28/11/2018

Rabia punk depurada con mindfulness y alarde de valores en tiempos convulsos en Joy as an Act of Resistance.

Mandíbula apretada, una voz que parece estrangularse en el pecho de Joe Talbot antes de salir expulsada de su boca a golpe de diafragma hipertrofiado, puños apretados en los bolsillos sin intención de golpear (pero tensos, tan tensos que cualquiera retrocedería si se los plantaran frente al rostro), venas y arterias dilatadas, sudores fríos porque algo aprieta desde dentro y necesita ser liberado. Palpitaciones, espasmos, indigestión, tal vez vómito cuando acabe todo. Y es que lo de IDLES parece ser no solo una sacudida interna provocada por estos tiempos de esquizofrenia política, sino también la amarga reacción de quien ha recibido unas cuantas bofetadas a mano abierta en lo personal y, desde el trauma, ha buscado la fórmula para transformar esa dialéctica tóxica que narran el dolor y la rabia en otra que, sin resultar cursi ni dramática y conservando la forma bruta, lleve a la compasión por todo sufrimiento que golpee el cuerpo.

Ya con Brutalism, su primer LP publicado en 2017, nos enseñaban la pistola por debajo de la mesa y advertían: “¡Eh!, que es de juguete”. “Es de juguete y no apunta hacia ti”. Eran solo disparos al aire de agua fría a base de guitarras congestionadas, duras, dispersas, y una mala leche que, con Joy as an Act of Resistance., han seguido refinando hasta escupir por fin aquello que ya se leía entre líneas en ‘Well Done‘ o ‘Date Night‘: ese “quiérete a ti mismo” que el punk de los Sex Pistols había pasado por alto, atascado en el cuento del yo-contra-el-mundo que alimentaba un pesimismo crónico. Pero oye, que van IDLES, tan repetidamente encorsetados bajo la etiqueta punk, y reinventan el discurso con ironía, sensibilidad y sentido común. En pleno declive del indie y el punk rock, van y publican un disco que suena a metralla, agresivo. Un álbum que es como bailar sobre la pólvora. Pero sobre todo es un manifiesto: pura declaración de valores en tiempos en los que la tendencia musical tira muchas veces hacia el “Oh I need the dollars (I said I like it like that)”.

Y detrás de todo esto: el yo-contra-mí-mismo de Joe Talbot. La vida detrás de la obra, o más bien dentro de ella. Porque Joy as an Act of Resistance. es sin duda un acto de honestidad, de proyección y, al fin y al cabo, el producto no tanto de una experiencia personal dolorosa, si no de una actitud que pasa por querer mejorarse a uno mismo a base de compasión y autoconocimiento. Si el ‘I Like It‘ de Cardi B significa una huida estratégica del dolor, lo de Joe es más bien un “quédate sentado y a ver cómo arreglamos todo esto”. “Esto” es una infancia solitaria de niño regordete y con una deformación en los pies que lo obligó a someterse a once intervenciones quirúrgicas y a las burlas de sus compañeros. “Esto” es una madre enferma a la que tuvo que cuidar hasta su muerte (coincidiendo con el proceso de creación de Brutalism) y su paralela adicción al alcohol y a las drogas con la que pactó para aliviar el peso de esa responsabilidad. “Esto” es dejar que el dolor te convierta en un capullo narcisista que acaba jodiéndose a sí mismo y a los demás. “Todo esto” te lleva al límite y desde allí buscas desesperadamente una salida: terapia, mindfulness o escribir un álbum en el que reconoces tu vulnerabilidad, la de un colectivo y la de un país entero sometido a malas políticas.

Las personas a menudo sienten una extraña vergüenza por el simple hecho de sentir dolor”, dijo Joe en una entrevista para Rolling Stone. Y de eso va precisamente Joy as an Act of Resistance.: de devolver la dignidad que se cree perder cuando las experiencias dolorosas te dejan noqueado. El álbum arranca con una nota de bajo perturbadora a la que van sumándose capas de guitarras en conversación nada pacífica. ‘Colossus‘ es el tema más dramático y cavernoso, diseñado en crescendo para, tras un corto y escalofriante parón (respiración profunda recomendada), acabar dando una buena patada en los huevos a la masculinidad tóxica. En la misma línea, ‘Samaritans‘ desmonta uno a uno viejos y absurdos clichés de masculinidad a base de riffs chirriantes y expansivos que detonan tras el «I kissed a boy and I liked it» con el que Joe clava el codo en las costillas de todos aquellos que pretendan perpetuarlos.

El que podría ser el tema central del disco, ‘Danny Nedelko‘ (escrita desde las tripas para el miembro de la banda Heavy Lungs, inmigrante ucraniano y compañero de Joe), descarga contra las políticas inmigratorias a través de un mensaje directo y visceral: que todos estamos hechos de la misma carne («He’s made of bones, he’s made of blood / He’s made of flesh, he’s made of love»); sin duda uno de los temas de sonoridad más fresca y refulgente junto a ‘Great’, pieza construida sobre una línea de bajo en loop que aborda el conflicto del Brexit («Burning bridges and closing doors») y cierra con una propuesta optimista y conciliadora: que sí, joder, que estamos juntos en esto. Cuestiones más personales se exploran en ‘Love Song’, canción que Joe escribe para su pareja desde la más apasionada y rabiosa entrega («You give me power: you’re like a gun or a knife / Be my wife»), o ‘June‘, pieza de corte fúnebre escrita para su hija Agatha, quien murió durante el parto. Finalmente, IDLES concluyen con ‘Rottweiler’ llevando su sonido industrial al límite en un apoteósico epílogo instrumental que Joe remata antes de que se haga un silencio atronador: «Keep going, keep fucking going…».

IDLES actúan este jueves 29 de noviembre en la sala Cool de Madrid (21:00h) y el sábado 30 en La (2) de Apolo de Barcelona (20:00h) de la mano de Last Tour. Las entradas para ambas fechas están agotadas.

Publicidad
Publicidad