28/11/2018

Crónica de su ecléctico pero triunfal concierto de presentación de The Art of Pretending to Swim en Barcelona.

Por Helena Mariño Ruiz

Con motivo de la gira de presentación de su nuevo álbum, The Art of Pretending to Swim, y gracias al apoyo incondicional de los fans a través de la plataforma Cooncert, el pasado martes pudimos disfrutar en la sala Razzmataz 2 del nuevo sonido de Villagers. Y es que la banda irlandesa, que había pisado la península dos años atrás ganándose el beneplácito del público en el Vida Festival 2016, ha empezado este año un tour por el viejo continente que les ha llevado a varias ciudades de España –Madrid, Bilbao y Barcelona– para promocionar su nuevo disco, si bien Conor O’Brien apostó esta vez por una fórmula que mezcla una amplia selección del nuevo álbum junto con los mejores tracks de los álbumes anteriores (‘Darling Arithmentic‘, ‘{Awayland}‘ y ‘Becoming a Jackal‘), dando cabida a un sonido que ha ido mutando a lo largo de los años.

Sweet Saviour‘ y ‘Again‘ fueron las encargadas de abrir un concierto tan ecléctico como los álbumes de la banda, pero que supo compensar su batiburrillo sonoro con un buen meneo energético y una puesta en escena hipnotizante. El responsable de semejante sacudida no es más ni menos que esta especie de one man band que compone, escribe y graba sus propias canciones completamente solo, pero que se rodea de un grupo de colegas para sacar lo mejor de un concierto en vivo. Conor O’Brien es el nombre que sostiene este proyecto musical especialmente excelso en las letras –absolutamente desnudas, honestas y personales– y profundamente interesante a nivel musical por su variedad sonora y mezcla de estilos.

Estamos un poco borrachos”, dijo O’Brien, pero lo cierto es que nadie diría que es posible tocar así en estado de embriaguez. Suponemos que ‘I Saw The Dead‘ y ‘Love Came With All That It Brings’, en su epopeya sonora, permitieron camuflar con más facilidad esa pizca de contentillo, pero tras lo que podríamos llamar la tríada de sing alongs os podemos asegurar que cada nota y verso estaban en el sitio preciso: ‘Everything I Am Is Yours‘, ‘Fool‘ y ‘A Trick of the Light‘ arrancaron el cante –aunque de forma discreta– a más de uno en el público. Y es que en algo se tenía que notar el origen irlandés de Conor que, con una voz ingrávida, casi etérea, casi siempre consigue formular la rima, esa melodía pegadiza que hace la canción inolvidable.

El espectáculo on stage llegó a su culmen cuando Conor dejó a un lado su guitarra y se dispuso a bailar como un loco ‘Long Time Waiting‘. Puede que O’Brien sea un hombre chaparrillo de pelo canoso y cara de chaval, pero su presencia sobre el escenario es pura elegancia y energía que explota en baile. El irlandés se desborda, sabe entretener, menea el cuerpo como nadie y arrastra al espectador a su locura catártica. Tras ‘Real Go-Getter‘ y ‘Hold Me Down‘, se dio por fin rienda suelta a la nostalgia por las canciones precedentes al último proyecto. Los temas ‘Memoir” y ‘Hot Scary Summer‘ abrieron la puerta al último tramo del concierto, caracterizado por un tono más íntimo y relajado, algo que tenía especial sentido para despresurizar el subidón de adrenalina. Y aunque con ‘Ada‘ hicieron el amago de terminar el concierto, enseguida volvieron de nuevo al escenario para ofrecer las tres piezas que a nuestro parecer mejor describen el mundo interior de O’Brien: ‘Twenty Seven Strangers‘, ‘Courage‘ y ‘Nothing Arrived‘.

It took a little time to get where I wanted / It took a little time to get free / It took a little time to be honest / It took a little time to be me”, dicen las primeras líneas de ‘Courage‘ en lo que parece una confesión de las dificultades que el artista pasó hasta llegar a ser quien es ahora. Y es que pocos artistas son capaces de asomarse como él a la nada, abrazar lo que ella ofrece y volver entre el resto de los mortales con un precioso regalo entre las manos: “I waited for something, and something died / So I waited for nothing, and nothing arrived / It’s our dearest ally, it’s our closest friend”. Sí, quizá un concierto ecléctico en estilos y sonidos, pero Villagers, o mejor dicho Conor O’Brien, sabe perfectamente quién es y con ello da empaque a un espectáculo muy consciente de sus puntos fuertes.

El telonero…

Fabrizio Cammarata fue el encargado de abrir el escenario para Villagers y lo cierto es que sorprendió con una potencia vocal inusual y un dominio de la guitarra impresionante. A destacar especialmente su última pieza, ‘La Llorona‘, cantada en un español perfecto y profundamente sentida.

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