04/12/2018

Crónica del concierto de la pujante banda de Bristol en Barcelona, donde presentaron su colosal Joy as an Act of Resistance en una arrolladora exhibición de mala leche.

Lo que ocurrió el pasado viernes en La (2) de Apolo, después de que JOHN abriera con un sonido más espeso que la leche condensada y hardcore punk de marca blanca, fue un corte en la respiración que se alargó por casi dos horas. En las primeras filas, tú dejabas de respirar mientras IDLES se encargaban de proporcionarte el oxígeno. Con ‘Colossus‘ saltaban las mascarillas, te la colocabas sobre nariz y boca, tratabas de coger aire con normalidad, pero no había manera: aquello iba a ser un chute, un colocón, un intenso y dilatado mareo sin desmayo final. Así empezaba la cosa, como una mano gruesa que te agarra de los huevos, te zarandea, te golpea, te acaricia y después te suelta como si allí no hubiera ocurrido nada, dejándote tirado en Nou de la Rambla algo confuso y con ganas de meterte una cerveza rápido para rebajar las pulsaciones.

Que esto sea un espacio donde poder ser nosotros mismos”, pedía Joe. Y allí, en La (2) convertida en lugar de culto a la personalidad, se desplegó Joy as an Act of Resistance casi al completo (solo faltó ‘June‘) y buena parte de su anterior álbum Brutalism. También hubo mucho discurso e intrusismo en el escenario por parte del público británico, que parecía no haber entendido de qué iba la cosa: que el punk de IDLES no es mera pose macarra, chavales. A los que le invadían el terreno, Joe les daba un golpecito en la espalda y “pa’ tu puta casa, bonito”. Hubo incluso enfrentamiento: alguien se atrevió a lanzarle un zapato a la cabeza y Joe respondió con un “eres un puto pedazo de mierda”. Y tú respirabas de su bombona de gas butano, te hervían los pulmones, te flaqueaban las piernas pero seguías dándole al pogo.

Por suerte, Las Chicas ofrecieron el contrapunto a ese colapso de testosterona. Con ‘Exeter‘, tema de Brutalism en el que Joe reza de rodillas para que “algo ocurra de una puta vez”, la parte femenina del público se hizo visible y llenó el escenario. Daba gusto verlas allí arriba y a Joe empujando a todas las pollas británicas que seguían buscando un protagonismo que entonces era solo para Ellas.

Y nada: cierre con el vandalismo sonoro de ‘Rottweiler‘ y a palparte el cuerpo para asegurarte de que todavía sigues de una sola pieza.

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