17/03/2019

Crónica del concierto de Tom Krell en Barcelona: bastante diferente a lo que esperábamos.

Últimamente, con las elecciones generales a la vista, tengo muy presente lo que comentaba Aleix en este artículo sobre silenciar artistas en Spotify. La realidad paralela en la que vivimos, nuestra zona de confort de opiniones y gustos similares. Y las hostias que nos llevamos por querer estar rodeados de criterios y situaciones cómodas. No estoy descubriendo nada nuevo, pero a veces va bien volver a vivirlo de primeras.

El concierto del miércoles de How To Dress Well en Razzmatazz 3, en mi mundo paralelo, era la ocasión perfecta de revivir el r’n’b de terciopelo de Tom Krell, un estilo muy 2010s (era Delorean, Autre Ne Veut) con un pico dorado que fue Total Loss en 2012. En mi cabeza, y en mis memorias, sigue siendo un disco referencial y, por ende, con cierto tirón de audiencia.
La realidad es que el miércoles hizo un día de mierda, llovió un poco, estuvo nublado y por la noche el Barça jugaba la vuelta de octavos en Champions. Por lo que éramos cuatro gatos a la espera de esos hits. Y, por supuesto, no sonó ni un tema de ese disco. O al menos que yo reconociese. De hecho, anterior al último disco The Anteroom (2018), solo divisé ‘Words I Can’t Remember‘ en el bis final (instant classic), del álbum What is This Heart? (2014).

Bien alejado de cualquier imagen previa. Y ya no solo en lo concreto de la carrera de How To Dress Well, si no que el concierto de por sí fue como una rueda de carro de caballos a la que se le iban poniendo palos. Anti fluidez, anti terciopelo. Un papel de lija. Dividido en tres actos: “uno de 30 minutos, uno de 15 y luego el último de 12; ahora ya va de bajada”, explicaba él mismo al terminar el primero. Entremedio, turno de preguntas abierto por parte del público. Literal. Johann Wald, entre el público, ahora mismo presentador de Sprung en Radio Primavera Sound, le preguntó por el documental Leaving Neverland (el demoledor reportaje sobre las víctimas de abusos de Michael Jackson). Se mostró bastante afectado, habiendo visto ya el documental, y explicó su posicionamiento, más enfocado a fortalecer el papel de las víctimas que a culpabilizar a Jackson. Una opinión no tan tópica como la que tuvo por respuesta en la segunda rueda de prensa improvisada, en la que contestó que no tiene un motivo real para hacer lo que hace, simplemente sigue una inercia.

Entre medio de esto, como decíamos: lija e incomodidad. Su último disco no esconde nada de lo que vimos. Pista de baile, techno, oscuridad, ritmo acelerados. Y de todo esto hubo para los pocos y afortunados presentes el miércoles. Perfectamente ejecutado, jugando a dos voces con sendos micros, fabricando coros y ecos lejanos a dos manos, con su falsete magistral y unos visuales suficientemente logrados resultaron un viaje que no había pedido, pero que fue necesario. ‘Vacant Boat‘, o la reversión pistera de ‘Body Fat‘ así como la sufrida ‘A Memory, The Spinning of a Body | Nonkilling 2‘ confirmaron lo sano que es salir del confort. Para el cierre final, a modo de guiño entre la comodidad pop y la actualidad experimental, como un puente entre el círculo de confort y lo de ahí fuera, terminó con ‘Nonkilling 6 | Hunger‘. Nada fue como esperaba, pero siempre va bien vivirlo de primeras.

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Foto. Kevin Zammit   Conciertos. Opinión
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