04/07/2019

Los de Dylan Baldi saldaron la deuda con Madrid con un concierto de descomunal brutalidad en la sala Independance.

Se puede decir que Cloud Nothings vinieron a Madrid a saldar una deuda que no iba con ellos. Cuentan quienes estuvieron que el concierto de febrero, en el que presentaron su crudo Last Building Burning, fue un desastre descomunal, incluso para una ciudad acostumbrada a lidiar con salas que inexplicablemente continúan teniendo actividad. Así que Dylan Baldi se tomó la revancha como suya para dejar aturdidos a sus seguidores en la renacida sala Independance, cuya arquitectura no autoriza excesos laudatorios, pero en la que al menos sí hubo un buen trabajo tras la mesa de mezclas.

Que la noche iba a ir de guitarras rugosas ya se encargaron de demostrado los catalanes Black Islands, un grupo correoso de rock patrio con actitud que dejaron buen sabor de boca con canciones como ‘Juventud Perdida’ y una ‘Transfobia’ pertinente en plenas fiestas del Orgullo. Al líder de los estadounidenses le gusta decir que la primera canción de sus discos es una especie de anticipo de lo que habrá más adelante, algo que se puede trasladar a su reciente directo, que comenzó con una impetuosa ‘The Echo of the World’. 

Del amplio e inmaculado legado que Cloud Nothings han dejado desde hace casi una década, enfatizaron su versión más cavernaria. ‘Stay Useles’, ‘I’m Not Part of Me’ o ‘Modern Act’ fueron escasas y maravillosas licencias a un sonido más amable que además sirvió para impulsar algún pogo. También quedo claro que la banda se sostiene por la rabia compositiva de Baldi y la descarnada locomotora que hace rugir las baquetas de Jayson Gerycz. El resultado es una versión musicada de lo que William Faulkner tituló El ruido y la furia.

El cuarteto se recreó fundamentalmente en los oscuros pasajes instrumentales de canciones como ‘Dissolution’ o el majestuoso final de ‘Wasted Days’, para recrear ese universo ensordecedor y claustrofóbico en el que encuentran su zona de confort. Baldi recordó el motivo por el que estaban en la capital escorado a un lado del escenario, intentando ocupar un ficticio lugar secundario en plena descarga de adrenalina que rebosaba de canciones como una excelente ‘In Shame’, fundamental para establecer una comunión con el público. 

La banda es un valor seguro tanto en el estudio como en el escenario. Sorprende lo reducido de un espacio que se excedió en el volumen para la categoría de los de Cleveland. La definición, en cualquier caso, fue estremecedora. Los bises, con solo ‘Psychic Trauma’, ofrecieron un frenético final de los que dejan alguna gota de sudor. El atronador aquelarre de Cloud Nothings necesito poco más de hora y cuarto para saciar a los que, ahora sí, pudieron ser testigos de la descomunal brutalidad de Baldi y los suyos. 

 

 

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Foto. LechuckStudio   Conciertos
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