04/02/2020

En su segunda visita a Barcelona, la primera en sala, Danielle Balbuena desplegó su arrolladora energía hasta revolucionar por completo las calles con su mensaje.

Danielle Balbuena lo tiene todo a su favor: un padrino tan mediático y venerado como Kanye West –quien no solo la ha invitado a colaborar en varios de sus temas sino que además la fichó en su propio sello G.O.O.D. Music, con su consecuente alianza con Def Jam–, un productor de grandes astros del hip hop estadounidense como es Mike Dean, unos apabullantes hits primerizos (‘Honey’, ‘Glitter’, ‘Accusations’, ’Morrow’…) que allanaron su camino y labraron su mejor carta de presentación al mundo, el hecho de moverse en esa encrucijada tan de moda en estos días entre el mundo norteamericano y el latino, una voz moldeable que la hace vencedora tanto en el hip hop como en el R&B, su estilo pop ecléctico, su juventud y un directo hiperactivo y arrollador, como descubrimos en el pasado Primavera Sound 2019 en la que fue su primera visita a Barcelona. Para la segunda, celebrada con La (2) de Apolo a punto de reventar y ante un público bastante más joven que el que habitualmente suele frecuentar la sala, el terremoto 070 Shake ya venía con un disco de debut recién salido del horno, Modus Vivendi, algo que le permitió desplegar su entidad artística más completa hasta la fecha y nos permitió a nosotros comprender la envergadura real de su propuesta. “Espero que me deis todo lo que tenéis porque yo también os daré todo lo que tengo”, exclamó desbocada tras irrumpir en escena.

En lo musical, la apertura del concierto fue similar a la del álbum, con la voz sumamente elástica de Balbuena elevándose sobre los sintetizadores suaves y etéreos lanzados por su DJ en ‘Don’t Break The Silence‘ y el contrapunto vibrante y tormentoso que supone ‘Come Around‘, tema en el que clama desesperadamente por el amor como una imperiosa necesidad para sobrevivir. Fue precisamente entonces cuando pidió a las parejas del público que se abrazasen entre ellas y a los solitarios que lo hiciesen con desconocidos, quizá porque sabía que durante la siguiente canción todo el mundo tendría los brazos en alto para sujetar el móvil pese a que ella pidió que nos lo tomáramos como «una partida de ping-pong». Pues allí estaba su máxima joya de pop híbrido, ‘Morrow‘, que cambió por completo el curso del show al confirmar que la versatilidad vocal de 070 Shake es su principal fuerte; su voz adopta infinitos matices más en directo que en el estudio. Además, revalidó la sensación que tuvimos en el Primavera de que a su corta edad ya es un auténtico animal escénico, capaz de dirigir a las multitudes mientras brinca con ímpetu y fiereza de un lado al otro del escenario. Siempre, eso sí, transmitiendo mensajes positivos y rechazando cualquier tipo de toxicidad. «Si alguien está molesto o enfadado, ahí tiene la puerta», llegó a vociferar.

Recuperaría un par de temas de su EP Glitter (2018) cercanos al emo trap, el homónimo y un enorme ‘Stranger‘ que hizo saltar a todo el mundo, agarrando del brazo a las personas de las primeras filas en esa constante búsqueda suya de la conexión colectiva, de derramar por completo toda la energía de su interior y hacerla llegar hasta el último de sus nuevos fans. De vuelta al disco, combinaría momentos altamente agitados con otros más contemplativos y de puro alarde vocal: de ‘Divorce‘ y su ingente dosis de Auto-Tune con un extasiado final de guitarras imaginarias al pop ambiental de ‘Nice To Have‘ pasando por su single más reciente, el adictivo ‘Guilty Conscience‘, todo fue in crescendo a excepción de aquellos momentos que, quizá en exceso, 070 destinó a sermonearnos con frases que parecían sacadas de un manual de autoayuda. Por suerte, las voces soul de ‘It’s Forever‘ coreadas por los asistentes dieron paso a dos claros highlights de la noche, la muy traviscottianaRocketship‘ y una apoteósica ‘The Pines‘ –tema del álbum que interpola una versión de Nirvana– para la cual pidió que una chica del público, su «rocker girl», la acompañase a bailar sobre el escenario, momento en el que Balbuena desplegó toda su maestría a la hora de rapear entre tenebrosos instrumentales. Y hubo pogos, y varias mujeres del público le enseñaron los pechos, y…

Aunque 070 Shake había generado ya el clímax perfecto tras hacernos bailar al son bombástico de ‘Honey‘, el «I wanna get high» de ‘Under The Moon‘ se vino un poco abajo cuando se vio obligada a detener el concierto por problemas técnicos. Al parecer, estos no pudieron resolverse tras una larga pausa, así que ella, muy profesional, optó por cantarnos completamente a cappella el fragmento de su colaboración con Kanye West en ‘Ghost Town‘. Quizá porque aquello no fue suficiente para amansar a las fieras, bien porque ella misma se quedó con ganas de más, la artista decidió que la cosa no iba a terminar ahí y pidió a los asistentes que la siguieran afuera del edificio del Apolo. Una abultada procesión la acompañó entonces hasta la plaza de las Tres Chimeneas, donde la de North Bergen, completamente rodeada de smarthpones, siguió predicando valores como el amor, la tolerancia y el respeto ya que «el mundo necesita un cambio y este empieza por nosotros». Un servidor grabó un vídeo de ese preciso momento que Rosalía reposteó posteriormente en sus stories, quizá también sorprendida de que puedan pasar cosas así entre los barrios populares del Raval y el Poble-sec que ella tan bien conoce. Puede que, a estas alturas, el mesiánico mensaje de la predicadora 070 Shake ya esté resonando por todo el mundo.

 

 

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#Rosalía shared on her Instagram story, this video of #070Shake taken by @maxmarcos after her concert in Barcelona, Feb 2.

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
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