14/12/2019

Primera parte de nuestro repaso a los mejores álbumes del año.

LOS MEJORES DISCOS DE 2019: DEL 50 AL 26
LOS MEJORES DISCOS DE 2019: DEL 25 AL 1

75. The National – I Am Easy to Find

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Empecemos por lo secundario. El mediometraje que nació paralelo al octavo disco de The National y que tiene su mismo nombre, I’m Easy to Find, traza la línea vital de una mujer interpretada por Alicia Vikander deteniéndose en los puntos de inflexión de su existencia. De la misma forma, Matt Berninger pudo pensar en dar un giro a la discografía de The National a partir de un nuevo concepto, un trabajo que desde el inicio se planteó como coral con la idea original del director y coproductor Mike Mills y que, como la protagonista de la película, se detendría en diferentes instantáneas vitales. Como consecuencia, estamos ante la obra más intimista (y extensa) de los de Ohio que además realza su encomiable valentía de explorar nuevas vías. Diversas voces femeninas, entre las que esta una monumental Gail Ann Dorsey (aun huérfana de David Bowie) que brilla en temas como ‘Roman Holiday’, Sharon Van Etten, Kate Stables (This Is The Kit, maravillosa en la canción que da título al disco) o una Mina Tindle imprescindible en la emotiva ‘Oblivions’, arropan a un Berninger que, por mucho que lo pretenda, nunca es secundario. Aunque escuchando la parte instrumental de ‘Duet Swirls in Strange Light’ uno se pregunta si la identidad de The National se basa en las cuerdas vocales del barítono o en las baquetas de Bryan Davendorf, lo cierto es que el cantante cede protagonismo para entablar diálogos sobre los horizontes difusos, las pérdidas y los vacíos emocionales. No se trata de un disco fulminante como el notable Sleep Well Beast, sino de una mirada introspectiva que indaga en los propios fantasmas. Aunque si hay quien busca motivos para estremecerse, que espere al final de ‘Light Years’. (Carlos Marlasca)

74. Amaia – Pero No Pasa Nada

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El tiempo es un bien escaso en la industria del pop. Muchos pensarán que lo más valioso que ha ganado Amaia tras su paso por Operación Triunfo y Eurovisión es dinero, que también, pero, lejos de la realidad, la pamplonica ha conseguido algo más mundano: estatus para garantizarse una pausa. La extriunfita ha podido congelar el crono con respecto a su disquera y ha hecho oídos sordos a las expectativas. Mientras sus homólogos del concurso han publicado singles como churros en el último año, ella se ha contentado con unos pocos avances. Antes, ha trabajado a puerta cerrada con personas como Miqui Puig, The Free Fall Band y Núria Graham, que se ha convertido en confidente; Raül Refree o Santiago Motorizado, productor último de Pero No Pasa Nada. Esta exploración le ha permitido salirse de las tendencias urbanas y latinas que han seguido la mayoría de sus compañeros. De los stages ha salido un disco que actúa como pegamento de géneros: directo en los mensajes, con mucho amor romántico, a la manera de La Oreja de Van Gogh, pero con un sonido twee, a ratos épico, como hubiesen hecho en 2019 La Buena Vida. A primera escucha, nadie diría que el largo de Amaia es sobrecogedor. El suyo es, simplemente, un primer disco. Reconocible en el envoltorio y valiente en algunos puntos, como el de no llevar sus posibilidades vocales, que son muchas, hasta el absurdo comercial: Amaia no canta –por suerte– todo el tiempo arriba, como le hacían hacer a Amaia de España. Y cuando hay chorro de voz, se agradece para el ritmo general: ‘Quiero Que Vengas’ es magia. Pero no, Pero No Pasa Nada no es un debut cualquiera: marca que la ganadora de OT sea capaz de hacer lo que le dé la gana en próximas entregas. Garantiza su independencia, quién sabe si hacia algo más redondo. Y eso es bueno para la liga indie. Viniendo del escaparate de lo comercial, de su jugada se pueden aprovechar para ganar fuerza propuestas de guitarras y teclados pop que van desde La Bien Querida hasta sus conocidos Carolina Durante. Amaia es puente. (Yeray S. Iborra)

73. Karen O & Danger Mouse – Lux Prima

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Si es la primera vez que leen sobre este disco, vayan a YouTube antes de continuar y busquen “Karen O Woman Colbert”: es la presentación en directo del single, con realización in situ de Spike Jonze en el Ed Sullivan Theater, para el famoso late night televisivo estadounidense. ¿Ya? Esta impresionante reunión de talentos parte de la colaboración musical de Karen O, vocalista de Yeah Yeah Yeahs, con el brillante productor Danger Mouse (el tío al bajo): Lux Prima, un elegante catálogo de estados de ánimo que giran en torno a la condición humana, a la soledad o a la libertad individual. Sólido y redondo en su estilo refinado, el álbum sustenta su sonido en líneas de bajo fuertes y seguras, en instrumentaciones selectas y en la capacidad y entonación teatral de la vocalista. En su vertiente más sedosa, ‘Lux Prima’, ‘Ministry’ y ‘Drown’, recuerda al trip hop/downtempo de alta alcurnia de propuestas como Morcheeba, The Cinematic Orchestra o Lamb, majestuoso y hedonista. Mientras que de su versión más desafiante destacan la ya mencionada ‘Woman’, ‘Redeemer’, que tiende a la épica crepuscular, o la calenturienta ‘Leopard’s Tongue’. No obstante, pese a los varios hits que contiene, Lux Prima brilla sobre todo en su conjunto, como aquel Rest de Charlotte Gainsbourg: un disco de autor sobre una producción también de autor. (Pablo Luna Chao)

72. The Japanese House – Good at Falling

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Después de cuatro EPs estrenados a lo largo de los últimos cuatro años (Pools to Bathe In, Swim Against the Tide, Clean y Saw You in a Dream), la cantante y compositora Amber Bain, más conocida por su alias artístico The Japanese House, lanzaba el pasado mes de marzo su esperado disco de debut Good at Falling, un viaje emocional en el que aborda una ruptura desde la perspectiva más imaginativa y personal posible. Grabado en el estudio de Bon Iver y coproducido por George Daniel de The 1975 y BJ Burton (Bon Iver), el disco contiene algunas de las canciones más pop que The Japanese House ha entregado hasta la fecha. Mientras que sus EPs eran más experimentales, menos accesibles, Amber hace el viaje del oyente hacia su propio mundo más fácil en Good at Falling; un mundo en el que expone sus temores y ansiedades a través de inmersiones musicales saturadas de sintetizador, admitiendo que las respuestas no siempre pueden encontrarse de inmediato. De la desgarradora a la vez que directa ‘We Talk All the Time’ (“We don’t fuck anymore / But we talk all the time so it’s fine”) a la inmediata ‘Maybe You’re the Reasono el pop grandilocuente de ‘Lilo’, canción en la que habla de forma muy específica acerca de su ruptura con la también cantante y compositora Marika Hackman –llegando incluso a recrearla en el videoclip que la acompaña–, The Japanese House nos regala un disco de debut con nuevos puntos de exploración y completa honestidad. (Irene Méndez)

71. Jay Som – Anak Ko

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El segundo disco. El de la confirmación. El tópico que se cumple y la marabunta de comentarios evidentes que podrían venir sobre Jay Som terminan aquí. Anak Ko sirve para mucho más que mostrar la ambición de Melisa Duarte –con Everybody Works (2017) ya se hizo un hueco en Double Denim–; destapa facetas y recursos que hasta ahora solo conocía ella misma. Como si huyera de todo lo malo que puede tener trabajar desde casa –ya saben, el sonido chustero camuflado bajo el nombre de bedroom pop–, se percibe un esmero tremendo en hacer que todo suene impoluto, con arreglos elegantes, reforzando melodías con lo que haga falta. Hay cuerdas, teclados y percusiones que parecen de una banda totalmente rodada, y Duarte se lanza sin miedo a dar protagonismo a la parte instrumental. Pero tampoco hay que quedarse en ese zoom: Jay Som sigue siendo pop. Redondo, meloso y cantable; destacan los punteos tan 2019 y tan Mac DeMarco, como si la guitarra se estuviera deshaciendo en una bañera, en temas como ‘Devotion‘ o ‘Tenderness‘. También mantiene esas píldoras de rock de universidad de L. A. en los 90, como en ‘Superbike‘, que nos recuerdan de alguna manera a los Yuck del increíble primer disco, pero lo que le resta espacio en el conjunto lo deja en manos de aquello que decíamos de su talento instrumental y su cuidado a la producción. Hay varios picos en esto: la homónima ‘Anak Ko‘ y ‘Crown‘, que van seguidas en el tramo más experimental de la media hora larga de duración del álbum. Pero sobre todo se percibe en ‘Peace Out‘, donde incluso parece que cambia el tono de su voz. En fin, un disco con etiqueta de habitación que en realidad crece como una catedral. (Jordi Isern)

70. Girpool – What Chaos Is Imaginary

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Durante el proceso de creación de What Chaos Is Imaginary, Girlpool trabajaron por separado por primera vez en su corta pero ya trascendente carrera a la hora de componer la mayoría de las canciones que más tarde formarían el disco, centrándose en los resultados en solitario y en sus historias individuales más personales. Aunque no todo ha sido fácil para el dúo angelino, emocionalmente hablando, en su ya tercer álbum de estudio. Moviéndose hacia una fase de transición en la que sus sonidos ponen ahora rumbo a una dirección más experimental y pesada, Cleo Tucker y Harmony Tividad cantan en este trabajo acerca de sus inseguridades, el cambio, el pasado… Pero si algo caracteriza especialmente este disco y lo diferencia de sus dos anteriores es la transición de género a la que se ha sometido Cleo Tucker; una transición que, de las hasta ahora casi indistinguibles voces del dúo, ha creado dos voces claramente diferenciadas que cuando ahora se unen añaden más magnitud a su música. Donde sus letras fueron concretas y específicas en Before the World Was Big (2015) y Powerplant (2017), ahora son más elípticas y personales. Cada canción es un nuevo capítulo dentro del mundo multidimensional de Girlpool, y cada una de ellas resulta más escabrosa, más compleja y más cautivadora que la anterior. La paleta estilística del dúo se amplía, y su historia, inevitablemente, se magnifica. (Irene Méndez)

69. Flying Lotus – Flamagra

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Siempre ha dado la sensación de que Steven Ellison va un par de pasos por delante del resto de seres humanos cuando se calza el disfraz de Flying Lotus: a pesar de ser claramente deudores del legado de J Dilla, discos como Los Angeles (2008), Cosmogramma (2010) y Until the Quiet Comes (2012) estaban llenos a rebosar de ideas avanzadas todavía extrañas para el oído medio. Pero algo hizo click en la cabeza del californiano con You’re Dead, su anterior álbum, publicado en 2014. Pasó de ser un productor a ser prácticamente un sonido con patas, casi un género en sí mismo (¿space jazz-hop funky?). Pasó de vivir en una versión futura de este mundo a construirse directamente el suyo propio. Todavía dando vueltas a través de él le encontramos en Flamagra, su sucesor, un trabajo al que quizá muchos entrarán seducidos por su lujosa lista de invitados (Solange, Tierra Whack, Anderson .Paak, Toro y Moi, Denzel Curry…). De la puerta de salida hay que olvidarse: no hay. Flamagra es un laberinto de espejos en el que la mayoría de caminos ni siquiera llevan a ningún lado… o no llevan al sitio al que parece que van a llevar. Donde debería haber un estribillo, hay una jam; cuando da la sensación de que va a llegar una coda, aparece otro puente. Un álbum como Flamagra no se puede entender. Incluso habrá quien diga, tras una escucha rápida o simplemente tras comprobar que el minutaje supera la hora de duración, que no puede ni disfrutarse. Pero el regreso de FlyLo tampoco va de eso: discos infinitos como este no existen para entenderse o disfrutarse; existen para hacernos sentir pequeños de vez en cuando, que viene muy bien. (Víctor Trapero)

68. Sleater-Kinney – The Center Won’t Hold

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Si se oye el nombre de Annie Clark y luego se escucha ‘The Dog / The Body’, es fácil deducir que algo ha pasado con Sleater-Kinney. La canción podría haber salido de la cocina de HAIM, pero St. Vincent, ínclita productora de este The Center Won’t Hold, lo considera una evolución natural en la carrera del trio, aunque los tentáculos del pop de FM, ahora extendidos, no han llegado a abrazar a una de las formaciones abanderadas del llamado riot grrrl. La furia de la que han hecho gala las rockeras desde hace más de dos décadas irrumpe en el final de la canción que da nombre al disco y en la excelente ‘Bad Dance’, pese a que hayan atemperado su carácter. Aún resuenan rugosos riffs guitarreros junto a un mensaje reivindicativo presente con anterioridad en temas como ‘Price Tag’, y que ahora encuentra una nueva forma más luminosa en ‘Can I Go On’, en la que cantan “Eeveryone I know is funny / But jokes don’t make us money / Sell our rage, buy and trade / But we still cry for free every day”. El contenido no merma por cambiar las roídas tachuelas por un aseado vaquero. Un atuendo con el que también se puede censurar el aislamiento social provocado por la tecnología en ‘The Future Is Here’, otro de los temas que hacen del noveno álbum de las de Olympia una absoluta delicia y que aciertan con clausurar con la desnuda intensidad de ‘Broken’. Solo queda darle la razón a St. Vincent: el cambio de look que le ha hecho a Sleater-Kinney amplifica su incidencia y avala la categoría del actual matriarcado. (Carlos Marlasca)

67. Kevin Abstract – ARIZONA BABY

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Durante los últimos días del mes del Orgullo, Lil Nas X salió poco a poco del armario a través de tuits crípticos que al final se revelaron no tan crípticos. El autor del megahitOld Town Road‘, que ya había recibido backlash por la osadía de mezclar trap con country (o lo que es lo mismo, un producto cultural blanco con uno negro), ahora sumaba otra fechoría contra la moral mormónica norteamericana. Ser negro, gay y hacer hip hop con guiños a géneros más “blandos” no es una posición de ventaja, ni en EE. UU., ni en ninguna parte del mundo: es garantía de insulto y prejuicio constante. A eso mismo es a lo que se ha enfrentado toda su vida Clifford Ian Simpson, nombre legal de Kevin Abstract (quien dice odiar su apellido, así como también su pasaporte y todo lo que representa), tejano de tan solo 22 años que, junto a su revolucionaria boyband BROCKHAMPTON, ya ha probado la miel de ser parte de un disco #1 en Billboard haciendo música abiertamente radical: el glitched trap que cada vez más se está asentando como el nuevo punk. Al escaso año de lanzar ese LP, iridescence, Abstract se ha regalado con este genial ARIZONA BABY, que es tanto una atrevida declaración de intenciones en lo musical –mezcla R&B, lo-fi trap y rock– como una extensa carta abierta que redime sus traumas (y los de toda una generación) y explota contra los causantes de estos (los ataques homófobos tanto de la institución como de su familia y entorno). Es el perfecto ejemplo del artista polifacético (la denostada figura del rapper-producer) y agitador punzante y agudamente adaptado a su tiempo, tanto por su estilo sonoro y estético como por su contenido belicista y activista. La exquisita producción del álbum corre a cargo, en parte, de Jack Antonoff, productor del aclamadísimo último álbum de Lana Del Rey –algo que se deja notar en la ensoñación de los acordes que tienden hacia un abismo como de purgatorio: ni particularmente alegre ni falto de esperanza–. ARIZONA BABY ocupa un espacio extraño a medio camino entre el pop y el queercore, y como la tremenda ascensión de BROCKHAMPTON el año pasado demostró, es quizá justo lo que necesitábamos del hip hop en 2019. Un auténtico rollercoaster emocional. (Luca Dobry)

66. Sneaks – Highway Hypnosis

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Si pestañeas, te la pierdes. Eso pasa con la música de Eva Moolchan aka Sneaks, una artista de Washington D.C. que ha hecho de la brevedad y la concisión sus señas de identidad. Su debut, Gymnastics, publicado en 2016, no superaba los 14 minutos, menos de lo que la mayoría tardamos en escoger qué disco escuchar. Sus 10 canciones eran miniaturas de un post-punk deliciosamente rudimentario, puro DIY, sobre el que Moolchan planeaba en modo casi spoken word. La fórmula tuvo continuación en 2017: Sneaks, ya asentada en Merge Records, publicó It’s a Myth, otra demostración de que un bajo y una caja de ritmos pueden bastar para levantar un disco entero, por mucho que haya quien diga que 18 minutos son más propios de un EP que de un álbum. Ahora, en 2019, crece en todos los sentidos: Highway Hypnosis, su tercer trabajo, expande su universo en forma y fondo. Se estira hasta los 28 minutos, todo un maratón para ella, y, de paso, toca unos cuantos palos nuevos. En ‘A Lil Close‘ o, sobre todo, ‘And We’re Off‘ sigue fiel a lo que venía haciendo hasta ahora, pero sus fugas trip-hop (‘Ecstasy‘), dub (‘Addis‘), rap (‘Suck It Like a Whistle‘), drum’n’bass (‘The Way It Goes‘), ambient (‘Beliefs‘) o grime (‘Hong Kong to Amsterdam‘), por citar algunas etiquetas que, en el fondo, se le quedan pequeñas, la sitúan en la línea sucesoria de mujeres que han venido definiendo el pop de este siglo siempre a su manera. (Víctor Trapero)

65. Cala Vento – Balanceo

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Entre sonidos multiformes de guitarras que tanto suenan a campo como a playa, silba una voz de esas que solo escuchas en conversaciones íntimas. De ahí surge el balanceo; de no quedarse mirando el ombligo y pasar la pelota: de Aleix a Joan y de Cala Vento a quien sea que quiera recoger el efecto su narración. En su primer álbum autoeditado, los del Ampurdán siguen cuidando lo que ya venían haciendo bien desde el principio: canciones generosas y directas. Esta vez, además, revestidas con una producción más ambiciosa que no interfiere en su impronta sonora, pues aunque se perciba que en Balanceo las guitarras suenan más limadas y dinámicas, Cala Vento maduran sus canciones a la luz de una autenticidad férrea. No pierden su esencia y le suman capas. De las letras se desprende un pequeño paso adelante hacia la complejidad respecto a Cala Vento y Fruto Panorama. Siguen hablando el mismo idioma, pero en su construcción brilla la capacidad de darle otra vuelta y vestir el mensaje –como han hecho con el sonido– de un carácter más maduro y evolucionado. (Lluc Mulet)

64. Marika Hackman – Any Human Friend

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Después de viajar por terrenos algo más experimentales e introspectivos con sus dos primeros trabajos, We Slept at Last y I’m Not Your Man, Marika Hackman regresa con Any Human Friend, una disección exhaustiva de la cantautora de Hampshire sobre su personalidad, sus relaciones y su sexualidad. Un análisis profundo, claro y franco que, en ciertos momentos, podría crear la falsa sensación de que conocemos, como si de una amistad se tratase, a Marika. Pero a pesar de su innegable talento compositivo, esta característica ha sido y sigue siendo el gran denominador común de su proyecto. Entonces, ¿qué es aquello que realmente diferencia este tercer trabajo de los anteriores y lo convierte en su mejor disco hasta la fecha? La apuesta por un sonido más dinámico, fresco y potente influenciado, sobre todo, por un indie pop-rock ochentero con más presencia de guitarras y sintetizadores. Un nuevo atuendo sonoro que perfila con la coproducción de David Wrench (Frank Ocean, FKA twigs, The xx) y que brilla especialmente en la reflexiva ‘the one‘ o la sexualmente libre ‘hand solo‘. (Raquel Pagès)

63. Girl Band – The Talkies

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Después de casi cuatro años de pausa creativa debido a los problemas de salud mental sufridos por su líder Dara Kiely, la formación irlandesa Girl Band ha reanudado su compromiso con el noise rock industrial publicando un álbum que transgrede y manipula el sonido de la guitarra y el bajo hasta convertirlo en los ecos y resonancias del metal en disparatadas fricciones. El tema ‘Prolix‘, en el que se escucha la respiración densa y agitada de un ataque de pánico, es una primera toma de contacto con un álbum que transpira la desesperación y el caos de una mente angustiada. Conjugando elementos del glam rock, el techno y el post-punk, los irlandeses han construido su propio instrumento para generar las particulares embestidas de su música: una maquinaria pesada que chirría desde el núcleo, que dilata y comprime sus tuercas, que bombea y se atasca. Por su parte, la voz de Kiely dirige la insólita orquestación desde la compleja conjunción entre la claridad y el delirio, combinando el corte de aire en los pulmones con la exhalación sobredimensionada. Sin caer fuera de lo musicalmente asumible, pero repleto de texturas sonoras que traspiran ansiedad y dureza, The Talkies se posiciona como una de las mejores piezas de art rock contemporáneo. (Lluc Mulet)

62. Cate Le Bon – Reward

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Reward ha sido un disco que Cate Le Bon ha tallado sin prisas y con minuciosidad. Lo ha cocinado con calma, durante unos tres años y mientras estudiaba un curso de diseño de mobiliario. Pese a las diferencias entre las dos materias, la sutilidad de su quinto trabajo tiene algo que ver con el cuidado con el que, al mismo tiempo, trabajaba la madera. Las ideas han partido de un piano, por lo que la galesa ha relevado los riffs sobre las seis cuerdas por preciosos arreglos de viento que, en ocasiones como ‘Miami’, traen a la memoria al saxo más apacible de PJ Harvey, y sintetizadores que dan forma a la discreta censura de ‘Home To You’. La compositora se permite una licencia, a modo de psicodelia de salón, en ‘Mother’s Mother’s Magazines’, sin descuidar su reconocible elegancia. La envolvente voz de le Bon y su concepción de la poesía, maravillosa al hablar de las prórrogas sentimentales en ‘Daylight Matters’ junto a cortes tan reconfortantes como ‘The Light’, son los alicientes para que este sosegado Reward actúe a modo de antídoto contra los tiempos de urgencia que corren. (Carlos Marlasca)

61. Apparat – LP5

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Quizás hay un espacio en la cabeza, entre flujo y flujo de consciencia, que no está iluminado, que es esquivo a cualquier atisbo de razón. Allí, en esa especie de limbo, las leyes de la física se dan la vuelta y los planos se entrecruzan, las medidas pierden sentido. En ese lugar inhóspito en el que a veces puede sentirse uno como en su propia casa se encuentra la semilla interestelar de la que florece el nuevo disco de Apparat. Un coloso cuántico en el que según el propio Sascha Ring no cabe otra cosa sino música en estado puro. Una que emerge de un proceso de profunda búsqueda y exploración por parte del productor alemán, que se ha alejado de cualquier presión comercial para ahondar en los entresijos más complejos de la sensibilidad electrónica. Su lugar, el lugar, se encuentra en plena paradoja sobre lo que podemos entender por genérico, y bascula entre la idea de banda de música orgánica que traduce su lenguaje a términos electrónicos, como unos Radiohead, y la de DJ que ambiciona en su directo la organicidad de una banda en vivo, de carne y hueso, con falanges que provoquen vibraciones, sin terminar de ser claramente ninguna de las dos. Música fractal, un universo en suspensión, diluido en distorsiones mercúricas y cuerdas orgánicas, voces que se encuentran con su espectro en el futuro y en el pasado, viajes astrales, pianos solemnes, guitarras de cristal, un océano sintético inabarcable de texturas sutilmente extremas… “Momentos de friquismo primitivo, toques de Moderat, bandas sonoras y mucho ensayo y error”, vintage que colapsa en vanguardia y esa caricia melódica de Sascha que es a la vez tan accesible y a la vez tan indescifrable. De todo y a la vez de nada, de esto trata LP5. Un viaje en bucle y en una misma espiral centrípeta, alejado de lo que cualquiera entendería por gravedad, que esquiva las recompensas y rechaza los pulsos fáciles, que solo roza por magnetismo los ritmos predecibles y que a veces hasta parece una abstracción psicodélica. Música de cámara perdida en la inmensidad del cosmos, a la deriva del espacio. Y después del viaje, silencioso, de desenvuelto lento y dinámicamente postimpresionista, no hay una pizca de techno en el único subidón al uso de todo el trabajo, el impresionante final de ‘In Gravitas‘, ese cambio à la The Field o à la The Knife que encierra toda la reflexión de LP5 y que por un momento final, agonizante, pone los pies en la tierra. (Diego Rubio Méndez)

60. Sampa The Great – The Return

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«No necesito un hogar para sentirme importante», dice Sampa The Great en ‘Mwana‘, el corte que abre su primer álbum, The Return. La frase tiene un evidente poso autobiográfico: nació en Zambia, creció en Botsuana y estudió en San Francisco y Los Ángeles antes de asentarse, de momento, en Melbourne. Sampa se mueve de localización física cada poco tiempo, pero en realidad carga con su hogar a cuestas allá donde vaya. En The Return, sin ir más lejos, hay mucho de ese hogar: su madre y su hermana colaboran en el disco, multitud de artistas africanos aparecen entre los invitados del tracklist y el chichewa (una de las lenguas que se habla en Zambia) le roba protagonismo al inglés en algún momento. Sus raíces se mezclan con las raíces del hip hop americano y el resultado es un álbum de música negra en su más amplio concepto georrítimico, algo así como el reverso menos sofisticado y más visceral del To Pimp a Butterfly de Kendrick Lamar. (Víctor Trapero)

59. Stella Donnelly – Beware of the Dogs

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Lo de Stella Donnelly es algo así como vestirse bonito para ensuciarse la ropa arreglando el jardín. Con su EP Thrush Mental, publicado en 2018, ya nos daba pistas: no solo iba a unirse al elenco de voces que componen la constelación femenina del indie rock con nombres como Snail Mail, Lucy Dacus o Julien Baker, sino que del timbre de su voz haría solo el vestido y construiría un álbum de cuerpo denso. Un cuerpo al que no deberíamos buscarle el sexo, sino la inteligencia escondida detrás de cada curva. Y es que en Beware of the Dogs, Donnelly ha conseguido poner al descubierto un buen puñado de egos masculinos que –nosotros sí lo sabemos– son como los Burmar Flax de menta: si los expones al sol se funden, dejando tan solo un líquido viscoso encerrado en un envoltorio de plástico transparente. La australiana se ha convertido en el ejemplo exacto de cómo ejecutar una crítica al machismo desde una nueva perspectiva: con voz dulce y sonrisa en la boca, libre de toda agresividad y escupiendo perlas como “los rasgos de tu personalidad no cuentan si pones tu polla en la cara de alguien” en ‘Old Man’, “tu padre te dijo que las mujeres se violaban a sí mismas” en ‘Boys Will Be Boys’ o “mi madre sigue siendo punk y tú eres una mierda” en ‘Season’s Greetings’. Y aunque los perros sigan mordisqueando las plantas del jardín, desde la cocina sonará una musiquita a lo Courtney Barnett que tal vez les resulte molesta. (Lluc Mulet)

58. Holly Herndon – PROTO

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PROTO no es un disco normal. Es más bien un experimento, una indagación electrónico-naturalista en la que se ponen en oposición tangible los horizontes de posibilidad de la tecnología y las milenarias habilidades vocales del ser humano, consiguiendo un trabajo tan ancestral y emocionante como futurista, vibrante y desafiante. Y es que Holly Herndon, junto a su pareja, lleva dos años entrenando a Spawn, una pequeña criatura de Inteligencia Artificial diseñada y creada por el investigador Jules LaPlace, con la idea de que forme parte activa y de forma espontánea y natural, humana, de toda una coral de voces que se levantan por todo el álbum, desde las profundidades alienígenas de ‘Alienation‘ o ‘Crawler‘ a las más robotizadas ‘Fear, Uncertainty, Doubt‘ o ‘Godmother’ y pasando por el organicismo radical de ‘Eternal‘ o la descomunal ‘Frontier‘. Puede resultar obtuso, inaccesible e incluso borrar del mapa cualquier absceso de melodía que pudiéramos encontrar en el también experimental pero más concreto Platform, pero PROTO es sin duda la demostración de que su autora siempre prefiere mirar hacia adelante y proponer nuevos caminos para la tecnología desde su experiencia y programación humana y a través de la música electrónica y el mundo digital. Es la exploración de un territorio inhóspito todavía en fase inicial en el que lo tecnológico y lo humano colaboran en armonía y simbiosis, en el que el transhumanismo parece la primera frontera superable. (Diego Rubio Méndez)

57. Derby Motoreta’s Burrito Kachimba – Derby Motoreta’s Burrito Kachimba

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A estas alturas ya no nos debe sorprender su nombre a nadie. Derby Motoreta’s Burrito Kachimba se han consolidado como una de las bandas nacionales más en forma de este año con la publicación de su disco homónimo. Las quinielas apuntaban a un trabajo a medio camino entre King Gizzard y Triana, espacio en el que se desenvuelve la «kinkidelia» de la que son predicadores, y estaban en lo cierto, sí, aunque a lo largo de este curso los sevillanos se han ido despojando poco a poco de etiquetas hasta conseguir un sonido que no acepta comparaciones. Señas de identidad tan peculiares como la voz de Dandy Piraña, que brilla especialmente en canciones como ‘The New Gizz’ o ‘Somnium Igni – Pt. 1’, hacen de Los Derby una rara avis entre los headliners de muchos festivales de este país. (Genís Pena)

56. Jessica Pratt – Quiet Signs

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Hay algo que permanece inalterable en el universo de Jessica Pratt. Los cerca de 3.000 kilómetros que separan San Francisco y Los Ángeles de Nueva York o el glamour de un estudio en la Gran Manzana frente a las cuatro paredes de su casa tan solo han aumentado la paleta instrumental de la californiana. Ahora encuentra en pianos, flautas y órganos elementos con los que acompañar su guitarra y dar forma a su íntimo misticismo siguiendo la premisa del título del tercer y hasta ahora mejor disco de su carrera. Quiet Signs tiene el inicio inédito de las teclas de ‘Opening Night’ que introducen una invitación de algo menos de media hora a una brumosa hipnosis que sigue siendo capturada en baja fidelidad. La sutilidad de la voz de Pratt se hace omnipresente en canciones como ‘This Time Around’ y sus cuidadas armonías vocales quedan camufladas en la aparente sencillez de composiciones como ‘Fare Thee Well’ y su cautivador final o los arpegios y el tono benedictino de ‘Crossing’. Animada por tener a su compañero sentimental entre sus músicos, canta con menos abstracción de la que acostumbra en ‘Here My Love’, pero lo suyo sigue siendo dar forma a visiones aparentemente inconexas que se acaban convirtiendo en esos “tesoros luminosos y divinos” a los que canta en el cierre de ‘Aeroplanes’. (Carlos Marlasca)

55. El Petit de Cal Eril – Energia fosca

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La etapa de madurez permanente en la que está instalado Joan Pons aka El Petit de Cal Eril es de las que conviene elogiar. Disco a disco y haciendo poco ruido, el de Guissona ha ido construyendo un universo personal absolutamente único que hace mucho que dejó atrás el mal llamado folk rural de sus inicios para instalarse cómodamente en el pop metafísico que ahora promulga y comparte con coetáneos como Ferran Palau. Y con Energia fosca, ya su séptimo álbum, el artista catalán concluye una trilogía de discos que le coronan como una de las mentes más creativas y lúcidas de nuestro ecosistema musical. Encadenando giras sin acusar ningún desgaste, Energia Fosca cierra la senda abierta por La força (2016) y (2018, otra minitrilogía a su vez) moviéndose en sus coordenadas habituales: ese pop psicodélico policromático y refinadísimo, entre Tame Impala y Real Estate, que ya tiene en maravillas como ‘Ets una idea’, ‘Sento’ o ‘El sentit de les coses’ nuevos hitos que justifican todo un disco. En general, por mucha energía oscura a la que se refiera su título, estas canciones transmiten una serenidad y una paz casi místicas que deberíamos estar muy agradecidos de haber encontrado. (Aleix Ibars)

54. King Princess – Cheap Queen

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Su sencillo de debut ‘1950’, con referencias a la literatura queer clásica y el respaldo de Mark Ronson, Harry Styles y millones de curiosos ante la nueva aspirante a estrella pop, nos remite a algunos casos de la historia reciente como Lorde con ‘Royals, Maggie Rogers con ‘Alaska’ o Clairo con ‘Pretty Girl’. Y como en estos casos, Mikaela Strauss ha tenido que construirse a tiempo récord –aunque como en el caso de Billie Eilish, nació en el entorno familiar adecuado para ello– una personalidad artística sólida e identificable de cara a lanzar su primer álbum. Desde luego, la tiene: Cheap Queen, publicado en el sello de Ronson, no es precisamente una fábrica de hits –no hay ninguna canción tan adictiva como, por ejemplo, ‘Pussy Is God’–, pero a lo largo de sus trece cortes, la neoyorquina muestra desenvoltura, complejidad y descaro, además de una voz excepcional; características necesarias para dejar una huella significativa en el pop de 2019. Desde su propio título, extraído de la cultura drag, Strauss deja claro que quiere hacer las cosas de otra manera. A su manera: provocadora innata en sus letras, estas relatan vicisitudes en el amor y el desamor, así como reflexiones sinceras sobre su identidad como mujer lesbiana y, a veces, con mirada masculina. Pero sobre todo, King Princess es una artista de contrastes: su fluidez de género se traspasa también a los géneros musicales que, casi sin que nos demos cuenta, se alternan a lo largo de un trabajo que no sabríamos si definir como pop-rock, pop electrónico, R&B o neo soul. Su producción puede volverse más orgánica (‘Ain’t Together’, que cuenta con asistencia de Father John Misty a la batería), más experimental (‘Do You Wanna See Me Crying?’, que arranca como podría arrancar una canción de James Blake), entregarse por completo al clasicismo de otras épocas (‘Isabel’s Moment’, balada a piano en la que participa Tobias Jesso Jr.) o simplemente a la pista de baile (‘Hit the Back’, en la que se presenta como una dignísima heredera de Robyn). La sensación al terminar el disco es que no tenemos ni puñetera idea de cuál será el próximo paso para Strauss, y eso ya es algo más que excitante de por sí. (Max Martí)

53. JPEGMAFIA – All My Heroes Are Cornballs

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All My Heroes Are Cornballs, el tercer disco de JPEGMAFIA, nos recibe con cristales rotos y escabrosos gritos humanos. Podría parecer que el objetivo último del rapero y productor experimental más visceral del momento es incomodarnos, asustarnos, arrojar su mala leche sobre nosotros a golpe de barras pesadas, densidad sónica y sobrecarga estética. Pero si bien sus letras siguen cargadas de humor oscuro y agrio mensaje político, un instrumental de piano luminoso, armonías pop y su deliciso flow azucarado nos salvan del desasosiego a los pocos segundos de empezar ‘Jesus Forgive Me, I Am a Thot‘. No se dejen abrumar por sus títulos rarunos y la jerga posinternet; nunca había resultado tan fácil encontrar accesibilidad al mundo de Peggy. ‘Beta Male Strategies‘ se construye sobre una muestra vocal manipulada, chasquidos y percusiones hasta que una abrasiva guitarra eléctrica se desgañita tanto como su voz, siempre en plena forma; en ‘Free The Fails‘ la rompe por completo para mostrar su vulnerabilidad envuelto en susurros, coros y sintetizadores etéreos. Pese a la aparente anarquía de su discurso sonoro, nada en este disco suena improvisado o fuera de lugar. De hecho, se vuelve más placentero y gratificante a cada escucha. (Max Martí)

52. Lorena Álvarez – Colección de Canciones Sencillas

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Hay veces que el pasado emerge de repente con fuerza y parece hablarnos desde una de sus múltiples encarnaciones, pequeñas cárceles en las que lo retenemos a modo de recuerdos. Es a lo que alude Almodóvar en su última película cuando el protagonista decide regresar al cine gracias encontrarse con un dibujo de su infancia, y es lo que le ocurrió a Lorena Álvarez cuando, con las canciones prácticamente escritas y repartidas por varias carpetillas en su casa, dudaba sobre cuál era la mejor forma de grabarlas, de encararlas. Quería dar un salto hacia delante, producirse mejor, sonar más ambiciosa… pero se encontró con un dibujo de ella que le había hecho su abuela. Salía sola, armada solo con su guitarra acústica, y le hizo recordar aquello que es verdaderamente importante, lo esencial. Las canciones, esas historias sencillas que pueden convertirse por la fuerza de lo que son, de lo que dicen, en gigantescas epopeyas. Precisamente esta historia está narrada en ‘La Nube‘, una de esas canciones sencillas que componen esta colección, y marca el tono de toda ella. Una exposición naturalista y cruda de sentimientos muy humanos, sobre la pertenencia, la falta de expectativas, la persistencia de la memoria, la placidez de la vida tranquila y humilde, la importancia de las cosas pequeñas y valiosas, la capacidad para dar valor a las cosas que de verdad lo tienen. Jardines, flores, soles, estrellas, noches y días de calor. Paseos, bailes, viajes, contemplación. Un ver pasar la normalidad que pocos hacen tan normal como Lorena. (Diego Rubio Méndez)

51. Kim Gordon – No Home Record

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En un cruce de referencias de actualidad, de metáforas y quizá también de cables, es interesante y hasta divertido imaginar el primer disco a su nombre de Kim Gordon (lo de Body/Head lo pasaremos por alto por motivos puramente archivísticos, nunca por poco relevante) con el título del último de Angel Olsen: All Mirrors. Si con la Olsen todos esos espejos explican como un artista quiere proyectar imágenes distintas de ella misma, en el caso de la Gordon representan como todos los espejos, sean cuales sean, siempre devuelven la misma cara, la misma voz y la misma inquietud creativa. En No Home Record, la exbajista de Sonic Youth se mira en el hip hop sincopado y disonante, en el cyber-funk, en el rock raro y politizado y hasta en el trap. Y siempre la reconocemos a ella. Porque no es lo mismo sonar en 2019 a Sonic Youth (¿eh?, Lee Ronaldo y Thurston Moore) que significar Sonic Youth. Al final, el título de sus memorias, La chica del grupo, no era tan correcto. En el caso de Kim, “La chica era el grupo”. (Joan Pons)

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