16/07/2019

De Weezer a BROCKHAMPTON pasando por Rosalía, The Strokes, Thom Yorke y The Blaze en la decimocuarta edición del festival bilbaíno.

Por Aleix Ibars y Carlos Marlasca
Fotos de Christian Bertrand

La decimocuarta edición del Bilbao BBK Live será recordada por muchas cosas, pero más que por reunir a 112.800 espectadores a lo largo de sus tres jornadas, por conseguir el sold out en la noche del viernes gracias a Rosalía y The Strokes pese a la competencia directa del Mad Cool Festival, o por presentar un cartel cada año más ecléctico, variado y arriesgado, si algo nos quedará grabado de esta edición 2019 es el retorno largamente deseado de Weezer a España después de casi dos décadas y la llegada del huracán BROCKHAMPTON. Aquí van 10 cosas que hemos aprendido y recordaremos de este Bilbao BBK Live 2019 a modo de crónica-reflexión del festival.

11. Los años no pasan para Cut Copy

¿En qué momento perdieron Cut Copy su mojo? Con Free Your Mind, su disco de 2013, se podrían haber comido el mundo, pero el mundo se los comió a ellos. Los Cut Copy de 2019 son en esencia los mismos, aunque con un disco más (Haiku From Zero, 2017), para bien y para mal: en directo siguen siendo un engranaje infalible de synth pop eufórico y por momentos psicodélico, bien disciplinados por la elegancia de su líder Dan Whitford, pero también suenan encapsulados en su época, atrapados en ese sonido tan de la década pasada del que no parecen poder (o quieren) escapar. Incluso sacrificando hits como ‘Free Your Mind’ y ‘We Are Explorers’ (sí sonaron, claro, ‘Take Me Over’, ‘Lights & Music’ y ‘Meet Me In a House of Love’), su repertorio mantuvo el tipo y la fiesta no decayó pese a ser las 3 de la mañana. Pero la sensación de estar ante un grupo en un limbo (entre un sonido un pelín anacrónico y un revival que no llega) fue inevitable.

10. Para Khruangbin, menos es más

Cuántas veces se ha aplicado ese axioma en el terreno musical. Canciones aparentemente sencillas, bien cocinadas, sin excesos. Directos sin artificios, sin abusos virtuosos más allá de la capacidad de los músicos para hacer sentir. Todo ello lo sintetizan perfectamente los tres miembros de Khruangbin. Lo que hacen, cuentan, viene de la interpretación que en Tailandia hacen de géneros como el funk, de la música tradicional iraní y también tiene matices de psicodelia, mucho más tangibles para aquellos con menos mundo. La sensualidad y las líneas de bajo de Laura Lee, además de las maravillosas voces de temas como ‘Evan Finds The Third Room’, las melodías de la guitarra de Mark Speer en ‘Two Fish And Elephant’ o ‘Maria Tambien’ y el metrónomo que se esconde tras el apacible Donald Ray Johnson otorgan una personalidad propia a un trio que tampoco en directo pasa inadvertido. Con la misma discreción que ejecutan sus temas, pasean por el escenario, intercambian posiciones y regalan alguna sonrisa. Los de Texas son una rara avis que, especialmente tras su segundo Con Todo El Mundo, han aportado colorido al actual panorama musical. En algún momento Quentin Tarantino los incluirá en alguna de sus bandas sonoras porque aquí todo es una cuestión de estilo.

9. Vince Staples sigue abriendo camino para el hip hop

Si el hip hop tienen que ir ganando terreno en festivales tradicionalmente indies o dominados por las guitarras, que lo haga con conciertos como los de Vince Staples o BROCKHAMPTON (ver más abajo). El Bilbao BBK Live parece decidido a que así sea, y al show de Childish Gambino del año pasado este año se le ha sumado el del rapero de Compton, que como ya hiciera en el Primavera Sound 2018, se presentó en el escenario completamente solo y únicamente acompañado por imágenes de pantallas de televisión. Una vez más, no fue ningún obstáculo para que sus rimas polimórficas y sus variadísimos beats dejaran constancia de que no hay marcha atrás, de que canciones como ‘Big Fish’, ‘FUN!’, ‘Norf Norf’ o esa ‘Ascension’ que versiona de Gorillaz son de las que te acaban ganando. Quizá faltó algo de sintonía con el público y el sonido podía haber sido mejor, pero shows como el suyo son cada ves más necesarios.

8. Hot Chip quieren ser los nuevos LCD Soundsystem

Ubicados en el escenario principal justo después de Weezer, nada menos, los nuevos Hot Chip parecen tener una misión: convertirse en los nuevos LCD Soundsystem. Dispuestas en el escenario como la ensemble electrónica al más puro estilo de la de James Murphy, y llegando de la mano de su recién publicado nuevo disco A Bath Full of Ectasy, quedaba claro que la intención de la banda era dar ese paso adelante que un escenario principal pedía. Y aunque las comparaciones son odiosas, hay que reconocer que a Hot Chip les faltan aún unos cuantos himnos para llegar a hablar de tú a tú a LCD Soundsystem. Con todo, su concierto fue muy consistente y enfocado descaradamente a la pista de baile, solo mermado ligeramente por esas ‘One Life Stand’, ‘Ready For The Floor’ y ‘Over and Over’ reimaginadas para que encajaran con el fluir general del show, algo que por momentos las hizo irreconocibles. Solo rompió el mood general una salvaje versión de ‘Sabotage’ de Beastie Boys, tan inesperada como celebrada y catártica.

7. Brett Anderson puede levantar a todo un festival él solito… y Damon Albarn casi

Encajados entre los conciertos de Rosalía y The Strokes, sin los focos de la primera y el factor icónico de los segundos, el de Suede tenía muchos números para pasar desapercibido en la multitudinaria jornada del viernes. Clásicos de los 90 que aún aguantan el tipo gracias a dos discos muy meritorios (Night Thoughts en 2016 y The Blue Hour en 2018), hubiera sido así si no fuera por la obstinación de Brett Anderson en convertir aquello en una celebración. Recibido con cierta frialdad al principio por el público, su energía incansable y el poder eterno de himnos como ‘Trash’, ‘Animal Nitrate’ y por supuesto ‘Beautiful Ones’ consiguieron enderezar la senda del show y recuperar todo el esplendor de la era dorada del brit pop, aunque solo fuera durante un rato.

Al día siguiente, en el mismo escenario, otro de los adalides del brit pop saltaba al escenario con uno de sus múltiples proyectos paralelos, The Good, The Bad & The Queen. Lejos de la alérgica prepotencia de Liam Gallagher (que actuó el jueves en el festival) pero también del ímpetu contagioso de Brett Anderson, Damon Albarn fue el protagonista absoluto del directo elegante y clásico de esta superbanda. Ni siquiera el legado de The Clash tras Paul Simonon, los retazos de la mejor música africana tras las baquetas de Tony Allen o la frescura de Simon Tong pueden ensombrecer a Albarn. A la guitarra, los teclados, con un baile o un guiño, fue todo carisma frente al fondo de un Londres de Charles Dickens que aporta sentido a una banda complementada con coristas y percusionistas. ‘Merrie Land’ fue el sosegado inicio con un repertorio que se fue agrandando, con las pinceladas cabareteras para narrar la tragedia que vivió Londres en el siglo XVII con ‘The Great Fire’ y en el que también sonaron las canciones que mejor encajan con la carrera en solitario de Albarn como la estupenda ‘History Song’, que abría el debut del grupo. El compendio de talentos renueva la banda sonora de un cuento ya escrito pero cuyo protagonista ahora pertenece a otro tiempo.

6. Con The Blaze, otro tipo de subidón es posible

Hay algo en la puesta en escena de The Blaze que remite directamente a ese enfoque estético tan french touch de Justice y, salvando las enormes distancias, Daft Punk. Una apuesta clara por resultar reconocibles desde el primer momento, sea gracias a unos cascos de robot, una cruz iluminada o, en el caso de Guillaume y Jonathan Alric, su posición cara a cara a contraluz y con las pantallas panorámicas detrás. Que para The Blaze la imagen es tan importante como la música es algo que sabemos desde sus primeros vídeos, y en directo eso se transforma en una apuesta por los juegos de luces, sombras y claroscuros que maridan a la perfección con esa electrónica aparentemente sutil que tiene en el bombo y los teclados trance sus mejores aliados. La combinación funciona a las mil maravillas gracias a pelotazos como ‘Juvenile’, ‘Heaven’, ‘She’ o ‘Faces’, además de por supuesto ‘Virile’ y ‘Territory’, cortes que te elevan desde la emoción, demostrando que otro tipo de fin de fiesta es posible.

5. Thom Yorke: ahora sí

Hace tiempo que Thom Yorke dejó de ser solo el líder de Radiohead para generar una marca propia. Y a pesar de patinazos como el del año pasado en el Sónar (donde gran parte de su set estuvo formado por temas inéditos), la profundidad del británico siempre le permite esconder un as en la manga. Como en el último proyecto, el intenso Anima acompañado del cortometraje dirigido por Paul Thomas Anderson, su presencia en el festival provocó una sensación hipnótica mediante un repaso a su trayectoria en solitario. Desde el inicio de ‘Interference’, a Yorke se le vio confortable en un concierto marcado por las bases electrónicas de joyas de su último trabajo como ‘Traffic’ o ‘Impossible Knots’ o temas como ‘Harrowdown Hill’, de su ya lejano The Eraser, o en una excelente ‘Nose Grows Some’, acompañadas por unas magnéticas visuales. Con una voz impoluta y la sutilidad en el bajo, el carismático compositor tiene la suficiente categoría para evitar el recurso fácil con temas de la banda que le dio a conocer (sí sonaron ‘Amok’ y ‘Twist’ de Atoms For Peace) y generar un trascendental directo que se entiende mejor como una experiencia sensorial que como un conjunto de temas salidos de una mente privilegiada.

4. El compromiso de Idles es proporcional a su caos

En ‘Mother’, Idles empatizan con las víctimas del machismo y en la impresionante ‘Danny Nedelko’ se sensibilizan ante el drama de la inmigración. Dicho así, podría parecer una banda de pop intimista o folk comprometido. Ambas canciones sonaron furibundas con una formación que la ha dado una vuelta de tuerca al punk británico deudor de Sex Pistols. Todo se basa en la actitud con la que el quinteto despacha un repertorio que, con solo dos trabajos, les ha convertido en referencia obligada del género. Tras los golpes y bofetadas que se da Joe Talbot, para darle autenticidad a todo lo que vomita y para indicar que esto va en serio, y una banda que entre faldas escocesas y largas barbas hace de lo pintoresco un arte, se esconden canciones tan bien calculadas como ‘Samaritans’, una salvaje sacudida a la masculinidad. Hacen medleys en los que entran Sinead O’Connor o Bon Jovi, riéndose de todo lo que amplifica su odiada ‘Television’. El mensaje de Idles es tan verídico como la fuerza con la que lo interpretan. El pasado año Joy As An Act Of Resistance fue uno de los trabajos más alabados, y en Bilbao se coronaron con el directo más avasallador que pasó por Kobatamendi.

3. The Strokes y Rosalía bien valen un sold out

Con todas las entradas vendidas, la jornada del viernes del Bilbao BBK Live 2019 confirmó las expectativas: que Rosalía actualmente es uno de los nombres (nacionales o internacionales, qué más da) que más público moviliza y que The Strokes siguen reteniendo ese poder de convocatoria y seducción pese a llevar casi una década sin sacar nada relevante. Eso dificultó considerablemente la movilidad durante esa jornada, tanto para acceder y salir del recinto como dentro del mismo, con colas prácticamente en cualquier sitio para cualquier cosa. Eso sí, las 40.000 personas congregadas en Kobetamendi tuvieron en los conciertos de Rosalía y The Strokes dos momentos de comunión colectiva: la catalana siguió exhibiendo el poderío escénico de su gira de El Mal Querer, presentando un espectáculo casi idéntico al que ha hecho en festivales como el Primavera Sound con el único añadido de la reciente ‘Dio$ no$ libre del dinero’ a modo de despedida en el bis (por desgracia, ‘Milionària’ no entró en el setlist). Esto es, arrancando con ‘Di mi nombre‘, repasando sus colaboraciones con J Balvin –’Brillo‘ y ‘Con altura‘– sin mencionarle, versionando a Las Grecas y con las inéditas ‘Como Ali‘ y ‘Lo presiento‘, de nuevo desbordando emoción, entrega y rompiendo barreras. 

The Strokes, por su parte, superaron las expectativas… porque tampoco eran muchas. Habiendo salido de gira con su último EP publicado hace tres años, no parecía haber más motivos que el puramente económico para volver a los escenarios, pero por momentos el quinteto de Nueva York incluso nos lo hizo olvidar. El arranque fue fulgurante con ‘Heart In a Cage’ y ‘You Only Live Once’, y lo que le siguió después fue un set de greatest hits en toda regla, con algunos momentos de respiro pero centrado casi exclusivamente en los tres primeros discos del grupo, que ya dice mucho. Pese a un Julian Casablancas un pelín demasiado bromista y hablador por momentos (y bastante ininteligible, a decir verdad), al resto de la formación se le vio cómoda y hasta a gusto, a la altura de la leyenda, y por momentos mientras sonaban himnos como ‘New York City Cops’, ’12:51’, una ‘Someday’ que resulta difícil no interpretar en clave propia (“In many ways, they’ll miss the good old days / Someday, someday”), ‘Reptilia’ o las finales ‘Is This It’ y ‘Last Nite’, no fue nada difícil recordar por qué The Strokes son capaces de congregar aún multitudes: los grupos de guitarras con un repertorio tan ganador como el suyo se pueden contar con los dedos de una mano. Y eso ya no se lo quitará nadie.

2. Lo de BROCKHAMPTON

Solo la salida al escenario de los seis miembros de BROCKHAMPTON, uno a uno al ritmo de ‘NEW ORLEANS’, fue más emocionante y divertida que la mitad de conciertos que has visto este año. Así se las gasta el colectivo de rap norteamericano que se autodenomina como la primera boy band del género (ya saben: se conocieron en un foro de fans de Kanye West, son un colectivo formado por cantantes, productores y diseñadores, ETC), que cuando se trata de subirse al escenario se reduce a seis miembros: Matt Champion, Merlyn Wood, Dom McLennon, Joba, Bearface y Kevin Abstract, a la postre lo más parecido a un líder cuya carrera en solitario ya se vislumbra gracias a su fenomenal Arizona Baby de este mismo año. En la primera actuación en España del grupo, el despliegue de energía fue tal que allí disfrutaron tanto los fans como los que no los conocían de nada. De escenografía sencilla (apenas dos manos gigantes hinchables de color azul, unas gradas y unos visuales bastante sencillos), la alternancia entre los seis miembros consiguió que la intensidad no disminuyera en todo el concierto. El resto lo hicieron ‘BLEACH’, ‘BOOGIE’, ‘ZIPPER’, ‘GUMMY’, ‘SWEET’ o ‘1999 WILDFIRE’, a ratos agresivas, gamberras, sensuales, dulces o socarronas. Y, como regalo inesperado, la presencia en escena del célebre Robert “Me llamo Roberto” Ontenient para presentar una canción nueva, ‘GINGER’. Debut inmejorable.

1. Los años de espera para Weezer tienen su recompensa

Weezer le debían un concierto a toda una generación de fans españoles. Y aunque estén muy lejos de su mejor momento y seguramente nunca vuelvan a ser aquella banda de los 90 y principios de los 2000, vinieron al Bilbao BBK Live 2019 y nos dieron justamente ese concierto. Comandados por un Rivers Cuomo entregadísimo desde la inicial ‘Buddy Holly’, que ya desató la locura y marcó el listón, la deuda quedó definitivamente saldada gracias a un setlist de 19 canciones en el que el grupo estadounidense no escatimó en hits y fue benevolente a la hora de abordar sus discos más recientes, como si fueran perfectamente conscientes de que ese concierto iba de otra cosa. Entre ‘Holiday’, ‘Beverly Hills’, ‘The Good Life’, Surf Wax America’, ‘Hash Pipe’, ‘The World Has Turned and Left Me Here’ y ‘My Name Is Jonas’, todas ellas de su primera época, apenas un par de concesiones a su época más reciente con ‘Feels Like Summer’ y ‘Happy Hour’. Incluso las versiones –a todas luces innecesarias de ese disco prescindible surgido a raíz del pelotazo con ‘Africa’ de Toto, que por supuesto sonó y fue coreadísima junto a ‘Take On Me’ de a-ha y ‘Happy Together’ de The Turtles– no llegaron a desentonar, enfatizando ese ambiente de fiesta universitaria un poco hortera que desprendían sus primeras canciones. Pero el guiño definitivo que dejaba claro que para Weezer este no era un concierto más fue el hecho de dejar ‘Island In The Sun’, la canción que marcó un antes y un después para ellos en España, para el bis con el propio Cuomo presentando su célebre riff de guitarra como uno de los momentos álgidos de la noche. Para terminar, una ‘Say It Ain’t So’ cantada a pleno pulmón por todo el festival y esa sensación de que, por fin, casi 20 años después de su anterior visita, la deuda con Weezer está saldada.

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Foto. Christian Bertrand   Conciertos. Festivales. Opinión
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