20/11/2019

Una extensa entrevista con el artista catalán, que culmina con la publicación de su cuarto disco, Kevin, una evolución que le sitúa en lo más alto del pop contemporáneo.

Algo ha cambiado en Ferran Palau. El músico de Collbató (un pequeño pueblo situado debajo de la montaña de Montserrat), que se dio a conocer hace ya más de una década a través de Anímic –grupo en forma de colectivo en el que milita junto a su pareja, Louise Samson–, tuvo en 2012 su primera incursión en solitario con L’aigua del rierol, un tratado de folk crepuscular cantado en catalán que hacía difícil pronosticar lo que acabaría siendo Ferran Palau siete años más tarde. Los primeros destellos de su actual sonido, que ya le ha valido todo tipo de elogios, llegaron en Santa Ferida de la mano de canciones como ‘El meu lament‘ y ‘Aurora‘, que se iban despojando de elementos para, paradójicamente, ganar en emoción. Pero tuvieron que pasar otros tres años para que llegara Blanc (2018), el disco en el que Ferran Palau dio con la tecla de lo que se empezó a denominar (medio en broma, medio en serio) pop metafísico, especialmente por su asociación con El Petit de Cal Eril, con quien ahora mismo forman la dupla más interesante a nivel creativo de la música en catalán.

En Blanc ganaban terreno los dos elementos que ahora mismo definen la música de Palau: los teclados y el espacio, los silencios, la nitidez. Combinados, estos elementos dan forma al pop tranquilo de ensueño, casi adormecido y a cámara lenta, de canciones como ‘Tornar a començar‘ o ‘Serà un abisme‘, una especie de bálsamo sonoro para refugiarse de todo el ruido y la velocidad del mundo actual. Su cuarto disco, Kevin (Hidden Track Records), vio la luz el pasado 18 de octubre, mientras miles de personas ocupaban las calles de Barcelona en protesta por la injusta sentencia contra los líderes del Procés. Y con él, además de regalarnos un paréntesis en forma de nueve canciones bellísimas para tratar de sobrellevar mejor todas las cosas que estaban pasando, Ferran Palau dio el paso definitivo en su carrera, consolidando la capacidad evocativa y mágica de sus canciones al tiempo que le añadía un toque de R&B contemporáneo influenciado por Frank Ocean o el Tyler, The Creator más íntimo. Todo ello salpicado por el humor que rodea el título del disco, Kevin, que responde a la obsesión de Palau por llamar Kevin a las personas de su alrededor, sean sus amigos, su hermana o su hijo. Y, por supuesto, al amparo que le brindan sus colaboradores, empezando por Jordi Matas (coproductor del disco junto a Palau), Joan Pons de El Petit de Cal Eril (batería de la banda en directo) y Dani Comas. Una de las mejores noticias, en resumen, que le han pasado a la música en catalán en los últimos años. Al habla Ferran Palau.

La nota de prensa de Kevin explica que ya lo tenías hecho antes incluso de publicar Blanc. ¿Se te ha hecho larga la espera?
FERRAN PALAU: Un mes antes de publicar Blanc, cuando ya estaba todo listo para que saliese, yo ya tenia la sensación de haber hecho ese disco, estaba muy contento con él pero tenía mucho espacio en mi cabeza otra vez. Y de repente tuve ese vértigo de dudar sobre si me volverían a salir canciones tan buenas como esas. Eso fue lo que me llevó a ponerme a escribir la cara A de Kevin, y también algún tema de la cara B. Pero no fue todo el disco. Yo cuando hago un disco tengo cinco o seis canciones muy maduras y el resto lo acabo de desarrollar en el estudio porque me gusta dejarme llevar por lo que se genera cuando estás allí. Y ahora más o menos pasa lo mismo: tengo este disco hecho, estoy pensando en la gira, pero tengo tiempo para ponerme con temas nuevos, y es lo que estoy haciendo ahora. Y es un proceso muy guay. Ahora mismo no sería capaz de estar quieto, me subiría por las paredes. No creo que se necesite un descanso de la música porque la música en sí ya es un descanso. Poder hacer discos y conciertos no tiene nada que ver con trabajar, no necesitas vacaciones de esto.

Teniendo tanto tiempo para dedicarte a componer, ¿cómo decides qué canciones vas a desarrollar y hacia dónde vas a encaminarte?
No sabría explicártelo, supongo que me baso en lo que he ido aprendiendo durante todos estos años haciendo discos y conciertos a base de prueba-error. Tengo un filtro con las letras y la música que se basa en mi propio gusto. A base de ir probando cosas vas encontrando tu camino, que al final no deja de ser lo que hace todo el mundo: dos acordes y ya. Este disco está hecho con dos acordes, que además son los mismos, todo el rato. Y el mismo ritmo. Si lo toco en la guitarra fliparías, no tiene nada de original. Lo que uno añade, que es lo que hemos ido haciendo estos años de ir discerniendo el grano de la paja, es lo que la gente reconoce. Pero en el fondo no tiene nada de original.

Pese a ello, tienes muy claro lo que quieres conseguir.
Sí, claro. Yo soy minimalista radical. Estoy convencidísimo de que cuanto más sencillo, más se entiende algo. Y al final lo que yo quiero es comunicarme con la gente. Creo que con dos acordes, un ritmo y un tono se puede construir una carrera musical. Si te pones la radiofórmula, escuchas siempre la misma canción, y lo que las diferencia es la personalidad del artista. Pero son estándares, como pasa con el blues.

En tu caso ha sido claramente un proceso en el que cada disco vas avanzando más hacia lo que te propones. Y por muy sencillo que suene, es muy difícil de conseguir.
Cuando un disco tiene pocas pistas es cuando tú le puedes dar tridimensionalidad. Es muy fácil empezar a acumular capas y capas, todos hemos pasado por esto. Pero después es imposible de mezclar y suena como un churro. Porque no se pueden distinguir las cosas, no hay espacio… Ahora estamos en una sala y hay muchas cosas pero están repartidas, puedes pasear por el espacio. La música es igual: tienes que poder concebir el espacio. Si lleno esto de sillas, podrá sentarse mucha gente pero no nos podremos mover.

¿Tú tenías este sonido en mente cuando empezaste a hacer canciones en solitario hace años?
Me lo he ido encontrando con el tiempo. Supongo que si hubiera imaginado esto desde el principio, inmediatamente lo habría hecho. Cuando hice el primer disco, por ejemplo, me interesaban los arreglos de cuerda, cosa que ahora mismo he sustituido por los teclados. Es es el disco normal: canciones folk, una guitarra acústica, arreglos de cuerda, inspirado por Nick Drake. Es como un punto de partida. Y a partir de ahí empiezo a tener ideas para ir hacia algún sitio: Santa Ferida es un primer paso y diría que cada disco que hago es consecuencia del anterior, y en Kevin ya hay apuntes de lo que podrá ser en el futuro.

En el tema de tus letras el elemento comunicativo que comentabas me parece muy interesante. Porque yo creo que es fácil entenderlas pero no sé si responden a lo que tú querías expresar.
Yo creo que sí. Creo que la gente entiende las canciones como las ha de entender, que es que no las entienden pero de repente hacen una foto y ponen un trozo de letra en Instagram porque ese momento les transpira esa frase. Es intuitivo, y es del mismo modo al que yo llego a las letras, de forma intuitiva y con ese filtro propio. Hay palabras que me suenan muy evidentes así que no las uso, y he intentado construir un tipo de lenguaje personal, reconocible y que sea muy abierto para que se pueda adaptar a las circunstancias de las personas que escuchan la música. Y, no sé, “t’estimo com estimen els adolescents” creo que se entiende perfectamente, no hay más. No significa que te tenga que explicar una historia o que vaya de alguna relación, tú ya entiendes de qué va.

Un compañero en Indiespot, Víctor Trapero, dice que muchas de las frases de trap actual parecen hechas para que las escribas en la pared de un lavabo. Y creo que las tuyas también, como si fueran tuits autoconclusivos en muchas ocasiones.
Titulares, sí. Estoy muy de acuerdo. Las letras tienen que ser titulares, tuits o frases de lavabo, totalmente de acuerdo (ríe). Son frases que a veces son inconexas y no sé por qué las pongo unas detrás de otras, supongo que porque musicalmente quedan bien o riman. Pero son frases que son pequeñas sentencias encadenadas.

En una entrevista decías que cuando escribes no intentas explicar nada, y tampoco tienes una idea concreta de lo que estás escribiendo ni de lo que quieres decir. Moviéndote en este terreno, ¿cómo decides las letras que funcionan y las que no?
Porque no escribo rápido, y voy corrigiendo cosas. Cuando tengo una idea para una canción, grabo la melodía con una primera frase, y a partir de allí empiezo a construir el resto de la canción. Me refiero a que escribo desde el inconsciente porque si no me sorprendo a mí mismo, creo que no será interesante para nadie. Si no hay misterio ni para mí mismo, ¿qué misterio puede tener para la gente? ¿Cuántos millones de canciones hay en el mundo? Ya se ha hecho y se ha dicho todo. Si además escribes sobre las relaciones, que es más o menos lo que yo hago, ¿cómo encuentras tu hueco? Pues escribiendo de forma inconsciente y olvidándote de cualquier referencia que tengas en la cabeza sobre una canción romántica. Yo tengo miles de referentes pero no pienso en ninguno cuando escribo una letra. Musicalmente seguramente sí, pero a la hora de escribir letras no tengo referentes en absoluto. Me han preguntado por poetas, por escritores… nada, cero, me he leído muy pocos libros en mi vida. No me gusta leer. Y de música en catalán pues lo mismo, no escucho Sisa ni Lluís Llach ni los grandes referentes de la música catalana.

Se dice que Kevin es tu disco más romántico. ¿Es así?
Para mí es igual de romántico que Blanc. No es un disco de muerte, así que tampoco queda mucho más. Y es romántico también por la música que escucho, que va muy en esta línea. Hice una playlist en Spotify llamada Easyloving que refleja lo que yo busco a la hora de hacer música ahora mismo. Es música romántica en el sentido tranquilo, buenrollero, de piscineo y de ir conduciendo con el coche… Muchas veces las canciones románticas son despechadas o de euforia, pero de lo del medio no hay tanto. Allí está mi rollo.

Aunque sitúas Blanc en la línea romántica de Kevin, volviendo a escucharlo me sorprenden puntos más oscuros que no recordaba, como la frase “la nit s’acaba / però em queda dins” entre otras. ¿Te sorprende a ti mismo a veces redescubrir cosas que no recordabas de tus letras?
Justamente el otro día vi que alguien hacía una foto con los disturbios de Barcelona y esta frase. Es lo que te decía: de repente, alguien con una circunstancia concreta distinta se despierta por la mañana pensando que lo que sintió la noche pasada se le ha quedado dentro. Funciona. Pero yo cuando lo escribí no tenía ni idea de lo que estaba diciendo. Fue totalmente intuitivo, sale y ya está. Pero sobre la oscuridad, yo creo que no hago música oscura ni creo que la haya hecho nunca. Ni con el primero…

Me resulta curioso porque aunque tampoco creo que hagas música oscura, en algunos momentos de Santa Ferida y Blanc hay una tensión que me recuerda a la música de Twin Peaks, que también citas bastante en entrevistas. Esa especie de calma tensa, de belleza pura en la que no acabas de confiar…
La buena música tiene que ser un equilibrio de ingredientes. ¿Por qué es tan grande Twin Peaks? Porque hay un equilibrio de ingredientes, también hay humor, misterio… y cierta melancolía, claro. Y yo intento hacer eso, coger elementos para cocinar un pastelito curioso (ríe).

En Kevin habéis usado el mismo modelo de teclado que Angelo Badalamenti utilizó en la banda sonora de Twin Peaks, ¿no?
Sí, fue mi primo (Jordi Matas) que es un frikazo y empezó a investigar cómo se grabó la banda sonora, empezó a ver tipos de teclado y descubrió que no era un modelo especialmente raro. Así que encontró uno bastante bien de precio aunque tuvimos que arreglarlo un poco, y ya está, lo empezamos a usar.

‘Kevin’ es una de las canciones que más me gustan del nuevo disco, me encanta y dentro de las canciones que has hecho quizá sean de las más ligeras, con una letra que juega con la idea de “Kevin” pero al mismo tiempo parece una especie de monólogo interior. ¿Cómo la escribiste, qué planteas con esta canción?
Una cosa que hago mucho es coger una canción que me encanta y copiarla. Es lo que decíamos antes: el pop funciona así. Por ejemplo, ‘La Daga’ de Santa Ferida era ‘Orinoco Flow’ de Enya. Coges esa canción y le pones tu canción encima. Y en el mundo del hip hop ya ni te digo… En el caso de Kevin es ‘Time After Time’ de Cyndi Lauper, que es la canción favorita compartida por mi pareja (Lousie Samson) y su hermana, así que cojo estos acordes y esta estructura y me llevan a otra canción. Respecto a la letra, está bien dicho lo de monólogo interior. Estuve escribiendo esta letra bastantes meses, pero el grueso fue durante unas vacaciones familiares en la piscina de un hotel. Recuerdo estar tumbado allí e ir apuntando frases.

Me hacen mucha gracia frases como “Kevin, ja no puc més” o “Kevin, molt malament”, porque ya has explicado que llamas «Kevin» a cualquier persona, desde tu hijo a tu hermana o tus amigos…
Sí, es esta idea de convertir esto en algo. Ahora es una pegatina, una sudadera, un disco… Empieza a infiltrarse el “Qué pasa, Kevin(ríe). Esta era mi idea, crear una especie de icono.

Otra de las canciones más llamativas del disco es ‘Flora’, que has explicado que nació a partir de una canción de trap y reggaeton que tu hijo puso en el coche. ¿Crees que es un camino a seguir en el próximo disco?
A ver, yo no soy un artista de trap ni pretendo serlo. Aunque puede ser que vaya hacia aquí, sí. Quizá dentro de un año me he flipado con otra cosa y ya no estoy con esto. Pero hay que tener en cuenta que también hago bolos con una guitarra acústica…

De hecho, ¿este disco sigue teniendo sentido para ti solo con la guitarra acústica?
Hombre, necesito a mi banda para tocar este disco en directo, aunque esto no significa que ya no pueda hacer acústicos, porque la mayoría de las canciones se aguantan con una guitarra. De las nueve canciones del nuevo disco, toco la guitarra solo en tres, en el resto solo canto porque solo hay la guitarra que toca Jordi. Él también es un obseso de sacar pistas, y lo primero que quitó fue mi guitarra (ríe).

Últimamente habéis formado una asociación especial con Joan Pons (El Petit de Cal Eril), con quien compartes tu banda, toca contigo, etc… A veces da la sensación de que sois como una gran familia con dos encarnaciones distintas.
Sí, pero los conciertos son muy diferentes. Somos la misma gente, con una línea estética similar, Joan también escucha mucho soul y Frank Ocean, nos pasamos muchas horas juntos, vamos de gira… Es normal que acabe pasando esto. Pero yo soy la cara más lounge, y él sigue siendo psicodélico en el fondo.

¿Os influenciais mutuamente?
A saco. Por ejemplo, Santa Ferida es resultado de haber escuchado La figura del buit de El Petit de Cal Eril. Cuando escuché ese disco, entendí que tenía que hacer un disco de pop. ¡Y Joan no era consciente de haber hecho un disco de pop! Y a partir de aquí empezamos a hacer un ping pong de discos: La Força es consecuencia de Santa Ferida… y después empezamos a grabar y publicar los discos casi a la vez.

Supongo que acabaréis sacando algo juntos.
Bueno, el tema de colaborar no nos interesa mucho… Somos demasiado cercanos, ¡si es el batería de mi banda!

De ‘Amen’ has dicho que la escribiste en uno de los días más extraños de tu vida pero que te sorprende a ti mismo por la calma que desprende. ¿A qué crees que se debe?
Es como un mecanismo de autodefensa que tengo. En los momentos más locos me salen las canciones más tranquilas. Supongo que es una manera de autorregularme.

Creo que es una muy buena definición de tu música, que para mucha gente supone un bálsamo y un refugio sin saber muy bien por qué.
Funciono así, es una cosa muy curiosa.

Y enlaza con el momento en el que salió el disco, que fue en plena semana de disturbios en las calles de Barcelona como protesta por la sentencia a los líderes catalanes. Fue un contraste muy fuerte de sentimientos. ¿Cómo lo viviste tú?
Nosotros ya sabíamos que la sentencia saldría por esas fechas y que coincidiría con el disco. Y lo podríamos haber cambiado, pero llegamos a la conclusión de que no, de que este disco tenía que salir en esos días. Y que seguramente tendría su sitio y su utilidad. Y creo que fue un poco así. La respuesta no tiene por qué ser un disco rabioso: cantar y hacer discos también es resistencia. Será flipante cuando dentro de 20, 30 o 40 años miremos atrás a esta época, porque esto saldrá, espero, en los libros de historia, y podamos ver los discos que se hicieron y nos preguntemos por qué.

Este es el primer disco que te has autoeditado y gracias a Blanc estás en un momento dulce de popularidad. ¿Estás en el sitio en el que querías estar cuando empezaste a hacer música?
Ahora mismo, hoy, aquí, sí. Estoy de puta madre. Si hace 15 años pensaba en algo a lo que aspirar, era esto. Seguro. Ahora se trata de mantenerlo, que es lo difícil (ríe).

La gira de presentación de Ferran Palau pasará por el Monkey Week 2019 el jueves 21 de noviembre, por la sala Apolo de Barcelona el 20 de diciembre (junto a El Petit de Cal Eril), por Girona (Auditori de Girona) el 24 de enero y por Lleida (Café Slavia) el 25 del mismo mes.

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Foto. Ibai Acevedo   Entrevistas
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