31/05/2019

La primera jornada del festival barcelonés confirmó las sospechas: 070 Shake ya es una realidad.

La primera de las jornadas centrales de la 19ª edición de Primavera Sound sirvió, entre otras cosas, para constatar algo que ya empezaba a sospecharse hace tiempo: que usar eso de «música urbana» como socorrido saco en el que cabe todo lo que gira alrededor del rap es quedarse muy corto. Darse una vuelta ayer por el Parc del Fòrum era entender que guardarse las espaldas con la etiquetita de rigor es llevarse por delante matices, personalidades, caracteres y, en definitiva, 1001 maneras distintas de rapear.

Ahora que todo el mundo rapea pero nadie es rapero, Nas se subió a las tablas del Ray-Ban para reivindicar un oficio, un sonido y unas maneras casi vintage. Mejor, nos ahorramos el casi: vintage del todo. Un cuarto de siglo después de publicar su legendario debut, ese Illmatic que ha servido de Piedra Rosetta para descifrar gran parte del hip-hop que ha llegado desde entonces, el neoyorkino sonó clásico, que no desfasado. Al contrario que algún otro nombre de la época dorada del género que hemos visto por aquí (hey, Wu Tang-Clan), Nas no se limitó ni mucho menos a cumplir el expediente en el mismo escenario que un rato antes había retumbado con un Danny Brown que dejó a un lado su repertorio más fumeta para dedicarse a soltar un gancho detrás de otro.

El paso del de Detroit por el festival dejó de parecer tan enérgico en cuanto arrancó el show de la hiperactiva 070 Shake. «Vamos a jugar al ping-pong con la energía», dijo para pedir que el público le devolviera justo lo que ella estaba dándole. Fue corto y, de hecho, se hizo corto: entre jaleos al público, carreras de un lado a otro, intentos de escalada por un lateral del escenario Pitchfork y canciones-bombazo como ‘Morrow‘ y ‘Honey‘, el ratito con Danielle Balbuena pasó volando. La siempre complicada tarea de dar el último concierto de la explanada principal fue para Future, que en vivo dejó claro que le faltan temas emblemáticos a pesar de que quizá sea el artista con más repertorio reciente de todo el cartel (acumula una docena de discos desde 2012). Si tuviera 3 ó 4 Mask Offs más en su discografía, quizá conseguiría tener en todo el mundo el mismo estatus que tiene en el mercado estadounidense.

 

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