23/11/2018

La cantautora estadounidense presenta mañana su último disco, The Future and the Past, en la sala Galileo Galilei de Madrid.

Cuando Natalie Prass debutó en solitario en 2015 era poco predecible que en algún momento vistiera una chaqueta de cuadros con camisa y pajarita. La voz angelical que divagaba sobre los fracasos amorosos acompañada de orquestación de la época dorada de Laurel Canyon ha pasado a ser en unos años una entusiasta de lo vintage que podría confundirse en el entorno del Soho londinense. El reloj de la estadounidense ha corrido a toda velocidad para olvidar canciones inspiradas en Debbie Reynolds como ‘It Is You’ y bucear en lo quacin de e Stevie Wonder o Marvin Gaye engendraron. La última consecuencia de este proceso ha sido una versión del ‘Deja Vu’ de Dianne Warwick.

Transformación es la palabra que mejor define su devenir, debido también a la coyuntura que la ha rodeado en los últimos tiempos. Prass estaba a punto de celebrar la victoria de Hillary Clinton como primera mujer en alcanzar la presidencia de Estados Unidos cuando el 8 de noviembre de 2016 todo se tornó en frustración. La política entró de llenó en un disco que iba estar destinado a hablar, otra vez, de distancias sentimentales. Las inquietudes de su autora, como otras tantas cosas aquel día, cambiaron. 

Como Janelle Monáe, Kendrick Lamar o CocoRosie, entre otros muchos, Natalie Prass optó por crear conciencia para limpiar la imagen de su país salpicada a diario por Donald Trump. Con todo preparado para la grabación, el álbum con un título tan premonitorio como The Future and the Past tuvo que ser revisado. Las palabras que inician con ‘Oh, My’ su segundo trabajo en solitario son las mismas que pasaron por millones de compatriotas la noche electoral: ‘I can’t believe the news I hear’. A pesar de su compromiso, la temática inicial no cambió en canciones como ‘Short Court Style’ y se extendió a otras reivindicaciones como el feminismo de la potente ‘Sisters’.

El nombre de Matthew E. White vuelve a ser clave, esta vez para explicar las mutaciones estilísticas que contiene el álbum. En una esclarecedora conversación entre ambos, que mantienen una larga amistad, mencionan a Michael McDonald, Bee Gees, Motown e incluso Frank Ocean. Toda una declaración de intenciones. Aunque la compositora admite que fue ella la que acudió al estudio con la idea de las sonoridades nuevas que quería explorar. Y que su voluntad era que el álbum desprendiese optimismo en la parte instrumental para compensar las malas pulsaciones que llegaban desde el exterior.

Con esa premisa, los sintetizadores, las secciones rítmicas y los coros ganan protagonismo en detrimento de la instrumentación clásica que tan buenos resultados dio a su debut. Quedan reminiscencias en canciones con melodías vocales tan singulares como ‘Hot for the Mountain’, aunque reduciendo el carácter melancólico de antaño. Lo de Natalie Prass es una jugada de riesgo de alguien que rechaza establecerse en una zona de confort. La diferencia en su atuendo en las dos portadas de sus álbumes avala esta metamorfosis, aunque alguien que conocía bien los secretos de la vestimenta ya sostenía que la moda pasa pero el estilo permanece. 

Natalie Prass actúa mañana sábado 24 de noviembre en la sala Galileo Galilei de Madrid (21:00h) de la mano de Houston Party y en el marco de la programación Momentos Alhambra.

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