21/10/2019

Crónica de la presentación en directo del proyecto que une a Los Planetas y Niño de Eleche en Madrid: "Hay que restar solemnidad al refugio de los miserables".

A escasos minutos de que el nuevo proyecto formado por Niño de Elche y Los Planetas inaugure su gira, un rebaño ultranacionalista pasa por delante del lugar donde se va a celebrar el concierto. Ante el silbido de una chica, uno de los imberbes cachorros exaltados hace el amago de salir del grupo para agredirla, pero es tan solo eso, un simple ademán. Hace demasiado frío fuera de la manada. Más que el estentóreo griterío, asusta la escasez de materia gris y el retorno al paleolítico, el tiempo de las banderas y la reivindicación de las patrias. La coyuntura da la razón a Fuerza Nueva: hay que restar solemnidad al refugio de los miserables. 

Cuentan que la alarma ante el auge de los extremismos ha sido la fuerza motriz de la unión entre los granadinos y el ilicitano. Por geografía común corresponde que el flamenco juegue un papel preponderante, aunque Francisco Contreras no pase de ser un turista incómodo en el mismo Sacromonte que acogió con calidez un directo del quinteto local. Ya se sabe, las cosas de la pureza. Pero si el lector tiene la misma idea que quien suscribe del arte jondo, siempre puede optar por perderse en las sonoridades de la formación, a medio camino entre la psicodelia y el shoegaze. 

La idea es liberar el significante del significado bajo el nombre de la penúltima formación ultra que pisó la Cámara Baja española. El escenario lo adornan unos cuantos capirotes antes de que Jota y Contreras centren la atención con el comienzo de ‘Santo Dios’, su particular reinterpretación del himno andaluz. Sobre la banda se proyectan imágenes del franquismo o de domadores circenses, aportación del cineasta Andrés Duque para dinamitar el imaginario común. Unas pieles tatuadas acompañan a la notable ‘Canción para los Obreros de Seat’ que el independentismo cataloga como ofensa por atentar, según dicen sus adeptos, contra ‘Els Segadors’. La voracidad identitaria también pasa por encima de la conciencia social. 

Pero como la cuestión también es musical, Los Planetas recuperan ‘La Llave de Oro’ y ‘Tendrá que Haber un Camino’, parte de su cancionero más gitano. En la primera, Jota añade una de sus ininteligibles letras, un retazo de tradición. En la segunda, Niño de Elche recupera la voz de Enrique Morente, más aguda pero igual de elegante y profundamente sentida. El sacrilegio que no cesa. Es inevitable la comparación con el Contreras guasón y trascendente cuando es el foco principal. Al igual que ocurría con Exquirla, su asociación con Toundra, ahora acepta su rol como uno más de una banda, en este caso, acostumbrada a marcar distancias con sus seguidores. Durante la hora escasa de concierto, el mensaje y la densidad sonora es la única conexión entre público y músicos. Y al que no le guste, que revise el histórico. 

Entre el pop ensoñador de ‘La Cruz’ y ‘La Canción de los Gitanos’, queda zurrar también a los vasallos de esa patria que es ‘Una, Glande y Libre’, a la rémora de la España cañí y del sempiterno estertor que, al contrario que ‘El Novio de la Muerte’, no acaba de perecer. Poco importa si Fuerza Nueva queda como una licencia puntual de sus componentes o si sus canciones dejan una huella perecedera. Su trivialización de aquello que sirve para ocultar vergüenzas y aumentar distancias, para acallar al disidente o acoger al despreciable, se hace hoy imprescindible. 

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