24/02/2019

Crónica del concierto de despedida en Barcelona del cuarteto de Zarautz.

Por Jordi Isern

Cuando Delorean anunciaron en noviembre que lo dejaban intenté recordar la primera vez que los escuché y cuántas veces los había visto. Para la segunda aún no lo tengo claro, se mezclan recuerdos en varios FIBs, un Primavera Sound con John Talabot en el escenario, también en el Sónar, en sesión de clubs en Razzmatazz, en el Fòrum con MTV en el BAM, en el Festival’Era haciendo el medley de ‘Ride on Time‘, una movida de Eristoff en Madrid… en definitiva, muchas noches. Para el primer flechazo sí que he terminado por encontrar fecha y momento. Fue en 2006, con ‘As time breaks off‘ mezclada por Amable en el recopilatorio anual que sacaba de la sala. Ellos eran Igor, Ekhi, Guillermo y Unai, Delorean empezaba y ese fue su primer gran hit, que ya por aquel entonces daba pistas de la personalidad que les unía. El disco que lo contenía Into The Plateau, estaba editado en BCore, por aquel entonces un sello perfilado prácticamente en su totalidad a las derivaciones hardcore del rock, y a pesar de las guitarras, ellos sonaban a pista de baile, y a pesar de sonar a pista de baile, contenían el nervio y aceleración punk.

Desde ese momento, en el que las bandas me interesaban más que los DJs pero ya empezaba a estar empachado del indie británico, vi que ese sería mi equipo. Y la verdad es que todo vino rodado. Me hice del Dream Team en el momento justo. Tres años más tarde, en 2009, llegan las 4 canciones que lo cambian todo, el estirón y la aceleración: Ayrton Senna EP se lleva un 8,4 en Pitchfork y de allí a las giras internacionales, los SXSWs y las etiquetas de “balearic pop”, el dance soleado y el emparejamiento a coetáneos como Chairlift (su frontwoman Caroline Polacheck cantaría en ‘Unhold‘, tema del cuarto disco, años más tarde), Miike Snow o Passion Pit. En esos años fueron, junto a John Talabot y El Guincho, los que abrieron el camino para que bandas de aquí pudieran elevar sus metas. No en un sentido literal, en realidad no han salido más Deloreans ni su sonido se ha visto sobreexpuesto en emisoras, pero sí para facilitar que prensa y público de fuera tuviera unos referentes y rompieran prejuicios sobre lo que surgía por aquí.

Subiza, el tercer disco, marcó el verano de 2010 y el punto más álgido de popularidad a nivel internacional. A partir de ahí, cierta relajación a su alrededor y la irrupción de otras tendencias en lo musical les apartaron un poco de los focos. Sin embargo, su ambición musical solo hizo que expandirse y agrandarse esos años. Lejos de intentar repetir formula, todo lo que vino fue revisar su sonido y experimentar con todo lo que sonaba a estancarse. Ahí quedan gemas sueltas como ‘Giro‘ y ‘Crystal‘, perfecciones pop como ‘Destitute Time‘, o la euforia comedida y galopante de ‘Epic‘ o ‘Muzik‘. Y de cierre, una vuelta de honor en casa, un disco homenaje al cantautor de su País Vasco natal, Mikel Laboa. Aún con temas hipnóticos como ‘Kantuz‘ pero con las revoluciones bajadas, como si estuvieran despidiéndose de la noche –y de nosotros– sin que lo supiéramos.

Todo lo contrario que el concierto de despedida del pasado viernes 22 de febrero en La (2) de Apolo de Barcelona. Rodeados de amigos, con poco relevo generacional en el público, fue un recital de los grandes años a toda velocidad: ‘Deli‘, ‘Warm Places‘, ‘Spirits‘, ‘Come Wander‘ con el ‘Ride On Time‘… Un concierto que además fue de los más largos de su carrera. Acostumbrados al set festivalero de 40minutos, verlos 1:40h fue otro gesto de su versatilidad y solvencia como músicos. Para el cierre final, a modo de justicia poética, antes de despedirse para siempre con ‘Seasun‘, volvieron a rugir como en 2006 con ‘As Time Breaks Off‘.

El cierre de etapa de Delorean, sin drama ni salseo, es la máxima expresión de la dignidad en la edad adulta. Asumir de manera serena que las cosas terminan, que realmente todo era mejor antes y que el éxito está en valorar el camino. El mío, a su lado, desde la pista, ha sido una de las experiencias que más me han marcado como persona. Gracias por todo. Os echaré mucho de menos.

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