26/06/2019

La trayectoria de la banda que ejecuta los delirios geniales de Kevin Parker parece haberse quedado atrapada en su propio agujero de gusano ante un nuevo disco que no llega.

Tame Impala son un sonido. Más allá de un grupo, de una superbanda que ha transitado esa difícil senda entre el respeto alternativo y el éxito masivo, lo verdaderamente importante del paso por la historia de los de Kevin Parker es el tratamiento de las baterías, el sonido de los bajos, las afinaciones de guitarras en cascada, los sintes y sus flirteos en el aire. Tame Impala son esa masa informe polícroma y psicodélica que ha ido acaparando públicos y géneros y definiendo una forma de sonar, que ha perdido público mientras ganaba otro y mientras le mantenía tomado el pulso a la crítica, siempre receptiva a sus audacias y sus constantes reinvenciones en busca de una identidad propia dentro de la maraña del pop psicodélico que igualmente contribuyeron a megapopularizar. Clásicos sin renunciar a ser modernos, modernos sin renunciar a ser clásicos.

De esa continua pero desconfigurada búsqueda expansiva han salido álbumes notabilísimos, pero se les ha resistido la excelencia por la que han pasado en algún momento otras bandas llamadas a ser generacionales, definitivas y definitorias de una época (algo así como lo que fueron Arcade Fire para los 2004-2014), y cuando todo nos hacía salivar con la idea de que el fin de la década les proyectase a sus propias alturas (las que, por ejemplo, alcanzaron Vampire Weekend en Modern Vampires of The City), van los de Kevin Parker y sueltan ‘Patience‘. O lo que es lo mismo, la parte más anodina de Currents con congas. Pues muy bien, oiga. Puede ser simplemente un aviso de reactivación, una muestra menor de lo que se podría avecinar, como al final parece que es, y siempre habrá varias razones que puedan excusarles, eso está claro. Pero, claro, uno echa la vista atrás y se acuerda de que la primera pista que dieron de Currents fue aquella gloriosa ‘Let It Happen‘ tuerceculos que aún hoy sigue intacta como una de sus mejores canciones y que encarna como ninguna otra esa conversión disco-electrónica en la que se sumergieron para seguir resultando relevantes y forzando sus propios límites, convirtiendo además su directo en una experiencia imperdible de sampleos, pinchadas y riffs frenéticos perdidos en bajos oníricos y teclados infinitos. Con el éxito, con la popularización, llegó además el efectismo visual a sus conciertos, la enorme línea de cañones láser que dibujan un rutilante y sólido techo de colores que desciende sobre el público durante la fase más cenital. Pero una vez superada la sorpresa, esa que nos provocaron el año pasado en el Mad Cool, no queda más que preguntarse: ¿acaso hemos perdido a Tame Impala?

Como decía, ‘Patience‘ no cumplía con la promesa de nueva música de una banda tan importante después de un disco tan importante, y tampoco lo hacía una ‘Borderline‘ que, aunque mejor, podría verse en el fondo como una autocaricatura. Introduciéndose en un pasteloso bucle de retrofagia yacht ochentera del que salían disfrazados con las virtudes más horterísimas de bandas como Steely Dan o Toto, con sus flautitas de punta en blanco. Parece que, según Kevin Parker, ninguna de estas canciones está confirmada como parte de un nuevo disco de Tame Impala, algo que de momento parece haber quedado apartado a un lado ante el aluvión de peticiones que debe de tener Parker en su bandeja de entrada. Definitivamente encomendado a darle algo de lustre al pop comercial de masas y trabajando últimamente con artistas de la talla de Camila Cabello, Mark Ronson, Lady Gaga, A$AP Rocky o Travis Scott, ¿habrá olvidado que se debe a sí mismo EL DISCO de Tame Impala? ¿Lo sabe y prefiere huir de la presión?

De momento, seguirá girando su esperpento en parada cardíaca hasta que haya agotado definitivamente cualquier capacidad de asombro (ya dejó a la gente bastante fría en general tras su actuación en el Primavera Sound), seguirá seguramente produciendo discos para grandes artistas del pop (nunca ha sido un secreto su admiración por Britney Spears y nos lo imaginamos bien trabajando mano a mano con Miley Cyrus) y probablemente contribuirá al desarrollo de nuevas estrellas como ha hecho con Camila Cabello o con Kali Uchis. Postergando el gran momento de aquel sueño de psicodelia juvenil en el que todos acabamos atrapados algún día. ¿Habremos perdido a Tame Impala?

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