10/07/2019

Del triunfo de Sharon Van Etten al merecido ascenso de Fontaines D.C. pasando por el ritual de la lluvia de Stella Donnely.

Por Max Martí y Lluc Mulet

Ni la cancelación de Beirut por laringitis, ni las altas temperaturas, ni tampoco una tormenta de verano inesperada. Ninguno de estos tres factores pudo empañar la sexta edición del VIDA Festival 2019, que del 4 al 6 de julio retomó su espíritu fundacional en el idílico entorno rural que ofrece la Masia d’en Cabanyes, donde a lo largo del fin de semana se congregaron hasta 32.500 personas, según cifras de la propia organización. El Festival Internacional de Vilanova i la Geltrú volvió a convertirse un año más en escenario de momentos emocionantes gracias a las propuestas colosales de nombres ya consolidados como Madness, Sharon Van Etten, Sleaford Mods, José González, Hot Chip y Kevin Morby, pero también en escaparate de valores al alza como Fontaines D.C., Stella Donnelly, Julia Jacklin o Westerman, siempre cediendo su merecido protagonismo al producto nacional, esta vez encabezado por los madrileños Carolina Durante. De entre todos sus momentos memorables, nosotros nos hemos quedado con 10.

10. La gran comunidad de Cala Vento

«¿Acaso no pueden bailar, o qué?», se dirigía Joan a los responsables de seguridad a mitad de concierto ante su preocupación por rebajar los ánimos de un público entregado que lo bailaba y lo cantaba todo frente a la Cabana Jägermusic. Y es que los del Ampurdán siguen sumando cada vez más adeptos a su pop-rock de ese que se te sube por las piernas como un cosquilleo y que escupes por la boca en el estribillo. En sus bolos te jodes y bailas, aunque en esta ocasión el baile les jodiera solo a los de seguridad. Como es habitual, Aleix y Joan no racanearon en actitud y energía. Presentaron varios temas de su último álbum Balanceo como ‘Todo‘, ‘Un Buen Año’ o ‘La Comunidad’ sin olvidar a viejos conocidos como ‘Estoy Enamorado de ti‘, ‘Abril‘ y esa de los pájaros que cantan Los Planetas. (Lluc Mulet)

9. La transparencia de El Petit de Cal Eril

En la oscuridad de la Cabana Jagermüsic, la «energia fosca» de El Petit de Cal Eril fue de todo menos oscura. Joan Pons y su multitudinaria banda irradiaron luz en todo momento, quizá porque contaron con un público entregadísimo pese al sofoco generalizado (y quizá porque pese a competir con El Mató a un Policía Motorizado siguen siendo una de las propuestas predilectas del público catalán). A ellos, a los fans, dedicaron el plácido sencillo ‘Sento‘ en el primer tramo de un concierto en el que engrosaron su sonido cercano al pop de cámara a través de sintetizadores y una densa instrumentación psicodélica y rica en texturas. Llegaron al clímax con ‘Amb tot‘, tema extraído de La figura del buit (2013), con el que consiguieron arrancar pogos y que el público coreara al unísono los típicos «lololo», reservándose para el final una trotante ‘Transparents‘ de su anterior álbum, (2018), cuyo pasaje instrumental fueron repitiendo, tras varios amagos de despedirse, para encender así a un público que saltó y bailó todavía más. (Max Martí)

8. La explosión emocional de Julia Jacklin

Por ciertos retrasos logísticos, llegamos algo tarde al concierto de Julia Jacklin, que nos cuentan que arrancó con el destacado single ‘Body‘ y prosiguió con algunas canciones pertenecientes a su debut, Don’t Let the Kids Win (2016). Pero si en ese álbum ya resplandecía, hay que ver el salto que ha pegado la cantautora australiana desde entonces. La sensación country-folk irradió ternura pero también fiereza, escoltada por una banda en formato clásico (guitarra, bajo y batería) que supo sacar brillo a la rugiente ‘You Were Right‘, la introspectiva ‘Don’t Know How to Keep Loving You‘ o una ‘Turn Me Down‘ en la que su falsete y gorgoritos nos hicieron temblar pese al calor insoportable. Debido a nuestra demora, agradecimos que decidiera dejar para el final ‘Head Alone‘ y ‘Pressure to Party‘, los hits más claros de Crushing, en los que la de Sídney sabe encontrar el equilibrio exacto entre el dramatismo y la compostura mientras reivindica su derecho a sentirse mal. Porque sí, en este tramo final asistimos a una auténtica explosión emocional. (Max Martí)

5. Westerman, la confirmación de una promesa

Quizá por el sol abrasador de las primeras horas de la tarde, o porque su nombre todavía no se prodiga demasiado por aquí, la asistencia al concierto de Westerman fue más bien discreta. Pero qué error el de quienes decidieron no prestarle atención, porque fue una experiencia mágica. Con una preciosa canción a capela, su voz insondable y cristalina alzó el vuelo, mientras que poco más tarde, en la ejecución de un tema nuevo, la joven promesa londinense también demostró su dominio grácil y armonioso de la guitarra. Al poco presentaría a su banda para tocar ‘Edison‘, con arranques de funk soleado, mientras que con ‘Roads‘ demostró que se defiende tan bien en los registros graves y profundos como con su falsete celestial, elástico y maleable. A lo largo del show, el hechizo propiciado por su guitarra puntillista fue total, con mención especial a una canción inédita llamada ‘Think to Stay‘ (formará parte del álbum de debut) que defendió sin acompañamiento de la banda y el single ‘Easy Money‘, conducido por sintetizadores ondulantes y arrebatos souleros. Dejaría para el final su por ahora único hit, ‘Confirmation‘, que efectivamente le confirma como la revelación pop-folk que mucho estábamos esperando. Tiempo al tiempo: acuérdense de Westerman. (Max Martí)

7. La ensoñación nostálgica de Kevin Morby

Sería la acústica del bosque, o el formato de guitarra y trompeta melosa, o la aparición sorpresa de la voz angelical de Katie Crutchfield (aka Waxahatchee). Eso, sumado a un público respetuoso y a una ejecución sentida y con clara pose de crooner por parte de Kevin Morby, dio lugar a uno de esos momentos que, aún mientras los estás viviendo, ya sabes que vas a recordarlos con nostalgia. “Yo vi a Kevin Morby en el bosque, tocando encima de un barco”, rememorán quienes estuvieron allí aunque, de primeras, nadie les crea. Y seguro que regresarán todas esas sensaciones: el olor a pino, el sonido de la trompeta hilándose entre los troncos, esa intimidad. Regresarán como un silbido ‘Harlem River‘, ‘Beautiful Strangers‘, ‘No Halo‘ o ‘Hail Mary‘, y nos preguntaremos si realmente estuvimos allí. ¿Estuvimos? (Lluc Mulet)

6. La fábrica de hits de baile de Hot Chip

La reducida oferta electrónica del VIDA jugó en favor de los británicos Hot Chip, quienes convirtieron el escenario grande de la Masia d’en Cananyes en una auténtica discoteca rural. Empezaron fuerte Alexis Taylor, Joe Goddard y el resto de su alegre comparsa, lanzando desde el inicio hits tan icónicos como ‘One Life Stand‘, ‘Night and Day‘ y ‘Over and Over‘. Lo único sorprendente fue que tras el reciente lanzamiento de su séptimo álbum, A Bath Full of Ecstasy, dejaran casi todas sus canciones fuera del setlist a excepción de los singles ‘Hungry Child‘, ‘Spell‘ y ‘Melody of Love‘, algo que pareció no importar a un público que bailó hasta la extenuación mientras ellos solo parecían divertirse. La combinación entre luces, color, euforia y melancolía, unidas al irresistible falsete de Alexis y unos graves atronadores, les alzaron como ganadores de la jornada en un concierto de electropop multicolor en el que no faltaron su épica versión de ‘Sabotage‘ de los Beastie Boys u otros himnos archiconocidos de su ya abultada carrera como ‘Boy From School‘, ‘Ready for the Floor‘, ‘Look at Where We Are‘ y ‘I Feel Better‘. (Max Martí)

4. Carolina Durante repartiendo sentimiento

Tocaban tarde, apurando la última jornada a modo de cierre al menos para la bancada indie. Ellos estaban frescos y, con un potente directo que sonó más energizado que la versión grabada, lograron reavivar las energías de todos los que se congregaron frente a La Masia x Levi’s. Su pop irónico, a ratos tontuno, a ratos catastrófico y siempre directo repartió, cuando menos, sentimiento de ese cortado a rodajas, de malas formas, cuya máxima expresión es el pogo. ¡Y vaya si hubo pogos! Se coreó todo a pleno pulmón: ‘Joder, No Sé‘, ‘Las Canciones de Juanita‘ o ‘Perdona (Ahora Sí Que Sí)‘. Y para concluir, Manolo le dio bien fuerte al bombo y, con el himno ‘Cayetano‘, allí se percibió más entusiasmo que en las semifinales del mundial. (Lluc Mulet)

3. El ritual feminista de Stella Donelly

Lo de Stella Donnelly se ha convertido en un ritual. Y no en uno cualquiera, como demostró con creces tras su paso por el Vilanova i la Geltrú. ¿O acaso soy el único que nada más verla encima de un escenario se derrite por completo? Y no, no solo por el bochorno estival… sino porque la australiana parece cada vez más consciente de cuáles son sus puntos fuertes y cómo potenciarlos al cien por cien. A lo largo de su corto repertorio hubo espacio para que pudiese ponernos tontorrones con su voz azucarada en ‘Season’s Greetings‘, hipnotizarnos con baladas como ‘Lunch‘ y cantarle las cuarenta a los señores anclados en el heteopatriarcado con temazos como ‘Old Man‘. Además, Donnelly llevaba preparada (no sabemos si para la ocasión) una performance de baile de lo más absurda para la canción ‘Die‘, en la que tanto ella como un compañero de banda masculino interpretaron unos movimientos de lo más amanerados, quizá para salirse de la típica heterosexual zone de las bandas de rock y darle al show un toque menos serio, más inclusivo. Soltó un aplaudidísimo discurso feminista antes del himno ‘Boys Will Be Boys‘, en mitad del cual empezó a diluviar ante la incredulidad del público y la propia artista, que no podía contener las carcajadas ante la eficiencia de su ritual de la lluvia. Parecía que la cosa iba a terminar irremediablemente allí, antes de tiempo, pero el público reclamó un último tema y ella, tras pedir permiso a quien correspondiese, cantó ‘Tricks‘ bajo las lágrimas del cielo. (Max Martí)

2. La poesía epiléptica de Fontaines D.C.

Los dublineses han resultado ser los empollones de esa clase en la que se le enseña a uno a hacer las cosas como le plazca; clase en la que bien podrían estar maestrando Jack Kerouak o Allen Ginsberg, y donde el plan de estudios incluiría asignaturas como “reinventar el post-punk” o “hacer un álbum que sea, en sí mismo, poesía”. En ese instituto del que está saliendo la high class del nuevo post punk europeo, Fontaines D.C. han sacado notaza. Y de ahí que, a poco de que arrancara la sexta edición del VIDA, se trasladara su concierto del modesto escenario La Cabana al ya algo más acorde a su merecida etiqueta de next big thing del post-punk La Masia x Levi’s. El ascenso fue merecido: arrancaron con ‘Hurricane Laughter‘ y hasta que cerraron con ‘Big‘ no perdieron esa fuerza avasalladora que prometía su directo en el que presentaban su álbum debut Dogrel. El vocalista Grian Chatten fue la encarnación misma de esa energía epiléptica y desparramada que ya encarnó en su momento Ian Curtis y mantuvo esa tensión corporal que también se prolongaba hasta la proyección de su voz. Solo se rebajó la rabia y el tempo para dejar paso la nostalgia contenida de ‘Roy’s Tune‘ y, con todo, los de Dublín dieron parte de su potencial para hacer algo “muy de verdad” en tiempos en los que a veces eso resulta más difícil de masticar. (Lluc Mulet)

1. La tormenta eléctrica de Sharon Van Etten

Por fin sucedió. Una cabeza de cartel, en femenino, se hizo con todo el protagonismo en la jornada central del festival. Porque en su colosal concierto en el VIDA, el primero en nuestro país tras más de cinco años, Sharon Van Etten superó todas las expectativas enfundada en esa nueva piel que tan bien describió nuestra colaboradora Raquel Pagès, con un sonido mucho más grandilocuente, oscuro y eléctrico del que nos tenía acostumbrados, casi a años luz del que presentaba en las canciones de su anterior álbum Are We There (2014), donde sin embargo ya empezaba a sacar parte de esta nueva garra que parece que ha traído su maternidad. Su actuación en Vilanova i la Geltrú desencadenó la tormenta perfecta para que la de Nueva Jersey, que se mostró en todo momento entre confiada, ebria y eufórica, desplegase su enorme carisma y potencial ya desde el mismo arranque con los poderosos singles ‘Jupiter 4’ y ‘Comeback Kid’, durante los cuales brincó de un lado al otro del escenario Estrella Damm en contraposición con esa pose más estática que adoptaba a la guitarra años atrás. La estadounidense incluso se atrevió a chapurrear el castellano para presentar algunos de los temas de un repertorio en el que destacaron ‘No One’s Easy to Love’, ‘You Shadow’ y una ‘Malibu’ de atronador final instrumental que dio paso a la todavía más rugiente ‘Hand’, inesperado desparrame de voz desbocada y afiladísimas guitarras eléctricas. No faltó tampoco su conmovedora versión de ‘Black Boys on Moped’ de Sinéad O’Connor, que defendió ella sola al piano, o la que podría ser perfectamente una de las mejores canciones de 2019, ‘Seventeen’; cuando en su segunda mitad Van Etten rompe la voz (¡ese momento!) logra erizarte hasta el último de los vellos. “Sharon, Sharon, Sharon…”, gritaban al unísono personas entre el público incluso en la jornada posterior, cuando Van Etten seguía reinando. (Max Martí)

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Foto. Irene Méndez / Christian Bertrand   Festivales
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