo con mi tierra y me enorgullece muchísimo. Mi tierra se abre paso a través de mi voz. Es que es muy fuerte. Cuando yo llegué a Barcelona, me dieron una beca en el Liceu para canto moderno y jazz. Y recuerdo que todo lo que cantaba estaba bañado por Andalucía. Me decían «es que no suenas a blues«. Y yo decía: «Ya, ¡es que yo soy de Pozoblanco!». Cantara lo que cantara, tenía ese deje andalusí que se abre paso a través de mí sin que yo pueda evitarlo. Yo simplemente me presto a ello y me encanta.

Imagino que tu disco puede emocionar igualmente a alguien acostumbrado a escuchar flamenco y a una persona que no tiene contacto con esos sonidos. ¿Qué te parece más complicado conseguir?
Toda emoción es digna de valorar. Ninguna emoción es más válida que otra. Agradezco las dos, me enorgullecen ambas. Este disco está hecho para que pueda ayudar a alguien que lo necesite igual que me ha ayudado a mí. La emoción sale instantánea como respuesta a algo positivo o negativo, no se puede controlar.

¿Qué es lo que más te gusta a ti de Sanación?
Me encanta que el disco lo abre mi abuelo y no lo abro yo. Lo primero que se escucha es una conversación con él que grabé con el iPhone. Llamé a la puerta de chapa de su casa, nos saludamos, nos dimos un abrazo y nos reímos los dos. Me encanta que mi disco se abra abriendo mi universo al resto.

En muchos carteles de festivales eres la excepción flamenca. ¿Te sientes un poco extraña en esos contextos?
Yo es que nunca he estado en ningún circuito. Cuando estaba en Barcelona, me iba a todas las jam sessions y cantaba por todas partes. Luego me iba al Cronopios y me quedaba embobada con los poetas y sus micros abiertos. Un día estaba en una jam de flamenco y al día siguiente me iba a la de jazz. Me apuntaba a todas las jams de los conservatorios a los que iba. Estuve en dos coros de góspel. No he estado en ningún circuito cerrado ni en ninguna escena. He compartido tiempo con músicos muy diferentes y he aprendido con ellos. Nunca me he querido encuadrar en nada porque las etiquetas nunca me han parecido concretas. Siempre son parciales. Solo sirven para conocer algo en su superficie y eso no merece la pena. ¡Vámonos a la profundidad!

Estaría guay si después de verte en alguno de esos festivales nos fuéramos al tablao, ¿no?
Ufff, esa sería la verdadera revolución del flamenco. El flamenco no se revoluciona si tú no vas al tablao. Lo que yo estoy haciendo es una propuesta de autor. Lógicamente estoy impregnada de mi cultura, pero estoy componiendo libremente. Me he ido nutriendo. Si quieren conocer el flamenco, que vayan al tablao. No quiero decir ninguno en concreto porque los demás se van a enfadar, pero hay montones de tablaos. Que la gente escuche cante clásico porque hay joyas. Tenemos una música tradicional aquí que tenemos que valorar.

¿Qué recomiendas escuchar a alguien que no conoce los palos o no tiene mucho bagaje flamenco?
A mí me gustaría que la gente leyera las letras de Manuel Molina. Que escuchara el cante de Lole Montoya, Aurora Vargas, La Paquera, Sandra Carrasco, Rocío Márquez, Arcángel… Si nos vamos más hacia atrás, me gusta muchísimo el Niño Gloria, Chacón, Vallejo. Y Camarón, lógicamente, que es el favorito de mi abuelo. La Niña de los Peines, la Niña de la Puebla. Escucharía el «Reniego» de Tomás Pavón, que es una seguiriya que se te va la cabeza.

¿Escuchar todo eso puede ayudar a entender tu disco?
Es que mi disco no es flamenco. Es un disco de autor. Las melodías y las letras son propias. Por ejemplo, el primer tema tiene ritmo de soleá y el último es por seguiriyas, pero no son soleás o seguiriyas tradicionales. Es una letra mía que en ese momento yo sentía la necesidad de soltar con un ritmo de soleá. Simplemente me estoy expresando libremente. Soy una persona de Pozoblanco haciendo música lo más sincera posible.

No te acompleja hablar de referentes, ¿no? A veces parece que es un tema tabú, pero tú lo haces con mucha naturalidad.
Eso depende de la autoestima del entrevistado, ¿no? Yo no tengo miedo, no me acompleja. Todo lo contrario. Es agradecimiento que yo le hago a mis referentes. Es una forma de compartirlos por si alguien más se quiere enriquecer con ellos. Por cierto, no he mencionado a Estrella Morente. Y mi voz ha crecido muchísimo escuchando a los Morente. Para mí es un orgullo increíble hablar de mis referentes porque así se entiende de dónde vengo. Si no, no tiene sentido.

¿Crees que se habla con respeto del flamenco? A veces me da la sensación de que se usa de manera demasiado amplia.
Es una disciplina que conlleva no solo cante, sino baile, toque y una estética propia. Así que es muy amplio, sí, pero hay que hablar sobre ello con propiedad porque es una identidad. Es la música clásica de Andalucía. Nuestra Billie Holiday es la Niña de los Peines. Es necesario reconocerlo. Es la esencia de una región plasmada en arte. Es la impronta de un pueblo.

¿La etiqueta «nuevo flamenco» la entiendes?
A mí me chirría muchísimo. Yo no me identifico con eso. Yo solamente soy una muchacha de Pozoblanco que de mi boca sale flamenco porque estaba en mi casa cuando crecía, pero no pretendo ser la que revolucione nada. No puedo revolucionar algo que es una revolución en sí mismo. Eso es el flamenco: gente cantando las cosas que le dolían a lo largo de la historia. Es una música que responde a la opresión. Hay muchísima más memoria en las letras del flamenco que en muchos libros de texto. Es un encapsulador de nuestras vivencias, de nuestra historia, de nuestro paso por el mundo. De la historia de Andalucía y de la historia de España.

¿Qué le puedes decir a los chavales y las chavalas que empiezan a cantar ahora con la edad con la que tú empezaste?
Solamente les diría algo que dijo Gata Cattana en una de sus canciones: no es que ellos estén locos, es el mundo el que está loco. Que confíen en sus sueños, que luchen por ellos. Solamente ellos pueden llegar hasta donde ellos sueñan. Si lo ven claro, que no se rindan. Si yo he podido hacerlo, cualquiera puede. Y que protejan su voz porque solamente tienen una y es diferente a todas. Que la utilicen con conciencia porque la palabra tiene mucho poder.

¿Tú siempre te has llevado bien con tu voz? ¿En alguna época te ha dado vergüenza cantar?
A mí no me daba vergüenza cantar, pero sí que me vieran porque era como exhibirme. Cuando cantaba en el coro de la iglesia siendo muy chica, me escondía detrás de la guitarra. Cantaba porque me gustaba, pero pensaba: «Por dios, que nadie me vea, que me muero de vergüenza».

Quería preguntarte por algo que a veces hacemos en la prensa musical, especialmente con artistas femeninas. Tenemos fijación por nombrar a la nueva reina del soul, la nueva reina del flamenco, la nueva reina del trap… Si hay una nueva, quiere decir que antes había una vieja que ya no sirve. ¿No habría que sumar en vez de sustituir?
En algunos momento me río por no llorar, pero no sé por qué lo hacéis. No me gusta que se haga eso porque perjudica el arte y condiciona al oyente. Flaco favor le hacemos a la música si orientamos el arte como una competición. Si es que no hay manera de llegar primero al arte porque no hay meta. El arte es un fin en sí mismo, no es una meta. Esa autocrítica que haces es positiva porque te permite aprender y huir de eso. En el arte hay sitio para todos. Es tan amplio que acepta a todo el mundo. Lo mejor del arte es que no es obligatorio: tú coges lo que a ti te hace feliz y te lo quedas. Y lo que no te guste, pues no lo escuches, ¿no?

María José Llergo presentará las canciones de Sanación en L’Auditori de Barcelona el próximo 14 de febrero. Consigue tu entrada aquí.

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