06/06/2019

Culminamos nuestra cobertura del festival con 15 conciertos de la última jornada.

Built to Spill

Rememorando su disco más exitoso, una hazaña luminosa que a principios de 1999 supuso la confirmación de una pequeña banda convertida en una de las más representativas del indie rock, Built to Spill volvieron al Primavera Sound este año para hacer las delicias de los más entusiastas del rock con una clase ejemplar (aunque a ratos algo tediosa) de escapismo grunge ruidoso y calculado. Si bien con estos conciertos la banda de Doug Martsch ha vuelto a retomar su concepto original de formación rotativa, la gira sirve sobre todo como homenaje a su álbum definitorio Keep It Like a Secret, que este año celebra su vigésimo aniversario. La interpretación por parte de Martsch y el resto de la banda durante algunos de los temas del disco, como ‘Temporarily Blind’ o ‘Broken Chairs’, fue algo aplanada y descolorida, sin apenas emoción; una oportunidad perdida que, cuando ya llegábamos hacia el final, parecieron recuperar con la llegada de ‘Carry the Zero’. (Irene Méndez)

Frank Carter & The Ratllesnakes

Si alguien quiere dar el rock por muerto, que se enfrente a Frank Carter. La descarga de adrenalina del británico fue simplemente antológica. En el segundo ‘Tyrant Lizard King’ ya estaba entre el público haciendo pogos, y de ahí no se movió en un buen rato su guitarrista Dean Richardson, sediento de masas. La actitud punk se mezcla con mensajes fraternales y un fuerte componente feminista. Ellas tuvieron pista para bailar frente a la banda. Y la mezcla desemboca en una intensa y emotiva punzada que estalla en temas como ‘Heartbreaker’, con el vocalista desgañitándose y mostrando sus tatuajes tras una camisa de franela abierta. Elegancia y macarrismo a partes iguales. Nada más paradójico que un final con ‘Te Odio’ tras haber dispuesto un abrasador espectáculo cargado de amor salvaje. (Carlos Marlasca)

James Blake

Cuando lanzó Asume Forms descubrimos a un James Blake en su etapa más dulce, lo desgranamos en un artículo y el otro día, después de su paso por el Primavera Sound, cerramos un círculo en el que entendimos un poco más, un poco mejor: uno puede levantarse y sacar la voz a pesar de que el lobo (el que escupe negatividad desde algún rincón sombreado de nuestra mente) nos haya estado achicando durante una larga etapa de nuestra vida. Ese James Blake, que ya se plasmaba sobre el papel en su último álbum, se hizo de carne y hueso cuando estrenó un nuevo y potentísimo tema que interpretó de pie y con un nuevo registro vocal: uno que, da la sensación, surge de la simple acción de dejarse de contener y expresarse con todos los matices. Más allá de su directo siempre impoluto y visualmente penumbroso, se percibió un empuje electrónico en algunos temas y, en general, una intensidad más accesible y serena. (Lluc Mulet)

Jarvis Cocker

Esta edición del Primavera Sound ha sido un poco extraña, porque era como si en el festival se debatieran dos fuerzas, cada una aupada por su propio público y denostada por el otro. El Primavera en su versión New Normal es uno que intenta deshacerse de un caparazón que le pesa y del que quiere liberarse, pero del que aún necesita cierto cobijo, quizá más de lo que quiere admitir. En el caparazón que antaño fue su insignia, y del que ahora parece querer renegar, como un adolescente rebelde, nuestro querido Primavera, juegan como locales OGs de la (supuesta contra-)cultura noventera como Jarvis Cocker, frontman de Pulp, una de las bandas que conformaron la big four del britpop junto a Oasis, Blur y Suede –estos últimos, también presentes en esta edición–. Al plantarme en este concierto, huyendo de la avalancha que pasaba de Rosalía a Solange, oí como alguien a mi lado confirmaba este Barça-Madrid en juego del rock vs. new pop, gritando con rabia hacia el Ray-Ban donde Jarvis se disponía a tocar el tercer tema: “¡El mejor p**o concierto, joder!«. Creo que él mismo sabía que estaba apurando: Jarvis Cocker merece todo el respeto del mundo por haber sido un icono rebelde con más de un single en los top charts en los que nunca faltaron letras con una afilada conciencia de clase y crítica social (algo que en el new pop brilla por su ausencia). Y aunque esa carta todavía la puede jugar genialmente –sus interacciones con el público apelando a la comunión surtieron gran efecto–, fue imposible quitarse esa sensación de estar viendo a un rockero jubilado cavilando sobre sus pasados días de gloria: muchos de los temas de su nuevo proyecto, JARV… IS, hablan de las farras raveras que sin duda se debió pegar en los 90. Un momento un poco extraño que quizá ejemplarice bien el ethos de tutto quanto, fue cuando lanzó al público, con aire místico, la siguiente pregunta: “What is the greatest invention of womankind?” A lo que el público no supo que contestar, así que el mismo prosiguió: “House music all night long”. Resulta que es el título de uno de sus nuevos temas, una balada rockera que acaba en un crescendo de éxtasis divertido, pero algo amargo. (Luca Dobry)

J Balvin

No hay forma de resumir en unas pocas líneas lo de J Balvin. Pero hay cinco irrechazables en los que (casi) todo el mundo estará de acuerdo: rompió una lanza a favor de la diversidad musical, llevando el reggaeton más masivo a un festival donde hasta la fecha había sido denostado (sonó ‘Mi Gente, para cerrar, ¡sí, en este antiguo templo del indie); decepcionó no encontrar a Rosalía en ‘Con Altura‘ (la catalana solo fue un GIF en la pantalla y compartió protagonismo con unas simpáticas nubes de gominola gigantes); la elegancia y complejidad de Vibras, uno de los mejores discos del pasado año, se vio enmascarada por el purito baile; precisamente esa apuesta por los bajos gordos y los ritmos taladrantes, dejando de lado las sutilezas, hizo del Parc del Fòrum una fiesta reggaetonera sin igual; y, por último, tal vez el colombiano fue el único que no entendió una mierda de qué iba eso del The New Normal teniendo en cuenta que, hacia la mitad del bolo, sacó su pose más machirula y se sentó en una silla a esperar que una bailarina le roneara. A él le costó más de un lustro de carrera ser escuchado, como latino, en el Coachella, la meca del reinado anglo. A las mujeres, algo más –casi veinte ediciones de Primavera Sound– ser protagonistas del festival. Estaría bien que uno de sus cabezas de cartel no las vuelva a relegar a mera comparsa. (Yeray S. Iborra)

Kali Uchis

La de ganas que tenía de ver a Kali Uchis en directo y lo mucho que me decepcionó. Con una gran plataforma blanca y una silla como únicos elementos decorativos, la colombiana-estadounidense reflejó durante la tarde del sábado su R&B maleable y voluptuoso en un concierto con escaso encanto y que pecó de distante. Si bien hubo momentos destacables como esa irrebatible ‘Nuestra Planeta’ o, claro está, ‘After the Storm’ y ‘Tyrant’, sus mayores clásicos, el directo de Uchis quedó mayoritariamente marcado por la nula conexión con su público y su poco acertada elección de temas. La magia de Isolation, el que fue uno de los mejores discos de 2018 desafiando un sinfín de géneros con su mezcla de R&B, hip hop, soul y pop, apenas quedó reflejada e, irónicamente, lo más destacable acabó siendo su versión de ’La Gasolina’ seguida de un fragmento de ’Creep’, el clásico de Radiohead. ¿Un mal día quizás? (Irene Méndez)

Little Simz

Ya de madrugada, Little Simz y su banda presentaban en directo desde el SEAT Village Stage el reciente GREY Area, uno de nuestros discos favoritos del primer tramo del año, que fue protagonista absoluto de su repertorio en el Primavera Sound. Queda demostrado que la británica es lo suficientemente popular como para reunir a un público lo bastante grande como para abarrotar el escenario, pese a no aparecer en el póster final del evento barcelonés y coincidir con el directo de Stereolab, una de las actuaciones clave del sábado en el festival. Hipnótica en su dominio del escenario, abrió con ‘Boss’, y ‘Venom’ o ‘Selfish’, dos de sus canciones más celebradas, tampoco tardaron en sonar, generando un ambiente ameno y encendido. Con elementos dubstep e incluso algo de jazz y neosoul, la música de Little Simz parece no conocer lo que son los límites, y aunque el set pudo parecer algo corto, destacó por ser igualmente fascinante; un oscuro e inquietante viaje a través del rap y el hip hop comandado por una jubilosa Little Simz. (Irene Méndez)

Lizzo

El concierto de Lizzo era uno de los que más ganas tenía de ver el sábado noche, y viendo lo lleno que estaba el escenario previo al show, parece que no era el único. La artista de Michigan saltó al escenario con una energía despampanante, acompañada de su DJ y de cinco bailarinas, todas con los mismos vestidos rojo brillante, que permitían ver cada movimiento desde la lejanía. Desde el inicio, su presencia se hizo notar tanto por su enorme carisma encima del escenario como por los movimientos y discursos que fue intercalando entre cada canción. Con muchísima guasa, las reivindicaciones estuvieron presentes todo el show, hablando de autoestima y de amor con un humor inteligente y divertido, o introduciendo canciones como su colaboración con Missy Elliot, ‘Tempo‘, con un derroche de sexualidad que demostraba el exceso de confianza que atesora la cantante Melissa Jefferson. Con la misma facilidad, la artista tanto rapeaba en temas como ‘Boys‘ como soltaba chorros de voz en clave soul en canciones como ‘Cuz I Love You‘, cerrando el concierto con un solo de flauta travesera en su hit ‘Juice‘, con el cual acabó de volver loca a toda una multitud entregada a su magia. (Pablo Reguilon)

Modeselektor

Y si de la noche del jueves al viernes tuvimos una buena mejora, del viernes al sábado no tanto. Nos mantuvimos en la euforia y el músculo del baile de Modeselektor, pero las expectativas en este caso eran mayores. Una carrera ya tan extensa y con tantas curvas y desvíos tiene la virtud de ser muy disfrutada en un largo recorrido de escucha, pero en un directo es difícil de compactar y transmitir de manera clara el mensaje. Por este motivo, fue más bien una montaña rusa, que no una noche de club en Berlín. Emoción la hubo, claro, cada vez que Sebastian Sarzy salió a saludar enfundado en su mono, haciendo gala de su sentido del humor, así como su visita al escenario deFlohio para su hacer ‘Wealth‘. Hubo cierre para su último disco también con ‘Who‘, y en medio no faltaron ‘Berlin‘ o ‘Evil Twin‘, entre otros hits. Pocas sorpresas y poca cintura para un grupo de su recorrido. (Jordi Isern)

Nilüfer Yanya

Tras el flechazo en toda regla que ha supuesto el álbum de debut de Nilüfer YanyaMiss Universe, su concierto en el Primavera Sound me generaba cierto respeto. Quizás por el miedo de que no cumpliera las expectativas generadas. Pero fue todo lo contrario. La cantautora londinense de origen turco, barbadense e irlandés hizo un concierto elegante a la vez que sofisticado al caer la tarde en el escenario Pitchfork. Abriendo con ‘Golden Cage‘ —de su EP Plant Feed— y ‘Paradise’, Nilüfer demostró una madurez musical increíble sobre el escenario. Con un vestido de palabra de honor de leopardo y acompañada por su hermana a los coros, interpretó de manera delicada y contundente canciones como ‘Angels‘ o ‘In Your Head’, temas que demostraban su seguridad, su gran carisma y su talento vocal y melódico fuera de lo normal. Si este concierto tuviera alguna pega sería que se echó en falta la magnifica versión que tiene de ‘Hey‘ de Pixies. Pero se le perdona. (Raquel Pagès)

Pusha T

A pesar de coincidir en la misma franja horaria que Rosalía —sin duda, uno de los conciertos más atractivos de la jornada del sábado—, una multitud numerosa se aplegó para ver a Pusha T. Con el anuncio de Pavement para el Primavera Sound 2020 ya en el aire, la música empezó a sonar por parte del turntable. Canciones como ‘All of the Lights‘ de Kanye West o el ‘I Like It‘ de Cardi B iban preparando al público como si de un warm up se tratara. Una idea buena y eficaz siempre que no dure más de diez minutos, algo que sucedió. King Push tardó bastante en aparecer y esto creó una sensación algo extraña entre el público. Pero la entrada de Pusha T, verdaderamente triunfal, lo arregló todo. Con el público cien por cien entregado, empezó con la intro de ‘If You Know You Know‘ a capela y, a partir de entonces, se desató la locura. Siguiendo con ‘The Games We Play‘, el rapero estadounidense, desafiante en todo momento, iba de lado a lado sin parar incitando al público a seguir su ritmo. La energía del concierto fue totalmente desbordante y el público se entregó a más no poder. Más allá de sus canciones, algunos de los momentos más icónicos del concierto fueron sus interpretaciones de ‘Runaway‘ de Kanye West o ‘Feel the Love‘  de Kids See Ghost. Una vez el concierto acabó, entendí porqué realmente le llaman King Push. (Raquel Pagès)

Rosalía

Conquistar el mundo es actuar en Coachella, por supuesto, pero, sobre todo, es volver a tu casa y volar por encima de cualquier reclamo internacional. Es dejar claro que tienes gran parte de la culpa en la jornada más multitudinaria de la historia de Primavera Sound (63.000 asistentes). Es invitar a James Blake a tu concierto para cantar ‘Barefoot in the Park‘ sobre un fondo de estrellas y conseguir que no parezca suya, sino tuya. Es bordar ‘Brillo‘ y ‘Con altura‘ sin coincidir sobre las tablas con J Balvin cuando todos lo esperábamos y que la no-colaboración deje un regusto a simple anécdota para ella y a enorme oportunidad perdida para él: salir en la foto con la catalana tiene premio asegurado a día de hoy.

A todo esto hemos llegado un año después de que en su actuación en Sónar 2018 empezáramos a descubrir cómo sonaría El Mal Querer, un disco que se lanzó hace solo siete meses. Alrededor de su segundo trabajo giró el concierto de ayer, pero los 60 minutos de un show en el que tuvo excitante valor musical hasta la ronda de presentaciones de su «banda» también sirvieron para trazar conexiones con su pasado (una ‘Catalinaa cappella silenció la explanada del Parc del Fòrum) y su futuro: hubo tiempo para seguir hinchando el hype en torno a material inédito como ‘Lo presiento‘ y ‘Como Alí‘. Canciones que, de momento, solo existen en sus conciertos y sus correspondientes réplicas en YouTube o Instagram. Una atípica vida en el limbo que basta para que el público se haya aprendido sus letras. Una vez editada oficialmente la espectacular ‘Aute Cuture‘ con sus icónicos «madre mía, Rosalía, ¡bájale!», queda una sensación: la canción favorita de los fans de Rosalía siempre parece estar por publicarse.

Su segundo paso por Primavera Sound, emotivo y eufórico a partes iguales solo dos años después de actuar en el Auditori Rockdelux junto a Refree para presentar Los Ángeles, se convierte ya en el último hito de su carrera hasta nueva orden. Apúnteme usted, señor escribano: más pronto que tarde llegará el siguiente. (Lee la crónica completa aquí) (Víctor Trapero)

Solange

Fue un David contra Goliat en toda regla. Pero aun así, no se amedrentó y no cedió un milímetro. Solo por eso, hay que valorar la coherencia y valentía de Solange. Ocupar el slot entre Rosalía y J Balvin, una cascada de efectos, volantazos y energía, no hizo que la pequeña de las Knowles virara un grado el enfoque de su espectáculo, delicado y elegante como pocos. Era difícil repetir la gesta de 2017, uno de los shows más plásticos en la historia del festival, pero Solange se fue con acierto de los tonos rojos a los grises. Por el resto, mismo guión: soul de quilates, muy muy soft, y algunos momentos más funkies… ¡Incluso hubo algo de twerk! El cuerpo de baile y los músicos acompañaron –subidos en una plataforma colosal– los vaivenes que la Knowles propuso. Concluyó, claro, con sus inefables:Losing Youo Don’t Touch My Hair. La complicidad con el público fue alta, sobre todo, gracias a los speeches que la tejana soltó en la parte final del bolo, recordando los procesos vividos hasta su nuevo disco. (Yeray S. Iborra)

Stereolab

A día de hoy, se hace casi impensable que cualquier artista o banda con continuidad pase más de un año sin sacar música. La inmediatez y la forma en que consumimos música a través de las redes sociales o las plataformas de streaming hace que, quien no esté en el foco constantemente, acabe pasando desapercibido ante su público. No ha sido así para la banda Stereolab, que tras casi una década desde su último lanzamiento, Not Music (2010), han vuelto a las andadas más frescos que nunca. Ni siquiera algún problema técnico al inicio consiguió empañar la calidad sonora del show, capitaneado por la embriagadora voz de Laetita Sadler. Con un escenario lleno de instrumentos y sintetizadores, la banda tocó muchos de sus grandes éxitos, como ‘Miss Modular‘, en un concierto más bien tranquilo para la hora que era. Quizás por eso, gran parte del público prefirió verlo sentado desde las gradas. También hubo momentos de mayor intensidad, con los destellos de ‘French Disko‘ y el groove de temas como ‘Metronomic Underground‘, en los cuales se hizo notorio el hecho de que Tim Gane, batería y líder del grupo, ha estado tocando con Cavern of Anti Matter, grupo de gran influencia krautrock en el que las cadencias rítmicas son un elemento indispensable. Un concierto sin muchas florituras pero impecable en su ejecución en el que no pudo faltar el tema ‘Brakhage’. (Pablo Reguilon)

Tierra Whack

A la veintitresañera Tierra Whack le tocó competir horario con J Balvin, algo que se notó mucho en lo anglófono del público que se congregó a verla en el escenario más remoto de este Primavera, el Lotus allí en la playa. El público era casi todo guiri, pero también era un público “especializado” –sabían quién era Tierra y porque valía la pena ir a verla–. Empezó algo tímida, testeando los ánimos de su audiencia con la alegre ‘Only Child‘. Pero enseguida se puso a lo que se le da mejor; lo siguiente fue ‘Unemployed‘: trapeo de rima rápida y desenfadada, pero no sin carácter. A partir de ahí, hizo un rápido repaso por su álbum Whack World, enteramente compuesto por cortes de un solo minuto, que para un concierto de este tipo demostraron funcionar muy bien: antes de que te pudieras aburrir de un tema ya había saltado al siguiente. Después sonaron sus últimos tres singles, todos hits, y el público respondió muy positivamente; todo el mundo estaba brincando. A ella, con su divertido outfit colorido, la acompañaron un DJ que se desdoblaba como hypeman y unos geniales visuales 3D, en los que una digitalizada Tierra iba jugando por su propio mundo visual de chucherías, frutas tropicales y globitos. Fue un show muy animado, fiel a su personalidad: infantil, alegre, muy confident y sobrada de talento. Fue una lástima que no se atreviera a cantarlo todo sin su voz pregrabada de fondo, porque da la sensación de que podría hacerlo perfectamente. (Luca Dobry)

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Foto. Pablo Luna Chao / Jordi A. Sintes / Irene Méndez / Sergio Albert / Paco Amate / Sharon López / Dani Cantó / Christian Bertrand   Conciertos. Festivales
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