17/04/2019

Entrevistamos al salvaje grupo británico que este viernes publica Serfs Up!, un tercer disco que en julio presentarán en el Vida Festival 2019 de Vilanova i la Geltrú.

Vistos desde fuera, los Fat White Family están en un delicado intermedio entre el chiste yonqui y el comando terrorista. A medio camino entre Crass y los Libertines, el grupo lleva casi una década pivotando entre un rock salvaje (particularmente en sus conciertos, concebidos como ceremonias de autodestrucción ruidista) y la mala leche de los The Fall más abrasivos. Presentan este mismo viernes Serfs Up! (Domino, 2019), un álbum donde se abandona la sensación de caos de referencias previas y se abraza una paleta de sonidos sorprendentemente amplia, donde cabe desde el funk al kraut rock pasando por los baladones lounge. El disco es fruto de un par de años recluidos en Sheffield, donde, como nos cuentan, se intentaron alejar de vicios perniciosos para concentrarse en la música. El resultado es estimulante y prueba que debajo de su armazón teórico (son de esos grupos que vive teorizando sobre si mismos) y de su desidia heroinómana laten unos músicos inquietos, capaces y con gran personalidad. Hablamos con Lias Saoudi, vocalista y líder del conjunto.

Si quieren verlos en directo tendrán la oportunidad de hacerlo en el Vida Festival 2019 de Vilanova i la Geltrú, el próximo 4 de julio, en la que es la única fecha española (de momento) de su gira europea.

Uno de los aspectos en los que más se ha incidido a la hora de hablar de la génesis del disco es que el grupo dejó atrás el sur de Londres para mudarse a Sheffield. ¿Por qué esa necesidad de dejar atrás un lugar tan central en la industria musical para irse a una ciudad de provincias alejada del meollo cultural?
LIAS SAOUDI:
Para mí fue una decisión natural. Ya llevaba una temporada yendo mucho a Sheffield porque la mitad de los miembros de mi otra banda (n.d.a: los psicodélicos The Moonlandingz) son de allí, y la experiencia me sirvió para descubrir que había una pequeña escena local muy viva donde me sentía particularmente bienvenido y con unas redes de solidaridad gracias a las que ser músico profesional era más sencillo que en Londres. También hay que tener en cuenta que Fat White Family había entrado en un proceso de autodestrucción psicológico, espiritual y económico como resultado del abuso de las drogas duras y las giras interminables. Así que si queríamos seguir vivos teníamos que hacer algo. Ya en los dos últimos años de giras me di cuenta de que todo se estaba yendo a la mierda, no soy gilipollas. Soy consciente de que un grupo no puede sobrevivir si el 60% de los miembros son adictos a la heroína o al crack. Así que necesitábamos escapar de ese ambiente del sur de Londres, que se había convertido en una trampa para nosotros. Lo que había empezado siendo una red de contactos en el mundo musical, o artístico, o como quieras llamarlo, había terminado convirtiéndose en una serie de proveedores de droga que pululaban a nuestro alrededor continuamente. Así que Sheffield fue el paso natural para evitar una implosión heroinómana en el seno de la banda. Nos permitía protegernos de todos nuestros excesos y errores previos, pero seguíamos estando lo suficientemente cerca de Londres para no perder de todo el contacto con la industria musical o con los músicos con los que queríamos contar para este álbum. Si tuviera que resumirlo diría que Sheffield nos sirvió para restablecer nuestro espacio, para volver a concentrarnos en la música, en vez de estar metidos todo el día en gilipolleces.

Mencionas el alejarse de la industria como uno de los grandes motivos de dejar Londres: ¿os sentisteis de alguna manera aislados, o marginados por haber decidido marcharos de ahí?
Bueno, creo que no, pero en todo caso esto sucedió porque ya teníamos un nombre, ya éramos conocidos cuando marchamos de Londres. Al tener una reputación previa puedes permitirte estas cosas. En el fondo también, al llegar a Sheffield lo que pretendía era volver a la realidad, al aburrimiento que me llevó, en gran medida, a fundar este grupo. Llegamos a estar tan metidos en las dinámicas de la industria musical londinense: los excesos con las drogas, las fiestas, el sexo… todo eso, que es maravilloso, nos impedía concentrarnos en la música. No hay nada de eso en Sheffield. Cuando empezamos el grupo no había nada de eso. Teníamos que volver a ese estado inicial, a ese aburrimiento que es el que te lleva a la creatividad. Bueno, te digo que no había drogas pero te estoy mintiendo: tomábamos ketamina, o ácido. Pero desde luego nada de esas torres gemelas del mal: ni cocaína ni heroína. Mandamos eso a la mierda. Y gracias a eso pudimos volver a empezar.

Al escuchar el disco llama la atención la ampliación de la paleta sonora, con acercamientos insospechados a géneros como la balada lounge en canciones como ‘Vagina Dentata’: ¿tienes miedo de que la fama de grupo agresivo y caótico se pierda por el camino al tomar esta senda?
Creo que es parte de un proceso natural. Cuando empecé el grupo, hará unos ocho o nueve años, era una persona muy distinta, un joven lleno de agresividad, venía de haber estudiado en una puta escuela de arte que me daba asco, y había llegado ahí no porque mis padres tuvieran dinero, sino porque era listo e iba becado. Al salir de ahí, con mi título debajo del brazo, me di cuenta de que al no venir de un ambiente privilegiado, con cierto dinero al menos, lo que había estudiado no me servía de nada. Al empezar el grupo no tenía perspectivas ni profesionales ni personales de ningún tipo. Puedo recordar cómo me sentía entonces y cómo afectó al grupo en su momento, pero no es el mismo tipo de energía que tengo ahora. Ahora, aún después de muchos errores y muchos problemas, he llegado a sentir que tengo una identidad propia, y nadie me la va a quitar. Es momento de expresar cosas distintas en mi música.

Y ese nuevo sonido del LP, ¿cómo se va a trasladar a los directos? Porque si por algo destacaban vuestros conciertos era por un rock guarrísimo y caótico.
Vamos a intentar cosas nuevas. El vocabulario del grupo ha cambiado, no podemos pasarnos toda la vida haciendo el sonido abrasivo y ruidoso. Hemos decidido usar nuevos elementos, particularmente samples, que enriquecen mucho el sonido del grupo. Tampoco creo que vaya a ser radicalmente distinto a cómo lo hacíamos antes, pero sí que estoy bastante emocionado con la idea de presentar todo esto en directo. Más emocionado que nervioso, la verdad.

¿Y queréis seguir tocando en salas medianas o os planteáis algo más ambicioso, en términos de dar el salto a festivales, etc?
Bueno, la verdad que dudo mucho que los artistas prefieran de verdad tocar en salas pequeñas, salvo que seas, qué sé yo, Tom Waits, y que tengas tal credibilidad que puedas permitirte hacer lo que te dé la gana. Mira, sigo viviendo en un piso de mierda, he sido prácticamente un yonqui, no tengo ninguna seguridad económica, prácticamente no tengo posesiones, vivo prácticamente igual que hace diez años. Por mucho que tenga una cierta credibilidad artística eso no se refleja en mi cuenta corriente, y quiero conseguir vivir medianamente de la música.

En lo que se refiere a las influencias del disco dijisteis a Mojo que una de las mayores era una cara B del ‘Club’ Tropicana de los Wham: ‘Blue (Armed with Love)’. Aparte de esto, ¿cuáles han sido los artistas que más os han influido a la hora de preparar este Serfs Up!?
Esa canción que mencionas es realmente increíble. Soy un gran fan de George Michael y me puso muy triste su muerte. La verdad es que en Fat White Family nos tomamos el escuchar música como algo casi religioso, somos un grupo de melómanos. Desde fuera hay gente que nos ve como una especie de idiotas drogados, pero creemos en el poder redentor de la música, sin excepción. En este disco estábamos muy tentados de hacer un disco pop, así que evitamos deliberadamente escuchar música más abrasiva y abrazamos lo que podríamos llamar pop convencional, cuanto más azucarado y meloso mejor. Creo que todo el mundo espera de nosotros que hagamos rock agresivo; así que nada mejor para molestar y desconcertar al oyente que querer sonar como, qué sé yo, UB40 o algo así. Es casi lo más ofensivo que podemos hacer a día de hoy. Esa era la idea inicial. Luego me obsesioné con Yeezus, de Kanye West. Nunca me había fijado en él, me parecía que solo decía gilipolleces, pero había algo en ese disco que me enganchó, tenía un sonido esquizofrénico que encajaba muy bien con cómo me sentía en Sheffield.

Hablando de personajes norteños: ¿cómo te afectó la muerte de Mark E.Smith? ¿Crees que hay una falta de figuras similares en la música británica contemporánea? (n.d.a: Fat White Family le dedicaron en 2014 ‘I am Mark E. Smith‘)
Fue una pérdida terrible, enorme. Creo que era un autor que iba de verdad contra lo políticamente correcto, que metía el dedo en la llaga tanto contra el mainstream como contra, digamos, una cultura alternativa adocenada. Fue una figura muy inspiradora en el animarte a hacer cosas, pertenece a ese tipo de figuras que realmente nutren la cultura. Gente como Mark E. Smith hacía cosas que no eran simple entretenimiento, podías aprender a vivir con sus discos. Por desgracia es un tipo de artista que está desapareciendo, al menos está desapareciendo su exposición pública.

Hace poco habéis criticado con gran fuerza a grupos como Idles: ¿creéis que la música británica ha terminado secuestrada por la clase media?
Creo que la música en general lleva ya mucho, demasiado tiempo, secuestrada por la clase media, y eso nos ha llevado a la situación en la que estamos ahora. Gente como yo, hijo de inmigrantes argelinos, con familia de Yorkshire que ha trabajado en la minería, puede de repente ser calificado de racista por parte de redactores de  b que no comprenden ni mis circunstancias personales ni las de mi país. Si alguien en un grupo indie de poca escala, como el mío, no puede expresar su descontento hacia la situación de mi país o acerca de mi propia condición racial, sin que un redactor estadounidense blanco, de clase media/alta, que ha estudiado en una universidad privada, me califique de racista… Ciertos medios han sido invadidos por una izquierda solipsista y puritana que regurgita eslóganes moralistas que me resultan profundamente ofensivos, y creo que hay que acabar con eso. No veo al resto de grupos o a los medios como conjuntos de individuos con sentimientos, los veo como símbolos de algo más profundo y relevante culturalmente. Y la visión que Idles proyectan sobre ciertos asuntos sociales no deja de ser de una clase media condescendiente con el resto del mundo y que intenta hacer un lavado de manos moral.

Por último quería preguntarte por el concierto que disteis el año pasado con el nombre de Shartic Monkeys, en forma de grupo parodia de la banda más célebre de vuestra ciudad de adopción. ¿Crees que su deriva americanista, huyendo de cualquier significante británico, es representativa del estado del rock en las islas?
Uf, es una buena pregunta. No estoy de acuerdo con la apreciación de que sean el grupo más grande de Sheffield. Aunque sí que son los que más discos venden y más estadios llenan, para la población local Pulp están en pedestal más alto, son los que realmente representan la ciudad. Respecto a los Arctic Monkeys me siento un poco coartado a la hora de contestar porque a fin de cuentas compartimos discográfica (Domino) y no quiero meterme en un brete. Es verdad que representan esa trayectoria que tantos grupos idealizan: de los barrios obreros de una ciudad cutre a Hollywood. Es una historia que a todos nos encanta creer, yo mismo llegué a sentirme parte de algo similar en algún momento hace no demasiado. Todos queremos escapar la mierda en la que nacimos, no les culpo. No creo que sea pernicioso lo que han hecho: simplemente huyen, sería peor si hubieran huido y fingieran que son los mismos tipos de Sheffield de toda la vida. De cualquier manera no soy un fan suyo, aunque los prefiero a esos grupos que intentan sermonear acerca de la necesidad de no ser racista desde Radio 6 (n.d.a. radio pública británica, parte de la BBC, centrada en música independiente y con un cierto cariz izquierdista), como si algún oyente de Radio 6 fuera remotamente de derechas. Creo que eso es peor, es más peligroso, ofensivo y que debe ser erradicado. Los Arctic Monkeys me parecen objeto de mofa más que otra cosa, un grupo que no tiene nada que decir y que representa el aburrimiento del establishment, pero no me molestan de la manera que me molestan otros.

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