02/08/2019

Nos sentamos con Lorena Álvarez para hablar de su nuevo disco, con el que regresa en solitario tras cinco años de ausencia: Colección de Canciones Sencillas.

Tras más de cinco años de composición, varias mudanzas y un definitivo asentamiento frente al Sacromonte, en el Albayzín de Granada, por fin podemos escuchar la nueva colección de canciones de Lorena Álvarez. Un retorno radical a las esencias más purísimas del día a día, de lo cotidiano que encierra la belleza. A lo sencillo. A lo fácil. Y desde ahí tratar de llegar al mundo, a todas esas cosas que nos empeñamos, ciegos, en hacer complejas. Lorena vuelve a afilar su voz para cantar su poesía de la experiencia de una forma mínimamente arreglada, rabiosamente descarnada y sin pretensiones de ningún tipo a excepción de la pura expresión de la emoción. Como Almodóvar, ella también tuvo que recaer en un dibujo del pasado para recordar lo verdaderamente importante, lo esencial, y poder con eso resurgir y crear una obra nueva. Viva. Fulgurante. Y como con Morente, la única idea que mueve los engranajes de esta música es aportar amor y comunidad entre todos los seres. Pocos como Lorena para hacerlo, así que nos sentamos con ella en el bar de La Latina que tiene su nombre, lugar de encuentro de actores y buscavidas, para tratar de ver de cerca su carpeta y que nos cuente cómo han ido esto años, cómo ha afrontado su regreso, cómo concibe ahora y siempre la música y cómo lucha con el arte por salvar un mundo que parecemos haber perdido hace mucho tiempo…

Para empezar, has estado mucho tiempo sin hacer “nada”…
LORENZA ÁLVAREZ:
Esa pregunta me la llevan haciendo todo el día (risas). Todo el día la primera pregunta (risas).

Llevas mucho tiempo desaparecida, se sabía muy poquito de lo que estabas haciendo… La última vez que te vi fue teloneando a León Benavente en el Ochoymedio, si no recuerdo mal…
Sí, sí. Bueno, he estado por ahí tocando, aunque es verdad que en sitios más pequeñitos y tal. Después he estado colaborando con Soleá Morente en el último disco que ha sacado [el estupendo y bailable Ole Lorelei], compuse varias canciones del disco… y, bueno, he estado trabajando en esto nuevo que acabo de sacar. Es que es curioso porque claro, yo tengo mi vida normal, pero como de la parte del personaje artístico la gente no sabe lo que estás haciendo, pues se piensan que has desaparecido, pero para nada. Ojalá (risas). He estado trabajando en este disco, en ideas para otros discos… y viviendo mi vida.

También te has mudado a Granada…
Me he mudado a Granada, me he enamorado, me he desenamorado, me he vuelto a enamorar, me he mudado un montón de veces, he viajado mucho… muchas cosas.

¿Cómo has notado el cambio de coordenadas?
No me he mudado de Asturias a Granada, realmente he vivido en muchos sitios, pero nunca había vivido en el sur y estoy encantada. Estoy muy, muy, muy feliz en Granada, de hecho no quiero subir de Despeñaperros nunca más. Porque creo que en Andalucía todavía queda un pequeño resquicio de libertad, cosa que no veo ya más al norte. Allí, por ejemplo, yo vivo en el Albayzín de Granada, y hay gente de todo tipo; hay una convivencia muy chula, no como en otros sitios, donde hay más bien tolerancia… Aquí nadie se mira de manera diferente, no hay tolerancia, hay verdadera convivencia. Me parece lo natural; debería ser así en todas partes y no lo es. Allí siento que vivo en un mundo mucho más cercano a la manera en cómo yo veo el mundo.

Tú vienes de Asturias, probablemente la zona más “mágica” de España. Y yo pienso que, de algún modo, Granada funciona como el equivalente en el sur de esa “magia”…
Pues estoy muy de acuerdo contigo, pero no pienso que sea Granada sino que para mí es Cádiz. Para mí, Cádiz es la antítesis a Galicia y Asturias. Es como si doblaras el país… pues caen juntos. Yo siempre lo digo porque cuando yo he ido a tocar al norte o he ido a tocar al sur, las experiencias más mágicas, donde todo fluye más espontáneamente y donde nunca sabes lo que va a pasar, han sido o en Galicia o en Cádiz, y siempre tengo la sensación de que hay un punto en común, en cuanto a la magia y en cuanto a que no hay ley. Que sales un día por la noche y no sabes dónde vas a acabar ni cómo, ni qué personajes te vas a encontrar. Gente que parece que no es de esta época.

Tu música siempre ha conectado de alguna manera con cosas ancestrales, muy puras, de la naturaleza… Es un tipo de magia, al final. ¿Quizá en Granada también hay ese respeto por lo orgánico, por lo natural, lo ancestral?
La naturaleza no tanto porque tengo que decir que echo mucho de menos la naturaleza en Granada, porque la naturaleza de allí es bastante seca. Hay pinos y tal pero no hay muchos árboles ni ríos… Esa magia que dices tú la encuentro en otras cosas. Ya te digo: en los personajes que veo por el Albayzín, mis vecinos y vecinas, y cómo se relacionan… Veo cosas que me emocionan un montón, además de que se respeta mucho el arte, especialmente la poesía y la música. Todo el mundo sabe que la poesía es importante y se le da un gran valor, y eso para mí es fantástico, y me gusta compartirlo con las personas que viven ahí. La parte ancestral no sé si la veo tanto; veo una manera distinta de entender la vida que también me llama mucho la atención, y me gusta porque yo soy del norte, donde la gente está mucho más metida hacia dentro. Estar en un sitio donde cada mañana me levanto, voy a hablar con la gente y todo el mundo me recibe con los brazos abiertos, me hace bromas… pues eso a mí me llena de alegría, la verdad. Nunca me siento sola allí, me siento siempre como cuando son las fiestas del pueblo, que de repente parece que todo se viste como de noche especial. Pues a mí me parece que en Granada, en el Albayzín, todas las noches son así. Todos los días son así. Yo desde mi casa veo el Sacromonte, los perros ladrando, se oye a lo lejos una guitarra. Me hace sentirme muy acompañada por gente que le da la misma importancia que yo a algunas cosas. Me inspira mucho y me da mucha energía.

Este disco se podría decir que es tu disco más intimista, ¿por qué?
Intenté ir más profundo de lo que estaba yendo, quitarme más capas. Hace poco leí una cosa en un libro de Borges que hablaba sobre la inspiración y sobre las musas. Decía algo así como que tendemos a pensar que las musas vienen de fuera, pero que para él en realidad la inspiración viene de conectarse totalmente consigo mismo, o sea, de dentro. Y yo estoy muy de acuerdo con eso porque, cuando intento hablar de algo o explicar algo, lo que mejor me funciona es buscar dentro de mí. Intento quitar todas las capas que tengo para meterme muy dentro de mí y conectar conmigo misma a tope; es donde creo que están los secretos del mundo, no solo los míos sino en general. Eso fue lo que me fue surgiendo tras pensar en qué quería cantar y qué estaba diciendo con mis palabras. Hice una búsqueda dentro de eso hasta que encontré lo que había, no exactamente lo que quería decir sino lo que había.

¿Ha sido un proceso difícil y largo?
Mucho y muy largo, cinco años. Por eso me preguntan que por qué he tardado tanto en sacar el disco, y yo les digo que porque es lo que tardo. Yo no podría sacar un disco cada año, porque mi compromiso conmigo misma y con mi trabajo es otro, es el de respetar el tiempo que se necesite para hacerlo y respetar los requisitos que te vaya exigiendo el trabajo con el que te has comprometido.

De hecho, lo dices en una frase del disco: que todo necesita tu tiempo.
Cada uno tiene su propio proceso. Hay cosas rápidas que son maravillosas y hay gente que es muy prolífica. Yo pienso que si hago algo rápido no me va salir igual, y prefiero no precipitarme y tomarme mucho tiempo, y pasar por un proceso para poder hablar de ciertas cosas con coherencia y con experiencia. Primero vivirlas, después entenderlas e interiorizarlas, luego aprender cómo contarlas. Parece que hay mucha prisa siempre y unos estándares de cómo se debería hacer, cuántos discos hay que sacar y cada cuánto tiempo, pero esos estándares no los han puesto los músicos ni los artistas, los ha puesto el mercado. Y yo, como con el mercado quiero relacionarme lo más mínimo posible… Bueno, lo que necesite lo tomaré de ahí y tal, pero yo quiero ser independiente en la manera de hacer mi trabajo.

Hablando del disco ya en lo musical, hay detalles, pequeños arreglos que reproducen sonidos, etc., que le dan algo teatral, que escenifican de alguna manera el disco. ¿Puede ser?
Pues puede ser. Está guay porque cuando haces algo no sabes muy bien lo que estás haciendo, pero de repente la gente te da su opinión y es cuando reflexionas sobre las cosas… No es intencionado, es instintivo porque siempre que trabajo lo hago sin un plan.

Intentas provocar la imagen…
No lo intento, lo que pasa es que es mi manera de escribir. Me lo ha dicho mucha gente, que son canciones que son visuales. De hecho, a la hora de hacer el diseño del disco, por ejemplo, primero probé muchas imágenes para la portada y ninguna me convenció porque no quería condicionar con una imagen todo lo que la gente se pudiera imaginar, y por eso se me ocurrió la idea esta de la carpeta, que me pareció perfecta porque así cada uno puede ver lo que quiera ver, con las imágenes que le quiera poner, sin condicionamientos. Me gusta mucho que el público aporte su granito de arena a la hora de desbloquear el disco, o un libro, o cualquier cosa. Porque es lo que me gusta a mí cuando leo, o cuando escucho un disco o leo un poema o veo una película, o lo que sea. Me encanta cuando yo tengo que hacer también un trabajo para “completar” el disco, aportarle mi propia visión… Aunque siempre parto de mis experiencias, para mí es muy importante seleccionar lo que pienso que les puede pasar a los demás, algo que les ayude a conectar. No quiero ponerme por encima de lo que estoy diciendo. Dejo algo ahí para los demás y para que cada uno reflexione o lo vea como quiera.

¿Qué dirías que ha quedado en la Lorena actual de todas tus experiencias en bandas anteriores, que quizá estaban más enfocadas en desbloquear códigos populares mucho más que este proyecto, más sencillo al final?
Pues no lo sé, la verdad. Cada vez tengo más experiencia, más cosas que he vivido… Pero no lo sé concretamente.

¿No has cambiado la forma de composición, por ejemplo?
No. Lo que he cambiado con respecto a eso es que, a la hora de componer… noto que ahora he estudiado más, he leído más sobre los temas que iban surgiendo para hacer las canciones. Antes, por ejemplo, me surgía una idea y ahí estaba la canción, y no le daba ni una vuelta. En este disco me venían las ideas e investigaba. Cuando venía una letra investigaba a otra gente que había escrito sobre eso, leía libros sobre ese tema… Por ver otros puntos de vista, para enriquecerme. Eso es en lo que más ha cambiado mi manera de componer.

¿Cuáles han sido los puntos de partida principales para el disco?
Hacer el disco no lo decidí en ningún momento. He seguido componiendo, escribiendo, estudiando, trabajando y tal, y entonces pues ya tenía unas cuantas canciones y en algún momento dije “venga, las voy a grabar”. Aunque bueno, sí que hay un momento decisivo, la verdad, que es uno que sale en una canción que se llama ‘La Nube‘. Yo tenía las canciones pero no las había grabado, y tenía muchas dudas porque no sabía cómo grabarlas… Estaba pensando que necesitaba dar un paso adelante, en cómo hacerlo mejor todo, pero a la vez no tenía el apoyo por ninguna parte, los medios ni el dinero… una infraestructura, vaya. Entonces atravesé un momento de dudas y tal, y de repente, un día, caigo en un dibujo que tengo que me regaló mi abuela antes de morir hace mucho tiempo, que es un dibujo en el que salgo yo y tal, como dice la canción. Es un dibujo que siempre llevo y  que siempre me acompaña, pero al que nunca le había dado esta importancia. Y de repente un día lo miré y como que se me abrieron los ojos, como si mi abuela me estuviera diciendo desde el más allá “pero mira lo que eres tú, una chica a la que le gusta tocar la guitarra, ¿ahora qué quieres? De repente aquí ponerte a grabar en plan profesional, ¿qué necesitas? ¿dinero?”. Para mí eso fue una revelación total, incluso me vino la canción al momento. Y en ese momento decidí grabar este disco, grabarlo como pudiera, yo sola en mi casa y sin intentar pretender nada. Yo pensaba que tenía que dar un paso adelante en una dirección y, de repente, me di cuenta de que no tenía que dar el paso adelante en esa dirección sino en otra, que es en la que lo he dado. Dándole más valor a hacer las cosas como yo las hago y sin pretensiones.

Muy curiosa esta historia, porque te iba a preguntar… ¿has visto la última película de Almodóvar?
Ay, pues no.

Básicamente, hay un momento en el que justifican la vuelta al cine del protagonista, que se supone que es Almodóvar con Volver, gracias a que al personaje le llega un dibujo de su infancia y es precisamente ese dibujo el que le desbloquea todas las memorias que le llevan a rodar la peli.
Qué fuerte, pues no la he visto.

Me hace gracia por la fuerza poética que al final tiene esa imagen.
Es que hay veces que necesitas algo que te recuerde lo que tú ya sabes. Yo siempre he tenido claro lo que soy, más o menos; sé lo que soy, pero hay momentos que lo olvidas, que dudas de si estás haciendo lo correcto… y ver ese dibujo fue… Además, a mí es que me emociona mucho cuando veo cosas que dejan las personas y que están hechas a mano. Mi abuela no sabía dibujar ni nada, y me lo hizo porque yo se lo pedí. Y yo es que ahora veo ese dibujo de cerca y veo los trazos… y es que me emociono porque está mucho más presente que en una foto, ha trabajado en eso, ha puesto todo su cuerpo y su mente en ello. Como cuando ves las cartas o los poemas manuscritos de Lorca, que notas esa intervención, las huellas que dejan las personas. Son objetos que son mágicos, al final. Y, además, pocas veces encuentras una clave así. Es muy simbólico.

¿Por eso en el disco hay una especie de ritual de las cosas pequeñas? ¿Las que son importantes no por lo que son sino por el valor que cada uno les damos?
Sí, por el valor que les damos y por el valor que tienen. Otra cosa es que hoy en día se ignore ese valor o se intente darle menos, que se le dé el valor a otras cosas. Hoy en día, el valor lo da el dinero, lo da la imagen… El disco habla de muchas cosas que no son esas, pero porque son las cosas de tu vida, como yo las veo… No lo hice con ninguna intención de nada, son las canciones que me han ido saliendo estos últimos años. Por eso también al final ha sido tan natural grabarlo de forma sencilla, porque las canciones es lo que estaban pidiendo. No le voy a meter una superproducción a canciones tan pequeñas y que hablan de cosas tan cotidianas, tan normales y a la vez tan importantes.

O sea que a nivel de influencias prácticamente no hay, ¿no? Todo viene de cómo experimentas la música…
Hombre, yo tengo influencias de la música que escucho, por supuesto que sí. Me encanta la música popular, el flamenco, la música dominicana, muchos cantautores… Me gusta toda la música en realidad. Pero cuando hago música no cojo algo y digo “quiero que suene como ese disco de no-sé-quién, quiero que tenga esta estructura”… eso no lo hago. Yo voy tirando de un hilo de lo que me va viniendo y lo voy desarrollando, y supongo que ahí dentro hay muchas influencias, claro que sí, pero no las selecciono, no son concretas.

¿De dónde viene tu pasión por el folclore tradicional?
Pues seguramente de mi pasión por la poesía y de mi admiración por la manera sencilla de explicar el mundo que me emociona.

Hablando de la carpeta de la portada, que es la típica carpeta del cole en la que terminas metiendo todo lo que no tiene nada que ver con el cole (al menos para mí)… ¿puede significar nostalgia de la niñez?
Para mí no significa niñez, pero la idea un poco es que cada uno la entienda como quiera y que a cada uno le recuerde a lo que le recuerde, de forma personal. Pero para mí no significa niñez porque son las carpetas que aún uso para todo. Tengo la casa llena de carpetas. Como tengo muchas cosas, muchos proyectos, muchas ideas, aunque luego no acaben en nada, lo tengo todo separado en carpetas. Entonces claro, cuando estaba haciendo lo de probar portadas y las imágenes no funcionaban, estaba hablando por teléfono con mi hermana y de repente miré donde estaba y vi que lo tenía todo lleno de carpetas, carpetas abiertas por todos lados, todo lleno de papeles… y dije “hostia, pues el disco lo voy a poner en una carpeta de estas», porque en el fondo el disco ha estado en carpetas de estas mucho tiempo, las canciones y tal. Y al ponerlo así, además, lo disociaba de cualquier imagen para la portada. Pero no es por nostalgia, ya te digo que estas carpetas para mí no son antiguas, son mi día a día.

Si es que a veces  lo tienes todo delante y no lo ves, y eso es lo que yo intento: ser capaz de ver lo que hay enfrente, que a veces parece que estamos cegados y no lo vemos, estamos muy engañados… Nos bombardean para que no veamos cómo son las cosas, lo que tenemos justo delante. Por eso el primer compromiso que para mí tiene que tener un artista es ser sincero y honesto con uno mismo y con lo que tiene delante e intentar mostrárselo a los demás, para que esa gente que te escuche, que te lea o lo que sea a la vez adquiera ese compromiso. Y es difícil, porque hay como una mascarada constante de gente pareciendo que es lo que no es y todo el rato con la imagen y todo este rollo…

¿Llegas a aborrecer lo que empiezas adorando?
Claro, constantemente. Aun así, esa parte de ‘Aborrezco Lo Que Adoro‘ está sacada de unos tangos flamencos antiguos. No son exactamente así, es una estrofa que la cogí y la adapté. Ya tenía escrita la primera parte de la canción y de repente escuché eso, me gustó y pensé que le venía genial. Y la última coplilla es también de unas alegrías que cantaba Camarón. Así que sí, cuando lo escuché me sentí muy identificada, pero también está puesto de una forma irónica, para que te rías un poco de mí, en plan “mírala qué lástima, pero ¿de qué se queja?». Me siento en la cama y lloro de triste aborrecimiento (risas). Hablo un poco de eso, de intentar apreciar dónde estás.

¿Has utilizado mucho ese recurso de la glosa en otras canciones del disco?
Pues no, creo que solo en esa. Bueno, espera, a ver… en ‘Romance de la Huida‘, lo de “sobre agua fui construida / mis muros de fuego son”, eso es un lema de Madrid, de la ciudad, que lo leí y me gustó mucho y lo quise adaptar.

Decías que hay que reivindicar las cosas pequeñas, esas cosas esenciales, porque estamos bombardeados. ¿Hay cosas en las que podamos encontrar una vía de escape que nos permita evadirnos del bombardeo y ver las cosas mucho más claras?
Hombre, yo creo que el arte es una vía de escape en general, no una vía de escape para evadirse sino una vía de escape para pensar un mundo nuevo. No significa que todos los artistas sea eso lo que proponen, cosa que me da mucha pena, pero para mí el arte debería ser eso, un espacio donde aprendiéramos o donde recordáramos cómo podríamos hacerlo todo mejor, hacia dónde deberíamos dirigirnos… Debería mostrar unos valores de evolución y de progreso. Por eso, por ejemplo, a veces digo que me gusta mucho Morente, porque en su música veo un gran amor al resto de seres, con mensajes de respeto, libertad, amor… Para mí el arte debería ser eso. El arte es el lugar en el que encuentro la fuerza para seguir adelante, en el que encuentro la inspiración para luchar gracias a otras personas que han luchado antes.

Entonces ¿eres optimista?
Bueno, regular. No, muy optimista no soy. No sé si merece la pena luchar, pero yo lo hago, siempre lo hago.

Hay un cierto optimismo ahí, ¿no?
O supervivencia… Un tratar de buscar esas cosas que merecen la pena ya que estamos aquí, porque si no más valdría la pena estar muertos.

¿Es este disco sencillo una prueba más de que Lorena Álvarez no está muy a gusto con los ritmos actuales del mundo ni con el funcionamiento general de muchas cosas?
Sí (risas). No estoy conforme con cómo es el mundo ahora para nada. Sí me estimulan mucho los ritmos musicales modernos, porque me gusta mucho el trap, por ejemplo. Toda esta generación de artistas jóvenes y comprometidos… Yung Beef me parece la hostia, por ejemplo; me parece un artista buenísimo, me gustan mucho sus canciones y me parece un poeta; lo siento cercano porque traspasa su vida a la música, expresa lo que está pensando de la mejor manera que sabe hacerlo, que es una manera además personal; habla de muchas más cosas de las que parece que está hablando… Un artista que hace eso, para mí, es un 10. Pero el funcionamiento del mundo, no.

¿Vamos a peor?
Yo creo que sí, soy superpesimista. El mundo cada vez lo veo peor. Yo no quiero ver el futuro, porque es que… según vamos… tampoco creo que vaya a haber ya una ruptura fuerte o algo que sacuda los cimientos de cómo está todo construido… Vamos, no creo ya que nos salvemos.

¿Por qué fallamos tanto?
Pffff. Quién sabe, tío. Es que no sé. Lo primero que se me ha venido la cabeza, pero es una tontería porque realmente son miles de cosas, es el no ser honestos con nosotros mismos ni con los demás, ni querer ver las cosas como son. Hacer ese esfuerzo. Vivir ciegos. Pero ya te digo que es un cúmulo de cosas.

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