05/07/2019

Hemos pasado años aguantando un pop, por lo general, de discurso simple y/o romanticón. Ahora, una estrella pretendidamente comercial proyecta ideas políticas sobre capital, género o religión en el mainstream. Aun así, todo irrita en las redes. ¿"Cumpleanys"? Por Dio$.

No hay rematada forma de saber si esto ha sido así siempre. Sospecho que no. ¿Cada vez que un artista con una cierta popularidad ha parpadeado en el pasado se ha montado tal revuelo? ¿Ha habido a quien le ha parecido un parpadeo falso, un parpadeo a elogiar o un parpadeo sobrante? Tenemos tal constancia de qué opina todo quisqui sobre lo que hacen nuestros músicos (y políticos, y deportistas…) que la bruma ya asusta. No porque intimide la divergencia, sino porque el matiz, en la marabunta de comentarios, no abunda. 

Tal vez no sea algo nuevo, pero ahora es masivo. La prensa musical siempre ha polarizado el discurso sobre los artistas. Así se vendían portadas: unos eran de mestizaje; los otros de indie. O viceversa, lo mismo daba para ir a contracorriente. Pero ahora, cuando ya no se venden portadas, es el debate público en redes lo que se extrema. Y los medios especializados parecen corderitos en comparación con lo que se puede llegar a verter sobre una canción, un disco, un artista (o el parpadeo de éste) en Facebook, Twitter o Instagram. 

Sí, al final tras los medios también había personas –puede que con exceso de altavoz–, periodistas que utilizaban en muchos casos su posición para emitir doctrinas –más o menos matizadas– sobre su canon. Que los medios de comunicación de masas hayan perdido la hegemonía sobre el discurso, bah. Pero hay algo que sí es preocupante. De vez en cuando, o muy de vez en cuando, en esos mismos medios que vivían de los pines en la solapa, de decir yo soy de ese o aquel, también había análisis. Un cierto reposo que, ojalá me equivoque, está por ver cuando llega a tweets y stories. Si lo hace.

Rosalía es hija de las redes. Parpadea y catapum, una horda de comentarios, acreditando su obra o lo contrario. Destruyéndola. Primero fue el género (El Mal Querer era una deconstrucción del amor romántico, ¿pero no suficientemente feminista?); lo siguiente, el debate apropiación/apreciación por su cáliz flamenco o por la actuación homenaje a Los Chunguitos en los Goya; y ahora, la lengua. Fucking Money Man’ (más concretamente, ‘Milionària‘) es el primer tema de Rosalía en catalán. Y… ¡horror! Dice cumpleanys, un castellanismo, en vez del normativo aniversari, que ha llevado a posicionarse sobre el tema hasta los más insospechados. A favor, o en contra. Pero siempre predominando la anécdota, bien sea magnificando el hecho de que haya optado por el catalán (desde una visión tristemente provinciana) o criticando que no lo haya hecho al dictado de nadie.

Dejando a un lado que la lengua es de quien la usa, ¿qué indica esto? Que la catalana es más internacional que la paella, que la de Sant Esteve Sesrovires es un fenómeno de masas. Lo dicen incluso los estudios. Y que, como tal, su parpadeo cuenta. Y las redes arden con cada uno de estos. Y, los medios, detrás.

Pero… ¿importa ese cumpleanys?

¿Tenía Rosalía necesidad de lanzar un tema en catalán, estando como está sumergida en una de las giras más importantes de los últimos años? ¿Sabiendo el ruido que genera, hacían falta dos partes, una de revisión de la rumba catalana, digna de la Marató de TV3, y la otra a todo Jame Blake? ¿Y, en todo caso, qué gana Rosalía metiéndose en el berenjenal del dinero y nuestra relación con él («un día quieres ser millonaria y el siguiente quemarlo todo«)?

Si se da tan solo un pasito atrás, no es muy difícil ver que algo ha hecho Rosalía que hasta hace poco era impensable –no lo ha hecho sola, son muchos los de su generación que han empujado a este cambio–, y sobre lo que no se teclea tanto en redes: marca, como pocos, sus tempos ante la industria, proyecta en el mainstream debates de raíz estética o política, pasados por un lenguaje personal. A su antojo. Teorías auspiciadas por debates de la calle, hacia lo universal. 

La sequía de ese tipo de referentes comerciales, realmente para todos los públicos (no, ‘Creepjamás se cantó tan transversalmente como ‘Malamente), ha sido acusada. Y ahora mismo tenemos a toda una generación de artistas en el sistema, muy dentro del sistema (ellos mismos lo dicen), pero hablando las cosas de otro modo. Incluso haciéndolas de otro modo, en algunos casos. Qué más le podemos pedir a un músico en pleno siglo XXI. ¿De verdad debe rendir cuentas Rosalía ante el Grup Koiné?

Rosalía es una excusa. Poco importa si es ella o cualquier otro (aunque ella tal vez sea susceptible de recibir más por ser mujer y joven). Nos hemos pasado años de pop blanco. Ahora el nuevo pop ahonda en capital, género o religión. Pero todo es mal, mu-mal, mu-mal, en redes. Siempre. Muy sinceramente, lo único que debería jodernos de la deriva comercial de la catalana es que cantar, canta menos. Luce menos esa poderosa voz inserida en los preceptos del hit. Pero, por el resto, pongamos las cosas en contexto. Ya sea en los medios, en las redes o en el patio de vecinos. ¿Cumpleanys? Por Dio$.

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