09/10/2019

Con su último disco African Giant, el artista nigeriano asciende a la estratosfera del mainstream sin renunciar al activismo.

Ha sido muy celebrado por este medio el hecho (maravilloso) de que la latino gang, como le llama J Balvin, esté tomando el relevo del mainstream más absoluto del pop americano para el pop reguetonero cantado en español. Y en esa misma línea de “descolonización de la cultura” viene a poner un hito el último álbum de Burna Boy, que muy a consciencia se titula African Giant. El nigeriano es también paisano de una increíble generación de superestrellas en constante ascenso como Mr. Eazi (colaborador invitado en el mejor tema de Oasis), Davido o WizKid, tropa que con su incansable ritmo de trabajo y capacidad de sacar hit tras hit está poniendo el género afrobeats en el centro del mapa de lo más caliente del 2019. No confundir (o sí, ya que es una confusión dichosa) con el afrobeat, esa maravilla setentera de combo entre jazz, highlife y funk cantado en yoruba del que Fela Kuti (de quien, por cierto, el abuelo de Burna fue mánager) fue el máximo exponente.

African Giant es un trabajo capital, porque a nivel de discurso y producción cultural es exactamente lo que el pop puede y debería ser: canciones para bailar pegados en el club, temas cargados de denuncia política, mezcla de lo nativo con lo global, colaboraciones elegidas con mucho criterio (Jorja Smith, Future, Jeremih, Damian Marley…), interludios con mucha intención, transiciones suavísimas… En definitiva, Burna Boy toca todos los palos de estilo con los que se codea su mundo con tremenda maestría, todo cantado en una genial mezcla de yoruba y pidgin.

Y es que Burna es un tipo que ha estado en el Coachella de este año, que ha recibido el BET Award al mejor artista internacional, que ha sido número 1 en los charts de Reino Unido con ‘Location‘, que ha metido un tema él solo en el álbum oficial de la nueva de El Rey León hosted por Beyoncé… Es decir, es ya, o se está asentando, como un gigante de la música. Pero no por ello piensa abandonar su impulso de hacer denuncia política en su música, y eso lo podemos celebrar (como celebramos la genial campaña del gigante Bad Bunny contra Ricky Rossello). Basta con escuchar ‘Another Story‘ para haber hecho medio curso universitario sobre poscolonialsimo. Pero después de ese tema suena ‘Pull Up‘ y es como si te entrara un rayito de sol en el alma. Ese es el milagro de esta generación de artistazos nigerianos: que nos están recordando que la denuncia y el activismo son compatibles con mover el culo y sonreírle a la vida. Africa rise up!

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