15/11/2018

Su pop vibrante y ecléctico toma forma en Premonitions, su disco de debut.

Mitad japonesa y mitad rusa, Miya Folick no ha desvelado públicamente su edad, aunque a juzgar por su aspecto debe rondar los veintipocos. Educada en el budismo en Santa Ana, California, y de entrada poco interesada en el indie rock –aunque aprendió a tocar el taiko en un grupo de la iglesia–, antes de que un colega le impartiera clases de guitarra recibió formación de canto clásico –de Mozart a las arias francesas–. Precisamente es su voz la que emerge como principal instrumento en sus dos primeros EPs, Strange Darling (2015) y Give It To Me (2018), pero cabe decir que antes de publicarlos tuvo que formar su banda de cero creando una cuenta en Tinder con la única finalidad de reclutar a los miembros de la formación. Algunos han querido comparar su estilo con el destacadas artistas y bandas como Tori Amos, The Cranberries o Sinéad O’Connor, si bien ella siente más predilección por la música de Cocteau Twins, Björk y Fiona Apple.

A principios de este mes publicó Premonitions, un disco de debut producido junto a Justin Raisen (Sky Ferreira, Charli XCX, Angel Olsen) e Yves Rothman con el que ya empieza a ganar adeptos. En su corte de apertura, ‘Thingamajig‘ (relanzado hoy con un videoclip en directo que pueden ver más arriba), su voz prodigiosa se eleva hacia un glorioso falsete para pedir disculpas entre delicados teclados, una sección de cuerdas y coros que se sienten como un latido. Un punto de partida contemplativo que da inicio a canciones pop sobre el empoderamiento individual y colectivo con sintetizadores, guitarras y bajos mucho más marcados, como la vibrante ‘Stock Image‘, en la que la flexibilidad de su voz recuerda a Florence + The Machine. Sigue en esta línea eufórica ‘Stop Talking‘, otro sencillo de ritmos brillantes con ecos a St. Vicent que trata sobre mostrarse exigente con la típica amistad que no para de hablar de una persona que no le conviene.

Para ‘Deadboy‘, en cambio, se inspiró en un artículo sobre la explotación de personas y las corruptas estructuras de poder, así como en las propias experiencias pesadas de su entorno personal. Guiado por lúgubres teclados y ráfagas percutivas, su vozarrón evoca a la PJ Harvey más agresiva y a la voz grave y profunda de Sharon Van Etten en una demostración más de la multiplicidad de registros vocales y de lírica conceptual que la revelación californiana puede llegar a alcanzar. “Quería que este álbum fuera el vehículo para un mundo esperanzado, sincero, generoso y amoroso. Traté de no posar o fingir. Escribí sobre mi vida tal como la he visto y cómo me gustaría verla, como memoria y premonición“, explicó Miya Folick antes de publicar un trabajo que es toda una premonición del prometedor futuro que le espera.

 

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