02/06/2019

La catalana vuelve a casa para brillar como nadie entre reclamos internacionales.

Se hablaba desde días antes de que llegara otro Primavera Sound, pero no uno cualquiera, de la edición de las divas pop y lo cierto es que el guiño no estaba mal lanzado. Christine and the Queens, Charli XCX, Erykah BaduCarly Rae Jepsen, Janelle Monáe, Miley Cyrus, Robyn, Kali UchisNeneh CherrySolange, Róisín Murphy: proyectos con la mujer como introducción, nudo y desenlace que, más allá de las evidentes particularidades, funcionaban como metáfora viviente de esa nueva normalidad que proponía la programación del festival. En el listado falta un nombre que en más de una previa parecía haberse traspapelado, quizá porque, a efectos puramente matemáticos, forma parte del grupo de artistas nacionales del cartel, a menudo infravalorado.

Pero resulta que Rosalía, sí, era la verdadera headliner de Primavera Sound 2019 y no nos habíamos dado ni cuenta porque lo teníamos justo delante de nuestras narices. Mientras estábamos ocupados debatiendo acerca de todo menos de lo importante (¡esas canciones!), buscando explicación a esto y aquello, teorizando sobre no sé qué, el mundo entero nos ha pasado por la izquierda y ha hecho lo que venimos haciendo nosotros desde que el pop es pop con estrellas llegadas principalmente del mercado anglosajón: disfrutar de ella y nada más, incluso sin entender lo que canta.

Anoche, en el escenario Pull & Bear, nos enteramos para los restos de que Rosalía ya no es de aquí ni de allí, sino de todos lados. Andábamos a vueltas con las acusaciones de apropiación cultural que siempre le han sobrevolado y, al final, todo el planeta se ha apropiado de ella. Conquistar el mundo es actuar en Coachella, por supuesto, pero, sobre todo, es volver a tu casa y volar por encima de cualquier reclamo internacional. Es dejar claro que tienes gran parte de la culpa en la jornada más multitudinaria de la historia de Primavera Sound (63.000 asistentes). Es invitar a James Blake a tu concierto para cantar ‘Barefoot in the Park‘ sobre un fondo de estrellas y conseguir que no parezca suya, sino tuya. Es bordar ‘Brillo‘ y ‘Con altura‘ sin coincidir sobre las tablas con J. Balvin cuando todos lo esperábamos y que la no-colaboración deje un regusto a simple anécdota para ella y a enorme oportunidad perdida para él: salir en la foto con la catalana tiene premio asegurado a día de hoy.

A todo esto hemos llegado un año después de que en su actuación en Sónar 2018 empezáramos a descubrir cómo sonaría El Mal Querer, un disco que se lanzó hace solo siete meses. Alrededor de su segundo trabajo giró el concierto de ayer, pero los 60 minutos de un show en el que tuvo excitante valor musical hasta la ronda de presentaciones de su «banda» también sirvieron para trazar conexiones con su pasado (una ‘Catalinaa cappella silenció la explanada del Parc del Fòrum) y su futuro: hubo tiempo para seguir hinchando el hype en torno a material inédito como ‘Lo presiento‘ y ‘Como Alí‘. Canciones que, de momento, solo existen en sus conciertos y sus correspondientes réplicas en YouTube o Instagram. Una atípica vida en el limbo que basta para que el público se haya aprendido sus letras. Una vez editada oficialmente la espectacular ‘Aute Cuture‘ con sus icónicos «madre mía, Rosalía, ¡bájale!», queda una sensación: la canción favorita de los fans de Rosalía siempre parece estar por publicarse.

Su segundo paso por Primavera Sound, emotivo y eufórico a partes iguales solo dos años después de actuar en el Auditori Rockdelux junto a Refree para presentar Los Ángeles, se convierte ya en el último hito de su carrera hasta nueva orden. Apúnteme usted, señor escribano: más pronto que tarde llegará el siguiente.

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