26/07/2019

Lo de Bad Bunny, el reinado del rap británico, la resistencia americana y más, en nuestra crónica de la vertiginosa 26ª edición del festival.

Ha sido un Sónar 2019 de vértigo. La 26ª edición del Festival Internacional de Música Avanzada, Creatividad y Tecnología parecía que avanzaba, ya desde antes de su misma celebración y más que en ninguna otra edición pasada, por la cuerda floja. La cancelación del astro del hip hop norteamericano A$AP Rocky tras su detención y encarcelamiento en Suecia, la previa caída del cartel de la promesa también estadounidense Lil Uzi Bert o las dudas que llegaron a planear en el ambiente respecto a si finalmente actuaría el tótem latino Bad Bunny tras su participación en las protestas de Puerto Rico nos tuvieron en vilo las semanas anteriores a la cita, como también lo hizo la huelga de riggers (montadores de escenarios) del Sónar en un conflicto en el que parece que la Fira de Barcelona y nuestras instituciones han optado por lavarse las manos. Por no hablar de un cambio de fechas que obligó al evento barcelonés a celebrarse en julio por primera vez en su historia (la edición de 2020 volverá a ubicarse, eso sí, en el mes de junio), con su consecuente competencia feroz de festivales por toda la península (¿podemos volver a hablar de burbuja?) y unas cifras de asistencia con un descenso de hasta 20.000 espectadores, según cifras de la organización. Con todo, este Sónar nos ha servido para constatar que se pueden afrontar las adversidades si la trayectoria es sólida, y pese al calor, en él hemos seguido disfrutando de un buen número de actuaciones de música electrónica y urbana de primer orden, en las que el Reino Unido se ha impuesto como nuevo epicentro del rap más arrollador y político; donde el mundo latino ha reclamado su merecido protagonismo; donde valores seguros a los platos como Paul Kalkbrenner han mantenido su influencia casi intacta; y donde nuestra propia escena urbana ha demostrado tener una salud de hierro años después de su eclosión. Y de entre todos los momentos vividos en el Sónar, aquí va nuestra selección de recuerdos…

Lo de Bad Bunny: la nueva religión

Con el triunfo de J Balvin en el Primavera Sound y la victoria inapelable de Bad Bunny en el Sónar, el desembarco de la latino gang en nuestras vidas queda completado. Si el concierto de Balvin en el PS fue en esencia festivo y desenfadado, Benito Antonio Martínez Ocasio le añadió una nueva capa: la proclama política. Precedido en los últimos días por las dudas acerca de su presencia debido a las masivas protestas en su Puerto Rico natal de las que el artista formó parte (y que han terminado resultando exitosas), Bad Bunny siguió proclamando la nueva religión como ya hizo unos días antes en Madrid, pero esta vez de una forma un tanto más especial. Más especial porque en medio de una revuelta en su país él estaba actuando en Barcelona, dando muestra de lo en serio que se toma su carrera y sus compromisos (no hay más que ver cómo se los toman las estrellas de hip hop norteamericanas, por ejemplo). Y especial porque de algún modo esa rabia interior se canalizó en un concierto trepidante y sin respiro, divertido por supuesto pero también desafiante. Con un repertorio centrado en su debut X 100PRE además de fragmentos a modo de medley de sus colaboraciones en hits como ‘Soltera‘, ‘No Me Conoce‘, ‘Sensualidad‘, ‘Te Bote‘ o la cada vez más significativa ‘I Like It‘, el momento de la noche (¿y del Sónar 2019?) no fue ni cuando entonó ‘Amorfoda‘, ni esa ‘MIA‘ con Drake, ni siquiera ‘Callaíta‘: fue cuando Benito Antonio Martínez Ocasio explicó al público lo que estaba sucediendo en Puerto Rico y, al reconocer una pancarta de apoyo a los manifestantes, se quitó el antifaz y el sombrero que le habían escondido durante todo el concierto. Si la nueva religión era esto, contadnos dentro.

Stormzy, Skepta y Octavian: el rape made in the UK manda

Consciente de su presencia en el cartel en sustitución de A$AP Rocky pero con la confianza al máximo tras su crucial concierto en Glastonbury como cabeza de cartel, Stormzy planteó su concierto como una reivindicación. «Sé que muchos veníais a ver a A$AP Rocky, pero os vamos a dar una lección de música británica«, decía Michael Ebenazer Kwadjo Omari Owuo Jr. después de arrancar a todo trapo con su icónica ‘Know Me From‘ y la explosiva ‘Cold‘. Con un show mucho más modesto que el de Glastonbury (apenas un DJ y una efectiva pantalla), Stormzy se bastó y se sobró con su flow hiperveloz y magnético y sudó como estábamos sudando nosotros al ritmo (y con los pogos) de ‘Mr. Skeng‘, la catártica ‘Shut Up‘, su reciente ‘Vossi Bop‘ o ‘Big for Your Boots‘ (que, a pesar de cerrar el set, sonó algo deslucida a nivel instrumental). Quitando el innecesario paso por el remix de ‘Shape of You‘ de Ed Sheeran (hubiera sido mucho mejor ‘Blinded by Your Grace‘, por ejemplo), el concierto de Stormzy fue la escenificación perfecta de por qué el grime (con sus consignas políticas, sus reivindicaciones y sus himnos) ha saltado definitivamente a la primera línea de la música británica.

Por tercera vez en el Sónar, Skepta tampoco quiso empañar su leyenda como gran tótem del revival del grime (siendo justos, fue el responsable de dar inicio a su nueva predominancia), si bien es cierto que la confirmación a última hora del héroe de Glastonbury hizo palidecer un poco su destacado espacio en el cartel. Sin embargo, el mucho más veterano Joseph Junior Adenuga Jr. no se achantó en ningún momento, y eso que le tocó encender los ánimos en el mismo escenario en el que Bad Bunny había logrado horas antes una comunión total con el público del festival. Escoltado por DJ Maximum a sus espaldas, como suele ser habitual, el curtido MC inglés se ventiló ya desde un buen inicio el colosal hit ‘That’s Not Me’, en el que rinde homenaje a la primera era del grime old school, para poco después pedir la libertad del encarcelado A$AP Rocky antes de cantar su colaboración de aires trap-dancehall ‘Praise the Lord (Da Shine)’. Con su flowazo audaz y siempre arrollador, controló a las masas tanto con temas del aclamado Konnichiwa (2016) que no parecen envejecer como del más reciente Ignorance is Bliss, recuperando el siempre efectivo ‘Shutdown’ para el final.

En la jornada anterior, el joven franco-británico Octavian saldaría la deuda pendiente con Barcelona tras su cancelación en el Primavera Club 2018 y lo haría por todo lo alto, demostrando que lo que se está construyendo en el Reino Unido va mucho más allá de Stormzy y Skepta. Si bien él actuó en el más pequeño SonarLab, su show dejó al público tan arriba como el resto de sus compatriotas, destacando en esa visión suya más bailable y electrónica del UK rap que no hace asco a los sonidos propios del trap que se prodigan al otro lado del charco, y con una voz arenosa que no tuvo ninguna dificultad para liderar a las masas. Como también hicieron otros raperos en el Sónar, vociferó el #freeA$APRocky, #middlefingersup y #fuckthepolice, desglosando los principales hits de la excelente mixtape SPACEMAN (2018) junto a los de la más reciente Endorphins, y propiciando descomunales pogos en canciones como ‘Move Me‘, su collab con Mura Masa, o ‘Lightning’, que sirvió de colofón e hizo que todos nos entregáramos al baile de Octavian.

Vince Staples y Sheck Wes: la resistencia americana

Vince Staples no se anda con tonterías. El MC de la costa oeste no tiene en quién apoyarse en sus sets, pero tampoco lo necesita. Flanqueado por numerosos televisores que en todo momento emitieron imágenes protagonizadas por él, en apenas una hora demostró ante un público muy fiel por qué debe ser considerado y es una de las figuras más imprescindibles de la escena hip hop norteamericana, un artista en plena forma que parece haber alcanzado la dimensión ideal para explotar todo su potencial y cuyo espectáculo, con el que lleva girando ya más de dos años, sigue siendo igual de efectivo y redondo. Empezó con la sarcástica FUN!’, mantuvo al público eufórico con ‘Big Fish’ y durante todo su set se mostró inmediato y ostentoso, con un pie en el hip hop más directo y otro en la crítica social. Siempre desafiante y parco en palabras, tras casi una hora en la cresta de la ola regaló un bis para enmarcar con la sensacional ‘Norf Norf’, confirmando así que, aun sin la presencia de A$AP Rocky y Lil Uzi Bert, el rap procedente de los Estados Unidos también sigue siendo capaz de resistir la embestida.

Por su parte, coincidiendo en horario con el gran reclamo de la tercera y última jornada del festival, Bad Bunny, y supliendo la baja del anteriormente mencionado Lil Uzi Vert, Sheck Wes llegaba el sábado al festival en unas condiciones a primera vista algo complicadas. El rapero de ascendencia senegalesa no se mostró por ello menos seguro sobre el escenario; fue a por todas poniendo el tono más rudo al festival y mostrando que tiene todo (o al menos, casi todo) lo que hay que tener para triunfar: el atrevimiento de un artista todavía con mucho recorrido por delante e infinidad de rimas y ritmos intransigentes dispuestos a ser lanzados. En boca de todos desde que a finales de 2018 estrenara ‘Mo Bamba‘, basó su directo no solo en ofrecer un espectáculo casi intachable en actitud y a base de beats destemplados, sino también en convertir el SonarPub, durante una escasa hora, en el centro de su universo; uno marcado por los sonidos fuertes, directos y soberbios, en sintonía con las bases que en su día, décadas atrás, codificarían los movimientos del hip hop y el punk rock en la ciudad de Nueva York.

Bad Gyal, Dellafuente y Cecilio G: nuestra escena urbana quiere hacerse mayor

¿Puede la autora de frases como «él me llama Santa María porque mi coño está apretado como el primer día» ser, en realidad, tirando a tímida? Claro que puede, solo faltaría. La sensación que dio Bad Gyal el pasado sábado cuando a eso de las 18:00 se subió al escenario SonarVillage fue, efectivamente, de inesperada timidez. Aupada a una plataforma, escoltada por cuatro bailarinas y secundada por uno de sus productores de confianza a las bases, Fake Guido, Alba Farelo pareció algo así como una versión apocada de la artista confiada y descarada que hemos conocido en sus videoclips o, sin ir más lejos, en algún que otro concierto suyo. Sería el calor que puso a todo el mundo a sudar bastante antes de romper a bailar, la presión por jugar en casa frente a amigos y familiares (sus padres estaban entre el público, dijo), los nervios por estrenar un nuevo espectáculo o, quizá, todo al mismo tiempo, pero su vuelta a Sónar, envuelta en un hype digno de estrella internacional, no fue exactamente el arrollador triunfo que cabría esperar.

El pasado (su versión del ‘Work‘ de Rihanna, la ya icónica ‘Fiebre‘), el presente (las muy recientes ‘Santa María‘ y ‘Hookah‘) y el futuro (presentó material todavía inédito) de una carrera fulgurante confluyeron en un show que fía gran parte de su pegada al baile y, en general, al componente visual: las imágenes proyectadas, las permanentes coreografías y hasta algún amago de performance protagonizan este nuevo Bad Gyal Soundsystem que todavía tiene margen de mejora. En un futuro próximo, cuando todos los componentes encajen por una mera cuestión de práctica, la del Maresme disfrutará más sobre las tablas liderando una propuesta hecha a su imagen y semejanza. Y, por lo tanto, nosotros también.

En cualquier caso, más allá de la aplicación práctica, la ambiciosa teoría propuesta por Bad Gyal es el síntoma de una tendencia que pudo percibirse en Sónar: algunos de los referentes de la escena urbana nacional, que hasta hace cuatro días permanecían semiescondidos en YouTube, parecen decididos a diferenciarse y, en cierto modo, a pasar al siguiente nivel en sus presentaciones en vivo. El esquivo Dellafuente, cuyo concierto mezcló el carácter verbenero de ‘Me Pelea‘ o ‘Bailaora‘ con la solemnidad de una versión pasada por autotune de Lole y Manuel, sería otro ejemplo. Quedó claro antes de que asomara por el SonarDôme con sus gafas de sol y su homenaje a Picasso en forma de camiseta: dos guitarras y un ordenador esperaban en una escenografía adornada por unos cuantos jarrones llenos de flores, tubos luminosos y dos pantallas en las que se proyectó, sobre todo, simbología alrededor de la Alhambra.

El granaíno, quizá el artista con los fans más fieles de todo el cartel, sería la cara. Cecilio G, en cambio, sería la cruz. En su búsqueda de lo impactante, el catalán tuvo (o aceptó) la discutible idea de llegar a su actuación a lomos de un caballo. La imagen, algo así como la versión trapera de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, fue, efectivamente, impactante. También efectiva: el espacio SonarXS terminó quedándose pequeño para un entretenidísimo concierto-tumulto en el que un Cecilio agradecido estuvo acompañado de un importante séquito de colegas hasta que se quedó a solas con un búho para cantarle ‘Trankimazin‘. Para bien o para mal, un momento histórico en los 26 años del Sónar. El debate es si, a estas alturas, unos cuantos años después de que en Cataluña se prohibieran los circos con animales salvajes, es moral someterles al estrés que supone un evento como este.

Arca y Virgen María: música que se ve

Dos años después de su última visita al Sónar, la venezolana Arca tenía preparada, como no podía ser de otra manera, una presentación especial exclusiva para el festival barcelonés, que en esta ocasión llevaba por título «Sal de mi cuerpo» y estuvo inspirada en el cabaret… ¿o en el infierno? La cuestión es que parece que Alejandra Ghersi ha dejado de escapar de su propio cuerpo, ya que a pesar de haber encarnado siempre la huida del binarismo en esta ocasión se mostró en su versión más femenina hasta la fecha. El show, uno de aquellos que no se entienden sin mirar, arrancó con su falsete entonando los singles más recordados de su anterior álbum homónimo, ‘Desafío‘ y ‘Piel‘, y a partir de allí todo fue de lo más inesperado: coreografías a cargo de minotauros en cueros, constantes cambios de vestuario, la participación de Susanne Oberbeck de la banda No Bra y Alejandra dándose sus habituales baños de masas en el SonarHall, todo para acabar convirtiendo el espacio en un laboratorio donde mostró sus nuevas andaduras musicales: temas rapeados, reggaetón, latineo e incluso EDM salpicaron un repertorio que tendremos que ver si finalmente se materializa en el estudio, pero que pareció indicar que a la nueva Arca no le importa rozar lo vulgar para llevar su radicalidad y rupturismo un paso más allá.

También más perfomance que concierto, la nueva forma artística de María Forqué como Virgen María consistió justo al día siguiente en un DJ set de electrónica entre el EDM y el hardcore (acaba de publicar G.O.D., su primer EP), algunos ratos de pole dance y muchos momentos con la protagonista, que vestía un bikini y una corona iluminada, subida a la mesa de pinchar. Si la cosa se quedó en un mero ejercicio estético o había algo más sustancioso detrás es algo que, al menos para nosotros, quedó en el aire.

Sevdaliza, Jesse Baez y Masego: sonidos de todos los colores

El SonarDôme, desde siempre y por naturaleza, funciona como campo de entrenamiento y pista de despegue. Tanto para propuestas consolidadas desencorsetándose para probar nuevos directos como para propuestas en fase de proyección. A ejemplo de lo primero, estaba este año Theo Parrish con un set de cuatro horas, y de lo segundo un Dellafuente rompiendo un directo con guitarras. Y, un poco a medio camino, estaba Sevdaliza. Su nombre ya nos suena, estuvo hace dos años, pero a pesar de tener marcados con una “x” todos los requisitos para triunfar, parece quedarse pidiendo pista. Las canciones funcionan, y ‘Voodoov‘ y ‘Libertine‘ son dos hits, como fueron dos highlights en su directo. Su presencia es realmente remarcable: entre la sensualidad terrenal y una figura etérea sin ubicar. Pero su estilo queda en algo tan inclasificable que le cuesta concretarse y no deja mucho poso. Reminiscencias trip-hop y algo de pop a lo The xx, pero no termina de elevarse para conseguir la atención absoluta y el silencio que necesita.

«Música de corazón directamente desde Guatemala«, repetía Jesse Baez con voz de locutor de radio antiguo entre canción y canción. También iba pegando tragos a su copa, presentando sus canciones y en general interactuando bastante con su público, que no era muy numeroso porque al guatemalteco le tocó coincidir con el concierto de Bad Gyal, que actuaba en casa y con nuevo espectáculo. Jesse solo iba acompañado de un DJ y su voz, tan seductora en directo como en disco, pero los que allí estuvimos entendimos un poco más por qué Baez podría ser el Frank Ocean latino (y un poco más gamberro): con temas como ‘Apaga la luz‘, ‘Fácil‘ con C. Tangana (con la que cerró) o ‘Tu Cama‘ con Paula Cendejas, lo único que le falta es dar ese paso adelante en repercusión. «Cuando piensen en Guatemala no piensen en Arjona, piensen en mí«, soltó. Pues así será.

Escuchando ‘Shut Up and Groove’ o ‘Queen Tings’, a uno ya le queda claro que Masego es un artista diferente, un contraste de estilos agrupados bajo el signo del jazz que en directo ataca todos los prismas de su sonido. Eso sí, la mejor forma de entender la propuesta de Masego y su «traphousejazz», concepto adoptado por el multiinstrumentista, cantante, rapero y productor para definir su música, es viéndole en directo. A medio camino entre André 3000, Kimbra y Jamie Foxx, sus directos son más como una jam que como un concierto al uso; las pocas pegas encontradas en Lady Lady (su disco de debut lanzado en 2018) desaparecen y su vertiente más jazz coge fuerza, sonando más auténtico, más transparente, mejor. Con un repertorio más que apreciable, en su paso por el Sónar ofreció una concierto intenso y cargado de momentos épicos, haciéndose eco desde su imponente presencia escénica y combinando trap, R&B, hip hop, y por supuesto, jazz.

Mundos por descubrir: Holly Herndon, K Á R Y Y N y Lorenzo Senni

Como suele ser habitual, los sets de carácter más experimental se dieron cita en el Sónar de Día, donde artistas como Holly Herndon y su PROTO acabaron colándose entre lo mejor de las tres jornadas del festival. El suyo fue uno de esos directos en los que las posibilidades sónicas de la voz y el ordenador sobre el escenario parecen no tener fin. Ritmos desprevenidos, electrónica digital, cantos folclóricos y una gran cantidad de voces atemporales que desafían las normas se dieron la mano a través de un proyecto de estudio que, llevado al directo, todavía cobra más fuerza. Acompañada de su asiduo colaborador Mat Dryhurst y, claro está, de su máquina de inteligencia artificial Spawn, Herndon mostró su personal visión del futuro explorando el potencial de la tecnología a través de la inteligencia artificial, las voces y los visuales; una experiencia radical que no hizo más que reafirmar la gran figura de la artista y performer en la actualidad.

Aún con mucho por crecer, conocer a K Á R Y Y N, artista procedente de Siria, de la mano del Sónar, fue uno de aquellos matches propios del festival. A la hora de la siesta, en un SonarComplex impecable (pero fatal a nivel de accesos, siempre con colas para que luego acabase sobrando espacio), y con una escenografía resultona pero sin resultar excesivamente empalagosa. A nivel de sonido, quizás el show terminó por ser algo monótono, pero fue lo suficientemente estimulante como para quedarse hasta el final. Como si Arca fuese comedido, o como si al ambient de Gigeling le sumáramos una voz femenina.

Antes de llegar al SonarDôme para ver a Lorenzo Senni no sabíamos muy bien qué nos encontraríamos. Ciertamente, nada tuvo que ver con su show del año pasado en el SonarHall, en el que prevaleció la electrónica y su personal visión del trance experimental. En esta ocasión, junto a su banda Stargate, se impusieron los estridentes solos de guitarra, las influencias punk y hardcore e incluso ciertas reminiscencias de la era del glam, en el que fue probablemente el momento más parecido a un concierto de rock de todo el Sónar. Con el propio Senni entre el sintetizador y la guitarra, un virtuoso y melenudo guitarrista, un bajo con extrema distorsión, un batería estruendoso y bases trance como telón de fondo, ejecutaron un espectáculo a la vieja usanza que culminó con los loops ondulantes de ‘Driving Hyperreality‘.

SebastiAn, Daphni y Ross From Friends: ¡…y que siga la fiesta!

De vez en cuando hay actuaciones en el Sónar de Día que no es que encajen más con el Sónar de Noche, sino que directamente podrían ser el colofón de una fiesta bien entrada la madrugada. El apabullante show de Jon Hopkins en el Sónar Hall en 2014 fue uno de ellos, y el retorno de SebastiAn al festival, en ese mismo escenario, fue otro. Como si el tiempo no hubiera pasado y el french touch siguiera en primera línea, el productor francés avasalló con su electro expansivo, avanzando temas de su segundo disco, Thirst (que sale en octubre, ocho años después del debut Total), recuperando clásicos como su remix de Rage Against The Machine, y en general constatando que quien tuvo, retuvo, y que quien mandó en su día puede seguir haciéndolo ahora.

Ya van algunos cierres que no terminan de funcionar. Más llevado por el nombre que por la práctica, Daphni sigue siendo ese gran productor de hits exagerados, siempre maximalistas, y con todos los tics para entusiasmar primero y agobiar después; Dan Snaith no termina de tener puntería ni instinto rematador como pinchadiscos. A ejemplo, sonaron seguidas el ‘Only Human‘ de Four Tet bajo el alias de KH (llegó a sonar hasta cuatro veces) y, justo después, ese nuevo tema suyo que podría ser una versión africaner de ello: ‘Sizzling‘. Un querer ir con todo e incendiar la pista por la vía efectiva sin haber caldeado antes ni haber construido la tensión necesaria. Quedaron algunas joyas, pero faltaron las ansias de sacar el Shazaam. 

En momentos como este se crea la leyenda del SonarVillage, apostando y viendo el resultado en directo. Ross From Friends, un proyecto mínimo como el de Felix Clary Weatherall, procedente de una tendencia tan anti-gran escenario, el lo-fi house, y de un sello tan nicho como Lobster Theremin, creciendo con un disco maravilloso como Family Portrait… Y en el momento de defenderlo aparecer con todo controlado, con guitarra y percusiones junto a dos colegas, todos excitadísimos y maravillados con la respuesta. No era para menos, y fue realmente emocionante ver como ‘Wear Me Down‘ o ‘R.A.T.S.‘ se bailaban e incluso coreaban. Sonido clásico, ambiente festivo y, como colofón, recuperaron uno de sus primeros hits, ‘Talk to Me You’ll Understand‘. A seguir disfrutando. 

Por Aleix Ibars, Víctor Trapero, Max Martí, Jordi Isern e Irene Méndez

Publicidad

Foto. Pablo Luna Chao / Irene Méndez   Festivales
Publicidad