23/01/2019

Contra la nueva opción de Spotify que permite 'mutear' artistas.

En El filtro burbuja: cómo la web decide lo que leemos y lo que pensamos (2011), el activista digital Eli Pariser define una de las tendencias de la segunda década del siglo XXI en nuestras redes sociales: todo el mundo de tu red piensa como tú. Vota como tú, se indigna por las mismas cosas que tú, escucha la misma música que tú, solo ves productos que podrían encajar con tus gustos… ¿No es eso un poco raro? Claro que lo es. Y se debe, en gran medida, a lo que Pariser llama el “filtro burbuja”, o cómo la personalización cada vez mayor de los contenidos que vemos en Internet y las redes sociales en particular se adecua tanto a nuestros gustos particulares que nos encierra en nuestro propio mundo. Sucede en Google (si busco “restaurantes Barcelona”, mis resultados no serán los mismo que los tuyos, algo que se empezó a aplicar en el buscador en 2009), en Facebook con el contenido de tus contactos, en Amazon con tus compras, en Netflix con las series…

Es una teoría cuanto menos interesante que te lleva a plantearte cosas. Porque cuanto más inmerso estés en tu propia burbuja a largo plazo, más corres el riesgo de reafirmarte demasiado en tu propia manera de entender el mundo y más incapaz te puedes volver de comprender a los que no piensan como tú, de aceptar la realidad más allá de lo que tú ves. A mayores burbujas, más se polarizan las opiniones y el mundo… y más trincheras se forman.

Esta semana, Spotify ha sido noticia por haber una implementado una nueva opción que nos permite silenciar artistas. Celebrada por mucha gente, por ahora solo está disponible en la versión móvil de la app en iPhone, pero es muy probable que se trate de una prueba y pronto se amplíe a toda la plataforma. En esencia, esta medida intenta contrarrestar la polémica de la “política contra el odio y las conductas dañinas” de hace unos meses, que llevó a Spotify a retirar de sus playlists oficiales a artistas acusados de maltrato y/o abusos sexuales como R. Kelly y XXXTentacion para, al cabo de unos días, rectificar y volverlos a incluir argumentando que su plataforma no puede juzgar artistas. Con esta nueva modalidad, en caso de que marques la opción, dejarás de escuchar las canciones de ese artista en concreto en las playlists, listas, radio e incluso en tu biblioteca personal. Tendrás que desbloquearlo activamente si quieres volver a escucharlo.

Más allá de la posible aplicación en artistas ética y moralmente cuestionables (que daría para otro debate aún más profundo de separación entre artista y obra), la reacción inicial pasa por el chascarrillo: “¡Voy a marcar a Luis Fonsi para que deje de sonar ‘Despacito’!”, “¡El reggaeton se va a acabar!”, “Yung Beef, hasta nunki”. O, en el caso opuesto: “Que suenen las menos guitarras posibles”, “Ya está bien de tanto pollavieja”, “Ni un disco más de Ty Segall en mi Spotify”, etc.

¿Y no es esto precisamente a lo que se refiere la idea del “filtro burbuja”? Si nos cerramos a artistas que salgan de nuestra zona habitual, ¿no nos estamos encerrando? Y lo que es peor, ¿no le estamos dando demasiada información a Spotify? Igual que en el sentido positivo celebramos el algoritmo mágico que acierta muchas veces en el Descubrimiento Semanal y nos permite escuchar cosas a las que de otro modo no llegaríamos, a veces también se echa en falta algo más de sorpresa y menos ‘conservadurismo’ en sus recomendaciones. Empezar a silenciar artistas solo lo va a empeorar, a hacer más pequeñito ‘nuestro mundo’. Y nadie nos asegura que Spotify no aprenda de esos bloqueos y nos deje de mostrar artistas que ellos consideren similares a nuestros bloqueados, y así la rueda se va haciendo más grande.

Y pensarás: ¿pero por qué quiero escuchar un artista que no me gusta ni me interesa? Pues por el mismo motivo por el que es bueno plantearse seguir a ese medio que detestas, esa persona que no soportas o abrirte a ver cosas que a priori no te interesen o encajen en tu mundo: porque es bueno desafiarte, es bueno debatir, es bueno criticar, es bueno exponerte.

Yo puedo detestar, así en general, a grupos como Imagine Dragons, The Chainsmokers, twenty one pilots o Maná, pero de todos ellos hay alguna canción que, siendo sincero conmigo mismo, puede llegar a gustarme (bueno, menos en el caso de Maná). ¿Pero quién me iba a decir hace cinco años que hoy estaría escuchando compulsivamente un disco como Vibras de J Balvin o cualquiera de Yung Beef? ¿O que el segundo disco de Wolf Alice, Visions of a Lifetime, me ganaría después de que su debut me decepcionara completamente? ¿O que The Horrors, a los que no había escuchado en años, iban a darme con ‘Something To Remember Me By’ uno de mis temas favoritos de 2017? ¿O que The 1975 harían uno de los discos más convincentes de 2018 cuando pese a varios intentos nunca me habían dicho nada? El mundo está lleno de sorpresas y segundas oportunidades (y terceras y cuartas…).

Total: escucha cosas que no te gusten… aunque sea para decidir que no te gustan, aunque sea para que apreciar aún más las que sí te gustan. Te ayudará seguir más abierto y, quién sabe, quizá hasta te lleves alguna sorpresa. O no, que tampoco pasa nada.

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