18/12/2019

Segunda parte de nuestro repaso a los mejores álbumes del año.

LOS MEJORES DISCOS DE 2019: DEL 75 AL 51
LOS MEJORES DISCOS DE 2019: DEL 25 AL 1

50. Cupido – Préstame Un Sentimiento

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Con la publicación de Préstame un Sentimiento, la unión de Pimp Flaco y Solo Astra ha afianzado el éxito de su apuesta por integrar el indie y el trap, resultando de ello una suerte de dream pop pasado por autotune, extremadamente pegadizo y conectado con las demandas de ese público que ha visto desbancado el monopolio indie de la escena urbana, en la que ahora confluyen distintas corrientes en paralelo y que, con Cupido, crean una anomalía y se entrelazan como si el malote de la clase se aliara con el empollón. Que eligieran el 14 de febrero le dio al lanzamiento ese aire de romanticismo cutre y simplón que no solo se imprime en la pose de la banda, sino que atraviesa todas las canciones con letras que maman de la soberbia propia del trap pero endulzadas a base de mensajes cargados de entrega amorosa y lenguaje millennial, fondos de guitarras y sintes que componen una paleta sonora de colores pastel, reverb de corte ochentero y ritmos R&B. Corre a su cargo la nacionalización del bedroom pop vaporoso de Clairo, Boy Pablo o The Marías, y el resultado ha sido tan certero que no se les puede sacar la etiqueta de “fenómeno”. Temas como ‘No Sabes Mentir’ o ‘Continúa’ te entran a la primera como zumo fresco de limón en pleno agosto. ‘5 Senti 2’ y ‘U Know’ despiertan de una bofetada a nuestro yo quinceañero que lidiaba con el primer amor, las malas notas y el acné, y con ‘Milhouse’ te dan ganas de llamar a tu pareja y decirle que se venga, que la vida es chula y que entre dos la división siempre sale mucho más a cuenta. (Lluc Mulet)

49. Jenny Hval – The Practice of Love

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Resultará complicado encontrar este año discos tan bien trenzados como The Practice of Love. En la era de los singles sueltos, del “está bien pero se hace muy largo” y de esconder las prisas por publicar algo juntando cuatro temas y llamándolo mixtape, Jenny Hval ha lanzado ocho canciones que apenas necesitan silencio de separación entre pistas, ni títulos distintos más allá que el del disco. Nos explicamos. Es como si todas estuviesen bajo la misma nube gris y temperatura fría y desprendieran la misma voluntad de intentar apartarla en busca de calidez. Un optimismo moderado, más bien frustrado, que a ratos gana la batalla, y a otros se rinde por completo. Hasta cuatro voces nos cuentan esta aventura en el disco: Vivan Wang, Félicia Atkinson, Laura Jean y la propia Jenny Hval. Una aventura, la del amor, que adopta mil caras, todas ellas poco recurrentes; la de la conversación entre dos amigas por Skype sobre un embarazo de mal final en ‘Accident‘, o el metasueño hecho canción de ‘Ashes to Ashes‘, o la descripción por la naturaleza en la canción que abre, ‘Lions‘. Si siempre hemos relacionado a Hval con música poco accesible y paisajes imposibles (su anterior EP contaba con un tema de 10 minutos, y sus discos siempre han sido más bien oscuros), parece que en este The Practice of Love ha querido darle otro giro: le da la vuelta y queda completamente entregada a la melodía y el ritmo, dando como resultado una obra compleja con un discurso lleno de matices, pero que es accesible y realmente placentera. De tan retorcido y oscuro, el disco resulta brillante y altamente disfrutable. (Jordi Isern)

48. Floating Points – Crush

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Para entender la evolución de Floating Points en Crush, su segundo álbum tras Elaenia y el ambicioso EP Reflections – Mojave Desert, hay que establecer dos coordenadas de origen: el equipamiento y la intención. En primer lugar, el álbum se grabó en poco más de un mes en su estudio en Londres, que ha reforzado con nuevos instrumentos (el sintetizador modular Buchla y el Rhodes Chroma, ente otros) sobre los que ha basado parte de su exploración. La intención de esta, por otro lado, era recrear y bucear en el sonido “agresivo y obtuso” que puso en liza cuando teloneó a The xx ante 20.000 personas en el O2 Academy Brixton en marzo de 2017. Ni tan oscuro ni tan críptico, el resultado final no ha dejado satisfecho del todo a Sam Shepherd, pues no deja de ser el primer paso de un camino algo distinto del que venía transitando. Con todo, su renovada propuesta electrónica quedó ejemplificada ya con los dos primeros singles: ‘Last Bloom’ y, sobre todo, ‘LesAlpx’, un beligerante y rudo corte cercano al sonido del Immunity de Jon Hopkins. Sin renunciar al contacto con lo clásico desde una perspectiva casi exclusivamente ambient (‘Falaise’, ‘Requiem for CS70 and Strings’, ‘Birth’, ‘Sea-Watch’), el tuétano del álbum y, por tanto, el horizonte conceptual al que se dirige Shepherd, debemos buscarlo en piezas como ‘Anasickmodular’, ‘Karakul’ o ‘Bias’, o en la propia evolución que marca la dupla final, ‘Apoptose, Pt. 1’–‘Apoptose, Pt. 2’. En cualquier caso, Crush exhibe el proceso de aprendizaje y búsqueda de Floating Points, no su culminación final. Si le damos un par de años más para dominar su nueva cacharrada nos brindará un producto aún más redondo y perfeccionado. (Pablo Luna Chao)

47. Julia Jacklin – Crushing

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Recuerdo perfectamente la primera vez que vi a Julia Jacklin en directo. Fue hace dos años, en el escenario adidas Originals del Primavera Sound, y me quedé totalmente prendada de ella, tan sutil, delicada y elegante. Por aquel entonces presentaba su disco de debut, Don’t Let the Kids Win (2016), una maravilla para los oídos que funcionó a la perfección como carta de bienvenida. Una primera aproximación que ahora, con el lanzamiento de Crushing, queda notablemente ampliada. El  segundo trabajo de la cantautora australiana nos habla abiertamente y gira en torno al descubrimiento de su «yo» más profundo a través de una ruptura sentimental. Un tópico, sí. Algo de lo que se ha escrito, compuesto y hablado mil veces; también. Pero nada más empezar el disco, uno entiende que detrás de ese relato hay algo mágico y único. La primera evidencia de ello es ‘Body‘, una canción tan hipnótica como cíclica que muestra a una Julia vulnerable y a la vez poderosa. Una historia centrada en la posesión de una foto suya por parte de su pareja y en el mal uso que pueda hacer de ella. Pero todo ello, narrado a través de la ironía, el costumbrismo y la sencillez: la tónica presente en todo el disco. A pesar de iniciar el álbum con una canción de tempos relajados y melodías aterciopeladas –su especialidad, como también queda demostrado en la arrebatadora ‘Don’t Know How to Keep Loving You‘–, Jacklin también destaca en su versión más acelerada con cortes como ‘Pressure to Party‘ o ‘Head Alone‘, donde se hace inevitable buscar nexos musicales con su compatriota Courtney Barnett; un estilo que logra generar el dinamismo necesario y que le sienta realmente bien. (Raquel Pagès)

46. Bill Callahan – Shepherd in a Sheepskin Vest

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Bill Callahan es un señor de 53 años que hace música de señores de 53 años. Ahora es cuando puedes dejar de leer si no te interesa esta circunstancia vital de un autor ni sus derivadas creativas. Aunque, bien mirado, deberías seguir leyendo; deberías interesarte. Porque Bill siempre ha sido un músico consecuente con su persona, incluso con su personaje. Cuando era un joven atormentado hacia una música en sintonía consigo mismo, igual que cuando fue un adulto con curiosidad por sorprender su paladar, sus sonidos también se alineaban con esta coyuntura.  Son muchos años ya haciendo música al margen de edadismos, peterpanismos y otros -ismos peligrosos. Por eso, entre otras cosas, aparece la palabra “autor”, siempre tan alegremente utilizada, en la segunda línea de este texto: como con algunos escritores, como con algunos cineastas, cada nuevo jalón en la discografía de Callahan es relevante en sí mismo y en su diálogo con sus obras precedentes. Él crea su propio contexto. En este sentido, Shepherd in a Sheepskin Vest trae a la memoria los versos que abrían Knock Knock de Smog: aquel desideratum, “Let’s move to the country, just you and me. A mule and a monkey. A goat and a flea”, es ahora una realidad. No es que el Callahan del 2019 escriba sobre fauna campestre, pero sí escribe desde una paz observacional, desde un entorno plácido (estabilidad, paternidad, madurez… llámale como quieras) que enriquece tanto sus palabras pasadas como sus palabras presentes. Las palabras, con Callahan, siempre las palabras. Pero también las imágenes que construyen esas palabras, claro. En esta ocasión, seis años después del anterior Dream River, Bill ha hecho sus disco más viñetado (impresión a la que contribuye, acaso, la portada): 20 capturas metafóricas de realidad donde cada sílaba pronunciada con el habitual tono megalítico del artista de Silver Spring rascan hasta una verdad que parece más profunda, más universal y… más verdad. Y es entonces cuando, además de conversar consigo mismo, Bill conversa también con nosotros… y hasta con otras músicas de la actualidad: sorprendentemente, este disco rima en asonante con Western Stars de Bruce Springsteen, otro disco de 2019 sobre el determinismo y las connotaciones personales del paisaje americano que existe entre dos costas. (Joan Pons)

45. La Casa Azul – La Gran Esfera

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Nadie podría predecir el resultado de un combate a teclado limpio entre Joe Crepúsculo y Guille Milkyway. Cada uno con sus particularidades, ambos cantautores contemporáneos han recopilado a lo largo de su carrera una colección de hits que ni un grandes éxitos de ABBA. Ambos llevan años buscando –y a veces gestando– el tema pop perfecto. En el caso del líder de La Casa Azul, haciendo de ese anhelo una investigación casi científica. Milkyway es al pop lo que el zumo de avena a la leche. No es leche, pero lo parece. Y, lo peor, es igual o más adictiva que la original. No importa que los ingredientes sean dance, electro o EDM (hace algunos meses que el barcelonés explora ampliamente dicho género); todo lo que compone, en esencia, acaban siendo descargas de tres minutos hilvanadas para trepanar el cerebro. La Gran Esfera, su vuelta a las pistas tras ocho largos años desde La Polinesia Meridional, no es una excepción. La primera mitad del disco, hasta la canónica ‘Nunca Nadie Pudo Volar’, se cuenta entre lo mejor de su ya dilatada carrera. ‘A T A R A X I A’ o ‘El Momento’ son la mezcla perfecta entre nostalgia, desesperanza, emoción un tanto ansiosa y existencialidad decimonónica. Ese pesar de Milkyway que tanto engancha. Una prueba de que el barcelonés estaba vivo y no solo se había dedicado a producir (Fangoria) o a expandir la cultura pop en televisión (OT). La Casa Azul andaba sufriendo conflictos existenciales, desamores y algún que otro infortunio de salud. Y su desdicha es, en parte, nuestra alegría. Disco tras disco, Guille nos demuestra que no estamos solos con nuestras pájaras, aunque a él se le dé mucho mejor representarlas en forma de bofetones subiditos de BPMs. (Yeray S. Iborra)

44. Carly Rae Jepsen – Dedicated

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Hay canciones-boomerang que pueden propulsar tu carrera y luego volverse contra ti. Hits traicioneros que te lo dan todo (o casi todo) y más tarde pueden quitártelo. Ocho años después de lanzar ‘Call Me Maybe‘ (¿solo ocho?, ¿en serio?), puede decirse que Carly Rae Jepsen ha sobrevivido felizmente a la onda expansiva que siguió al monstruoso éxito de un tema casi convertido en meme. Lo lógico y normal es que hubiera quedado bautizada para los restos como «la del Call Me Maybe», pero la canadiense se ha sacudido de encima la siempre peligrosa sombra del one hit wonder en dos partes: primero, con E•MO•TION, el disco que publicó en 2015 y que la recolocó en el mapa pop junto a productores que se movían a ambos lados de la frontera entre mainstream y underground (de Mattman & Robin a Dev Hynes y Rostam Batmanglij); y ahora, con Dedicated, el cuarto álbum de su carrera, el que la confirma como una estrella pop de andar por casa. Aunque no lo parezca, es una virtud: imposible no conectar con esa figura cercana, vulnerable e imperfecta (en definitiva, real) que proyecta. Cuando escuchas Dedicated tienes la sensación de que Carly podría ser tu vecina, tu prima; incluso tú misma, tú mismo. Carly podría ser todo el mundo, si no fuera porque no todo el mundo tiene el olfato para el estribillo instantáneo que tiene ella. Aquí regala unos cuantos más para sumar a la colección (‘Julien‘, ‘Want You In My Room‘ o ‘Too Much‘ son flechazos de doble revival: conectan los 80 con el inicio de este siglo) en un trabajo que demuestra que hasta una artista como ella, tan estrechamente ligada al teen spirit, puede entregar una obra madura a su manera una vez pasados los 30. ¿O acaso no es un síntoma de madurez seguir haciendo lo que te gusta dándote un poco igual lo que el mundo piense de ti? (Víctor Trapero)

43. Danny Brown – uknowhatimsayin¿

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Danny Brown es lo nuevo y lo viejo a la vez. La tradición y la experimentación. El de Detroit es un MC que ha hecho trayectoria a base de mirar hacia atrás y hacia delante al mismo tiempo: siempre ha estado entre dos escuelas, que al final es casi lo mismo que decir que ha estado en la suya. Ese equilibrio parecía a punto de romperse cuando anunció su quinto LP, uknowhatimsayin¿: a las puertas de los 40 y bajo la producción ejecutiva de Q-Tip, ¿iba a hacer Danny Brown un álbum de hip hop abiertamente clásico? Por supuesto que no. Es posible que ni siquiera sea capaz de hacer un álbum de hip hop clásico ni aunque se lo proponga; especialmente si, como ocurre aquí, se junta con otros talentos particulares como Flying Lotus o JPEGMAFIA. Su humor excéntrico y su flow brillantemente defectuoso impiden que cualquier canción que haga encaje dentro de un patrón que no sea uno para él solo. Pero ese patrón, a partir de ahora, tiene un nuevo estándar: uknowhatimsayin¿ es, sin duda, el mejor trabajo en la carrera de un genio loco que hasta ahora no siempre parecía tener claro qué hacer con sus buenas ideas. Es su disco más «disco»; el más completo, el más redondo. Contaba en su nota de prensa que, por estar rodeado en su círculo más próximo de cómicos y actores, había querido hacer «algo que mezclara humor y música. Algo que fuera divertido pero no paródico». Querido Danny Brown, has fallado en tu intento: uknowhatimsayin¿ es una cosa muy seria. (Víctor Trapero)

42. The Murder Capital – When I Have Fears 

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La ciudad de Dublín y, más ampliamente, el embate de lanzamientos que se circunscriben a la nueva ola de post-punk europeo encabezada por IDLES, ShameFontaines D.C., no dejan de sumar bandas que amplían la mirada crítica y poética de la situación sociopolítica actual que cultiva la escena. El pasado mes de agosto se lanzó When I Have Fears de la mano de Human Season Records, álbum debut de The Murder Capital y muestra de que hay un sentimiento ligado al post-punk más visceral que en algún momento se traspapeló, pero que ahora resurge con todas las de calar más allá de la mera proliferación musical del género; sentimiento que se adscribe a la voluntad de observar y digerir la realidad sacrificando comodidad por conciencia. El resultado es un álbum de corte sombrío que, a su vez, contiene su opuesto en la claridad de una poética construida a base de enroscadas metáforas combinadas con mensajes crudos, directos, tales como el “no te aferres a la vida / no hay nada en el otro lado” de ‘Don’t Cling To Life‘, el “si te diera lo que quieres nunca estarías satisfecho” de ‘More Is Less‘ o «soy una estrella sin brillo / corroída a través del núcleo” de ‘For Everything‘, tema que abre el disco dando muestra de su carácter desgranado y su sonido afilado, brutalista, que a momentos cede para que las guitarras suenen en armonías más amenas o para que un piano colapse la dinámica instrumental del álbum en ‘How The Streets Adore Me Now‘. La banda irlandesa compuesta por los jovencísimos James McGovernDamien TuitCathal RoperGabriel Paschal y Diarmuid Brennan, hermanada con el reciente éxito de Fontaines D.C., remueve el caldo existencialista –al que ya se vincularon grupos como Joy Division– para drenar disonancias actuales como la gentrificación de las ciudades y otras tan atemporales como la transgresión emocional que supone el suicidio de un amigo cercano. (Lluc Mulet)

41. Ariana Grande – thank u, next

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La edad no es obstáculo para petarlo en el siglo del streaming; miren si no a Billie Eilish, a sus 17, y ya en la cima. Ariana Grande es algo mayor, cumplirá 26 primaveras este año, pero nadie puede decir que ande falta de ideas para mantener su estatus de diva también en la protomadurez. Cinco discos en poco más de seis años y simultaneando su carrera musical con la participación en pelis y series (de forma cada vez más anecdótica). thank u, next condensa su potencial, dejando la puerta abierta a mejorar absorbiendo sonidos del futuro. Estamos ante el mejor arranque de toda su discografía, ‘imagine’ está en otra dimensión con esos gorgoritos finales deliciosos, y también ante el mejor cierre (‘break up with your girlfriend, i’m bored’). La inspiración se pierde en el estómago del largo pero igualmente Grande suelta un lastre muy valioso en thank u, next: por primera vez muestra claramente a la persona tras la estrella. Ya no es niña prodigio, ni joven prometedora, ni workaholic prematura (esto último tal vez sí). No recela a la hora de exponer miedos, inseguridades y conjeturas asociadas a la fama y a la industria. Después de su experimento con Pharell Williams, el notorio Sweetener (2018), la americana acabó harta del bienquedismo. Eso se nota en el álbum, también en lo sonoro, donde prima aquello que ahora convence a Grande, se acerque más o menos al pop, inclusive trap o hip hop (¡se atreve a rimar!). La floridana lo tiene claro: en la vorágine de la industria o haces, o te hacen. thank u, next es una diatriba por la primera opción. (Yeray S. Iborra)

40. Novedades Carminha – Ultraligero

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Quien dudara tras la publicación de Campeones del Mundo de que Novedades Carminha se habían inventado su propia marcha ya no podrá tenerlo más claro. Los gallegos se montan en la oleada urbana a su manera, dejan un temazo con Dellafuente y beefs tanto como con Los Planetas (‘Te Quiero Igual‘) como con Jay-Z (‘Hay Un Sitio Pa Ti‘), se atreven con C. Tangana y hasta con la unidad de España (‘Obsesionada‘), y sobre todo dejan claro que tenemos que tomarnos las cosas mucho menos en serio. Que tenemos que reivindicar la jarana y hacer nuestra revolución bailando, dejar quieto al muerto en el hoyo y ‘El Vivo, Al Baile‘. Y lo hacen con el que es el mejor disco de su carrera, una máquina perfectamente engrasada de funk endiablado, ritmos secantes y bajos pulidísimos que recuerda tanto a los Talking Heads como a Prince o los Arcade Fire de Reflektor y que se sitúa en el epicentro de una verbena global, reivindicando lo costumbrista y lo ligero, la ópera bufa, con un cachondeo muy serio. Con todos esos ingredientes y con una filosofía de trabajo muy inspirada en el hip hop, pero manteniendo esa fluidez tan punk y tan suya, Novedades Carminha siguen, después de todo, haciendo lo que les da la puta gana (léase con acento gallego). ¡Verbena! (Diego Rubio Ménez)

39. Freddie Gibbs & Madlib – Bandana

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A veces pasa que hay tanta gente surcando la nueva ola que la subversión termina encontrándose en la tradición. Ahora que alrededor del rap proliferan los discos con más productores que cortes, una unión MC + productor como la de Freddie Gibbs y Madlib resulta fresca por mucho que sea la fórmula de toda la vida. Comprobada su simbiosis hace un lustro en el excelente Piñata, su primer álbum colaborativo, hubiera sido difícil entender que el proyecto se quedara en aventura pasajera: es evidente que las rimas gangsta del rapper de Indiana y las bases retro del beatmaker californiano nacieron para encontrarse. Bandana, su nueva unión, es un trabajo que tiene miga ya desde su misma concepción. Gibbs escribió la mayoría de las letras en una cárcel austriaca en la que pasó cuatro meses acusado de agresión sexual antes de ser absuelto; Madlib compuso los beats, que fueron rechazados por Kanye West para The Life of Pablo, en un iPad. No lo parece: escuchados estos tres cuartos de hora de hip hop siempre conectado con el jazz y el soul, uno se imagina a los dos entrando juntos al estudio para darles forma desde cero, mano a mano, casi convertidos en una sola persona al salir. Dan ganas de decir aquello de ya no se hacen discos como este, pero la realidad es que nunca se han hecho demasiados discos como este. (Víctor Trapero)

38. black midi – Schlagenheim

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Entrar en Schlagenheim es darse un glorioso cabezazo contra la pared. Es imposible introducirse en el universo de black midi sin que sea dándote una buena hostia. De ahí que, ya con un pie dentro, o bien salgas corriendo para desprenderte rápido del picor de esa musiquita neurótica o, si te da por la curiosidad y la amplitud de miras, tal vez quieras meterte hasta el fondo. Schlagenheim es un álbum difícil de masticar y digerir, pero no empacha ni produce acidez. Su brillantez radica en el virtuosismo de black midi por descomponer la música de guitarras introduciéndose en un laberíntico espacio sonoro en el que parecen avanzar sirviéndose únicamente de la intuición. Los nueve temas que componen el álbum debut de los ingleses, en realidad, parecen trazar un camino improvisado entre la maleza. Se desprenden de la estructura, el orden y las pautas convencionales para que la música sea, en sí misma, una distorsión ensamblada con loops delirantes, progresiones que de repente caen por un agujero, armonías alteradas, riffs en conversación enajenada, ritmos sinuosos, construcciones barrocas y tramos de vértigo que hacen que, todo junto, suene a blasfemia. Cabe decir que ninguno de los componentes de la banda supera los veintiuno y, con esa negligencia juvenil que busca la ruptura y la confrontación, ellos crean desde una libertad insultante. Solo hace falta el primer riff de ‘953’, tema que abre el álbum, para sentir ese ambiente áspero y aislado que se extiende vertiginosamente hasta ‘Ducter’, pasando por la decrepitud de ‘bmbmbm’: una voz irascible que se ladra a sí misma y se retroalimenta su propio delirio. (Lluc Mulet)

37. Mark Ronson – Late Night Feelings

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Siempre surge una duda con Mark Ronson: ¿tiene talento o solo sabe rodearse de él? En realidad, lo segundo también es un talento en sí mismo. Y, además, uno que no conviene subestimar. A este británico ya más que asentado en Nueva York le ha valido para convertirse en algo parecido a una rockstar desde la siempre difícil posición del productor: aparecer en los créditos del brillante debut de Lily Allen y el eterno Back to Black de Amy Winehouse, los dos publicado en 2006, le ha visibilizado durante una década y pico. Desde entonces, moviéndose entre el chaqueterismo y la polivalencia, quizá más oportunista que visionario, ha publicado un par de discos por su cuenta, ha producido a Lady Gaga o Adele, ha pegado un pelotazo interplanetario en compañía de Bruno Mars, se ha sacado de la manga un proyecto del que no se ha vuelto a saber nada junto a Diplo (otro que siempre está rápido para arrimarse a donde debe) y ha participado en la premiada banda sonora de A Star is Born. Todo bien, ¿no? Pues no, todo no: Ronson también ha pasado por un divorcio y de esa experiencia vital sale Late Night Feelings, su quinto disco, un break-up album atípico porque se desarrolla bastante cerca de la pista de baile, un lugar que parece históricamente reservado para la euforia. Aquí, en cambio, se utiliza como diván. Este Late Night Feelings sirve para que Ronson exorcice sus fantasmas siempre por boca de otras: da un paso al lado para que Lykke Li (protagonista por partida doble en el tracklist), Miley Cyrus (más cercana que nunca a su madrina Dolly Parton en ‘Nothing Breaks Like a Heart‘), Alicia Keys, Camila Cabello, Angel Olsen (una voz que sobre el papel no asociaríamos a Mark Ronson), la prometedora King Princess y la no demasiado conocida YEBBA, entre otras artistas, sean las que se luzcan en esta mezcla de funk, disco, soul y, en general, pop absolutamente vigente. Mark Ronson vuelve a dar la sensación de que corre detrás de la tendencia en lugar de marcarla, pero desde la tristeza y la melancolía, desde lugares aparentemente alejadísimos de la diversión en cualquiera de sus formas, ha terminado haciendo uno de los trabajos más entretenidos del curso. (Víctor Trapero)

36. Brittany Howard – Jaime

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Cuando Brittany Howard tenía ocho años, su hermana mayor murió a causa de un cáncer ocular. Se llamaba Jaime, como el primer disco en solitario que ahora entrega la líder de Alabama Shakes, aunque en realidad este álbum no trata sobre su hermana. Su título debe entenderse más bien com un cálido in memoriam. Porque en realidad, el trabajo trata de no olvidar. De no repetir los errores del pasado (‘History Repeats’). De tomar conciencia de que si Dios nos quiere nos va a juzgar (‘He Loves Me’). De no sentir vergüenza ante el despertar sexual, concretamente homosexual, cuando somos niños y niñas (‘Georgia’). Sobre antirracismo y el orgullo de ser birracial y sureña (‘God Head’). A remolque del éxito del magistral Sound & Color (2015), la artista podría haber llevado un paso más allá la fórmula ganadora de su banda, pero ha optado por replegarse y recogerse, por analizarse y deconstruirse. Con la ayuda de Shawn Everett y los músicos Zac Cockrell, Robert Glasper, Dan Horton y Nate Smith, el álbum encuentra momentos para ahondar en la música americana de raíces, el soul, el funk, el jazz y el blues, pero en esa zona segura, también hay espacio para arrebatos de experimentación cargados de crítica política (‘13th Century Metal’). Y es esa visceralidad, esa ansiedad existencial tan bien canalizada, ese desgarro que mira hacia afuera y nos alerta de que para avanzar hacia un mundo mejor mañana habrá que empezar a mover los dedos hoy mismo (‘Tomorrow’), lo que hace que este disco sea tan entrañable. La voz mutante de Howard, a veces más Prince, otras cercana a Nina Simone, se siente como una liberación. (Max Martí)

35. Sticky M.A. & Steve Lean – 5ta Dimensión

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Siento que este es mi año / Noto como si algo se me sale de mi cuerpo”, canta –auto-tuneadísimo– el madrileño Sticky M.A. en ‘Poli M.A.’, uno de los temas de 5ta Dimensión, su mixtape a medias con el ex-PXXR GVNG Steve Lean. Y puede que más allá de la retórica habitual del género esta vez esté en lo cierto, porque con esta ya son dos las mixtapes excelentes que encadena el compañero de C. Tangana en Agorazein, tras un ascenso lento de varios años que tampoco parece haber incomodado demasiado a Stickyto. Tras la colosal ‘Humo y Alcohol’ y la colabo con Yung Beef en ‘Diablo’ del año pasado, la aventura de este año pasa por la asociación con Steve Lean, uno de los mejores productores –si no el mejor– de la escena trap española. Y el resultado es espectacular: bases apoteósicas con su dosis justa de épica y elementos cósmicos, un Sticky que sigue siendo imbatible haciendo volar estribillos por los aires (‘Shooters‘, ‘Atrás‘, ‘Piensa en mí‘ y ‘Rockestar‘ se transforman en himnos al directo) y colaboraciones de estrellas al otro lado del charco como el argentino Duki o el chileno Polimá Westcoast con la vista fijada en el asalto más allá del Atlántico. Por el camino, sold outs en la mayoría de su gira por salas españolas y la sensación definitiva de que, ahora sí, ha llegado su momento. (Aleix Ibars)

34. (Sandy) Alex G – House of Sugar

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Solo 25 años y nueve discos lanzados. Obviamente, Alex Giannascoli es uno de los grandes artistas de su generación, un músico definitorio en la forma DIY de hacer las cosas y un permanentemente inquieto creador. Su carrera ha ido evolucionando dentro de su idiosincrasia excéntrica, pero lindando siempre con una idea bucólica y a veces un poco distante del pop. Como el que se siente en la Tierra pero se ha quedado en la Luna. Y ahora, por primera vez, parece que (Sandy) Alex G ha conseguido aterrizar con un House of Sugar que nos muestra su versión más accesible, más centrada, pero que no renuncia a lo weird y a lo experimental. La apertura estilística aquí es ilimitada, las posibilidades que le ha dado a Alex poder mejorar todas sus herramientas es notoria y, sobre todo, el abanico de instrumentos y formas de enfrentar por tanto la composición se ha desplegado como nunca, mostrando a un músico más liberado, más ¿feliz?. Más confiado. Consciente de su lado oscuro, las adicciones y cómo se ambientan con producciones más tenebrosas (‘Sugar‘), pero también más mucho más esperanzado. Dejando entrar un lado brillante que se traduce en las melodías de temazos como ‘Gretel‘ o ‘Southern Sky‘ y en rendiciones más folkie como ‘Bad Man‘ o ‘Cow‘, muy Neil Young, así como en producciones mucho más electrónicas como ‘Project 2‘. Aventurándose en viajes complejos de apenas dos minutos como el de ‘Bad Man‘, dejándose llevar por el procesamiento vocal a lo Frank Ocean, a quien acompañó a la guitarra en la gira de Blonde tras haber participado en su proceso de grabación. Quizá aprendió mucho de aquello, y quizá aprendió tras haber visto morir a su compañero de piso por una sobredosis de Fentanyl, como relata en ‘Hope‘. Quizá ha aprendido de todo en general. Y lo que ha hecho con todo ello ha terminado resultando en una de las mejores reinvenciones modernas de la americana; hacia lo espacial, lo sintético, lo extraño del cosmos. Su última reinvención. Su mejor disco. (Diego Rubio Méndez)

33. Caroline Polachek – Pang

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Una voz tan imprescindible como la de Caroline Polachek no podía pasar demasiado tiempo fuera del radar. La ex-Charilfit, quien también ha operado en el pasado bajo alias menos vistosos como Ramona Lisa o CEP, recorre en Pang un espacio por el cual otras vocalistas naufragarían estrepitosamente. Sin desmerecer la asistencia del mago Danny L Harle (PC Music), con quien comparte la producción, y de otros colaboradores como A. G. Cook, Jim E Stack y Daniel Nigro, la clave del éxito radica precisamente en el apartado vocal: desde la apertura ambiental de ‘The Gate‘ hasta los ritmos casi dancehall de ‘Hit Me Where It Hurts‘, sobre las guitarras acústica de ‘Look at Me Now‘ o entre cuerdas orientales en ‘Hey Big Eyes‘, es su voz –casi un sintetizador analógico en sí misma–, la colocación de cada sílaba, su impresionante falsete clásico pero también sus deliciosos sonidos guturales, sus jadeos, sus gritos y su llanto –¿cuántas canciones, por cierto, ha compuesto ya sobre llorar tras ‘Ocean of Tears‘?–, los que sirven de anclaje para demostrar que este es su primer gran disco, el que la confirma como una voz generacional. Pues pese a que Pang, que significa «punzada», trata sobre la ruptura amorosa con quien fuera su marido, parece más bien un disco enfocado a la conexión con su público. Lo dijo ella misma en el momento de publicar el álbum: «Pang es para los románticos, para aquellos que buscan, encuentran, caen y vuelan«. De hecho, el final del disco lanza un mensaje de optimismo: ‘Caroline Shut Up‘ no podría tener un título más humorístico, ‘So Hot You’re Hurting My Feeligns‘ y ‘Door’ son las joyas pop de La Corona, y ‘Parachute‘ un aterrizaje nada forzoso a la realidad. ¿Es Caroline Polachek nuestro paracaídas? (Max Martí)

32. Burna Boy – African Giant

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African Giant es un trabajo capital, ya que a nivel de discurso y producción cultural es exactamente lo que el pop puede y debería ser: canciones para bailar pegados en el club, temas cargados de denuncia política, mezcla de lo nativo con lo global, colaboraciones elegidas con mucho criterio (Jorja Smith, Future, Jeremih, Damian Marley…), interludios con mucha intención, transiciones suavísimas… Burna Boy toca todos los palos de estilo con los que se codea su mundo con tremenda maestría, todo cantado en una genial mezcla de yoruba y pidgin. Y es que Burna es un tipo que ha estado en el Coachella de este año, que ha recibido el BET Award al mejor artista internacional, que ha sido número 1 en los charts de Reino Unido con ‘Location‘, que ha metido un tema él solo en el álbum oficial de la nueva de El Rey León hosted by Beyoncé… Es decir, es ya, o se está asentando, como un gigante de la música. Pero no por ello piensa abandonar su impulso de hacer denuncia política en su música, y eso lo podemos celebrar (como celebramos la genial campaña del gigante Bad Bunny contra Ricky Rossello). Basta con escuchar ‘Another Story‘ para hacer medio curso universitario sobre poscolonialsimo. Pero después suena ‘Pull Up‘ y es como si te entrara un rayito de sol en el alma. Ese es el milagro de esta generación de artistas nigerianos: que nos están recordando que la denuncia y el activismo son compatibles con mover el culo y sonreírle a la vida. Africa rise up! (Crítica completa) (Luca Dobry)

31. Thom Yorke – ANIMA

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Los sueños, las pesadillas y las distopías tecnológicas siempre han cobrado presencia en el universo sonoro creado por Radiohead en las últimas décadas, así como en la trayectoria de su líder en solitario. Pero no ha sido hasta ANIMA, tercer disco de Thom Yorke con su propio nombre, cuando uno de los narradores más carismáticos de nuestro tiempo ha mostrado al mundo su identidad más completa, una que parece coexistir al margen de su banda –y que nos lleva a preguntarnos hasta cuándo esta será necesaria– pese a exprimir múltiples recursos del pasado; una que, de algún modo, acaba por limar junto a su productor y compañero habitual en el crimen, Nigel Godrich, aquellas ideas inconclusas que empezaron a asomar la patita en sus dos álbumes anteriores, The Eraser (2006) y Tomorrow’s Modern Boxes (2014). Gestados a través de una metodología creativa que busca dar salida a la propia (y extrema) ansiedad, otra vieja conocida en la obra del británico, los nueve cortes del trabajo se esculpen mediante sintetizadores rítmicos que avanzan extenuados, percusiones electrónicas que se desintegran, melodías alienadas, coros espectrales, teclados habituales y guitarras ocasionales, siempre con la vista puesta en las referencias más introspectivas de la música de baile –de vez en cuando, uno percibe reminiscencias que van de Flying Lotus a Four Tet pasando por el sello Border Community de James Holden–. Además, su voz imperfecta, jadeante y casi siempre distorsionada sirve de anclaje al conjunto a través de una lírica a caballo entre el monólogo interior onírico y el ensayo social de corte más apocalíptico, generando a menudo imágenes melancólicas que ya se han convertido en marca de la casa. Por ejemplo en ‘Dawn Chorus’ (la canción que cierra el cortometraje de Paul Thomas Anderson que acompaña el álbum), una suerte de balada-spoken word lenta, progresiva y devastadora, pero abrumadoramente bella, que merece entrar desde ya mismo en la categoría del mito hecho canción. (Max Martí)

30. Sen Senra – Sensaciones

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En su incursión en el género lo-fi del garaje anglosajón entre 2014 y 2017, Christian Senra se mimetizó con el sonido de la escena –en un primer momento con la banda gallega Demonhigh y posteriormente en sus dos álbumes Permanent Vacation y The Art Of Self-Pressure, ya como Sen Senra– para finalmente regresar a casa, al menos en lo artístico, y construir su proyecto más personal e íntimo hasta la fecha. Sensaciones, publicado con Sonido Muchacho y coroducido por Anxo Ferreira de Novedades Carminha, no solo da un giro musical hacia el R&B, el soul, el dream pop y lo urban, sino que también desenmascara a un artista carismático que ha volcado todo un mundo propio en catorce canciones de autoafirmación y emoción nuclear. ‘Tienes Reservado el Cielo’, tema en autotune que abre el álbum e invoca los a cappella de Bon Iver, despliega ya toda la poética visceral de la que Senra es capaz («Rezo por tu aliento y que no sientas miedo cuando gire lento»). Sus letras, que entremezclan un lenguaje sencillo y urbano con construcciones metafóricas más complejas que giran en torno al ego y la sensibilidad de Senra, reflejan, más que un histórico emocional, la actitud vital del artista. Las líneas sencillas y clásicas de los sintetizadores, junto con las bases rítmicas de corte R&B y guitarras eléctricas que asumen un rol melódico central a la vez que sutil –como ya introdujo Frank Ocean en Blonde– crean el universo de sensaciones que el vigués vuelca en su último álbum, que en realidad se siente como un nuevo comienzo. (Lluc Mulet)

29. Dave – PSYCHODRAMA

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Que el hip hop británico está en un momento álgido ya no es ni un secreto a voces. Más allá del sonado concierto de Stormzy en el Glastonbury o del éxito de Skepta este pasado año, está claro que Dave se ha ganado ser destacado al mismo nivel en 2019. Con PSYCHODRAMA, el artista nos muestra su cara más íntima a través de temas como la familia, los trastornos psicológicos o la violencia doméstica, todo ello abordado desde el punto de vista de una sesión de terapia que él mismo recibe. La sinceridad y empatía con la que trata estos temas, así como las líneas de piano que él mismo compone y toca, contrastan con la imagen de tipo duro a la que nos tenía acostumbrados en anteriores temas, y que tan bien ha sabido plasmar en sus interpretaciones como Modie en la serie Top Boy. Es un álbum de contrastes, en el que temas que lo acercan al pop –como ‘Disaster‘ junto a J Hus o ‘Location‘ con Burna Boy– encajan perfectamente con experimentaciones como ‘Lesley‘, una canción de 11 minutos junto a Ruelle en la que cuenta la historia de una chica que conoce en un tren y nos habla de las dificultades de su día a día. PSYCHODRAMA representa un proceso de catarsis del artista, así como un ejercicio de fe para los que, como él, deben sobrellevar las tremendas dificultades de nacer y crecer en la jungla de la ciudad londinense. Por eso este disco es un hito en sí mismo. (Pablo Reguilon)

28. James Blake – Assume Form

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To @jameelajamil I love you and you are the reason this album exists, but now everyone else has it, so I’ll see you at home in 30 mins and we can talk shit about everyone”. Así dedicó James Blake su cuarto disco en su perfil de Twitter cuando vio la luz. Entre los agradecimientos a sus colaboradores, productores y manager se coló el de su pareja, Jameela Jamil, “la razón por la que este disco existe” según Blake. “Pero ahora todo el mundo ya lo tiene, así que te veo en casa en 30 minutos para criticar a todo el mundo”. La frase, más allá de una adorable cotidianidad, remite a la canción ‘Power On’, que quizá puede pasar desapercibida entre el tramo final del álbum pero esconde gran parte de su mensaje: “I thought I might be better dead, but I was wrong / I thought I’d never find my place, but I was wrong”, canta Blake antes de preguntarse(nos) si alguna vez hemos “coexistido” tan “fácilmente”. Parece que él está justo en este momento: “Let’s go home and talk shit about everyone”, canta en el estribillo, en una frase que ahora vemos dirigida claramente a su compañera. No es exhibicionismo, no es autoayuda, es el disco de un artista que en sus tres primeros discos estaba triste, entrando y saliendo de la depresión, y que ahora no solo ya no lo está (tanto) sino que se encuentra en pleno proceso de aceptarlo. De reconocerse. Este disco va de eso. Musicalmente lo hace con un despliegue instrumental riquísimo pero contenido y concentrado, que pese a conservar sus tonos melancólicos sí tiene una particularidad: hay un ritmo inherente en todo el recorrido del álbum, una especie de flow, de base en la que se sustenta todo, que a veces se muestra explícitamente (en las hiphoperas ‘Mile High‘, ‘Tell Them‘ y esa explosiva ‘Where’s The Catch‘) y a veces de forma mucho más sutil (en el resto del disco, de la maravillosa ‘Barefoot in the Park‘ con Rosalía a esa poderosa ‘Don’t Miss It‘ o la etérea ‘Are You In Love?‘). Puede que sea su disco con menos silencios , sí, pero sigue habiendo mucho espacio. Y hay, sobre todo, sintonía: ese hilo invisible instrumental que sostiene el disco de la primera a la última canción y le permite fluir con tanta facilidad es también de discurso. En Assume Form, James Blake empieza a asumir el amor. (Aleix Ibars)

27. Carli XCX – Charli

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¿Quién puede unir en un mismo disco a artistas tan dispares y brillantes como HAIM, Lizzo, Kim Petras, Christine and the Queens, Yaeji, Clairo, Sky Ferreira, cupcakKe o (por supuesto) su amigo del alma Troye Sivan si no es Charli XCX? Charli XCX, claro. Y así lo ha hecho en su nuevo álbum Charli, algo así como una continuación del pop ácido, experimental e incisivo ya exhibido en Vroom Vroom (2016), Number 1 Angel (2017) y Pop 2 (2018), esta vez quizás algo menos revolucionario pero igualmente pletórico. Con la mayoría de su producción a cargo A. G. Cook (PC Music) y otros nombres que incluyen el del productor francés Nömak o el compositor y creador de ritmos sueco Lotus IV, Charli se presenta como un disco que, además de destacar por sus melodías y sonidos cortantes y mutantes, lo hace también por su constante sentimiento de confrontación. Su colaboración con Christine, ‘Gone’, ‘Cross You Out’ junto a Sky Ferreira o ‘Thoughts’ muestran la parte más vulnerable y hasta ahora oculta de la británica, mientras que ‘Next Level Charli’ o ‘Click’ con Kim Petras y Tommy Cash (¿quizás la canción más afilada del disco?) reafirman su lado más extravagante y colosal. En definitiva, Charli XCX se entrega en este disco con la confianza de una artista que, más que nunca, se encuentra en la cima de su propio juego. (Irene Méndez)

26. slowthai – Nothing Great About Britain

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Apenas hace un año desde que slowthai sacó ‘T N Biscuits‘, el que fue el primer adelanto (y ahora el cierre) de su disco de debut Nothing Great About Britain. A pesar del éxito del tema en el Reino Unido, por aquel entonces era difícil imaginar la repercusión mediática que este proyecto iba a adquirir en los meses siguientes. Nada de esto sorprende tras la salida del disco el pasado mes de mayo: el artista de Northampton se muestra de la forma más cruda y real posible mientas nos habla de su infancia en una familia desestructurada en ‘Northampton’s Child‘ o ‘Grow Up‘, o de su vida desenfrenada a través de la fiesta y las drogas en ‘Drug Dealer‘ o ‘Doorman‘. Avalado por colaboraciones con importantes figuras de la música británica como Mura Masa, Skepta o Jaykae, slowthai también realiza una radiografía de la Inglaterra actual, mostrando su parte más oscura y decadente: el racismo, las drogadicción y la violencia están presentes en el día a día de millones de personas que buscan salir de la pobreza de los barrios marginales alejados de la high society inglesa, de la cual slowthai, a diferencia de la gran mayoría de raperos de éxito, parece renegar. (Pablo Reguilon)

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