02/11/2019

A las puertas del concierto del quinteto de Dublín en Barcelona, publicamos la conversación que mantuvimos con su guitarrista en el VIDA 2019.

Al preguntarle a Conor Curley, guitarrista de Fontaines D.C., cuál es el sentimiento que empujó el proceso creativo de Dogrel, aclamado debut de su banda irlandesa, él responde que “ahogo”. Tarda unos segundos en pronunciar la palabra, pero cuando da con ella la lanza con tal solidez que despeja todas las dudas: Dogrel es el correlato de una ciudad –Dublín y de una generación –la de todos– que ha destilado su esencia a base de consumir vorazmente los estereotipos modernos: velocidad, gentrificación, superficialidad y negación. Pero Fontaines D.C. se formaron, según nos cuenta Curley, con la voluntad de sacudir esta sensación de ahogo que comparten los integrantes del grupo, y de ahí que el álbum suene rabioso, denso, desfiante y, a la vez, contenga la visión optimista y poética de otra posible modernidad: una que se libera para confiar en sí misma.

Dublín bajo la lluvia es mía / Una ciudad preñada con una mente católica (…) Mi infancia fue pequeña / Pero yo voy a ser grande”, escupe Grian Chatten, puro nervio, en la letra ya icónica de ‘Big’, himno casi profético del destino de su formación. Pues lo cierto es que desde la publicación de Drogrel, uno de nuestros discos favoritos del segundo trimestre de 2019, estos cinco tipos irlandeses no han dejado de hacerse cada día más grandes. Prueba de ello es que algunos escenarios ya les quedan pequeños –ayer arrasaron en Madrid, y su concierto de esta noche en Barcelona, para el que también han agotado todas las entradas, fue trasladado de Razzmatazz 3 a La (2) de Apolo–.

Este verano corroboramos el ímpetu de su directo en el VIDA 2019 y hoy, con motivo de su nueva visita, publicamos la conversación que mantuvimos con uno de sus componentes en el festival de Vilanova i la Geltrú.

¿Cómo tuvo lugar la formación de la banda? ¿Fue algo que surgió de forma natural o, por el contrario, empezó como algo meditado?
CONOR CURLEY: En el momento en que formamos la banda éramos solo cinco músicos que íbamos por libre en Dublín. Cuatro de nosotros, a parte del batería Tom Coll, estábamos escribiendo canciones por nuestra cuenta hasta que empezamos a salir juntos y a darle vueltas a la idea de formar una banda. Ya sabes: era algo muy atrayente. Además, resulta muy agradable cuando te rodeas de gente con la que conectas y empiezan a surgir ideas sobre la posibilidad de formar un grupo. Casi sin darnos cuenta, estábamos inmersos en un proceso creativo conjunto que se basaba en la conversación; no en el proceso creativo individual que, al final, es más restrictivo y con el que se pierden muchos más detalles. Cuando estas con gente cercana con la que te sientes conectado, las cosas empiezan a moverse, y nos damos impulso los unos a los otros.

Esa fue la idea de la banda: queríamos tener un grupo para nosotros, como individuos, y expresar las ideas musicales que teníamos en mente. Además, todos compartíamos el mismo interés por la música y la poesía.

Precisamente vuestras letras están llenas de referencias a poetas y escritores. De hecho, las letras de Dogrel son poesía en sí mismas. ¿Qué puedes explicarnos acerca de esta simbiosis vuestra entre música y poesía?
Cuando nos conocimos estábamos muy interesados en la poesía Beat, concretamente en el estilo de poesía basado en el flujo de conciencia. Ya sabes: estar muy atento a lo que te rodea, casi como un estilo de vida, intentando abrazarlo todo con los ojos bien abiertos. Apenas teníamos todos entre 19 y 20 años cuando empezamos a salir juntos y, de alguna manera, buscábamos dar empuje a nuestras propias creaciones. Por eso la poesía es tan importante para nosotros como grupo. Se trataba de darle una continuidad a nuestra pasión por la poesía Beat, la poesía irlandesa, los textos de James Joyce, de Patrick Kavanagh… Todas esas figuras son muy inspiradoras para nosotros porque, de alguna manera, nos sentimos conectados al sentimiento de nacionalidad irlandesa y su visión del mundo.

¿Qué define la cultura irlandesa a través de vuestros ojos?
Oportunidad.

La crítica musical se ha puesto de acuerdo en que vuestro disco de debut, Dogrel, es uno de los mejores lanzamientos de rock irlandés en años. ¿Esperabais semejante reacción por parte de la prensa?
La idea del reconocimiento por parte de la crítica musical nunca fue algo que tuviéramos en mente. Cuando terminamos de grabar el álbum nos sentimos orgullosos con el resultado, y eso ya era más que suficiente. Estábamos impacientes de que la gente lo escuchara, pero ya sabes: que fuera objeto de buenas críticas no era algo prioritario para nosotros. Lo principal era que, como músicos y artistas, nos sintiéramos satisfechos con lo que habíamos creado.

Hay un fuerte sentido de romanticismo y honestidad a lo largo de todo el álbum. ¿Es ese el canal que queréis utilizar para dignificar vuestra ciudad y su herencia?
Probablemente. La cultura irlandesa ha sido pasada por muchos filtros a través del tiempo. Ha sido americanizada, ha sido usada como una forma de sacar ingresos, materializada como un objeto que pueda usarse, ya sabes, reducida a símbolos como el leprechaun, la olla de oro… Nosotros queremos pertenecer a la nueva generación de una Irlanda que confía en sí misma y en su entorno, y que de alguna manera busca un cambio en el mundo. Y no estoy diciendo que seamos los líderes de ese movimiento, sino que queremos seguirlo; seguir y apoyar a esa gente joven en Irlanda que se está esforzando en implementar cambios.

Por otra parte, más allá de esta Irlanda romantizada, os preocupan problemas actuales como la gentrificación o el capitalismo sin frenos. En este sentido, ¿os sentís optimistas respecto al futuro? ¿Creéis que, de algún modo, la música puede ayudar a cambiar las cosas?
Creo que la música puede ayudar a que alguna gente se pare y observe lo que está pasando desde una perspectiva crítica. Ya sabes, hay mucha gente que está ciega respecto a este tipo de problemas, y tal vez pueda ayudar escuchar nuestra música u otro tipo de música que canalice estos temas. En cierto modo, es como un tipo de educación: hacer ver que tienes opciones al alcance de tu mano, aunque no las veas. Para nosotros se trata de cultivar ideas propias y proyectarlas en la música. Esa es un buena forma de ayudar y dar ejemplo de que se puede desarrollar una opinión propia de lo que está ocurriendo en el mundo ahora mismo; subsanar esa sensación de estar totalmente perdidos en el mundo frente a las atrocidades que están ocurriendo o el bombardeo de información negativa que recibimos constantemente, y en reacción, encontrar un sentimiento de optimismo.

Hoy día, la música punk podría verse como algo pasado de moda, pero en los últimos años, bandas como la vuestra, IDLES o Shame, por mencionar algunas, están consiguiendo que el género suene fresco de nuevo. ¿Consideráis que, de alguna manera, estáis actualizando escenas anteriores?
Es obvio que hay una clara influencia de esas bandas punk del 79, como los Stooges, pero no nos veo como refundadores de lo que ellos hicieron. No se puede negar que todavía hay una memoria muy fuerte de aquella escena, pero creo que nosotros somos músicos muy posicionados en este momento, en esta época presente, y hacemos la música que queremos hacer sin demasiadas ataduras al pasado. Es obvio que, como todos los músicos, tenemos influencias, pero tratamos de crear mirando hacia adelante, no hacia atrás. Puede que actualmente haya bandas que pretendan recrear eso, pero nosotros queremos hacer algo nuevo.

De hecho, habéis comentado en reiteradas ocasiones que rechazáis que se os etiquete como banda de post-punk.
Sí. En el momento en el que dejas que la gente te etiquete, puedes verte cargando con ese encasillamiento toda tu carrera, haciendo el mismo álbum una y otra vez. A alguna gente le gusta eso, pero nosotros estamos en la música para ser libres.

¿Qué se puede esperar de vuestros directos?
Sudor (risas).

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