18/02/2019

Crónica de la quinta edición del festival, que reunió a Novedades Carminha, Carolina Durante, Pimp Flaco & Kinder Malo, Sticky M.A., Cupido, La Zowi...

Por Aleix Ibars y Max Martí

Seguramente dio el peor concierto del festival, pero Cecilio G también dejó la lección más importante del Cara•B 2019, la que condensa buena parte de la escena urbana actual: “Yo no soy Bad Gyal, yo no soy C. Tangana, no necesito hacer buena música ni ser nadie para tener gente aquí”. Y llevaba razón… en todo. La actuación del trapero barcelonés, una de las primeras desde su salida de la cárcel (tiene el tercer grado, explicó), fue una de las que más expectación despertó de la quinta edición del festival de cultura musical independiente y urbana de Barcelona, que volvió a conseguir el sold out total certificando su acierto y visión al haber apostado por la convergencia entre indie de guitarras y nuevas músicas urbanas.

La de Cecilio G también fue la actuación más errática, transparente y polémica del festival. Empezó con Ceci cogiendo un mocho para fregar el escenario y terminó con un buen cabreo por su parte debido a la ausencia de pogos y un público, decía él, demasiado distante. “Hoy ha salido mal no sé por qué. Espero que la próxima vez disfrutéis del concierto y dejéis los putos móviles”, dijo en otro de sus rants antes de largarse del escenario. En medio, problemas técnicos, algunos himnos de trap destartalado como ‘From Darkness With Love’, ‘Pikete Espacial’ o una versión en clave samba de ‘Titanium’ de David Guetta y Sia con un estribillo en el que repite “Dispárame” (!), todos acompañados por su productor de confianza Limabeatz.

Comparando su concierto sin ritmo, incendiario y a trompicones con, por ejemplo, el de un pletórico Sticky M.A. que le sucedió, la línea dibujada por Ceci quedó bastante clara: más que separar la “buena música” de la “autenticidad”, separa los que se encaminan hacia la profesionalidad y los que de momento están mejor en el underground. Pero más allá de la supuesta confrontación, la conclusión es otra: sean de un lado u otro, ahora mismo todos interesan y tienen algo que ofrecer. La escena urbana está madurando y la indie, protagonista de la jornada del sábado y cada vez más permeable, exhibe claros síntomas de renovación gracias a propuestas híbridas refrescantes como las de Cupido y Putochinomaricón junto a nuevos referentes como Novedades Carminha y los (ahora) omnipresentes Carolina Durante.

Entre los que apuntan maneras pero aún tienen camino por recorrer encontramos a Pedro LaDroga y La Zowi. El primero, algo más domesticado en directo de lo que cabría esperar, desplegó un carisma escénico que le permitió tanto lidiar con los problemas técnicos que sufrió (que le llevaron a cantar un tema a capela) como afianzar una propuesta accesible sin perder la experimentación y el atrevimiento. “Vaya conciertazo”, definió él mismo antes de terminar su show. Razón no le faltaba, aunque a veces se lo pasara mejor él que nosotros. Justo después, La Zowi tenía el reto de destacar en un cartel eminentemente masculino. Salió a conseguirlo con ese ‘Putas’ ya icónico, remix de ‘Moonlight’ de XXXTentacion, acompañada por dos bailarinas y una puesta en escena que, como su última mixtape, pretende dar la vuelta a la imagen de ama de casa. “Esto que veis aquí es una puta obra de arte”, dijo antes de lanzarse a ‘Obra de Arte’, segundo tema de la noche. Y aunque va sobrada de autoestima y por momentos consiguió contagiar al público su “música pa putas y gangsters“, la sensación que quedó fue que La Zowi acaba de llegar: no ha sido hasta Ama de Casa cuando su propuesta e imaginario se han materializado con creces y aún le falta algo de soltura y expresividad encima del escenario, pero las bases están claramente sentadas para que La Zowi sea una de las realidades de este 2019.

Algo parecido sucede con Sticky M.A., el tapado del colectivo Agorazein. Con C. Tangana ya volando en otras latitudes y de la mano de la abrasiva mixtape Las Pegajosas Aventuras de Sticky M.A. del año pasado, Sticky por fin lo tiene todo para dar el salto a la primera división: unos cuantos hits imbatibles (‘Yanoay’, ‘Diablo’, ‘Humo y Alcohol’ o la reciente ‘Rockestar’ junto a Steve Lean, por no mencionar cuando rescata alguna joya de Agorazein como ‘100k Pasos’), una puesta en escena eufórica por momentos más cercana a un concierto de punk, y un escudero estrella como Royce Rolo que se encarga de llenar cualquier vacío para dar con el pleno al quince en entrega y conexión con el público. Si mantiene el ritmo y esa mixtape a la vista con Steve Lean cumple con lo que promete, le tendremos en todas partes.

Al otro lado, en el de los consagrados, encontramos a Rels B. O, mejor dicho, el show de Rels B. Alejado de la escena urbana más underground para abrazar un hip hop de regusto clásico con toques contemporáneos, se nota el esfuerzo del mallorquín por gustar y por honrar el género. El despliegue escénico es rotundo: un MC, una (excepcional) corista, bailarinas, confeti… y el resultado, aunque menos novedoso y original en temas como ‘Rock & Roll’, ‘Diles’, ‘Es Mejor’ o ‘No Me Preocupa’, es tremendamente efectivo. En ese mismo saco, con una propuesta menos soft, más trash, el tándem que conforman los hermanos barceloneses Pimp Flaco y Kinder Malo irrumpió con menos envoltorio pero más energía, logrando que cada uno de sus hits (de ‘<3’ a ‘Tsumugi’ pasando por ‘Chulo Flaco’, ‘Me Brillan los Dientes’ o ‘Laberinto de Amor’) fuese coreado de principio a fin por un público entregadísimo.

Malas noticias para los agoreros que pronosticaron la muerte de todo aquello que englobamos bajo el paraguas “música de guitarras”. Quizá porque la organización del Cara•B optó por el “divide y vencerás”, es decir, por segmentar el público en dos jornadas diferenciadas (aunque teniendo en cuenta que agotaron abonos, quizá habría sido posible una programación diaria algo más mixta), en la del sábado comprobamos que la “música de guitarras” ni está muerta, ni tan siquiera está adormecida. Quizá sí de parranda, como demostraron unos Novedades Carminha completamente enfocados al baile que, con su disco Ultraligero recién salido del horno, animaron al jolgorio con canciones que la gente ya se sabe de memoria (‘Te Quiero Igual‘, ‘A Santiago Voy‘, ‘Verbena‘, ‘Ya No Te Veo‘ sin Dellafuente, ‘Hay un Sitio Pa Ti‘ o la cumbia peruana ‘Cariñito‘). Fue una lástima que el primer tramo del concierto se viese mancillado por importantes problemas de sonido que tardaron en solventarse. Lo compensaron, eso sí, con más fiesta.

Aunque te gusten Los Planetas como a todos los puretas…“, cantaba Carlangas el sábado, y ciertamente la letra vino al pelo, ya que ese día hubo más guitarras, y con ellas más camisas a cuadros, y algunos años extra en la media de edad de los asistentes. No obstante, permaneció en el ambiente una sensación ligada a la del viernes: la de estar bebiéndonos la espuma de un nuevo panorama musical en España. De hecho, no podemos obviar que la mayoría de “bandas de guitarras” que actuaron en el festival barcelonés son relativamente nuevas, e incluso en muchos casos cuentan con menos recorrido que algunos de los referentes de la escena urbana que asociamos directamente con la juventud. Formados en 2017 y sin ni siquiera haber publicado su primer disco, Carolina Durante demostraron con creces que han dejado de ser los next big thing en nuestro país para ser los big thing a secas. En su concierto en la Fabra i Coats, los madrileños liderados por Diego Ibáñez, pura actitud, nervio e ímpetu, confirmaron la solvencia propia de una banda generacional con un vigoroso arsenal de himnos pop punk listos para ser berreados, con mención especial a ‘Cayetano‘ (esperamos que no hubiese votantes de Ciudadanos entre el público), ‘El Himno Titular‘ y un ‘Perdona (Ahora Sí Que Sí)‘ con el que, con o sin Amaia, logran que cantemos a pleno pulmón la composición de cierto cantautor underground murciano (un abrazo desde aquí a Marcelo Criminal).

Pero en la fiesta de graduación del nuevo pop nacional que fue el Cara•B 2019 también tuvieron tiempo de lucirse los raritos de la clase. Horas antes de Carolina Durante y Novedades Carminha, los valencianos La Plata arrollaron toda su energía oscura al patio de columnas con un buen puñado de temas de Desorden que el público de las primeras filas devolvió bailados y coreados, además de algunas canciones nuevas que no bajaron los ánimos. Desde la esquina derecha del escenario, abstraído en un mundo lejano, Diego Escriche dio voz a ‘Me Voy‘, ‘Miedo‘ o ‘Un Atasco‘ proyectando sin debilidades esa adrenalina que recorre el álbum de principio a fin. Su directo no flaqueó en ningún momento, incluso aunque las letras hablen de “la luna llena de soledad” y de perder el alma “en mitad de la noche“. Sí, hubo menos móviles en alto que en los conciertos de trap, ¿pero acaso no tiene mérito que los treintañeros coreen sus canciones alzando algún que otro puño en alto?

En esa encrucijada entre lo existencial y lo material, entre mundos distintos, también destacaron Soleá Morente y Napoleón Solo, que concluyeron un espectáculo en el que fusionan flamenco, rock psicodélico y pop electrónico con una canción colosal como es ‘Baila Conmigo‘: “Deja de hablar del sistema, el sistema no tiene la culpa de todas tus penas (…) Para qué te sirve ser tan listo, si ni siquiera eres capaz de seguirme el ritmo“, clama Morente en un rompepistas que nos advierte de que cualquier mensaje es válido, incluso el más vacuo, cuando lo que toca es bailar. Quien si habló del sistema, para criticarlo duramente, fue Chenta Tsai aka Putochinomaricón, quien también enfrentó problemas técnicos en una performance en la que no faltaron reprimendas a los homófobos, los tránsfobos, los machistas y “los de Vox” y en la que ‘Gente de Mierda‘ sonó hasta dos veces, al principio y al final; una muestra de amateurismo que no pareció importar al público lo más mínimo. Porque… ¿qué buscamos hoy, realmente, en un concierto?

Quizá algo parecido a lo que ofrecieron Cupido, quienes solo dos días después de la publicación de su disco de debut, Préstame un Sentimiento, afianzaron el éxito de una propuesta híbrida que integra distintas sensibilidades contemporáneas; una suerte de bedroom pop ensoñador, pasado por Auto-Tune y extremadamente pegadizo, que conecta con las demandas de ese público que confluye sin fricciones entre el indie y el trap, y que no considera que uno tenga que desbancar per se al otro. Con la sala llena hasta los topes, la formación que une a Pimp Flaco y Solo Astra euforizó a las masas con ‘No Sabes Mentir‘ y ‘U Know‘, himnos recientes que ya suenan a clásicos, pero también con temas completamente nuevos como ‘Continúa‘ o ‘Autoestima‘ (cuyo estribillo cantó hasta la última persona del público al unísono), rescatando además ‘Me Da igual‘ de Pimp Flaco, que encaja perfectamente en el repertorio, e invitando a subirse de nuevo al escenario a su hermano Kinder Malo. Desde luego, será uno de los conciertos más recordados de una edición del Cara•B en la que, ahora sí, constatamos atisbos de madurez por parte de una generación de nuevos artistas que, de tomarse en serio a ellos mismos, están listos para empezar a brillar. Si es eso, claro, lo que ellos quieren.

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