04/06/2019

Reseñamos una veintena de actuaciones de la primera jornada del festival.

070 Shake

Fue una bomba. Ojalá la paridad de género se mantenga  en futuras ediciones, porque en los géneros (musicales) como el trap o el reggeaton, donde claramente hay muchos más hombres que mujeres ganándose el pan, ellas demostraron estar a la altura, o directamente comerse (quizá por pura motivación de demostrar su valía) a sus colegas varones en los directos. 070 Shake empezó con su hit ‘Glitter’ (primer single en solitario, publicado hace solo un año), que es también su canción más lenta y atmosférica. Pero a partir de ahí, la energía fue en aumento y no bajó hasta el final. Danielle Balbuena (su nombre real) demostró que no se necesita más que ganas y fuego en la sangre para comerte un escenario –sin escenografía ni bailarines, solo ella y su austero DJ, hasta parecía que se le quedaba pequeño–.  El no poco público que había apostado por ella, perdiéndose nada menos que a Erykah Badu, no se arrepintió en lo más mínimo de su elección. Mientras ella brincaba por el escenario o escalaba el arco metálico que lo enmarcaba, no había nadie con los pies pegados al suelo o cara de indiferencia. Fue lit de principio a fin. Especialmente cuando cantó ‘Honey‘: parecía que nos íbamos a desmayar del gusto. No es de extrañar que Kanye West la haya fichado para su sello G.O.O.D. Music. Lo experimental de las instrumentales sobre las que dispara 070, que van desde el post-dubstep hasta el boom-bap y el electro acompasado por bajos 808, recuerdan mucho al estilo del mismo Kanye. No es de cajón que un rapero se marque una performance de este nivel. Como Vince Staples lo fue el año pasado, puede que 070 haya sido lo mejorcito del hip hop en este Primavera Sound 2019. (Luca Dobry)

Apparat

Cada año volvemos a recibir con la misma sensación de incredulidad el hecho de que que exista un escenario como el Auditori Rockdelux en un festival. Como también queda para la ciencia ficción hacer una ruta en los apretados horarios en los que nos encaja acercanos, teniendo que salir del recinto, hacer cola, buscar asiento a ciegas y pasar una hora encerrado sin apenas ruido de murmullo. Pero cada año toca visita. Esta vez fue con Apparat. Presentando disco, aprovecharon al máximo todos los recursos de potencia, oscuridad y mística del Auditori para estirar temas como ‘Caronte‘ y ‘Dawan‘ al máximo de sus posibilidades. Quizás demasiado, llegando a resultar un poco abusivo y recargado el uso de la épica. Al final, la sensación era más de bola empalagosa que de emoción. Aun así, a varios se nos hizo un nudo en el estómago con el cierre de ‘Black Water‘. (Jordi Isern)

Bakar

La puesta en escena del North Londoner es fiel a lo que uno imagina escuchando su reciente y genial álbum, Badkid. Bakar (vocalista y protagonista) parece un rapero con tendencias punkarras, mientras que su banda es más bien una especie de nostálgicos de The Doors con mucho talento a sus respectivos instrumentos y luciendo camisas de seda estampadas (entre ellos, Bakar desentonaba con un full look rojo y sus rastas). Y aunque sus looks no estuvieran muy coordinados, todo lo demás encajó maravillosamente. Se notó una simbiosis perfecta entre banda y cantante, tanto en la energía que fluía entre ellos como en lo bien que sonaba el conjunto; también con la naturalidad y facilidad con la que lo hacían. El show tuvo todos los moods que propone su estilo único: la agresividad del rap, la ternura y melancoía de las baladas rock, la rabia del punk y hasta la bailabilidad del drum’n’bass. Sobre la arena y frente al mar en la hora del ocaso, fue una gozada. Además, a Bakar se le vio por ahí disfrutando de conciertos durante todo el fin de semana, así que se puede decir que seguro que disfrutó de su paso por este Primavera Sound 2019. (Luca Dobry)

Big Thief

Es jodido citar un solo error en la propuesta de Big Thief. Aunque los haya; aun teniendo que parar a medio tema porque alguien no ha entrado donde tocaba. Pasó el jueves, pero poco le importó a los asistentes. Unas sonrisas cómplices de Adrianne Lenker y los suyos, y todo olvidado. Precisamente en esa espontaneidad, en esa sensación que la banda acaba de bajar de su furgo y con una regleta, una toma de corriente y sus instrumentos, todo está ok, reside la magia de su propuesta. A partir de ahí, suman canciones magnéticas con cada nuevo largo, el último UFOF. Fue con una de sus oldies, ‘Masterpiece’, con la que se llegó al final. Y el sol empezó a despedirse. Ni la mejor cámara vintage podría haber capturado tanto grano folk, tanta sensibilidad. Otra de las triunfadoras de guitarras de la jornada de apertura en Mordor, Courtney Barnett, se acordaría de ellos más tarde. ¿Habéis visto a Big Thief? ¡Son increíbles!”. Pues eso. (Yeray S. Iborra)

Charli XCX

Pocas ocasiones mejores se me ocurren para disfrutar por primera vez del directo de Charli XCX que en la recién concluida edición del Primavera Sound 2019, la del The New Normal, la del cartel paritario, la de las divas del pop. La británica llegó al festival catalán y triunfó con un directo en el que solo hizo falta su mera presencia y sus canciones contaminadas de ese pop futurista y energético que tan bien lleva funcionándole desde hace años. El atronador y grotesco inicio de la mano de la oscuro, electrónico y no por ello menos azucarado ‘Track 10’; su reivindicación también como compositora con la coescrita junto a (y para) Icona Pop, ‘I Love It’; una ‘Girls Night Out’ dedicada a SOPHIE, también en el Primavera Sound esa noche; su particular versión de ‘Wannabe’ junto a Herve Pagez y Diplo, ‘Spicy’, llevada al pop más global y placentero, y en directo convertida en uno de los momentos más divertidos de la noche; su anunciada in situ colaboración con Héloïse Letissier (Christine and the Queens, Chris), ‘Gone’, ya un favorito entre fans… Y ese final de la mano de ‘1999’, un canto al pop más futurista, corroboraron que Charli XCX solo hay una y que debemos celebrarla. (Irene Méndez)

Christine and the Queens

Las divas, de todo pelaje, capturaron la atención de los flashes y titulares de esta histórica edición del Primaera Sound. Unas lo hicieron con más pirotecnia, otras más parcas; Christine and the Queens hizo del equilibrio su mayor baza y firmó una de las mejores actuaciones de la edición sin renunciar a sus postulados pero llenando el escenario Primavera. No era fácil exceler, y menos en un evento donde primaba lo urbano, pero Héloïse Letissier demostró ser el combo definitivo entre una mujer del Renacimiento –su propuesta aunó música, danza y plasticidad fotográfica– y un icono contemporáneo. El repertorio de Chris, su último álbum, aguantó el arreón y se movió sibilino entre una muestra del festival Grec y el recital de estadio de una heroína de la modernidad. (Yeray S. Iborra)

Clairo

La sensación era la de que, con algo pequeño, se puede hacer algo grande y sólido: música hecha desde el dormitorio, con letras poco pretenciosas y una voz que en lugar de proyectarse se queda flotando entre capas de sintetizadores y percusiones blandas; música de esa con la que escurrirte entre las sábanas pero que ahí, antes de que fuera hora de meterse en la bedroom, sonaba cercana a la vez que bailable, coreable y consistente. Claire Cottrill cambió el pijama por un total denim y se paseó por el Pitchfork a su bola, con actitud desapegada y extrema naturalidad, defendiendo que a pesar de su corta edad es una experta en lo suyo. Sonaron la viralizada y escueta ‘Pretty Girl’, ‘Flaming Hot Chetos’ y con ‘Drown’ tuvo lugar la aparición de Cuco en el escenario. ‘4 EVER‘ encendió al público y cuando sonó ‘Bags’, su último lanzamiento producido por Rostam y tema con el que da pistoletazo de salida a su primer largo, quedó claro que el lo-fi es una etiqueta de la que quiere desprenderse rápido para pasar a un sonido más completo y maduro sin desatender lo que ha estado haciendo hasta ahora. Después de su paso por el Primavera Sound, a uno le queda claro que el dormitorio ya se le queda pequeño y que va a desenvolverse a la perfección en el estudio. (Lluc Mulet)

Courtney Barnett

Un conjunto de luces led, un telón de una ciudad en blanco y negro y la formación  musical a tres —guitarra, bajo y batería— parecería, a priori, una propuesta austera y poco acertada para un concierto en uno de los main stages del Primavera Sound. Escenarios que suelen brillar por congregar shows muy potentes y espectaculares en lo que a puesta en escena se refiere. Pero Courtney Barnett demostró que no le hacía falta nada más que aquello para dar un concierto más que sobresaliente. La cantautora australiana inició el repertorio con uno de sus mayores hits de su primer disco, ‘Avant Gardener‘. Un arranque a marchas cortas que acabó despuntando en dos de sus canciones con más garra y energía hasta el momento: ‘Nameless, Faceless‘ y ‘I’m Not Your Mother, I’m Not Your Bitch‘. Especial mención a esta última, donde Courtney lo dio todo acompañada por unas rabiosas (y muy acertadas) luces rojas; una furia y una garra que quedaba totalmente equilibrada con canciones de tempos más cortados como ‘Depreston‘ y ‘Need a Little Time’, con las que se acercó aún más al público. Tras finalizar con ‘Pedestrian at Best‘, solo me venía una cosa a la cabeza: Courtney Barnett tiene algo mágico que te hace conectar con ella a otro nivel. Siempre había pensado que eran esas letras transparentes y costumbristas que tanto la diferencian. Letras que podrían ser perfectamente cartas escritas por tu mejor amigo o amiga. Pero es que es toda ella. Su actitud transparente y cercana, su excelente manera de contar historias, sus melodías exquisitas y una ejecución en la guitarra de locos. (Raquel Pagès)

Danny Brown

Desde los primeros segundos del directo de Danny Brown, pude confirmar lo que me temía. Era muy pronto para un concierto de ese calibre. El carismático rapero de Detroit salió con toda la carne en el asador, acompañado tan solo por su DJ, el cual estaba igual o más animado que el propio MC. A pesar de la temprana hora y del calor que se mantenía todavía en el escenario Ray-Ban, bastante gente se congregó para ver el show, sencillo en cuanto a puesta en escena pero con una energía brutalmente contagiosa. Danny no utilizó el playback en ningún momento, cantando cada barra de unos temas que fueron replicados por las primeras líneas de público. Dentro de su repertorio, tocó la gran mayoría de sus hits, incluidas ambas colaboraciones con el desparecido productor escocés Rustie –los tracks ‘Side B (Dope Song)’ y ‘Attak’–, así como el anthemSmoking And Drinking’. Su capacidad para mover al público se hizo notoria con la transición entre ‘Grown Up’, quizás su canción más tranquila, y el siguiente tema, en el que el mismo artista provocó un pogo entre el público del cual más de uno salió escaldado. (Pablo Rumbler)

Dream Wife

Que el punk rock es cosa de chicos, por suerte, es algo ya más que masticado, digerido y desechado. Lo que sorprendió de Dream Wife fue la energía, el buen rollo y (por qué no decirlo) el gusto que se daban sobre el escenario, pues sostuvieron la sonrisa durante todo el bolo y transmitieron esa vitalidad que se proyecta y acaba contagiando. Aunque la banda está afincada en Londres y la frontwoman Rakel Mjöll es originaria de Islandia, su directo tuvo un regusto norteamericano y de corte pop alejado de la sobriedad británica. Conectaron con el público y este les devolvió la pelota con bailes y un pogo final para celebrar aquella fiesta en la que por debajo de la música y el show se percibía la máxima de quitarse los complejos. “El género es una construcción”, dijo Rakel antes de tocar ‘Somebody’. Y puño arriba, desde el límite del escenario, lanzó ese “I am not my body, I am somebody” en bucle que con cada repetición iba calando un poco más hondo por debajo de la piel. (Lluc Mulet)

Eryka Badu

El concierto de Erykah Badu fue, quizás en parte por su condición de cabeza de cartel del jueves, uno de los sets más lineales y decepcionantes de la primera jornada del festival. Y no porque el concierto fuese precisamente malo, sino porque podría haber sido mucho mejor. Nadie puede negar que la de Badu es una de las voces más prodigiosas y poderosas del neosoul; tampoco su gran presencia escénica, en momentos incluso intimidante. Tan extravagante y misteriosa como era de esperar y con un sombrero desmesuradamente grande con el que apenas se le pudo ver la mirada durante gran parte de la primera parte del set, su salida al escenario al son de ‘Hello’ pareció anticipar el que podría haber sido un abrumador concentrado de negritud y sentimiento que, al final, se quedó en un correcto concierto que pasó algo desapercibido en el conjunto del festival. Cayeron canciones de Baduizm, del que celebró abiertamente sus 22 años de historia al son de ‘On & On’ o ’Appletree’. Sonaron grandes clásicos como ‘Liberation’ (homenaje a Outkast incluido), una pletórica y algo críptica ‘Window Seat’ o ‘Love of my Life’, quizás el momento más emocionante gracias también a una banda en perfecta ejecución. En definitiva, la estadounidense nos acercó con su directo hasta su particular forma de observar el soul. (Irene Méndez)

FKA twigs

Desde que sonaron los primeros acordes de ‘Hide’ quedó claro que Tahliah Debrett Barnett apostaba por un espectáculo total. Con una propuesta arriesgada para las tres de la mañana, FKA twigs desplegó todas sus aptitudes como coreógrafa, cantante y compositora. Su soledad se fue quebrando a medida que sonaban algunas de sus mejores canciones (‘Pendulum’ o ‘Figure 8’ o ‘Lights On’) y se incorporaban bailarines ubicados en diferentes cuadros de una estructura vertical, todo bajo un bellísimo juego de luces. Entre todos los elementos –mención especial al momento en que blandió una espada o a su espectacular demostración de pole dance–, fue la voz de la británica la que más impulsó una hipnosis colectiva solo ajena para aquellos que esperaban un incremento de beats a esas horas. Para el resto, supuso una de las propuestas más elegantes y originales de esta edición que culminó con el sublime final de ‘Two Weeks’ y su conmovedor single más reciente, ‘Cellophane’. (Carlos Marlasca)

Future

Después de las no apariciones de Frank Ocean y Migos en las últimas ediciones, la espera a la salida de Future hizo que a más de uno nos entraran las dudas, que se disiparon al poco rato cuando Nayvadius DeMun Wilburn saltó al escenario. El hecho de que fuera en jueves, en una hora poco decente para los que trabajaban el viernes, pudo ayudar a mermar la asistencia, la cual era algo floja para el escenario y el directo que esperábamos. La puesta en escena fue sobria, con el mismo Future, su DJ y un par de chavales que saltaron con él, y que se iban moviendo a su son a lo ancho y largo de la tarima. En las pantallas, unos efectos glitch que deformaban la imagen del artista a través de sus movimientos. Su directo tuvo dos lecturas bien diferentes: la visión de los que realmente conocen al artista y sabían a lo que iban, y la visión de los que iban sin saber muy bien qué esperar. Para los primeros, el concierto cumplió con todas las expectativas; sonaron muchos de sus hits, como ‘Wicked’ o ‘Wifi Lit’, pero sobre todo, muchísimas colaboraciones, como los temas ‘Low Life’ junto a The Weeknd o ‘No Cap’ y ‘Relationship’, junto a Young Thug. Para el resto de los asistentes, la lectura fue bien distinta. Con un Future haciendo mucho playback, soltando algún hook sobre sus temas y animando a la gente más que cantando, demostró sobremanera como funcionan este tipo de shows en E.E. U.U., sobre todo al tratarse de trap made in Atlanta. Puro funcionalismo donde el simple hecho de tener a un personaje tan importante ya hace mover a masas, pero que en este caso funcionó a medias. Con mucha energía desde el escenario, el público se movía con cada drop, pero se venía abajo tras algunos versos. Un show algo descafeinado teniendo en cuenta la imponente figura que teníamos delante, que acumula tantos hits como millones de plays en todas las plataformas. (Pablo Reguilon)

Guided by Voices

Con The New Normal, todos ganamos y mucho. Basta de etiquetas, todo tiene cabida, vamos a disfrutar sin preocuparnos, etc. No hay duda de eso. Pero a la vez, hay grupos que con este nuevo público han quedado fuera de la foto. Es el caso de Guided by Voices, y se vio de manera muy material la noche del jueves: su concierto en el escenario Primavera no llenó ni la mitad de lo que muy presumiblemente hubiese llenado hace dos años, cuando cancelaron. Y a quienes sí estuvimos, nos costaba no ir mirando de reojo los stories en otros escenarios y comentar cada vez más nerviosos la hora en la que partiríamos hacia 070 Shake. No obstante, como ejercicio de nostalgia y, sinceramente, como check en la lista, fue perfecto. No imaginamos a Guided by Voices sonando impolutos, y sería una decepción no haber visto a Robert Pollard con una lata de cerveza pegada a su mano y dando lingotazos a una botella de whiskey, pero lo cierto es que el aura de, como dijo un buen amigo, jugador de fútbol retirado, del que esperas algún destello pero su tiempo ya pasó, lo vencía al ejercicio de emoción que se suponía era tener a Guided by Voices en un festival en el que hubiesen sido emperadores años atrás. Pero hubo esos destellos que decíamos: ‘Motor Away‘, ‘Salty Salute‘, ‘Teenage FBI‘, ‘Glad Girls’… y eso, casi, lo vale todo. Vistos, puño en alto, y a otra cosa. (Jordi Isern)

Mac DeMarco

Ese chaval con cara de pillín sigue ahí. Y no sólo en la vestimenta: lució gorrita con el logo de Nintendo 64. Aunque sería absurdo decir que el Daniel el Travieso del jangle pop luce igual que antaño. No faltaron las bromas en su recital, pero no la lió como en 2017. Vernor Winfield McBriare Smith IV, o lo que es lo mismo, Mac DeMarco, ofreció su versión más crooner el jueves. Demostró contención y saber hacer, dando un repaso a Here Comes the Cowboy (2019), mientras los asistentes apuraban el buen clima sobre la moqueta. Después se levantaría el viento. El de las nuevas perlas de la música urbana y el pop global. DeMarco fue un receso agradecido en la tormenta. (Yeray S. Iborra)

Maribou State

Parece que el Primavera está apostando cada vez más por programar a artistas de peso en altas horas de la noche. Y para muchos, las horas después de que el sol se haya puesto son indudablemente las mejores. La oferta en la madrugada es apabullante, por lo que es toda una hazaña hacer que la gente venga a bailar sobre la arena en el escenario más remoto, no al son de un DJ, sino de una banda entera. Maribou State no tienen una cara particularmente reconocible. Escuchando su música de estudio, uno proyecta una imagen de un dúo nerdish a lo Mount Kimbie haciendo piruetas con el Ableton. Pero resulta que su puesta en escena es muchísimo más que eso. Son verdaderos músicos, una banda que incluye batería, guitarra, sinte, teclado y cantante. Pero además, Maribou State ha logrado crear su propio estilo totalmente original, algo a medio camino entre el funk, el lo-fi techno londinense e incluso el jazz. Si bien es verdad que, a las cuatro de la mañana, para quien estuviera en un mood más clubero, este podía ser un set algo descafeinado, para quien sí tuviera ganas de disfrutar de un concierto rico en matices a la par que bailable fue un show muy agradable. (Luca Dobry)

Nas

A pesar de que ver nombres de hip hop en letras grandes no forma parte del debate alrededor de The New Normal, y se reciben con alegría nombres como Kendrick Lamar y se lamentan caídas como la Migos, lo de tener a Nas en el aniversario de Illmatic en un festival como el Primavera Sound entra en la categoría de excepcional. En un escenario, el Ray-Ban, que en otro momento se le habría quedado pequeño, el que se creció fue él. Sin los fuegos de artificio de los grandes nombres actuales, en el Queens de Nas no hay coreos, no hay arengas preparadas, ni saltos al público, ni humo artificial, ni pantalla gigante. Batería y segunda voz por su escudero Eddie Cole y DJ Green Lantern a los platos se bastaron para repasar de manera prodigiosa esa gran obra atemporal de 1994: ‘The World Is Yours‘, ‘Halftime‘ o ‘N.Y. State of Mind’, todas seguidas de “ooohs” y brazos en alto, alternadas con otros clásicos como ‘I Can‘ o ‘Hate Me Now‘. El tiempo avanza y los códigos cambian, y ahora parece imposible imaginar una actuación de urban en la que el cantante no esprinte de un lado a otro del escenario o reproche actitud al público, pero Nas representa la época en la que bastaba trotar y versar de manera clara para ganarse el respeto y llenar el escenario. Todo clase, todo porte, solo un micro; se fue con los brazos abiertos y la mirada hacia el cielo. El legado sigue intacto. (Jordi Isern)

Sigrid

El de Sigrid fue uno de esos conciertos que van de menos a más. Respaldada por un público que en todo momento jugó a su favor y por una ristra de canciones infalibles que en directo sonaron todavía más vivas, la llamada a reinar la nueva oleada de sonidos pop ofreció un show en el que sonó casi al completo su disco de debut, Sucker Punch. Sobre el escenario, un Pitchfork abarrotado que en ocasiones se le quedó incluso algo pequeño, la noruega se mostró, sin buscarlo, con un claro compromiso de ser firmemente ella misma, sin artificios, casual. Y lo consigue a base de carisma y hits incontestables como ‘Strangers’ o la más reciente ‘Don’t Feel Like Crying’. De ‘Don’t Kill My Vibe’ a ‘High Five’, Sigrid cuenta ya, pese a tener solo un álbum de estudio a sus espaldas (por cierto, recién salido del horno), con una gran y extraordinaria baraja de cartas en su bolsillo con la que jugar en directo. Ganchos magnéticos que, unidos a una personalidad arrolladora en directo que te da la bienvenida, hacen que su viaje hacia el éxito esté repleto de sentido. Y es que para Sigrid nunca ha habido ninguna duda. (Irene Méndez)

SOPHIE

SOPHIE nos ofreció un directo algo diferente al que nos tiene acostumbrados estos últimos años. A través de un DJ set clásico, la intención de la sesión fue clara: hacer mover al público arriba y abajo sobre la arena del escenario Lotus. Con una selección de temas llena de ghetto music, pasó de ghetto house a jersey club, intercalando temas más melódicos con vocales marcianas, con la característica esencia PC Music. La artista transgénero nos hizo bailar sin parar durante su una hora de set, acompañada sobre el escenario por un Arca con una larga peluca negra y otra chica, las cuales tanto cogían el micro para animar al público como salían a bailar por el escenario en momentos de clímax. Dentro de su discurso musical, se pudo apreciar de pleno la esencia ultrapop que la caracteriza, además de una esencia club con destellos que se acercaban más a la música ballroom, típica de las fiestas Vogue. Entre el arsenal de temas que la artista pinchó, hubo espacio para que cantara alguno de sus hits, como ‘Immaterial’ o ‘Vyzee‘. Y es que da igual el formato bajo el que SOPHIE actúe; sabes que la energía que va a transmitir siempre va a dejarte muy arriba. (Pablo Reguilon)

Stephen Malkmus & The Jicks

Hay músicos que simplemente corroboran su constante estado de gracia. Sin grandes alardes, ni artificios, tan solo exponiendo su extenso cancionero. Con tres décadas coloreando el mapa indie, Stephen Malkmus entra dentro de esta categoría. Desde hace unos años sus acompañantes son The Jicks, un eficaz y polifacético trío con el que interpretó canciones de carácter íntimo (‘Solid Silk’) y algunos de sus últimos hits (‘Shiggy’). Con apenas dos guitarras, rasgadas con la misma indiferencia que acierto, aspecto desaliñado y su sempiterno flequillo, Malkmus mostró que anda de vuelta de todo y bailó en una estupenda ‘Difficulties/Let Them Eat Vowels’ como en el día de una feliz resaca que no parece tener fin. Tras el excelente adiós de ‘Houston Hades’, habrá continuación el año que viene, cuando regrese al Primavera Sound con sus legendarios Pavement. (Carlos Marlasca)

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