21/12/2018

150 canciones para resumir un año de música.

10. Arctic Monkeys – ‘Four Out of Five’

A cada día que pasa, Tranquility Base Hotel & Casino cobra más sentido. Es muy probable que el sexto disco de Arctic Monkeys mejore con el tiempo, porque está planteado desde una atemporalidad que le confiere categoría de clásico. Esta ‘Four Out of Five’, el corte más exuberante del disco, es una muestra de la madurez compositiva alcanzada por Alex Turner, que ya no se basa en impresionar con la forma sino con el fondo, con los detalles, con la sutileza. Una exhibición interpretativa que llega a recordar, y nos ponemos en pie para nombrarlo, al eterno David Bowie.

9. Cuco & Clairo – ‘Drown’

Por muy íntimo que sea el bedroom pop, a veces, la habitación es lo suficientemente grande como para acoger a dos personas. Incluso a dos idiomas. Cuco y Clairo, tándem dorado, 20 añitos por barba, se metieron entre cuatro paredes y se cascaron uno de los himnos de (des)amor del curso. “I need some time away from you, can’t even be in the same room”, cantan a dúo en ‘Drown‘ sobre sintetizadores de algodón de azúcar, pero no cuela: juntos y revueltos se las apañan que da gusto.

8. Mitski – ‘Nobody’

Hemos perdido la cuenta de cuántas veces Mitski repite la palabra “nobody” en este corte de su inmaculado Be the Cowboy. Colocado en el corazón mismo del disco, aquí es donde vemos a la cantautora japonesa-americana perdiendo por primera vez la compostura: “Venus, el planeta del amor, fue destruido por el calentamiento global”, canta desolada, entre teclados ascendentes, para luego afirmar que se ha sentido “grande y pequeña, y grande y pequeña” y aun así nadie la ha querido. Nos está hablando de enajenación y de soledad, de sentirse un extraña en este mundo y no poderlo remediar. “Nobody, nobody, nobody…”. La palabra se disuelve, se desdobla y alcanza el clímax, y cuando su voz parece que se torna quebradiza, coge impulso y, entre beats disco, alcanza el éxtasis. Nunca tres minutos dieron para tanto como en ‘Nobody‘, un canción para bailar, pero para bailar a solas.

7. C. Tangana – ‘Llorando en la Limo’

¿El himno definitivo de C. Tangana? Más que ‘Mala Mujer’, ‘Booty’ o ‘Guerrera’, ‘Llorando en la limo’ es el tema que mejor define al artista madrileño: clava su constante equilibrismo entre su esencia trap, su presente urban y su futuro pop; define al personaje, fanfarrón (“Solo estoy cumpliendo lo que dije un par de meses atrás”) pero también carne de meme y muy autoconsciente (“Mírame qué mono llorando en la limo”); y, ante todo, nos deja un temazo (brevísimo, 2:19, “sin cantar ni afinar”) que nos recordará por siempre jamás a 2018.

6. Kacey Musgraves – ‘High Horse’

Oh, apuesto a que te crees John Wayne / apareciendo y derribando a todo el mundo / eres un clásico en el peor sentido / y todos conocemos el final de la historia”, arranca Kacey Musgraves en ‘High Horse’ para poner en su sitio a alguien poco humilde, que se cree superior a los demás. Es meritorio que lo haga ella, que con su tercer disco Golden Hour ya ha desempolvado ciertas convenciones de la tradición de Nashville tanto a nivel lírico como sonoro. Para este tercer single del LP se inspiró nada menos que en los Bee Gees, algo que se transpira en su deliciosa inmersión al disco de los 70 sin por ello dejar de sonar tremendamente actual. Su voz cristalina y maleable nos traslada, del trote al galope, al centro de una glamurosa pista de baile, y entre vertiginosas melodías de ensueño, afiladas guitar steels y sutiles banjos, Musgraves manda al garete al indeseable: “¿Por qué no arreas?”. La culminación country-pop y una de las sorpresas más gratas del año.

5. Carolina Durante – ‘Cayetano’

En el año del triunfo absoluto de los sonidos urbanos, de las querencias aflamencadas y la reivindicación de lo latino, el triunfo inapelable de Carolina Durante ha sido uno de los fenómenos del año. Catapultados a la viralidad merced a vídeos ingeniosos y colaboraciones tan estelares como inesperadas, los madrileños representan la esencia del pop punk (garrulo, beodo, coreable y emocionante) en el cuerpo de un grupo que elude cualquier tipo de revivalismo. ‘Cayetano‘ es una de sus canciones más logradas, un descacharrante análisis de un pijoterío madrileño que, aun vestido de tratante de bitcoins, agita rojigualdas y presume de vacaciones de semilujo, todo en forma de canción popera enérgica y digna de ser cantada en las gradas del Bernabéu. 2018 fue, también, esto.

4. Cardi B – ‘I Like It’ (feat. Bad Bunny & J Balvin)

I Like It‘ es 2018, y viceversa. Quizá no sea la mejor canción de este año (aunque tampoco está muy lejos de serlo), pero es, sin duda, la canción que mejor define estos últimos doce meses en lo musical. Y casi en lo sociológico. Vamos paso a paso: viene firmada por una mujer, Cardi B, que es el empoderamiento con patas; tiene ese regusto urbano que lo ha recubierto todo en los charts de este año; mezcla inglés y castellano con naturalidad; ejemplifica la escalada del mundo latino ya desde su alineación: Cardi, neoyorkina de padre dominicano, está escoltada por un colombiano, J Balvin, y un portorriqueño, Bad Bunny. La mezcla final no puede sonar más contemporánea, por mucho que venga inspirada por un himno boogaloo de 1967.

3. Rosalía – ‘Malamente’

No hace ni siete meses que se lanzó ‘Malamente‘, el que fuera primer single de El Mal Querer, y ya parece que llevara toda una vida entre nosotros. Las malas lenguas dirán que es porque ha sido difícil no escucharlo un buen puñado de veces, por aquí o por allá, voluntaria o involuntariamente, durante este tiempo, pero por aquí preferimos pensar que es porque el gran hit de Rosalía, salpicado de palmas, sintes y ad-libs y marcado por fraseos tan flamencos como soul y R&B, tiene pinta de clásico desde que nació. De esos que están hechos a prueba de la sobreexposición y de lo que le echen.

2. Snail Mail – ‘Pristine’

Me conozco a mí misma y sé que nunca amaré a nadie más”, canta Snail Mail en ‘Pristine’, el corte más resplandeciente de su disco de debut. Es una declaración quizá algo abrupta y exagerada para alguien que apenas supera la veintena, pero no hay que tomarse a Lindsey Jordan al pie de la letra. El hecho de que pueda hablar de sus emociones con tanta franqueza, sin miedo a hacer el ridículo, más bien la honra en una generación cada vez más proclive a ocultar sus verdaderos sentimientos bajo filtros de Instagram. Su solemnidad vocal impostada, casi sarcástica y acompañada por el rugir cristalino de su guitarra, nos retrotrae a sentimientos de la adolescencia que creíamos olvidados, y lo hace con la misma nitidez que aquella primera vez que los vivimos. Es esa sensación de estar en la misma fiesta aburrida cada fin de semana, y esa convicción tras el primer desamor de que verás a esa persona en todas las cosas, por el resto de la eternidad. “¿Me quieres por quien soy?“, pregunta al vacío. Quién nos iba a decir que una mujer, jovencísima y lesbiana, escribiría el himno indie rock del año. A Snail Mail hay que quererla, y mucho.

1. Childish Gambino – ‘This Is America’

Esta semana, el New York Times destaca dos tristes récords en EE. UU: cerca de 40.000 personas murieron el año pasado por armas de fuego, la cifra más alta en los últimos 50 años, y hasta 70.000 fallecieron por sobredosis en una crisis que, todavía más mortífera que las epidemias de la heroína y el VIH en los 80, se ha llevado por delante a iconos de la música afroamericana como Michael Jackson, Whitney Houston, Prince y, este mismo 2018, a jovencísimos raperos como Mac Miller y Lil Peep. Si a ello le sumamos la brutalidad policial y que uno de cada cuatro afroamericanos ingresará alguna vez en prisión, podemos afirmar que, para quienes tienen la tez algo más oscura, la situación actual en los Estados Unidos de América no está como para tirar cohetes (“Don’t catch you slippin’ up”); tampoco lo estaba en marzo de este año, seis meses después de la victoria del racista Donald Trump, cuando Childish Gambino lanzó por sorpresa ‘This Is America’ junto a un impactante videoclip dirigido por su colaborador Hiro Murai. Repleto de referencias simbólicas en las que podríamos detenernos durante horas, el audiovisual resalta con crudeza el distorsionado paisaje de yuxtaposiciones que sufre, históricamente y en el día a día, la comunidad negra. Con el torso al desnudo, Donald Glover abandona su condición de estrella de la tele, el cine y la música; podría ser cualquiera, y tanto su sonrisa como un séquito de alegres bailarines nos distraen, como la cultura del espectáculo, el entretenimiento e incluso el arte, de la terrible violencia que estalla a su alrededor. Del mismo modo, el tema arranca con cálidos coros góspel y melódicos cantos sudafricanos para dar paso, de forma cortante, al sonido mucho más frío del trap de Atlanta, con ad-libs de algunos de sus principales exponentes: 21 Savage, Young Thug, Quavo, Slim Jxmmi y Blocboy JB. Si a mitad del clip, fusil AK-47 en mano, Glover evoca la masacre por motivos raciles de 2015 en una iglesia de Charleston, la pausa de hasta 17 segundos que se impone a partir del último tercio de la canción resulta todavía más escalofriante: fueron 17 los estudiantes asesinados a principios de este año en un tiroteo masivo en una escuela de secundaria en Parkland, como en el caso anterior, a manos de un supremacista blanco. “This is America”, canta Glover en una reconciliación con algunos de sus conflictos irresueltos: por un lado, la negritud en la era de Trump, y por el otro, el rap que abandonó tras su denostado debut. Podría ser la canción de su carrera. O no. Pero tenía que ser nuestra canción del año.

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