03/02/2019

Un acercamiento personal al James Blake actual a través de una de las canciones de su nuevo disco.

Apunta: la tristeza puede ser tan adictiva como la coca, el tabaco o El Mal Querer de Rosalía, más aún cuando de ella surgen cosas bonitas como Overgrown. Insisto: la tristeza debería ir empaquetada con vistosas advertencias de sus efectos nocivos. AISLAMIENTO, ANSIEDAD, DEPRESIÓN. Y aun así algunos seguimos encendiendo cigarrillos, metiéndonos mierda por la nariz y resistiéndonos a abandonar ese estado de bajona del que salen buenos libros y buenos discos pero que, eliminado el arte de la ecuación, nada tiene de romántico para quien lo sufre.

Que el ser humano es autodestructivo no es noticia. Que sí, que a veces nos queremos poco a nosotros mismos y queremos mal a los demás. Que el concepto tras el álbum de Rosalía tal vez no diste tanto de las formas actuales con las que a veces establecemos relaciones, solo que en lugar de encerrar al otro en una torre nos encargamos de imponer nuestro individualismo desapegado sobre todas las cosas. Ahí vamos: “If I give everything I’ll lose everything“, canta James Blake en ‘Don’t Miss It‘, una de las canciones de su cuarto disco. Nos acercamos a los demás con una buena mochila de egoísmo dulzón que no es más que el reverso del miedo. En mi opinión, el ser humano tiene poco de egoísta y mucho de miedoso. Puestos a hacer filosofía barata, diré que ni Hobbes ni Rousseau. Yo me quedo con que el hombre es un lobo para sí y que la forma más sensata de estar en el mundo, de amar y de compartir, pasa por acercarse primero al cánido de dientes largos que algunos llevamos dentro (el que encierra a sus amadas en torres aunque con violencias mucho más sutiles o el que se autocastiga con la misma trampa).

Amansa al lobo. Dile cosas bonitas: “Everything is about me. I am the most important thing“. Hay que susurrarle verdades al oído y superar el autocompadecimiento que, si bien es necesario y ha sido el motor creativo para tantos artistas, marcando la poética de tanta música y tanta literatura y tantas vidas, debe significar el impulso hacia otro nivel: uno en el que los males propios se sienten depurados.

Hay artistas muy pegados a su arte, como si este fuera una parte viva de su propia biografía y no solo un producto residual de la misma. Ello nos permite meter la mano hasta el fondo y decodificar, con mayor o menor acierto, el tejido invisible que sostiene su obra. Algo totalmente irrelevante, tal vez, pero en mi opinión una buena forma de elevar la música pop en todas sus interpretaciones a un nivel más humano y superar así la pasividad a la que nos somete nuestra posición de simples espectadores. Una canción puede ser una melodía que tararear, un ritmo con el que mover el cuerpo, una búsqueda hedonista o una herramienta para manipular nuestro estado de ánimo, pero quiero creer que en algunas ocasiones también puede proporcionarnos una dialéctica útil para la vida y alimentar la inteligencia personal y colectiva.

Don’t Miss It‘, el primer tema de Assume Form que vio la luz, producido junto a Dominic Maker de Mount Kimbie y presentado con un video en el que la letra se va mecanografiando en la pantalla helada de un iPhone (probablemente con la intención de que nosotros, espectadores pasivos que escuchamos a cascos en el metro, nos focalicemos en ella), me resulta esencial para entender el conjunto del álbum y la evolución de Blake en lo musical y lo interno. Aunque aparezca en penúltima posición del largo, ‘Don’t Miss It‘ podría leerse como epílogo de lo que fue Overgrown y prólogo de lo que es Assume Form (The Colour In Anything de por medio como impase). Y es que el tema, en el que se mantienen los elementos compositivos de Blake ─un piano que a ratos parece pasado por cinta magnética, líneas progresivas de sintes que penetran y excitan los folículos pilosos, percusión ácida y minimalista, loops y destrezas vocales, la combinación de profundidad y sequedad sonora─, destapa de forma cruda los mecanismos mentales que lo empujan a uno fuera de la realidad. “The world has shut me out“, empieza. Y después un muestreo del bajo presupuesto de la tristeza: verborrea cíclica, toxicidad crónica, negatividad y lobo y proyección de una vida falsa (“I could never be involved / I could never really see in real time“). De esta manera, Blake desmitifica el sufrimiento como combustible para la creatividad y para la vida, y aunque deja entrever que hay cierto placer masoquista en eso, insiste: “When the dull pain goes away / don’t miss it / when you stop being a ghost in a shell / and everybody keeps saying you look well / don’t miss it like I did“.

Más carbón. Más carbón al pensamiento cíclico. Más y más carbón hasta que conectas con otra cosa que no eres tú, ni tu lobo ni tu arte escupido desde la boca ensalivada del lobo. Tal vez en ese punto escribes Assume Form. En ese punto, buscas asumir las formas de la realidad y abandonar las formas desfiguradas del pensamiento. Conectar lo real con lo profundo, habiendo ya lijado capas y capas de resistencia y de mugre, en mi opinión, debería configurar el concepto de lo verdaderamente romántico en nuestros tiempos.

En fin: que él ya se ha quitado. Y seguro que su consejo ahora sería algo así como “artistas y humanos sensibles del mundo: tomad tanto contacto como podáis con la realidad”. Él se tomó su tiempo de lija y con los trocitos de mugre que saltaron construyó Overgrown. Ahora, más transparente que nunca, tira la moneda-egoísmo-miedo al agua y nos muestra su mano vacía con Assume Form.

Publicidad
Publicidad