11/04/2019

30 discos seleccionados entre enero y marzo de este año.

Apparat – LP5

Quizás hay un espacio en la cabeza, entre flujo y flujo de consciencia, que no está iluminado, que es esquivo a cualquier atisbo de razón. Allí, en esa especie de limbo, las leyes de la física se dan la vuelta y los planos se entrecruzan, las medidas pierden sentido. En ese lugar inhóspito en el que a veces puede sentirse uno como en su propia casa se encuentra la semilla interestelar de la que florece el nuevo disco de Apparat. Un coloso cuántico en el que según el propio Sascha Ring no cabe otra cosa sino música en estado puro. Una que emerge de un proceso de profunda búsqueda y exploración por parte del productor alemán, que se ha alejado de cualquier presión comercial para ahondar en los entresijos más complejos de la sensibilidad electrónica. Su lugar, el lugar, se encuentra en plena paradoja sobre lo que podemos entender por genérico, y bascula entre la idea de banda de música orgánica que traduce su lenguaje a términos electrónicos, como unos Radiohead, y la de DJ que ambiciona en su directo la organicidad de una banda en vivo, de carne y hueso, con falanges que provoquen vibraciones, sin terminar de ser claramente ninguna de las dos. Música fractal, un universo en suspensión, diluido en distorsiones mercúricas y cuerdas orgánicas, voces que se encuentran con su espectro en el futuro y en el pasado, viajes astrales, pianos solemnes, guitarras de cristal, un océano sintético inabarcable de texturas sutilmente extremas… “Momentos de friquismo primitivo, toques de Moderat, bandas sonoras y mucho ensayo y error”, vintage que colapsa en vanguardia y esa caricia melódica de Sascha que es a la vez tan accesible y a la vez tan indescifrable. De todo y a la vez de nada, de esto trata LP5. Un viaje en bucle y en una misma espiral centrípeta, alejado de lo que cualquiera entendería por gravedad, que esquiva las recompensas y rechaza los pulsos fáciles, que solo roza por magnetismo los ritmos predecibles y que a veces hasta parece una abstracción psicodélica. Música de cámara perdida en la inmensidad del cosmos, a la deriva del espacio. Y después del viaje, silencioso, de desenvuelto lento y dinámicamente postimpresionista, no hay una pizca de techno en el único subidón al uso de todo el trabajo, el impresionante final de ‘In Gravitas‘, ese cambio à la The Field o à la The Knife que encierra toda la reflexión de LP5 y que por un momento final, agonizante, pone los pies en la tierra. (Diego Rubio Méndez)

Ariana Grande – thank u, next

La edad no es obstáculo para petarlo en el siglo del streaming; miren si no a Billie Eilish, a sus 17, y ya en la cima. Ariana Grande es algo mayor, cumplirá 26 primaveras este año, pero nadie puede decir que ande falta de ideas para mantener su estatus de diva también en la protomadurez. Cinco discos en poco más de seis años y simultaneando su carrera musical con la participación en pelis y series (de forma cada vez más anecdótica). thank u, next condensa su potencial, dejando la puerta abierta a mejorar absorbiendo sonidos del futuro. Estamos ante el mejor arranque de toda su discografía, ‘imagine’ está en otra dimensión con esos gorgoritos finales deliciosos, y también ante el mejor cierre (‘break up with your girlfriend, i’m bored’). La inspiración se pierde en el estómago del largo pero igualmente Grande suelta un lastre muy valioso en thank u, next: por primera vez muestra claramente a la persona tras la estrella. Ya no es niña prodigio, ni joven prometedora, ni workaholic prematura (esto último tal vez sí). No recela a la hora de exponer miedos, inseguridades y conjeturas asociadas a la fama y a la industria. Después de su experimento con Pharell Williams, el notorio Sweetener (2018), la americana acabó harta del bienquedismo. Eso se nota en el álbum, también en lo sonoro, donde prima aquello que ahora convence a Grande, se acerque más o menos al pop, inclusive trap o hip hop (¡se atreve a rimar!). La floridana lo tiene claro: en la vorágine de la industria o haces, o te hacen. thank u, next es una diatriba por la primera opción. (Yeray S. Iborra)

Bad Bunny – X 100PRE

Este no es estrictamente un disco de 2019. Llegó como la declaración de la renta: por sorpresa. En los últimos compases del pasado año, y todavía con el recuerdo fresco de un coloso como Vibras de J Balvin, el conejo malo, aka Bad Bunny, se vio en la necesidad de decir la suya para, de paso, no poner en bandeja el cetro del pop global al colombiano. Para la disputa, el puertorriqueño decidió jugar sus cartas de forma totalmente opuesta a Balvin: uno (Balvin) hizo de su largo un producto redondo, empaquetadito y, en cierto sentido, una rara avis dentro de la escena reggaetonera, un disco con un ojo puesto en la pista de baile y otro en la crítica musical; el otro ha hecho del excentricismo, que también gasta en sus clips y en sus atuendos, una baza. X 100PRE comparte poco más que arte y libreto con un disco al uso. Es en realidad una ristra de temas, parientes lejanos, que conviven bajo una misma idea: dar que hablar. La pátina caribeña, base de la carrera del joven MC, es solo un recuerdo. En el largo se escucha trap, indietrónica e incluso punk. Dieciséis temas donde las colaboraciones demuestran amor por el pasado (El Alfa) y un pie en el presente (Drake, aunque anecdótico en ‘MIA’, cerrando el álbum, siempre es Drake). En todo caso, un disco que sobrepasa los límites del género fetiche de Bunny. Lo hace incluso en las letras, donde se cuela crítica social inédita en la primera línea de reggaetoneros contemporáneos, pese a estar muy vinculada a los inicios del estilo, con canciones como ‘RLNDT’, sobre la desaparición de Rolandito Salas Jusino. Solo el futuro dirá si los polos opuestos se atraen o si el pop global genera trincheras alrededor de sus máximos exponentes. (Yeray S. Iborra)

Better Oblivion Community Center – Better Oblivion Community Center

Casi de la nada, sin campañas ni avisos mediáticos, la cantautora californiana y el músico de Omaha han presentado un proyecto a dúo interesantísimo en el que mimetizan sus respectivas y cercanas visiones del folk. Better Oblivion Community Center, el nombre elegido tanto para la banda como para su álbum de debut, hace referencia a una especie de centro ficticio de ayuda y bienestar: un lugar seguro, cálido y confortable donde hacer terapia conjunta, donde los enfermos de una extraña patología mental en retroceso llamada conciencia pueden confesar cómo y por qué han caído en desgracia. Aunque las diez canciones de Better Oblivion Community Center tratan temas diversos como el amor (‘Sleepwalkin’’, ‘Big Black Heart’), una relación difícil con la ciudad de Los Ángeles (‘My City’), la dicotomía entre misantropía y necesidad de conexión (‘Exception to the Rule’) o una muerte cercana (‘Service Road’, ‘Forest Lawn’), en dos de las primeras encontramos la verdadera problemática principal que ha llevado a Bridgers y a Oberst a necesitar la terapia en el centro de bienestar BOCC. Son ‘Didn’t Know What I Was in For’ y ‘Dylan Thomas’ (…) Ojalá Matthew, el hermano de Conor Oberst, hubiera podido acudir a la terapia Better Oblivion Community Center para hablar de los problemas que le empujaron al suicidio a sus 42 años. Después de toda esa reflexión sobre cómo ayudar a los demás, a ese otro genérico que representa a colectivos ajenos, Oberst confiesa tristemente en ‘Service Road’ que no fue capaz de ayudar a su propio hermano. “Pensé que lo estaba haciendo mejor” es el verso más triste del disco”. (Crítica completa) (Pablo Luna Chao) 

Billie Eilish – WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO?

En un tiempo récord, hemos pasado de prácticamente no saber quién era Billie Eilish a no solo reconocerla como uno de los grandes fenómenos pop de los últimos años sino directamente quedarnos sin adjetivos para definir su fulgurante ascenso. Y eso que la chica no ha llegado aún a la mayoría de edad y acaba de publicar su primer disco (que ha debutado en el número 1 en medio mundo). Sabemos que tiene carisma, que su estética conecta sin tapujos con las nuevas generaciones, que da voz a esa angustia adolescente por la que todos, en mayor o medida, pasamos. ¿Pero es WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO? un buen disco? Esa es la pregunta que hay que hacerse ahora mismo. Y la respuesta es que sí. ¿Es perfecto? No, porque Billie Eilish aún está en pleno proceso de formación como artista y aunque cada tema se sostiene por separado hay una cierta disparidad estilística que lastra el sentido global de este debut largo. Pero el disco sí deja claro que Eilish se mueve fantásticamente en varios terrenos: el del pop electrónico tenebroso y estéticamente subversivo (de ‘bad guy‘ a esa ‘bury a friend‘ que bebe descaradamente de ‘Black Skinhead‘ de Kanye West, pasando por ‘you should see me in a crown‘), el de las baladas intensas (la melodía de ‘when the party’s over‘ es imbatible, y ese triplete final de tono dramático formado por ‘listen before i go‘, ‘i love you‘ y ‘goodbye‘ casi tiene vida propia) y, sorprendentemente, también el del pop de corte clásico que asoma la cabeza en ‘wish you were gay‘, el final de ‘xanny‘ o ‘all the good girls go to hell‘. Lo que aguanta el disco y lo convierte en uno de los debuts del año es la prodigiosa interpretación de Billie Eilish acompañado de la producción rabiosamente contemporánea que firma junto a su hermano Finneas. Todo hecho desde una habitación de su casa. Y que, además de recoger el testigo de las voces del nuevo pop melodramático como Lana del Rey o Lorde, Eilish absorbe también el espíritu generacional de ese emo rap que tenía en XXXTentacion su principal abanderado y que también se cuela en el éxito masivo de Post Malone. Este no es el futuro del pop… porque ya es su presente. (Aleix Ibars)

Cecilio G. – Million Dollar Baby (CEEGEEOTCP)

Ha tenido que pasar por prisión para ver la vida desde un prisma diferente, ha tenido que sorprenderse a sí mismo quizá asustándose al verle las orejas al lobo, con los pelos como escarpias ante la promesa de carne fresca, excitado ante el festín. Pero Cecilio G. ha encontrado la manera de volver a casa, de valorar las pequeñas cosas y de madurar y hacer madurar con él a una escena en la que siempre ha sido un poco el raro. Million Dollar Baby (CEEGEEOTCP), con sus beats mórbidos, grasientos y densísimos, supone en cierta manera un disco de madurez para el trap español (“ya no estamos en el trap, ahora estamos en el jet”, canta en ‘Trankimazim‘) y consigue encerrar los beats gruesos del brasileño Limabeatz en dos caramelos como la ‘Intro‘, que samplea el hit de electrohouse ‘In My Mind‘, y el final de bajas revoluciones en el que King Jedet versiona el ‘Porque Te Vas‘ de Jeanette. Pero además plantea una nueva manera de ver al sad boy, mucho más alejada de actitudes más adolescentes y de rabiatas hiperestésicas. ‘Million Dollar Baby‘ se ahoga en toneladas de experiencia, se emborracha de humo. Un poco como el propio Ceci, como su voz y su estilo, en el que el mensaje se pone siempre por delante de todo. Todo iba mal y lloraba, y ahora que todo va bien se ha dado cuenta de va a seguir llorando; es inamovible. Ha aprendido a aceptar que la vida es llanto. Y en eso hay un brillo de esperanza, una actitud paradójicamente positiva: “Como ves siempre ha ido mal, por eso quiero que sepas que yo vengo de la mierda y le quiero cantar a los que aún siguen en ella, que no sientan soledad, que no dejen que el sistema les hunda jamás“. Siempre hay algo por lo que luchar. Nosotros mismos, el amor. Divertirse y follar. Los amigos. Mamá. La vida por la que merece la pena aprender a vivir. (Diego Rubio Méndez)

Cupido – Préstame Un Sentimiento

Con la publicación de Préstame un Sentimiento, la unión de Pimp Flaco y Solo Astra ha afianzado el éxito de su apuesta por integrar el indie y el trap, resultando de ello una suerte de dream pop pasado por autotune, extremadamente pegadizo y conectado con las demandas de ese público que ha visto desbancado el monopolio indie de la escena urbana en la que ahora confluyen distintas corrientes en paralelo y que con Cupido crean una anomalía y se entrelazan como si el malote de la clase se aliara con el empollón. Que eligieran el 14 de febrero le dio al lanzamiento ese aire de romanticismo cutre y simplón que no solo se imprime en la pose de la banda, si no que atraviesa todas las canciones con letras que maman de la soberbia propia del trap pero endulzadas a base de mensajes cargados de entrega amorosa y lenguaje millennial, fondos de guitarras y sintes que componen una paleta sonora de colores pastel, reverb de corte ochentero y ritmos R&B. Corre a su cargo la nacionalización del bedroom pop vaporoso de Clairo, Boy Pablo o The Marías, y el resultado ha sido tan certero que no se les puede sacar la etiqueta de “fenómeno”. Temas como ‘No Sabes Mentir’ o ‘Continúa’ te entran a la primera como zumo fresco de limón en pleno agosto. ‘5 Senti 2’ y ‘U Know’ despiertan de una bofetada a nuestro yo quinceañero que lidiaba con el primer amor, las malas notas y el acné, y con ‘Milhouse’ te da ganas de llamar a tu pareja y decirle que se venga, que la vida es chula y que entre dos la división siempre sale mucho más a cuenta. (Lluc Mulet)

Deerhunter – Why Hasn’t Everything Already Disappeared?

No sabemos si es que tenemos el listón muy alto con Deerhunter, porque nos tienen bien acostumbrados, o si en este disco han aflojado exigencias y no han tenido su momento más inspirado. Esto último contradice que estén en esta sección, por lo que debe ser lo primero. Partiendo entonces de que no hay disco malo de la banda de Bradford Cox, tampoco pasa nada por afirmar que este Why Hasn’t Everything Already Disappeared? quedaría fuera del top 5 de su trayectoria hasta ahora. A pesar de que el propio Cox, más líder en solitario que nunca y siendo Deerhunter en este disco casi una banda de acompañamiento, lo considera uno de los mejores que han publicado. Es un discurso que ya hemos oído otras veces y que casi siempre suena cuando crítica y público se alejan de la opinión del artista. La sensación tras las 10 canciones es de acomodamiento, de repetición de tics basados en la melosidad de voz y melodías, de una zona de confort que ha dejado de ser placentera por ser perezosa y poco estimulante. Esto en cualquier otro grupo sería la estocada final, pero para los de Atlanta aún deja un nuevo ‘It Never Stops‘ (Microcastle, 2008) como es ‘Futurism‘, o la galopante ‘Death in Midsummer‘, que fue su single de presentación. Por encima de ellas y de la media del disco, y las que pueden marcar un camino y recordar quienes son, están ‘What Happens to People?‘, su corte central, y ‘Nocturne‘, cerrando el álbum y creando esa capa espesa de nubes en las que uno se reencuentra con la zona de confort angustiante de Deerhunter. Ya volverán. (Jordi Isern)

Girpool – What Chaos Is Imaginary

Durante el proceso de creación de What Chaos Is Imaginary, Girlpool trabajaron por separado por primera vez en su corta pero ya trascendente carrera a la hora de componer la mayoría de las canciones que más tarde formarían el disco, centrándose en los resultados en solitario y en sus historias individuales más personales. Aunque no todo ha sido fácil para el dúo angelino, emocionalmente hablando, en su ya tercer álbum de estudio. Moviéndose hacia una fase de transición en la que sus sonidos ponen ahora rumbo a una dirección más experimental y pesada, Cleo Tucker y Harmony Tividad cantan en este trabajo acerca de sus inseguridades, el cambio, el pasado… Pero si algo caracteriza especialmente este disco y lo diferencia de sus dos anteriores es la transición de género a la que se ha sometido Cleo Tucker; una transición que, de las hasta ahora casi indistinguibles voces del dúo, ha creado dos voces claramente diferenciadas que cuando ahora se unen añaden más magnitud a su música. Donde sus letras fueron concretas y específicas en Before the World Was Big (2015) y Powerplant (2017), ahora son más elípticas y personales. Cada canción es un nuevo capítulo dentro del mundo multidimensional de Girlpool, y cada una de ellas resulta más escabrosa, más compleja y más cautivadora que la anterior. La paleta estilística del dúo se amplía, y su historia, inevitablemente, se magnifica. (Irene Méndez)

Hand Habits – placeholder

Tras llamar gratamente la atención con su LP debut Wildly Idle (Humble Before The Void) hace un par de años, Hand Habits —el proyecto personal de Meg Duffy, conocida también por ser miembro de la banda en directo de Kevin Morby– regresa con un segundo trabajo que a simple escucha engaña. Grabado en el estudio de Justin Vernon en Wisconsin, placeholder es un álbum que claramente tiende hacia una monocromía y cierta languidez de las cuales ella en ningún momento se esconde –más allá del intento de quiebro absoluto con ritmos y sintetizadores que protagonizan ‘heat‘–.  Las canciones comparten estructuras sencillas, poco variables y muy parecidas; esta es la fórmula base que viste todo el trabajo. Pero una vez consigues adentrarte en el mundo de Duffy y, sobre todo, entender el contenido de las canciones, el álbum va cogiendo unas texturas y unas dinámicas realmente preciosas. En este placeholder, a diferencia de su primer disco, la cantautora neoyorkina se expone por completo y se muestra mucho más desnuda y transparente a la hora de hablar sobre sus relaciones personales, que en este caso aborda desde el punto de vista de la responsabilidad y el perdón. Unos sentimientos que Meg canaliza a través de un dream pop de melodías sedosas y voces angelicales que beben inevitablemente del folk y la americana. (Raquel Pagès)

Helado Negro – This is How You Smile

Roberto Carlos Lange es uno de tantos hijos de emigrantes latinos que, mal que le pese a Donald Trump, es ciudadano estadounidense con todas las de la ley. Sus padres son ecuatorianos, pero nació al sur de Florida en 1980. Creció en Miami, desde donde más tarde se mudaría hasta Brooklyn. Hace años que en la escena musical del borough neoyorkino más popular se le conoce como Helado Negro. Con ese alias viene publicando pequeñas grandes canciones desde 2009, aunque pocas veces se le ha visto utilizarlas como instrumental abiertamente político (más allá de aquella ‘Young, Latin and Proud‘ que llegó puntual a la victoria de Trump en las elecciones de 2016). Sin embargo, su concepción de la música es una humilde pero orgullosa reivindicación de la mezcla, de la fusión, del mestizaje: castellano e inglés, raíces y experimentación, pasado y futuro, instrumentos “reales” y electrónica, campo y ciudad, costumbrismo y misticismo. Todo convive en su propuesta tal y como convive en sí mismo. Una propuesta perfeccionada definitivamente en This is How You Smile, disco que toma su título de un cuento publicado por Jamaica Kincaid en The New Yorker en 1978 que narra los consejos que una madre emigrante le da a su hija en base a sus vivencias. Sus 40 minutos, que pasan entre rasgados de guitarra acústica que parece mentira que no se le hayan ocurrido antes a alguien, sintetizadores que aparecen y desaparecen mágicamente, notas de piano que se quedan suspendidas para siempre en el aire y algún arrebato de funk suavecito, suenan precisamente a eso: a esa batallita que tu hermano, tu madre o tu abuelo nunca contarán las suficientes veces; al poder siempre infravalorado de lo familiar. La primera vez que escuchas canciones como ‘País Nublado‘, ‘Running‘ o ‘Two Lucky‘ ya tienes la sensación de estar recordándolas. Helado Negro crea un clima de confianza desde la inicial ‘Please Won’t Please‘, desde que arrastra la e final de ese segundo “pleaseee”, y te cuenta su vida al oído para que mejore la tuya. (Víctor Trapero)

James Blake – Assume Form

To @jameelajamil I love you and you are the reason this album exists, but now everyone else has it, so I’ll see you at home in 30 mins and we can talk shit about everyone”. Así dedicó James Blake su cuarto disco, Assume Form, en su perfil de Twitter cuando vio la luz. Entre los agradecimientos a sus colaboradores, productores y manager se coló el de su pareja, Jameela Jamil, “la razón por la que este disco existe” según Blake. “Pero ahora todo el mundo ya lo tiene, así que te veo en casa en 30 minutos para criticar a todo el mundo”. La frase, más allá de una adorable cotidianidad, remite a la canción ‘Power On’, que quizá puede pasar desapercibida entre el tramo final del álbum pero esconde gran parte del mensaje de Assume Form: “I thought I might be better dead, but I was wrong / I thought I’d never find my place, but I was wrong”, canta Blake antes de preguntarse(nos) si alguna vez hemos “coexistido” tan “fácilmente”. Parece que él está justo en este momento: “Let’s go home and talk shit about everyone”, canta en el estribillo, en una frase que ahora vemos dirigida claramente a su compañera. No es exhibicionismo, no es autoayuda, es el disco de un artista que en sus tres primeros discos estaba triste, entrando y saliendo de la depresión, y que ahora no solo ya no lo está (tanto) sino que se encuentra en pleno proceso de aceptarlo. De reconocerse. Este disco va de eso. Musicalmente lo hace con un despliegue instrumental riquísimo pero contenido y concentrado, que pese a conservar sus tonos melancólicos sí tiene una particularidad: hay un ritmo inherente en todo el recorrido del álbum, una especie de flow, de base en la que se sustenta todo, que a veces se muestra explícitamente (en las hiphoperas ‘Mile High‘, ‘Tell Them‘ y esa explosiva ‘Where’s The Catch‘) y a veces de forma mucho más sutil (en el resto del disco, de la maravillosa ‘Barefoot in the Park‘ con Rosalía a esa poderosa ‘Don’t Miss It‘ o la etérea ‘Are You In Love?‘). Puede que sea el disco con menos silencios de James Blake, sí, pero sigue habiendo mucho espacio. Y hay, sobre todo, sintonía: ese hilo invisible instrumental que sostiene el disco de la primera a la última canción y le permite fluir con tanta facilidad es también de discurso. En Assume Form, James Blake empieza a asumir el amor. (Aleix Ibars)

Jessica Pratt – Quiet Signs

Hay algo que permanece inalterable en el universo de Jessica Pratt. Los cerca de 3.000 kilómetros que separan San Francisco y Los Ángeles de Nueva York o el glamour de un estudio en la Gran Manzana frente a las cuatro paredes de su casa tan solo han aumentado la paleta instrumental de la californiana. Ahora encuentra en pianos, flautas y órganos elementos con los que acompañar su guitarra y dar forma a su íntimo misticismo siguiendo la premisa del título del tercer y hasta ahora mejor disco de su carrera. Quiet Signs tiene el inicio inédito de las teclas de ‘Opening Night’ que introducen una invitación de algo menos de media hora a una brumosa hipnosis que sigue siendo capturada en baja fidelidad. La sutilidad de la voz de Pratt se hace omnipresente en canciones como ‘This Time Around’ y sus cuidadas armonías vocales quedan camufladas en la aparente sencillez de composiciones como ‘Fare Thee Well’ y su cautivador final o los arpegios y el tono benedictino de ‘Crossing’. Animada por tener a su compañero sentimental entre sus músicos, canta con menos abstracción de la que acostumbra en ‘Here My Love’, pero lo suyo sigue siendo dar forma a visiones aparentemente inconexas que se acaban convirtiendo en esos “tesoros luminosos y divinos” a los que canta en el cierre de ‘Aeroplanes’. (Carlos Marlasca)

Julia Jacklin – Crushing

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi a Julia Jacklin en directo. Fue hace dos años, en el escenario adidas Originals del Primavera Sound, y me quedé totalmente prendada de ella, tan sutil, delicada y elegante. Por aquel entonces presentaba su disco debut Don’t Let the Kids Win (2016), una maravilla para los oídos que funcionó a la perfección como carta de bienvenida. Una primera aproximación que ahora, con el lanzamiento de Crushing, queda notablemente ampliada. El  segundo trabajo de la cantautora australiana habla abiertamente y gira en torno al descubrimiento de su “yo” más profundo a través de una ruptura sentimental. Un tópico, sí. Algo de lo que se ha escrito, compuesto y hablado mil veces; también. Pero nada más empezar el disco uno entiende que detrás de ese relato hay algo mágico y único.  La primera evidencia de ello es ‘Body‘, una canción tan hipnótica como cíclica que muestra a una Julia vulnerable y a la vez poderosa. Una historia centrada en la posesión por parte de su pareja de una foto suya y en el mal uso que pueda hacer de ella. Pero todo ello, narrado a través de la ironía, el costumbrismo y la sencillez: la tónica presente en todo el disco. A pesar de iniciar el álbum con una canción de tempos relajados y melodías aterciopeladas —su especialidad, como también queda demostrado en la arrebatadora ‘Don’t Know How to Keep Loving You‘—, Jacklin también destaca en su versión más acelerada con cortes como ‘Pressure to Party‘ o ‘Head Alone‘, donde se hace inevitable buscar nexos musicales con su compatriota Courtney Barnett; un estilo que le sienta realmente bien y que logra generar el dinamismo necesario en este último disco. (Raquel Pagès)

Karen O & Danger Mouse – Lux Prima

Si es la primera vez que leen sobre este disco, vayan a YouTube antes de continuar y busquen “Karen O Woman Colbert”: es la presentación en directo del single, con realización in-situ de Spike Jonze en el Ed Sullivan Theater, para el famoso late night televisivo estadounidense. ¿Ya? Esta impresionante reunión de talentos parte de la colaboración musical de Karen O, vocalista de Yeah Yeah Yeahs, con el brillante productor Danger Mouse (el tío al bajo): Lux Prima, un elegante catálogo de estados de ánimo que giran en torno a la condición humana, a la soledad o a la libertad individual. Sólido y redondo en su estilo refinado, el álbum sustenta su sonido en líneas de bajo fuertes y seguras, en instrumentaciones selectas y en la capacidad y entonación teatral de la vocalista. En su vertiente más sedosa, ‘Lux Prima’, ‘Ministry’ y ‘Drown’, recuerda al trip-hop/downtempo de alta alcurnia de propuestas como Morcheeba, The Cinematic Orchestra o Lamb, majestuoso y hedonista. Mientras que de su versión más desafiante destacan la ya mencionada ‘Woman’, ‘Redeemer’, que tiende a la épica crepuscular, o la calenturienta ‘Leopard’s Tongue’. No obstante, pese a los varios hits que contiene, Lux Prima brilla sobre todo en su conjunto, como aquel Rest de Charlotte Gainsbourg: un disco de autor sobre una producción también de autor. (Pablo Luna Chao)

La Casa Azul – La Gran Esfera

Nadie podría predecir el resultado de un combate a teclado limpio entre Joe Crepúsculo y Guille Milkyway. Cada uno con sus particularidades, ambos cantautores contemporáneos, han recopilado a lo largo de su carrera una colección de hits que ni un grandes éxitos de ABBA. Ambos llevan años buscando –y a veces gestando– el tema pop perfecto. En el caso del líder de La Casa Azul, haciendo de ese anhelo una investigación casi científica. Milkyway es al pop lo que el zumo de avena a la leche. No es leche, pero lo parece. Y, lo peor, es igual o más adictiva que la original. No importa que los ingredientes sean dance, electro o EDM (hace algunos meses que el barcelonés explora ampliamente dicho género); todo lo que compone, en esencia, acaban siendo descargas de tres minutos hilvanadas para trepanar el cerebro. La Gran Esfera, su vuelta a las pistas tras ocho largos años desde La Polinesia Meridional, no es una excepción. La primera mitad del disco, hasta la canónica ‘Nunca Nadie Pudo Volar’, se cuenta entre lo mejor de su ya dilatada carrera. ‘A T A R A X I A’ o ‘El Momento’ son la mezcla perfecta entre nostalgia, desesperanza, emoción un tanto ansiosa y existencialidad decimonónica. Ese pesar de Milkyway que tanto engancha. Una prueba de que el barcelonés estaba vivo y no solo se había dedicado a producir (Fangoria) o a expandir la cultura pop en televisión (OT). La Casa Azul andaba sufriendo conflictos existenciales, desamores y algún que otro infortunio de salud. Y su desdicha es, en parte, nuestra alegría. Disco tras disco, Guille nos demuestra que no estamos solos con nuestras pájaras, aunque a él se le dé mucho mejor representarlas en forma de bofetones subiditos de BPMs. (Yeray S. Iborra)

Little Simz – GREY Area

No hay persona viviente que se libre de sufrir la crisis vital de los veintipocos. No la ha habido y no la habrá. Ya se sabe: ese asomarse al cuarto de siglo y no solo no saber ni de dónde vienes ni a dónde vas, sino no tener claro ni tu propio nombre. Un jaleo, vamos. Por ese traqueteo emocional te toca pasar, sí o sí, aunque Kendrick Lamar, Jay-Z o Lauryn Hill te hayan puesto por las nubes. O quizá con más razón precisamente por eso: cumplir los 25 sabiendo que semejantes leyendas de la narrativa callejera esperan grandes cosas de ti no debe ser poca cosa. A esa etapa de dudas y tormentos es a lo que Little Simz llama “zona gris” en el título de su tercer álbum. La explicación cromática resulta bastante ilustrativa: a esa edad, no hay nada totalmente blanco o totalmente negro. Todo está acabando o empezando; todo es gris. A partir de incertidumbres nace un disco que aporta muchas certezas a la carrera de esta MC londinense de raíces nigerianas (justo el mismo pasaporte que Skepta) que en tiempos de trap bombástico construido a golpe de programa informático entrega una obra de aires old-school (un amigo de la infancia, Inflo, es el único productor involucrado) con mucho sabor humano: la escuchamos rapear sobre un piano, una batería, un bajo. Recubrimiento de carne y hueso para unas canciones en las que, según el rato, Little Simz puede sonar desafiante, vulnerable, confiada, melancólica o eufórica. A veces, incluso, todo a la vez. Bendito jaleo. (Víctor Trapero)

Nilüfer Yanya – Miss Universe

Apunten bien su nombre…”. Así empecé el primer artículo publicado en esta página web sobre Nilüfer Yanya. No era para meterle gancho al asunto. Era porque las escasas canciones que la joven londinense había publicado hasta ese momento me habían hecho vibrar sobremanera. Ella también debe vibrar mucho por dentro, o así me gusta imaginarlo. En Miss Universe, uno de los debuts más sólidos del primer tramo de este año, se empeña en confirmarlo desde la apertura, ‘In Your Head’, que se erige como una canción de pop-rock canónica mediante su impresionante rango vocal y ráfagas de guitarras y batería que rezuman paranoia crujiente, rabiosa y adictiva. ‘Paralysed’ sigue enfocándose en aquellos momentos en que la ansiedad moderna hace que la claridad mental sea prácticamente imposible, pero Yanya parece resolverlo todo bien con su fusión de jazz, soul y guitarras. De la apasionada ‘Angels’ a la minimalista ‘Paradise’, con un excelso saxofón de su colega Jazzi Bobbi que ubica el tema en coordenadas casi funk para acabar entregándolo a un esplendoroso final punk-rockero, pasando por la eufórica ‘Baby Blue’, R&B que deja entrar beats contundentes, coros cósmicos y samples a lo Jamie xx hasta conferirle su aspecto más bailable, no hay tema que no convenza más allá de los numerosos interludios, a veces salgo tediosos, en los que ella misma interpreta el contestador de un centro distópico de salud emocional. Los intensos claroscuros mentales también afloran a través de inquietante synth-pop (‘Heat Rises’ o ‘Tears’) o de momentos baladescos-aunque-tampoco-mucho (‘Safety Net’ o ‘Monsters Under the Bed’). Aunque el cierre, ‘Heavyweight Champion of the Year’, trata sobre autoponerse límites, es improbable que ella lo consiga. Asusta imaginar de lo que todavía es capaz. (Max Martí)

Novedades Carminha – Ultraligero

Quien dudara tras la publicación de Campeones del Mundo de que Novedades Carminha se habían inventado su propia marcha ya no podrá tenerlo más claro. Los gallegos se montan en la oleada urbana a su manera, dejan un temazo con Dellafuente y beefs tanto como con Los Planetas (‘Te Quiero Igual‘) como con Jay-Z (‘Hay Un Sitio Pa Ti‘), se atreven con C. Tangana y hasta con la unidad de España (‘Obsesionada‘), y sobre todo dejan claro que tenemos que tomarnos las cosas mucho menos en serio. Que tenemos que reivindicar la jarana y hacer nuestra revolución bailando, dejar quieto al muerto en el hoyo y ‘El Vivo, Al Baile‘. Y lo hacen con el que es el mejor disco de su carrera, una máquina perfectamente engrasada de funk endiablado, ritmos secantes y bajos pulidísimos que recuerda tanto a los Talking Heads como a Prince o los Arcade Fire de Reflektor y que se sitúa en el epicentro de una verbena global, reivindicando lo costumbrista y lo ligero, la ópera bufa, con un cachondeo muy serio. Con todos esos ingredientes y con una filosofía de trabajo muy inspirada en el hip hop, pero manteniendo esa fluidez tan punk y tan suya, Novedades Carminha siguen, después de todo, haciendo lo que les da la puta gana (léase con acento gallego). ¡Verbena! (Diego Rubio Ménez)

Oso Leone – Gallery Love

La ingravidez debe parecerse bastante al nuevo disco de Oso Leone. Un flotar liviano, sutil: la desconexión física total. Casi completamente exento de contacto con el suelo, Gallery Love es el resultado de un proceso de grabación abierto a lo largo de dos años en una casa en la Serra de Tramuntana de Mallorca, una antigua fábrica de corcho, donde la banda se instaló para tal fin. Una vez más (y esto lo comprobamos en su presentación el sábado 23 de marzo en Barcelona), sus canciones son bocetos minimalistas sobre los que desarrollan una versión más orgánica e intensa en los directos: pinceladas sensuales (‘Virtual U’), con acento neosoul sintético (‘Best in You’) o proyectando pequeños y sinuosos movimientos en la quietud (‘Gallery Love’). Esa concepción del espacio vacío, de un silencio que siempre ha estado presente en la fórmula de los mallorquines, roza el ambient en cortes como ‘River of Jasmines’ o ‘Blue Come In’, demostrando un dominio creciente del tempo y la pausa. Evolucionado y quizá más incorpóreo, el sonido de Gallery Love no significa una gran revolución con respecto al de Mokragora, su celebrado precedente, y cortes como ‘Vernal Pools’ o ‘A Pale Blue Dot’ son su más claro, orgánico y naturalista puente de unión. Por todo ello, ha merecido la pena esperar los seis largos años que han tardado en presentar esta delicadeza, para volver a escuchar la voz espectral y cálida de Xavi Marin surcando el plano etéreo sin apenas contacto con lo material. Solo, quizá, a través del onmipresente y fundacional bajo de Eusebio Alomar. (Pablo Luna Chao)

Panda Bear – Buoys

¿Qué no ha hecho Noah Lennox en sus más de 20 años de carrera como músico? Figura imprescindible en Animal Collective y alma y cuerpo en su proyecto en solitario, Panda Bear, Lennox se ha convertido, a lo largo de las últimas dos décadas, en uno de los músicos de la escena indie más extravagantes y vitales, creando un mosaico sonoro que ha acabado contribuyendo en los pilares de la neopsicodelia y el bedroom pop. En Buoys, su primer disco en cuatro largos años como Panda Bear, emerge como un artista enfocado al pop más melancólico y crudo. Coproducido por Rusty Santos (Sung Tongs) y con una duración de no más de 30 minutos, Buoys es un disco lleno de momentos sorprendentes en el que Lennox decide ralentizar las cosas y explorar con métodos más modernos de grabación y producción, llevando su construcción sónica a nuevos lugares y eliminando algunas de las capas que ya se habían convertido en algo común en su música. Aunque presentes, los sintetizadores toman una segunda posición en las canciones de Buoys, dando más protagonismo a la guitarra acústica y su propia voz, que destaca especialmente en el sonido sosegado y las armonías postradas de ’Dolphin’, probablemente una de las canciones más minimalistas de Panda Bear hasta la fecha. (Irene Méndez)

SASAMI – SASAMI

Mientras otros géneros viven su momento de auge mediático, el indie ha vuelto a su sitio: ha vuelto a ser indie. Apartado de los focos principales de atención, vive una especie de nueva edad de oro post-mainstream en segundo plano, y el advenimiento de SASAMI es solo uno de los últimos argumentos de tal afirmación. Esta multiinstrumentalista de Los Ángeles acaba de presentar un álbum de debut espectacular, inusitadamente maduro y bien trazado. Combina la suavidad folky de habitación de Hand Habits (‘I Was a Window’) con la acidez del pop alternativo heredero de Stereolab (‘Not The Time’, ‘Morning Comes’, ‘Jealousy’). Ciertos arranques grungeros (‘Pacify My Heart’) o de educado rock alternativo (‘Callous’), donde guitarras y sintes compiten para ver quién hace más ruido, con momentos lentos y desnudos (‘Free’, donde también canta Devendra Banhart). Postulados de post-rock clásico (‘At Hollywood’) a lo Bark Psychosis o Tortoise, con un final onírico que coquetea con el dreampop (‘Adult Contemporary’), recordando, en última instancia, a la anestésica voz de Greg González de Cigarettes After Sex (‘Turned Out I Was Everyone’). Explorando ambientaciones electrónicas desde el sinte y metiéndole fibra con la guitarra, SASAMI ha construido una antología epistolar nunca enviada, que sobresale por el carácter, la solidez y el acierto constante de su envoltura musical. El indie no ha muerto, está donde tiene que estar. (Pablo Luna Chao)

Sharon Van Etten – Remind Me Tomorrow

Como tan bien explica nuestra compañera Raquel Pagès, la nueva mudanza de piel de Sharon van Etten nos ha traído su mejor versión. En un momento vital de plenitud tanto personal como profesional, la autora norteamericana ha aprovechado los cinco años de silencio desde Are We There para cumplir varios retos: estudiar psicología en la universidad, desarrollar su carrera como actriz, centrarse en su pareja (Zeke Hutchins, batería de la banda y ahora también mánager) y, sin buscarla especialmente, la maternidad. También para afrontar la composición desde una posición diferente a la de siempre: desde el sinte. Así, ayudada en la producción por el infalible John Congleton, ha transformado su lenguaje musical, solidificándolo y superando definitivamente la fase, digamos, más desnuda y vulnerable, a la vez que ha reconstruido su discurso en la misma línea. Remind Me Tomorrow es el limpio y orgulloso reflejo de la propia Van Etten: una reconciliación consigo misma y con todas aquellas vivencias que, al fin y al cabo, le han conducido a donde está ahora, a quien es ahora. La mirada atrás de la elegante (hola, The National) y catártica ‘Seventeen’, a la Sharon con 17 años que recorría Nueva York, es la mejor prueba de ello; así como también la poderosa ‘Comeback Kid’. Aun siendo más sintético y electrónico que sus precedentes, en Remind Me Tomorrow no hay renuncia alguna al dramatismo melódico y vocal, con joyas subterráneas como ‘Jupiter 4’, ‘Memorial Days’ o ‘Hands’; pero desde una fortaleza que esperamos que ya nunca abandone. (Pablo Luna Chao)

Sneaks – Highway Hypnosis

Si pestañeas, te la pierdes. Eso pasa con la música de Eva Moolchan aka Sneaks, una artista de Washington D.C. que ha hecho de la brevedad y la concisión sus señas de identidad. Su debut, Gymnastics, publicado en 2016, no superaba los 14 minutos, menos de lo que la mayoría tardamos en escoger qué disco escuchar. Sus 10 canciones eran miniaturas de un post-punk deliciosamente rudimentario, puro DIY, sobre el que Moolchan planeaba en modo casi spoken-word. La fórmula tuvo continuación en 2017: Sneaks, ya asentada en Merge Records, publicó It’s a Myth, otra demostración de que un bajo y una caja de ritmos pueden bastar para levantar un disco entero, por mucho que haya quien diga que 18 minutos son más propios de un EP que de un álbum. Ahora, en 2019, crece en todos los sentidos: Highway Hypnosis, su tercer trabajo, expande su universo en forma y fondo. Se estira hasta los 28 minutos, todo un maratón para ella, y, de paso, toca unos cuantos palos nuevos. En ‘A Lil Close‘ o, sobre todo, ‘And We’re Off‘ sigue fiel a lo que venía haciendo hasta ahora, pero sus fugas trip-hop (‘Ecstasy‘), dub (‘Addis‘), rap (‘Suck It Like a Whistle‘), drum’n’bass (‘The Way It Goes‘), ambient (‘Beliefs‘) o grime (‘Hong Kong to Amsterdam‘), por citar algunas etiquetas que, en el fondo, se le quedan pequeñas, la sitúan en la línea sucesoria de mujeres que han venido definiendo el pop de este siglo siempre a su manera. (Víctor Trapero)

Solange – When I Get Home

When I Get Home es un disco en gerundio, que siempre está pasando. Cada vez que lo vuelves a escuchar, es un álbum distinto. Encima, tienes que ir tú a por él, porque When i Get Home no se te acerca. Y tampoco se deja atrapar fácilmente: ni en las redes del soul (ni del neo-soul), ni en las del pop negro, ni en las del R&B y ni siquiera, ya puestos, en las de la música urbana. Y, sin embargo, la impresión de que Solange está ampliando y re-significando los límites de todos estos estilos está siempre presente. Si ya hubo oyentes con poca paciencia que soslayaron A Seat at the Table (2016) como un álbum simplemente de soniditos sofis (ejem…), When I Get Home es la continuación extrema de esa idea fragmentaria, elegante y sci-fi, de la aventura sonora hacia el pop desconocido. Un tema como ‘Almeda‘, por ejemplo, es trap sin trap y jazz sin jazz. Se le reconocen elementos de ambas músicas de salida (un rapeado aquí, un piano Blue Note allá; un hi-hat cerca, unas segundas voces cósmicas lejos), pero, de llegada, está lejos, lejísimos, de ambos estilos. Está en la galaxia Solange, la misma donde gravita el holograma de la Diana Ross de los 70 o flotan las producciones plasticosas del Quincy Jones de los 80. Igual que Kanye West después de My Beautiful Dark Twisted Fantasy, igual que Frank Ocean después de channel ORANGE, Solange entrega después de su gran obra expansiva su gran obra implosiva. (Joan Pons)

Stella Donnelly – Beware of the Dogs

Lo de Stella Donnelly es algo así como vestirse bonito para ensuciarse la ropa arreglando el jardín. Con su EP Thrush Mental, publicado en 2018, ya nos daba pistas: no solo iba a unirse al elenco de voces que componen la constelación femenina del indie rock con nombres como Snail Mail, Lucy Dacus o Julien Baker, sino que del timbre de su voz haría solo el vestido y construiría un álbum de cuerpo denso. Un cuerpo al que no deberíamos buscarle el sexo, sino la inteligencia escondida detrás de cada curva. Y es que en Beware of the Dogs, Donnelly ha conseguido poner al descubierto un buen puñado de egos masculinos que –nosotros sí lo sabemos– son como los Burmar Flax de menta: si los expones al sol se funden, dejando tan solo un líquido viscoso encerrado en un envoltorio de plástico transparente. La australiana se ha convertido en el ejemplo exacto de cómo ejecutar una crítica al machismo desde una nueva perspectiva: con voz dulce y sonrisa en la boca, libre de toda agresividad y escupiendo perlas como “los rasgos de tu personalidad no cuentan si pones tu polla en la cara de alguien” en ‘Old Man’, “tu padre te dijo que las mujeres se violaban a sí mismas” en ‘Boys Will Be Boys’ o “mi madre sigue siendo punk y tú eres una mierda” en ‘Season’s Greetings’. Y aunque los perros sigan mordisqueando las plantas del jardín, desde la cocina sonará una musiquita a lo Courtney Barnett que tal vez les resulte molesta. (Lluc Mulet)

The Japanese House – Good at Falling

Tras cuatro EPs estrenados a lo largo de los últimos cuatro años (Pools to Bathe In, Swim Against the Tide, Clean y Saw You in a Dream), la cantante y compositora Amber Bain, más conocida por su alias artístico The Japanese House, lanzaba el pasado mes de marzo su esperado disco de debut Good at Falling, un viaje emocional en el que aborda una ruptura desde la perspectiva más artística, imaginativa y personal. Grabado en el estudio de Bon Iver y coproducido por George Daniel de The 1975 y BJ Burton (Bon Iver), el disco contiene algunas de las canciones más pop que The Japanese House ha entregado hasta la fecha. Mientras que sus EPs eran más experimentales, menos accesibles, Amber hace el viaje del oyente hacia su mundo más fácil en Good at Falling; un mundo en el que expone sus temores y ansiedades a través de inmersiones musicales saturadas de sintetizadores, admitiendo que las respuestas no siempre pueden encontrarse de inmediato. De la desgarradora a la vez que directa ‘We Talk All the Time’ (“We don’t fuck anymore / But we talk all the time so it’s fine”) a la inmediata ‘Maybe You’re the Reasono el grandilocuente pop ejercido en ‘Lilo’, canción en la que habla de forma muy específica acerca de su ruptura con la también cantante y compositora Marika Hackman –llegando incluso a recrearla en el videoclip que la acompaña–, The Japanese House nos regala un disco con nuevos puntos de exploración y completa honestidad. (Irene Méndez)

Tourist – Everyday

A William Phillips le gusta estar alejado de los focos. Su alias es algo que le permitía pasar inadvertido mientras completaba su obsesión compositiva y mantener el anonimato pese a ganar un Grammy por su participación en ‘Stay with Me’ de Sam Smith. Parece mentira que el U con el que debutó fuera un trabajo inspirado en las vivencias de una relación ya extinta. Temas como ‘Run’ o ‘Wait’ parecían más orientados a un hedonismo que tocaba fibra, así que se podría decir que su afán por hacer música edulcora cualquier declive anímico. Ahora cuenta que la colección de canciones que recoge su nuevo Everyday es un intento de hacer un álbum que refleje mi vida de una forma con suerte sincera y honesta” y cuando esta se encuentra en un estado de felicidad. Es un trabajo que se esfuerza de manera natural por trascender, una pauta de la que parte en el imperativo comienzo de ‘Awake’, que encuentra continuidad en la estupenda ‘Something Else’ y que consigue con una mimada elaboración de bajos de la que ‘Violet’ es un buen ejemplo. Tourist recrea en melodías la calma del bodegón fotografiado frente a la ventana que ilustra la portada de su disco, sosegado incluso en sus momentos más desenfadados como el sobresaliente ‘Love Theme’. Además de la evidente inclinación pop (ha remezclado, entre otros, a CHVRCHES, Sharon Van Etten, HAIM o Christine and The Queens), Phillips se acerca al Four Tet de Rounds en ‘Pieces’ y hace guiños al garage británico de su compatriota Jamie xx en ‘Apollo’, contagiando así su particular momento de lucidez personal. (Carlos Marlasca)

Yawners – Just Calm Down

Haciendo caso a Yung Beef, se podría suponer que el dúo de Yawners se perdió en Madrid. Al petardazo trap que se vive en el panorama nacional y que con bandas como Cupido también atraviesa fronteras, Elena Martín y Martín Muñoz responden con diez pildorazos de punk amable o pop gamberro, según se mire, que tienen en el I Love You Like a Brother de Alex Lahey un buen precedente fuera de las fronteras y en el propio territorio a las respetadas Hinds. Como la australiana y las madrileñas, el inglés es la lengua a la que traducen sus inquietudes en plena flor de la vida, aunque también conquistan en su idioma materno con ‘La Escalera’. Su segundo Just Calm Down, además de consagrarles, les aleja de la estela Green Day que marcó canciones de su primer Dizzy como ‘Dogshit Bag’ o  So Long’. Historias sencillas sobre conquistas imposibles teñidas de verde a través de las redes sociales como la que sobrevuela la notable ‘Seaweed’ o temas más sentimentales como ‘Please, Please, Please’ satisfacen las necesidades de los imberbes y rejuvenecen a los más añejos. La guitarra de Elena encandila en inicios como el de ‘Arco Iris’ o ‘I’m Not Gonna Miss You Anyway’ para que las baquetas de Martín disparen poco después adrenalina. Un puñado de buenas canciones que defienden lo imperecedero del género. (Carlos Marlasca)

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