06/03/2019

Con Cycles, el californiano se marca otro disco happy-sad en el que reflexiona sobre su carácter obsesivo.

A veces se nos pasa que hay que pillar el abono del Primavera Sound antes de que suba de precio, que las cebollas se pudren en los rincones oscuros de la despensa o que nuestros padres existen al otro lado de la línea telefónica. Porque vamos muy estresados y muchas cosas se nos pasan, aquí está este artículo a modo de recordatorio: pilla el abono, limpia la despensa, llama a tus padres y escucha el discazo que se ha marcado el californiano Worn-Tin.

Antes de alcanzar ese cortafuegos mental en el que se apaga nuestra atención para arder rápidamente en otros bosques muy lejanos a este texto, algunos datos: su nombre es Warner Hiatt, se mueve en monopatín por las calles de Los Ángeles y en 2016, abriendo un concierto de Car Seat Headrest, empezó la costumbre de romperse una botella de cerveza contra la cabeza al final de todos sus bolos. Por entonces estaba presentando Thanatophobia (véase miedo a la muerte), un happy-sad a lo Mac DeMarco de instrumentación pop psicodélica muy free style, algunos arranques guitarreros y lírica marcada por cierta disfuncionalidad emocional del tipo neurótico.

La atención de Warner, a diferencia de la del humano medio (que tira más por la combustión espontanea), toma formas circulares. En una reciente entrevista para i-D VICE, se reconoce emocional y obsesivo, y si bien en el pasado focalizó en las relaciones amorosas (Thanatophobia es buena muestra de ello), con Cycles ha entendido que eso de obsesionarse con las personas no mola y, aunque uno no pueda metamorfosear su personalidad de un día para otro, mejor proyectar esa puñetera atención cíclica hacia otra parte. Que mendigar el amor de otros no mola nada. Que ahora está mucho más de moda eso de la autoestima y que no se note. Que no se note que a veces nos queremos poco y mendigamos.

La misma broma cada noche / Supongo que está todo en tu cabeza / La serotonina podría llenar tu espina dorsal / Y apuesto a que entonces te sentirías bien”. Así concluye el tema ‘Same Joke‘, entendiendo que tal vez la obsesión sea el producto de un juego químico, nada más que un fluido mental pegajoso que centrifuga el pensamiento y, en la búsqueda del chute de serotonina aun cuando todo lo que hay es una cama vacía y oscuridad afuera, nos aturde y dispara la ansiedad. Pero oye, que puede que todo pase por aprender a saltar fuera del torbellino aunque llevemos plomos en las piernas. Saltar más fuerte, con más ganas, y caer fuera aunque sea dándonos una buena hostia.

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