08/10/2019

Crónica de su paso por La Riviera de Madrid, presentando debut largo bajo un nuevo álter ego que está intensificando sus luces y sombras.

Por si no te queda claro con la antiestética barra que separa sus dos personalidades, la vieja y la nueva, Chet Faker ya no es Chet Faker. Ahora es Nick Murphy y defiende un estilo mucho más orgánico… pero no parece estar muy seguro de ello. Solo eso explica la mencionada barra y que se conserven los dos nombres. Bueno, eso y la necesidad de streamings que se deriva de la contraposición entre el éxito inesperado pero nada sorprendente de aquel Built on Glass y sus canciones, así como esas en las que se acompañaba de Flume para contribuir entre los dos a una oleada de nuevos sonidos electrónicos pero también pop, y el flop que ha ido suponiendo su transformación, que todavía tiene que sostenerse (y muy seriamente) sobre el viejo alter ego. Vale eso para la versión de estudio, pero si con eso todavía no te ha quedado claro, puedes echarle un vistazo o recordar alguna actuación suya de la época de Chet Faker, como aquella del Primavera Sound o aquella otra sustituyendo a Stromae sobre la bocina en el escenario principal del NOS Alive, y darte de bruces con la insistencia en hacer de Nick Murphy un proyecto completamente nuevo… sin estar muy seguro de ello.

Al final, de un soul electrónico con pegada elegante y sensualidad a raudales, el australiano ha pasado sin mucho sentido (y dejando por lo tanto en agua de borrajas esa ilusión de verdadera transición que asomaba en el EP Missing Link; ninguna se cuela en el setlist de este nuevo trabajo) a ese espacio de indefinición que ocupa a veces el pop electrónico, que tanto recuerda a los Mumford & Sons producidos por The National como al Bruce Springsteen de Born in the U.S.A. (‘Harry Takes Drugs On The Weekend‘) pero que también se asoma al kraut (‘Yeah I Care‘) o a Ed Sheeran (‘Sanity‘, un cierre bastante descafeinado) e incluso al propio John Grant, del que antes parecía desligarse y ahora le sirve como inspiración.

Es precisamente esa parte muscular, clubera, seriota pero a la vez hiperestésica, entre el pulso disco y la electrónica bailable, la que sustenta el nuevo show, con temas como ‘The Trouble With Us‘ (de sus singles colaborativos con Marcus Marr) ejerciendo de rotor. Y es la que exuda cuando suenan los viejos hits de Chet Faker, los demasiado tempraneros ‘Gold‘ y ‘1998‘ (calentaron el ambiente tanto como se echaron de menos al final en un clímax inexistente) y una reivindicada ‘I’m Into You‘, del primer EP, que podría haber sido perfectamente la versión de ‘No Diggity‘ porque suenan terriblemente iguales y que dio buen paso a la peor parte del concierto, el momento piano man demasiado largo, demasiado intenso y demasiado fuera de lugar. Lo que estropean ‘Believe Me‘ y una ‘Novacaine and Coca Cola‘ que ni de lejos se acerca en directo al lamento boniverniano que pretende en disco lo arregla a su manera un temazo como ‘Talk Is Cheap‘, pura sensualidad.

Y es cierto que la parte más baladística encuentra su pequeña redención en una ‘Dangerous‘ que fue de lo mejor del concierto, así como que el savoir faire se le puede discutir poco. Arropado por una banda concisa, y pese a sobradas tipo solo de batería de tres minutos, se defendía con la guitarra y cantando, pillaba el piano o se concentraba en provocar ensueños electrónicos desde sus teclados para tejer los hilos conductores, y unos visuales bastante pintones realizados en directo con las imágenes de las cámaras y varios efectos de fantasía redondeaban la sobria puesta en escena. Pero el problema sigue estando en la naturaleza de las cosas… y si Chet Faker podía presumir de tener una personalidad musical definida, por desgracia es lo que más faltó en La Riviera de Nick Murphy: una voz. Buen concierto, pero nos quedamos con las ganas…

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Foto. Martí Bech (@martibech) en Barcelona   Conciertos
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