16/12/2018

Segunda parte de nuestro repaso a los mejores álbumes del año.

MEJORES DISCOS DE 2018: DEL 75 AL 51

50. Nils Frahm – All Melody

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Para crear su última obra, el compositor, pianista y productor alemán Nils Frahm se ha construido el espacio para hacerlo, reformando el estudio Saal 3 en el antiguo Berlín oriental. La sonoridad de All Melody, de hecho, parece ocupar más que edificar. Los coros habitan (‘A Place’, ‘Human Range’), los sintes crecen haciendo espirales (‘All Melody’, ‘#2’, ‘Momentum’, ‘Kaleidoscope’) y los pianos vagan libremente por el espacio creado y vacío (‘My Friend the Forest’, ‘Forever Changeless’, ‘Fundamental Values’), congelando y descongelándolo todo a su paso. Por versatilidad de sonido y por el equilibrio alcanzado entre virtuosismo técnico, producción y contenido orgánico, All Melody es probablemente el álbum más accesible de Frahm. Nos hace navegar por territorios que van desde lo cuasi mitológico a la extrema elegancia del minimalismo nórdico, desde una teatralidad que enlaza la Grecia antigua con Vangelis y el futurismo de Blade Runner, a las costas del techno; siempre bajo una queda nocturnidad cómplice. Con todo, el alemán ha acabado construyendo un espacio para todos nosotros: para él, para crear su obra, para la obra misma, que ocupa y habita el espacio, y para sus oyentes, que gustosos se domiciliarían para siempre (o, al menos, durante los inviernos) en All Melody(Pablo Luna Chao)

49. Young Fathers – Cocoa Sugar

Tras haber logrado el Mercury Prize en 2014 gracias a White Men Are Black Men Too por delante de nombres como FKA twigs o Damon Albarn y haber dado una vuelta a las convenciones del hip hop con su primer DEAD, les quedaba a Young Fathers rebajar su experimentación y crear un trabajo más digerible con el que poder aumentar el número de adeptos. Más allá de que Cocoa Sugar contenga quizá su mejor canción escrita hasta la fecha o, al menos, un hit a todas luces como ‘In My View’, el álbum permite al trío reunido en Escocia ampliar horizontes y hacerlo con la eficacia suficiente para no defraudar en su estreno en un sello tan eminente como Ninja Tune (Bonobo, The Cinematic Orchestra, Bicep…). El discurso ya no es tan combativo como el que contenía su predecesor y promueve una discreta llamada a la esperanza desde la primera estrofa de ‘See How’ (“Someday I’ll be a star, That’s shining bright in the sky, I’m giving up on you bastards”). Un enfoque que casa con el trasfondo preciosista de ‘Tremolo’, donde el soul negro y el pop blanco se dan la mano aportando una luminosidad que hasta ahora solo habían alumbrado en algún fogonazo puntual. ‘Lord’ es otro de los temas que ahondan en esa faceta amable y distintiva, con unos coros gospel, que aparecen en un contexto más áspero en ‘Border Girl’ y que mutan hacia una suerte de doo woop posmoderno en la mitad de ‘Wow’. El acuerdo de los tres miembros de la banda, que rechazan cualquier preponderancia, ha debido ser fundamental para generar un ambiente que les acerca al Tricky de False Idols. Tan solo en ‘Toy’ se reconocen los orígenes de unos Young Fathers que han optado por liberarse de los encasillamientos y abrazar un eclecticismo que agiganta su proyección. (Carlos Marlasca)

48. Iceage – Beyondless

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Para Frank Underwood existen dos tipos de dolor: uno útil, que te hace más fuerte, y otro inútil. Nosotros añadiríamos un tercero: el que genera el post-punk bien armado. Ese que, más allá de su funcionalidad, provocaun profundo y magnético placer de fondo. Ya saben de cuál hablamos. En Beyondless, cuarto álbum de los daneses Iceage, proviene de la urgencia industrial de ‘Hurrah’, la acelerada rampa de lanzamiento llena de redobles con la que se abre el álbum, del lento arder de unas brasas que no se apagan en ‘Under the Sun’ y ‘Catch It’, y de unas tuercas apretadas hasta dejar marca en ‘The Day the Music Dies’ y ‘Plead the Fifth’; pero también de los pisotones con botas gruesas de ‘Thieves Like Us’ o de la lija por la que transita mareante la canción que cierra y pone título al disco. En general, sin embargo, Beyondless no hace demasiado daño. No es más que un ejercicio estético e inocuo de post-punk con alma artística, con acabados cuidados y arreglos que, por sucios, no dejan de ser caros. Como esa aristocracia decadente que se resiste a caer; o unos bajos fondos con escaparates de lujo. No hay más que ver el empeño instrumental, con vientos, violines y pianos, en ‘Take It All’ y ‘Showtime’, o la grandilocuencia de ‘Pain Killer’, ese temazo con Sky Ferreira que arremete al son de las trompetas, para saborear dicha contradicción. En realidad todo el álbum está regado con potentes arreglos orquestales que, en combinación con un armazón melódico fiero e imperturbable, otorgan al resultado final un aspecto tremendamente monumental, igualmente imponente ya sea en forma de ruina o erguido aún de pie.  (Pablo Luna Chao)

47. cupcakKe – Ephorize

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La etiquetita de Parental Advisory, ya un icono pop de nuestro tiempo, se creó para discos como este, un torrente de metáforas libidinosas poco sutiles, lo esperado en una cupcakKe que ya ha publicado anteriormente temas con títulos como ‘Cumshot‘, ‘Doggy Style‘ o ‘Best Dick Sucker‘. Pero que nadie se tome a guasa el tercer álbum, más allá de mixtapes, de la rapera de Chicago: esto es mucho más que un caca-culo-pedo-pisEphorize es, aunque a alguien le cueste creerlo, un disco terriblemente maduro (y necesario) para una chica de 20 añitos, por más que muchos se acerquen a él llamados por el morbo de sus descaradas rimas. A estas alturas, ella parece ser la primera en saber que su lengua viperina puede eclipsar su talento: “la mayoría de la gente ya se habrá saltado esta canción porque no va sobre sexo y matar”, suelta en ‘Self Interview‘. No conviene, sin embargo, pasar por encima de ninguno de los quince cortes de este frenético Ephorize que entronca directamente con esa estirpe de mujeres guerreras de flow vertiginoso que forman Missy Elliott, Lil’ Kim, M.I.A., Nicki Minaj o Azealia Banks. A todas ellas recuerda irremediablemente cupcakKe, pero su polivalencia y apertura de miras la convierten en una MC de sello personal e intransferible, capaz de saltar entre el reggaeton (‘Crayons‘), la salsa (‘Fullest‘), el dancehall (‘Exit‘) o el tropical-house (‘Total‘) sin despeinarse. (Víctor Trapero)

46. Ezra Furman – Transangelic Exodus

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La ambigüedad sexual de Lou Reed y el disco de liberación de Ezra Furman. El segundo anuncia un libro sobre el Transformer del primero justo después del lanzamiento de Transangelic Exodus. Los personajes y relatos de uno y otro podrían intercambiarse en un lapso temporal de 36 años. Reed dinamitó cualquier convención social, Furman proclama la independencia de su Eros con un trabajo abrumador. ‘Suck The Blood From My Wound’ fue solo una frase en el móvil del estadounidense que él mismo transformó en el inicio arrollador de su cuarto largo en solitario, un presagio de su cautivadora evolución y una reivindicación queer más accesible que el reciente ejercicio de paroxismo de Arca. A lo largo de su dilatada carrera ya había engendrado composiciones excelentes como ‘How Long Diana?’, con los Harpoons, o ‘Restless Year’, que le ubicaban en la larga letanía de vástagos dylanianos, pero con el reciente lanzamiento inaugura una nueva dimensión. Consciente de la misma, genera piezas de estadio, entre las que también está el monumental riff de ‘No Place’ o la sobresaliente ‘Maraschino Red Dress $8.99 at Goodwill’ y explora nuevas sonoridades basadas en el violonchelo de ‘God Lifts Up The Lowly’ y otra de las joyas como ‘Love You So Bad’. Un generoso collage musical para “un disco que no es conceptual, sino que es casi novela o un conjunto de historias sobre un tema, una combinación de ficción y libro de memorias medio real”, según su autor, cuya confesión biográfica es indiscutible cuando en ‘Compulsive Liar’ canta “And I can trace the habit, to when I was eleven, and I thought boys were pretty, and I couldn’t tell no one”. El cierre, también confesional, de ‘I Lost My Innocence’ es imprescindible para corroborar la transformación de Ezra Furman, ahora convertido en un cronista de su tiempo con poco que envidiar a los cáusticos bardos de antaño. (Carlos Marlasca)

45. La Plata – Desorden

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El álbum debut de La Plata es toda una declaración de intenciones. Los valencianos ya iban apuntando maneras con su primer EP, Un Atasco, y el larga duración no ha hecho más que confirmar lo que ya se presagiaba. Editado por la independiente Sonido Muchacho (Mujeres, Tigres Leones), Desorden es un disco que incluye diez cortes de intenso pop con actitud punk –con himnos que destacan por encima del resto, como  ‘Un Atasco’, sencillo recuperado del EP, y sus adelantos previos ‘Miedo’ y ‘Me Voy’–, y que bebe directamente de la new wave británica. En él encontramos guitarras afiladas, ritmos de batería frenéticos, sintetizadores espaciales y voz rompedora y etérea. Lo mismo te sirve para darlo todo en la pista de baile como para sudar la gota gorda en pleno pogo. Las diez canciones del disco, de no más de tres minutos en su mayoría, podrían enviar a quien las escucha a finales de los 80 sin ningún problema, y la energía que desprenden hace que su disfrute en directo resulte de lo más gratificante. Sin duda alguna, La Plata son una de las grandes promesas dentro del pop nacional y,  más pronto que tarde, ocuparán un merecido espacio en los carteles de los festivales. (Sergi Cuxart)

44. Blood Orange – Negro Swan

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En 2016, Devonté Hynes aka Blood Orange alcanzaba con la salida de Freetown Sound el que para muchos, parecía, su estatus definitivo como artista y persona. Sin embargo, con Negro Swan, su nuevo y para muchos inesperado disco de estudio, Blood Orange vuelve a sorprender y subir un peldaño más en su particular cima, regalándonos su disco más introspectivo y vital hasta la fecha. Repleto de influencias del jazz, el soul, el gospel y el hip hop, Hynes se reafirma como una de las voces más destacadas e importantes del pop y el R&B en un disco brillante, a la deriva y que confronta la discriminación frente a las minorías, y en especial, la comunidad negra. Indaga en la que él llama, la “depresión negra”, en sus propios traumas y experiencias y también de la comunidad queer. Con apariciones estelares de figuras tan interesantes como Tei Shi, Janet Mock, P Diddy, la activista trans Janet Mock, A$AP Rocky, Steve Lacy (The Internet) y el cantante de góspel futurista Ian Isiah, Blood Orange hace toda una declaración de intenciones con Negro Swan, adentrándose en nuevos terrenos aún manteniendo su estética y capacidad emocional. (Irene Méndez)

43. Bakar – Badkid

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Nadie pensaba que el indie podía ser resucitado de su terminal sentencia como moda que ya fue. Pero en Londres las guitarritas aún tiran fuerte –algo que con el legendario historial que allí tienen, es comprensible–. Aquello que hace relevante a un género, a un medio de expresión, a un estilo, es lo oportuno de sus modos para vehicular los temores y deseos de la generación más joven que intenta divertirse y rebelarse contra el perverso mundo que les ha sido dado. El indie tuvo un breve período de rebeldía relevante, y en Londres tuvo embajadores tan vibrantes como The Libertines. De hecho, la estética Pete Doherty, que no el indie en general, ha preservado su aura de coolness en el underground londinense. Pero a pesar de ciertas excepciones, el indie (o el mundo guitarritas más ampliamente) siempre ha sido aquí algo predominantemente blanco, lo cual lo convertía en un espacio no del todo adecuado para ser el género joven bandera de una metrópolis como ésta. Hace solo unos diez años que los chavales negros del grime han empezado a juntarse con los blancuchos del trash rock –Skepta recuerda esos tiempos “when whites never used to mix with blacks”– y eso ha generado una ola cultural nueva cargada de energía fresca e inclusiva: “Now all my white niggas and my black mates, qe got the game on smash”. Bakar es precisamente el resultado de esto: un chaval que a primera vista parece el enésimo grime MC de North London, pero que en realidad es la reencarnación de la mejor escuela del rock británico: actitud punk, conoisseur de la moda, vida amorosa maldita, cierto comentario político, y en general letras inteligentes y mucho carisma. Su debut es una joya precisamente por lograr canalizar todas las influencias dispares que un chaval como él absorben en un mundo como el suyo. La herencia del rock, la influencia del grime y del trap, la androginia, la internacionalidad metropolitana, la preocupación por la moda, la presión policial, etc. Badkid suena a Londres casi más que ningún otro proyecto publicado este año. Es un lugar de encuentro para toda una generación, y ya ha recibido el cariño de Elton John, Virgil Abloh, Skepta y M.I.A. Incluso nuestro patrio C. Tangana se pasó una semana compartiendo screenshots de las letras del álbum cuando salió en mayo. Veníamos necesitando a un Bakar(Luca Dobry)

42. Noname – Room 25

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El primer álbum de Noname, Telephone (2016), fue una de esas cintas bendecidas por el algoritmo de YouTube: si ponías un tema de Kendrick Lamar, Chance the Rapper o incluso BADBADNOTGOOD y dejabas que el autoplay hiciera lo suyo, eventualmente acababa sonando Telephone al completo. Y no era, ni mucho menos, una ingrata sorpresa. Un delivery supersuave, lirismo puro, prácticamente acústico: tenía los ingredientes perfectos para convertirse en una joyita de culto, y así lo hizo. Luego Noname se fue de gira, rechazó suculentos contratos con varias discográficas y desapareció casi completamente (acordemente, su insta handle es @nonamehiding). Año y medio más tarde ha vuelto con Room 25, álbum que ha recibido el elogio unánime de la prensa especializada: Rolling Stone incluso ha dicho, muy en serio, que “Noname is one of the best rappers alive”. Room 25 es ciertamente un buen disco, uno de los mejores ejercicios literarios que haya visto el rap recientemente, acompañado íntegramente de una magnífica banda de jazz de cinco piezas –cuyo salario ha costeado la propia Noname, que como sigue siendo independiente, ha financiado enteramente el proyecto–. Su agudo sentido del humor, su feminismo ácido, su inteligente comentario político y sus claras cualidades de poeta hacen que la cinta sea una de las aportaciones más lúcidas del hip hop en 2018. Aunque es un álbum para escuchar sentado, prestando atención, y no sería tampoco un ultraje que el que no entienda las letras lo considerara más bien aburrido. Eso sí, si estás por la labor es una delicia. (Luca Dobry)

41. Let’s Eat Grandma – I’m All Ears

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Let’s Eat Grandma tenían solo 17 años cuando se dieron a conocer con la salida de su debut I, Gemeni, un disco con el que ya dejaron bien clara su enorme e inagotable creatividad y que las presentó al mundo como una banda futurista y cuando menos excéntrica, difícil de imitar. Dos años después, vuelven con su reválida I’m All Ears, la confirmación de dos artistas que demuestran una sobrecogedora solidez tanto estilística como sónica. Once canciones y menos de 50 minutos son suficientes para Let’s Eat Grandma para regalarnos hits tan grandes como evidentes y pegadizos, entre ellos ‘Hot Pink’, ‘Falling Into Me’, ‘It’s Not Just Me’, ‘Donnie Darko’ y el psicodélico ‘Cool & Collected’. Pop furioso a la par que experimental y creativo, letras cargadas de ambigüedad, sintetizadores por doquier pero también saxofones… Con David Wrench (The xx, Franck Ocean), SOPHIE y Faris Badwan (The Horrors) a la producción, Rosa Walton y Jenny Hollingworth encarnan en I’m All Ears a unas Let’s Eat Grandma más hábiles, seguras de sí mismas y musicalmente maduras que en I, Gemini, demostrando una densidad y variedad detallada y meticulosamente elaborada en todos y cada uno de sus temas. Cada canción cuenta con sus propias reglas de juego, y aun así, algunas de ellas se unen sin esfuerzo. (Irene Méndez)

40. Sticky M.A. – Las Pegajosas Aventuras de Sticky M.A.

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Sticky M.A. va a otro ritmo. Mientras C. Tangana, uno de sus compañeros en el colectivo Agorazein, tiene clarísimo hasta dónde quiere llegar y cómo conseguirlo, en el caso de Sticky, Manu de nombre real, todo es mucho más relax, precisamente como él mismo cantaba en el tema de mismo nombre publicado en 2014. Desde entonces los lanzamiento de Sticky se han producido con cuentagotas, siendo este Las Pegajosas Aventuras de Sticky M.A. algo así como su carta de presentación definitiva. Y vaya cartita. Con un desfile de productores y colaboradores entre lo más granado de la escena urbana actual (de Steve Lean a $kyhook, Royce Rolo, Lil Moss y, claro, C. Tangana), la mixtape es una muestra de la diversidad y profundidad del trap español, desde la introspección de ‘Cruz‘ a la exuberancia de ‘Humo y alcohol‘ (himno 2018) pasando por la cadencia latina de ‘YanoaY‘ o su nuevo himno ‘Diablo‘, para cuyo remix ha contado con el mismísimo Yung Beef. Audaz, entretenidísimo, rico en matices y con más de una capa. Sticky, el más pegao. (Aleix Ibars)

39. Pusha T – DAYTONA

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De los cinco proyectos fraguados por el Kanye West productor en las sesiones de Wyoming, hay uno que refulge por encima del resto. Estamos hablando de DAYTONA de Pusha T, quien a sus 41 años, en plena era de los álbumes playlist y la desesperada búsqueda del streamSoy demasiado raro entre tanto cabello rosa”, afirma frente a los recién llegados al negocio del trap), conserva su mitología intacta con un álbum de solo siete cortes y 21 minutos de duración. Las rimas del ex-Clipse y extraficante de drogas, actual presidente de GOOD Music, se mantienen tan afiladas o incluso lo son más que antaño, y se adentran hacia producciones oscuras y extravagantes de la mano de un Ye que exuda sutileza y lo clava en el arte del sampleo. Y a diferencia de los últimos álbumes de West, aquí no hay momentos de relleno ni autocomplacencia: Terrence LeVarr Thornton le habla directamente a los suyos en la trepidante apertura ‘If You Know You Know’, en la que todavía se erige como el gran capo del polvo blanco entre afilados beats e hipnóticos loops vocales; se deja acompañar por otro villano del trapicheo como Rick Ross en ‘Hard Piano’, conducido por emotivos teclados; en la genialidad ‘Come Back to Me’ se apoya en conmovedores samples soul de George Jackson; ‘Santería’, con versos de 070 Shake, le ve recordar a su amigo y mánager de gira De’Von Picket, quien fuera asesinado en 2015; y la reavivación del beef con Drake y Lil Wayne en ‘Infrared’ se antoja de lo más estimulante. La única pega: que la admiración de West por Trump se cuele en su única colaboración vocal, ‘What Would Meek Do?’. No obstante, Pusha T demuestra en 2018 estar en mejor forma que nunca, y con DAYTONA, su legado está completamente a salvo. (Max Martí)

38. Lucy Dacus – Historian

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Hace un par de años Lucy Dacus fue una sorpresa en el mundo de las mujeres con guitarra. Su poderoso debut, No Burden, fue frabado en tan solo un día por ella y algunos amigos de Richmond (Virginia), la ciudad en la que se ha criado con sus padres adoptivos. Lucy, que por entonces tenía apenas 21 años, dejó un álbum impresionante para una debutante contundente en lo musical, maravillosamente cantado y lleno de letras que sugerían un mirada poco naif y diferente. El éxito de crítica y público le valió para firmar con Matador, que relanzó el aquel debut, ya con el músculo debido, y que firma también este Historian, una reválida a la altura de las mejores expectativas. Como su amiga Julien Baker, Dacus posee una voz exepcional, caoba en los graves, cristalina en los agudos, llena de personalidad y fuerza, al servicio de unas letras geniales. Arranca Historian con una confesión un poco asquerosa. “La primera vez que probé la saliva de otra persona me dio un ataque de tos”, dice en ‘Night Shift’. Y no se refiere a su Primer Beso, sino al primer beso después de una rutpura. “¿Soy una masoquista aguantando mis ganas de darte un puñetazo en los dientes, llamarte puta y largarme?”, se pregunta solo unas lineas después. Las dos escenas creo que retratan bien la lírica de esta chica grande de gafas redondas: vulnerabilidad, vaivenes de autoestima, inteligencia, cierta querencia por el sarcasmo… Las buenas letras y la buena voz vienen vestidas aquí de un rock robusto con gusto por las baterias gordas y las guitarras protagonistas. Pienso en el solo de ‘Yours & Mine’ o la crecida final de ‘Nonbeliever’, pero quizás el corte con el que me quedo de este álbum es ‘Pillar of Truth’, una canción dedicada a la muerte se sue abuela. “Your hands are folded /  Your eyes are closing / Your words are broken / Your eyes are dry / I am weak looking at you / A pillar of truth / Turning to dust”. Si han pasado por ahí, como yo, les recorrerá un escalofrío. (Daniel Boluda)

37. Kamasi Washington – Heaven and Earth

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Desde una presencia física imponente, utilizando sus manazas inmensas y sus dedos como porras, Kamasi Washington avasalla en su última entrega. Como nuevo amo y señor del jazz, ha sometido al poderoso magnetismo de su saxo a todo el mundillo musical, contando a gente como Kendrick LamarFlying LotusThundercatFlorence + The MachineRun The JewelsSt. VincentIbeyi o John Legend entre los muchos súbditos que se ha ido ganado el californiano en los últimos cuatro años. Pero si su carrera despegó definitivamente justo en aquel 2014, cuando publicó The Epic a través de Brainfeeder –sello de Flying Lotus–, en este 2018 ha tocado techo. Es más, lo ha reventado como un cohete, dejando tras de sí una estela vertical de dos horas y media llamada Heaven & Earth, la gigantesca gran obra ya inmortal de Kamasi Washington. Porque, al margen de la ambiciosa base conceptual del disco –la búsqueda de su propio yo entre la dualidad de lo espiritual y lo terrenal–, la gran virtud que exhibe aquí Kamasi es haber construido un vastísimo universo musical lleno de vida e influencias, géneros y subgéneros –del jazz pero también del funk, de la psicodelia o de la herencia afro-latina–, donde la riqueza y la abundancia son desbordantes, dirigiéndolo y (des)ordenándolo todo a su antojo desde lo alto (a través de su banda) como si fuera un dios omnipotente. Desde luego, la huella que está empezando a dejar sobre un género prácticamente centenario como el jazz, se tiene que medir ya por hectáreas. (Pablo Luna Chao)

36. Octavian – SPACEMAN

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Oliver Godji (aka Octavian) llevaba apenas unos meses haciendo música en serio cuando fue bendecido por la varita mágica de internet a principios de este año. El vídeo de su primer single ‘Party Here‘ no llegaba a las seis cifras cuando Drake colgó un story en el que cantaba algunas de sus bars, con lo que aterrizó sobre él un tsunami de hype inesperado. Unos meses más tarde, Virgil Abloh (que ha diseñado la portada del ábum) lo fichó para desfilar en su icónico show para Louis Vuitton, asentándolo así como miembro del cohorte cool kids vol. 2018. Que estos titanes de la cultura contemporánea lo hayan reverenciado es compensible: Octavian reúne en su personaje muchos de los elementos de lo que es molón en la cultura popular actualmente: tiene calle, estilo al vestir, se mueve cómodamente entre géneros, desafía estereotipos, y tanto vale para la radio que como para el trap; y su mixtape de debut SPACEMAN es testimonio de esto. Las temáticas de las letras, aún siendo muy personales, no se desvían mucho de los lugares comunes del hip hop: son las batallas de un chico de barrio que parte desaventajado en la jungla metropolitana, que debe probarse primero contra sus vecinos envidiosos y luego contra el mundo, para acabar conquistando todo aquello que tiene claro que le corresponde: coches caros, chicas guapas, pero más que nada, felicidad y paz interior al fin. Uno de sus mayores magnetismos es su voz: grave, como de seda rugosa, especiada con un acento propio del suburbio del sudeste londinense, pero entrecortada por respiraciones más propias del francés, su lengua materna. Se nota que la inducción al MCying se la ha dado el grime, también que ha vivido en la era de la invasión absoluta del trap, y realmente rapea como un natural, pero no tiene preocupación por afirmar su masculinidad a la defensiva como hacen la mayoría en su gremio: sus instrumentales no están cargadas de bajos exagerados y snares agresivos, sino que se acercan más a las producciones melódicas y ensoñadas del cloud rap o el Drake cursi, pero con una vitalidad añadida que hace que casi todos los temas sean bailables. Escuchando el ábum, teniendo en cuenta sus dos hits previos –el mencionado ‘Party Here‘ y el brillante ‘Move Me‘ con Mura Masa– da la sensación que Octavian no se ha atrevido a lanzarse del todo a la piscina del pop, queriendo salvaguardar quizá el respeto de sus prójimos callejeros, que probablemente no le hubieran perdonado un trabajo completamente desentendido de los humores que le corresponden a la música que sale de allí, más densa y pesimista. Sea como sea, este álbum es una declaración interesante y contiene verdaderas joyas como ‘Build‘, ‘Lightning‘ o ‘Here Is Not Safe‘. (Luca Dobry)

35. C. Tangana – Avida Dollars

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Lo comentábamos con su protagonista hace unos días: Avida Dollars, la mixtape sorpresa que C. Tangana publicó apenas medio año después de su debut Ídolo, apenas tiene seis meses de vida pero en este tiempo han pasado tantas cosas que ya parece de un pasado lejano. Y por eso sería fácil dejarse llevar por la corriente de la actualidad y olvidar que estamos ante uno de los mejores discos de pop urbano del año. Dejando de lado que incluye el que sin duda es uno de los mejores temas de Pucho, esa eterna, viral y definitoria ‘Llorando en la Limo‘, en su momento Avida Dollars pareció una respuesta evidente a los que temían que hubiera nacido un nuevo C. Tangana después de ‘Mala Mujer‘ y «la fama«. La respuesta llega de entrada, ya en el título de la primera canción, ‘Still Rapping‘ (producida magistralmente por Steve Lean), así como en el cuarteto de temas ‘Na de Na‘, ‘Huele a Nuevo‘, ‘Sangre‘ y ‘Cabernet Sauvignon‘ en los que asoma el Crema de los inicios con una aproximación más clásica y oscura al rap. Se reivindica, vaya. Pero en Avida Dollars también hay sitio para otra cima pop, ‘Cuando Me Miras‘ (produce Enry-K), que además va acompañada de una letra la mar de graciosa («El pin al tercer intento / Doy like sin quererlo (…) Cuando me miras así«), y de una elegía final, ‘Siempre Quise Todo‘, en la que nos da la justificación final: «Antes quería un ‘Rari, ahora quiero dos«. (Aleix Ibars)

34. Villagers – The Art of Pretending to Swim

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Tras tres álbumes de estudio donde Villagers parecían haber encontrado su máxima zona de confort –y con la duda de si realmente algún día saldrían de esta–, el grupo liderado por Conor O’Brien regresa con The Art of Pretending to Swim. Un trabajo que, a pesar de mantener como base el bello, tierno y agradable folk con el que fascinaron al público, experimenta con nuevas sonoridades como el soul y el pop, entre otras, e incorpora también nuevos elementos en su reluciente paleta sonora, como los sintetizadores. Básicamente, estamos ante un maravilloso ejercicio por parte de Conor de dejarse ir, divertirse y jugar con su ya reconocible y alabado proceso de composición. De tantear y probar nuevas texturas y nuevas capas con el objetivo de hacer evolucionar y llevar más allá aquel folk puro e intimista que tanto les caracteriza. Un movimiento favorecedor para la formación irlandesa que queda confirmado con canciones como ‘Long Time Waiting’, una canción de halo oscuro y de ritmo dinámico que rompe con un contundente diálogo de sintetizadores, o ‘Love Came With All That It Brings’, de ciertos toques soul y que juega con distintos efectos de voz. (Raquel Pagès)

33. SOPHIE – OIL OF EVERY PEARL’S UN-INSIDES

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Resulta curioso hoy, terminando 2018, echar la vista atrás y recordar las críticas que recibió el colectivo PC Music cerca de 2014, en su primer apogeo. Se acusó al sello comandado por AG Cook de ser un gran ejercicio de apropiación cultural de referentes femeninos y gais, se le acusó de hacer música maquinal y cínica, de buscar deliberadamente ser un meme, de no haber sustancia alguna bajo lo que se entendió como un proyecto irónico. La publicación de OIL OF EVERY PEARL’S UN-INSIDE resulta la constatación definitiva de los errores de percepción crítica del que ha sido –y sigue siendo– uno delos colectivos musicales más creativos de la última década. El disco es una ametralladora sonora, que salta de la balada de mechero en alto de ‘It’s Okay to Cry‘ al R&B ruidista de ‘Ponyboy‘ sin solución de continuidad, trazando líneas improbables entre la electrónica de vanguardia y el pop más comercial, entre los sonidos de pinchada de harsh noise en una casa okupa para universitarios ociosos y el pop adolescente para nostálgicos de la versión noventera de Sabrina, Cosas de Brujas, y lo que es más interesante, no hay una traza de ironía en su reapropiación de elementos. Se trata de una obra personal y coherente, un viaje en búsqueda del amor propio y de la identidad, un álbum que se presenta como un “esta soy yo” bellísimo e inspirador por parte de una artista imprescindible. Y encima ‘Immaterial‘ es un hit innegable. Qué más quieren. (Santi Fernández)

32. Shame – Songs of Praise

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Shame reivindican desde hace tiempo su propio espacio dentro de la nueva escena del post-punk británico, y la salida de su disco debut Songs of Praise a principios de 2018 no es más que una de las múltiples razones para creer en ellos. En Songs of Praise, Shame se mantienen en constante confrontación. Con la sociedad, con ellos mismos, con la música. La joven banda londinense forja, desde la franqueza y la enardecida desenvoltura del post-punk, un disco frenético en el que el caos convive con la furia pero también con el encanto. Escrito cuando los miembros de la banda apenas tenían entre 17 y 19 años, Songs of Praise se presenta como un disco que quiere (y consigue) abarcarlo todo de principio a fin. Un disco de urgencia absoluta, de capas y más capas de tensión. A ratos también melódicos pero siempre expansivos, Shame se nutren de una metamorfosis triunfante en la que las guitarras, pesadas, ruidosas y atizantes, triunfan, también, por llegar cargadas de matices, vida y personalidad. De la encargada de abrir el disco y mastodóntica ‘Dust on Trial‘ a la estrellada ‘Concrete‘ pasando por el himno pop ‘One Rizla’, Shame no pierden el tiempo construyendo, siempre hacia arriba y hacia adelante, un camino en el que su capacidad para sorprender y sus canciones cocidas a fuego lento, sin prisas, son su principal arma contra el mundo. (Irene Méndez)

31. Cat Power – Wanderer

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Serenidad. Esa es la palabra que define el disco. Para vidas turbulentas, la de Chan Marshall, cuya carrera artística parecía truncada (una vez más) tras el decepcionante Sun, por sus enésimos problemas de salud y “rebajada a telonear a una recién llegada” como Lana del Rey. Pero tras la larga tormenta, llega Wanderer: un remanso de paz, de latidos lentos y seguros; una cálida corriente de aire que te envuelve y te acaricia con dedos finos y largos de piano, y con la voz áspera pero amable de la carismática cantante, ahora convertida en madre. Con él hemos recuperado a la mejor Cat Power, la de Moon Pix: la que, desde una profunda y sobria emocionalidad, no necesita apenas acompañamiento instrumental para llenarlo todo. La Cat Power más desnuda y más serena. Una vez cruzamos el umbral de ‘You Get’ y del single que fue ‘Woman’ –la pieza con Lana del Rey–, cuya instrumentación de folk urbano entra elegante y gradualmente, Marshall se desprende de artificios y envolturas, estableciendo una línea directa de complicidad con el oyente basada en la sencillez. No confundir con austeridad, pues el resultado global rezuma clase, sobriedad y calidez a partes iguales: como esos fraseos de piano finos y de guante blanco de ‘Stay’ o ‘In Your Face’, unido, en el segundo caso, al tenue pizzicato de guitarra. O el aplomo hogareño de ‘Horizon’, donde coquetea con el Auto-Tune. Sí que alcanza cierto grado de parquedad en ‘Black’, donde solo su voz doblada acompaña a cuatro cuerdas quedas de guitarra, o en ‘Robin Hood’ y ‘Nothing Really Matter’, cuyos escasos órganos se muestras desolados, vencidos, como a un paso de desparecer. Pero no se preocupen, ¿saben eso de las siete vidas de las gatas? No sabemos cuántas lleva usadas Marshall, pero lo que es seguro es que con Wanderer ha renacido (una vez más). (Pablo Luna Chao)

30. La Estrella de David – Consagración

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David Beef, David Telefilme, David Bach is Dead, el señor ese que toca con La Bien Querida, el de Junco y Diamante que noes Joe Crepúsculo, el tipo de las gafas del cerca, ese que lleva en el indie™desde el paleolítico inferior y siempre ha ido a la contra. Ese tipo es La Estrella de David y puede respirar aliviado: la consagración que aparece en el título ha sido una profecía autocumplida. Y lo ha sido por la vía de lo personal, por sacar un disco eminentemente romántico, como los cantautores italianos a los que admira (Lucio Battisti, Ricardo Cocciante) por la vía de las influencias kraut que siempre han sido parte esencial de su discurso (hay ciertos ecos de Cluster o de Tangerine Dream aquí y allá). Y también hay momentos que se alejan de lo esperable (“dame aceite mamita” sigue siendo una frase que uno no se espera de nadie que venga o haya pasado por el indie. Pero ante todo hay una profunda sentimentalidad, unas canciones devastadoras (‘Maracaibo‘ es la canción más triste del año y tiene frases que hieren) y una melancolía firmemente enraizada (‘Erosky‘, oda triste al amor suburbano). Hay un viejo dicho británico que afirma que hasta un reloj parado da dos veces bien la hora al día, y Consagración es eso: un disco espléndido que, por una vez, ha llegado en el lugar y momento correctos. (Santi Fernández)

29. Tierra Whack – Whack World

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En un curso musical en el que, a pesar de Drake y su kilométrico Scorpion, los discos cortos, casi tan fugaces como un EP, se han convertido en tendencia (Kanye West, Pusha T, Nas, Kids See Ghosts), Tierra Whack riza el rizo con Whack World, un ¿álbum? compuesto por quince temas que se extienden durante un cuarto de hora. El reparto del tiempo es democrático: cada uno dura exactamente un minuto, ni más ni menos. Con eso le sobra y le basta a la de Philadelphia para construir su particular mundo sonoro, elevado a lo visual en un cortometraje con el que conviene completar la experiencia, que no pasaría del mero ejercicio de estilo, quizá un tanto pretencioso como casi cualquier ejercicio de estilo, de no ser porque Whack, todo imaginación, es asombrosamente capaz de desarrollar ideas completas y con entidad propia en sesenta segundos. Los cortes de este Whack World no tienen pinta de experimento, esbozo o relleno gratuito impuesto por necesidades del guion, sino de auténticas canciones, aunque sea en miniatura. Un pequeño milagro en clave neosoul: en plena época de consumo rápido, de series vistas de reojo, de aplicaciones para encontrar pareja a toda velocidad, de lectura transversal, de vídeos de YouTube reproducidos a saltos, Tierra Whack entrega la obra definitiva, maravillosa hija de este tiempo. “Para ser honesta, cuando me pongo un álbum nuevo, solo escucho los primeros 30 segundos antes de saber si me gusta o no”, confesó hace unos meses a Pitchfork. El match con Whack World es inmediato. (Víctor Trapero)

28. Father John Misty – God’s Favorite Customer

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Les reconoceré que escribo estas líneas recién acabado el texto sobre Damien Jurado, otras de mis asignaciones de este año, y estoy teniendo de pronto un dejà vu. De nuevo un señor blanco, estadounidense y deprimido que canta sobre sus aparentes ideas suicidas. Si Jurado venía de una trilogía rayana en la psicodelia, Tillman viene de firmar, hace solo un año, un maravilloso disco político-antropolígico, de los de sacar el bisturí en casi cada canción para abrirle las carnes a una sociedad sobre cuyas infecciones el barbudo sabe poner bien la lupa. Aquí, como en un efecto rebote, Tillman le da a vuelta al microscopio y se mira el detalle de sí mismo. Y lo que ve es un hombre con terroristas en la azotea que se pregunta de quién ha sido la puta idea de afilar los cuchillos. La razón de que salga tan pegado a Pure Comedy (2017) es que fue escrito, según reconoce su autor, en un hotel, durante un periodo de seis semanas, en 2016, después de algo hiciese su vida “saltar por los aires”. Ese algo, parece obvio, tuvo que ver con su relación sentimental, que luego pareció encauzar. Pero para escribir todo esto, ese tiempo debió de estar muy en la mierda. Tillman está acostumbrado a reírse de sí mismo, lo hemos visto antes (‘The Ideal Husband’) y lo vemos ahora (‘Mr. Tillman’), pero son más excepcionales los momentos en que de verdad se desnuda hasta los huesos. “Soy suficientemente idiota como para intentar mantenerte en mi vida un poco más”, dice totalmente desarmado en ‘Just Dumb Enough to Try’. “Eres todo lo que tengo, así que por favor no te mueras…. donde quiera que estes esta noche”, parece responderle su mujer en ‘Please Don’t Die’.“¿Cómo sonaría sonaría si tú fueses la cantante y tus canciones hablasen sobre mi? ¿Me desnudarias en público repetidamente para demostar lo noble y honesto que puedes ser?” se metapregunta (¿autocríticamante?) como conclusión en la soberbia ‘The Songwriter’. Estos momentos de pura intensidad lírica se alternan magistralmente con contrapuntos sarcásticos y autoparódicos como la mencionada ‘Mr. Tillman’ o la divertida ‘Date Night’, que se agradecen. No llega a obra maestra porque las hay que no llegan a la altura, pero Tillman ha vuelto a darnos alguno de los mejores momentos de año. Un disco honrado, maravillosamante compuesto y arreglado. Otra vez. Y van… (Daniel Boluda)

27. The Internet – Hive Mind

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A la larga, más que su producción directa, al colectivo Odd Future tendremos que agradecerle, sobre todo, la multitud de spin-offs que han terminado generándose alrededor de su órbita, absolutamente claves para entender la música negra de esta década. De Tyler, the Creator, su cerebro, a Earl Sweatshirt. Del gran Frank Ocean a Syd, fundadora a su vez de The Internet, otro proyecto sobre el que los talentos van proliferando. Hablamos, poco más o menos, de una especie de metacolectivo. Después de un 2017 en el que sus principales miembros (Matt Martians, Steve Lacy, la propia Syd) hicieron su particular Erasmus publicando interesante material en solitario, la panda vuelve a juntarse para lanzar el que es el cuarto álbum de The Internet, Hive Mind. El nombre elegido es elocuente: la sinergia de las partes se palpa en sus trece cortes. No hay rastro de ambición individual, como si el título de su anterior trabajo, Ego Death, hubiera sido premonitorio. Quizá convencidos de su potencial después de sus diferentes experiencias personales, definitivamente enriquecidos y potenciados, prescinden por primera vez de lujosos invitados externos. Ellos son introducción, nudo y desenlace dentro de este Hive Mind que, sin embargo, es absolutamente universal: sus historias de flirteos, ratos entre sábanas en compañía y corazones rotos, recubiertas de una minimalista película a medio camino entre el soul y el funk, nos representan a todos. Que a menudo vengan contadas por una mujer negra y lesbiana como Syd no deja de ser un buen guantazo de realidad especialmente necesario en estos tiempos. (Víctor Trapero)

26. Robyn – Honey

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Cuando ves que Robyn ha tardado ocho años en dar forma a las nueve canciones de Honey, lo fácil es caer en la cuenta de que a la sueca le sale a una canción por año. Por un lado eso no es objetivamente cierto porque en este tiempo ha publicado EPs con Röyksopp y La Bagatelle Magique entre otras cosas, pero por el otro se puede llegar a entender: en cada una de sus canciones, Robyn condensa un fragmento de su vida. Se lo juega todo a una carta. En ‘Missing U‘, por ejemplo, el monumental corte que inaugura el disco y que es uno de los temas indiscutibles del año, Robyn le canta a la pérdida de Christian Falk, uno de sus colaboradores más cercanos, fallecido en 2015: «There’s this empty space you left behind / Now you’re not here with me«. Lo hace sobre un colchón sintético de beats que marca la sonoridad del disco: a veces de aroma más disco (‘Because It’s In The Music‘), a veces más oníricos (‘Baby Forgive Me‘), a veces más juguetones (‘Ever Again‘), a veces igual de rotundos (en ‘Honey‘, otro de los himnos pop que nos deja 2018). Ocho años después, Robyn sigue hablando del desengaño amoroso con la misma intensidad que lo hizo en ‘Dancing On My Own‘, pero hay más serenidad, más poder, más ganas de tirar adelante en su mensaje. Hay una Robyn más rotunda. Por eso estas nueve canciones de Honey son a la vez nueve y una: son a la vez nueve Robyns pequeñas que dan forma a una Robyn gigante. (Aleix Ibars)

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