02/04/2019

El inicio de gira del dúo austríaco en Barcelona se saldó con un impresionante sold out, pero también con algunos excesos.

A más de uno, el tamaño y popularidad de HVOB le estalló en la cara cuando el pasado viernes quiso ir a verlos en directo y se encontró con un sold out. Larga cola para entrar y retraso en el inicio para dar tiempo a que el aforo se llenara. De pequeño secreto en los carteles del Sónar y el Primavera Sound en 2017 a artistas habituales en festivales de electrónica, capaces de colgar un «no hay entradas» para la primera fecha de su gira europea. Lo cierto es que, como decíamos en la previa, su melosidad a medio camino de Moderat y The xx, la melancolía y lo pistero, los convierten en embajadores de esa electrónica para todos los públicos, sin mucha refinería, algo así como un Bonobo en versión banda. Y esto tiene mucho tirón.

Hay mucho de eso que nos gusta, pero para lo del viernes lo guardaron para la escucha en auriculares. Primera parte del concierto concentrada en el reciente Rocco, concesiones a los inicios, pero siempre y sin descanso todo barnizado con los bajos bien presentes, sin desarrollos y muy trabajados y lo previsible de un subidón siempre a la vuelta de la esquina. A gran parte del público, ese plan ya le encajaba, y en el modo más festivalero posible dentro de una sala, las barras no pararon de servir y los vaivenes no cesaron a lo largo de las dos horas de concierto. Nada estaba muy a favor de esa faceta que decíamos, pero no es así como se han hecho grandes, a pesar de que a ellos también parece haberles pillado algo por sorpresa. Visiblemente emocionados y agradecidos de esta primera fecha de la gira en Barcelona, se notó también ese factor en la falta de engranaje en cortes como ‘Bloom‘ o ‘Panama‘, en los que parecían buscar con prisa la explosión, pasando por alto el recorrido hasta ella.

Para el final, lo brusco de ‘The Game‘ o ‘Eraser‘ junto a la aclamadísima ‘Azrael‘, primera canción de su primer disco, y el gran himno para terminar de arrasar en stories de las primeras a las última filas. Para entonces había pasado una hora y cuarenta minutos de concierto. Pero hubo más, hasta el punto de resultar algo excesivos; a decir verdad, a eso ya le sobraba minutaje, y sin embargo lo alargaron 20 minutos más. El modo festival del setlist envasado en 40 minutos es un regalo, pero la versión extendida no parece funcionar si es todo el rato con la misma marcha. En estadística, un arranque de gira impecable; en sensaciones, aún mucho por pulir y mejorar. Esperamos nuevas fechas, y si es en festival, por lo vivido, mejor.

Publicidad
Publicidad