18/01/2020

Dos días de llenazo en el Price. Así se presentaba la parada de su primera gira como tal para presentar su primer disco, el chiquitito Pero No Pasa Nada, en Madrid.

Si su carisma y naturalidad (y un poco también esa actitud naive que tan bien queda plasmada en el disco y que se ve gratamente desbordada en directo) fueron fundamentales para conquistar al público durante su paso por la academia de Operación Triunfo. Está claro que su faceta como jukebox de temazos alternativos le hizo ganarse la atención de esa crítica tan crítica con productos con semejante trayectoria. Pero más allá de eso, le hizo ganarse el respeto y la admiración sincera de los que creen en caballos de Troya, en dudar de cualquier preconcepción y en rechazar la rigidez de los géneros y los estilos. Los subversores, que es lo que ha hecho esta chiquilla de apenas 20 años con un concepto tan musicalmente tóxico como puede ser un talent.

Por eso, y sin complejos, Amaia ataca las canciones que le apetecen, un poco igual que hacía en OT y en la gira de después de estrenarse en el Primavera Sound. Pero manteniéndolas dentro de un discurso bastante unificado, sin salidas y sin desvaríos, dentro de un espectáculo difícil y magníficamente hilado que repasa íntegro su debut junto a alguna canción no publicada que ya es fan favourite y varias joyas. Joyas que incluyen el ‘Tú Me Acostumbraste‘ de Frank Domínguez (un bolero cubano que han cantado desde Luis Miguel hasta Natalia Lafourcade de la mano de la diva del Buena Vista Social Club Omara Portuondo), el temazo (como lo denominó la propia Amaia) del grupo de Donosti La Buena Vida, ‘Qué Nos Va A Pasar‘, ‘Medio Drogados‘ de Los Fresones Rebeldes (como cierre para ‘Me Gusta Bailar‘) o un chotis de Olga Ramos, muy apropiado para la ocasión. Pero ojo, también una excelente interpretación de la postimpresionista ‘El Puerto‘, la segunda pieza del primer Cuaderno de la suite Iberia de Isaac Albéniz, considerada una de las mayores composiciones para piano de la historia de la música española y con un indiscutible recuerdo a Debussy. Amaia tuvo que abandonar el conservatorio para entrar en Operación Triunfo y esta fue la obra con la que se examinó en el último año que cursó. Introducirla es tanto un homenaje a sí misma como una forma de recordarse que siempre hay que tener presentes los orígenes.

La mayoría de estos momentos se suceden en el epicentro del espectáculo, cuando la pamplonica se queda sola y sin el acompañamiento de su engrasadísima banda. Le permiten relajarse, meterse al público en el bolsillo. Pero es incluso más interesante ver y oír cómo Paula Vegas a los sintetizadores, Miquel Sospedra al bajo, Aleix Bou a la batería y nada más y nada menos que Núria Graham a la guitarra (compañera de sello, amiga y partícipe en la grabación del disco) la abrigan lo justo, con la serenidad de una gran banda de soft rock, soleada y diluida pero certera también, francotiradora. Mientras, ella aporrea el piano en temas como la inicial ‘Un Día Perdido‘ o se desquita a la acústica en ‘Quedará En Nuestra Mente‘. Junto a Núria repasa esa casi ranchera que le pidió para cerrar el disco, ‘Porque Apareciste‘, y así permite entrar de nuevo a la banda, que se va sumando poco a poco mientras van pasando la solemne y reflexiva ‘Nadie Podría Hacerlo‘ y el baladón ‘Cuando Estés Triste‘. Para entonces ya están todos los registros abiertos y se viene la fiesta final, coronada por la explosiva ‘Quiero Que Vengas‘ y su progresión de bombo à la ‘Rebellion‘ a prueba de auditorios sentados y por la soberbia ‘El Relámpago‘, sin duda una de las mejores canciones del año que acabamos de dejar. Pero la propia Amaia reconocía que este clímax no tenía nada en comparación con el que fue el momentazo del concierto: Natalia del primer OT saliendo por sorpresa a cantar con ella ‘Vas A Volverme Loca‘ y a recordarnos nuestra niñez (o adolescencia, o madurez, o lo que cada uno quiera poner aquí).

 

 

En realidad, todo lo que ocurre durante la hora y cuarto que dura el concierto lo resume muy bien la propia Amaia cuando versiona ella sola a la guitarra el ‘Desde Que Tú Te Has Ido‘ de Cecilia, ya metida en los bises. La candidez pero también la garra, eso que José María Íñigo llamaba “sentimiento”. Y Amaia, además, tiene una gran voz. Compararlas es absurdo, pero es imposible no recordar que la madrileña, que vio su carrera (y su vida) truncada por un accidente de tráfico cuando tenía solo 27 años, ponía cuando quería un pie tanto en la bossa como en el pop candoroso, coqueteaba con el folk o con el blues y viajaba de referencias latinas a otras más británicas a placer. La canción de los 70 está más viva que nunca con una Amaia que tan solo está aprendiendo a conocerse a sí misma, en su propia vorágine, como la que encuentra su música en el pop de los 2000, de La Oreja de Van Gogh y de Pereza. Disfrutando de hacer canciones fáciles, sencillas, como muchas de las que les gusta escuchar. Reivindicando lo simple, lo humilde, lo natural. “La guitarra suena un poco mal pero no importa porque es verano”, canta en primer plano ante un micro ambiente mientras su banda la flanquea desnuda a las voces y a las guitarras y todo el público se funde en el último coro. Nadie podría hacerlo mejor.

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Foto. Inverfest 2020   Conciertos
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